A partir del abordaje transdisciplinario desarrollado en el marco de la Arqueología Histórica, presentamos los primeros resultados de las investigaciones realizadas en los sitios arqueológicos Fuerte San José y el Puesto de la Fuente (Península Valdés, Chubut). La cultura material recuperada y los documentos históricos analizados hasta el momento, nos permiten discutir y reflexionar sobre las explicaciones historiográficas tradicionales así como generar nuevas preguntas y miradas, orientadas a indagar en la cotidianeidad de estos poblados y en el proceso colonial en Patagonia a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
From the transdisciplinary approach developed by the Historical Archaeology, we present the first results of research carried out in the Fuerte San José and Puesto de la Fuente archaeological sites (Península Valdés, Chubut). The recovered material culture and historical documents analyzed allow us to discuss and reflect on the traditional historiographical explanations and formulate new questions and visions geared to look into the everyday life of these settlements and the colonial process in Patagonia the late eighteenth and early nineteenth centuries.
A partir da abordagem transdisciplinar desenvolvido pela Arqueologia Histórica, apresentamos os primeiros resultados de pesquisas realizadas nos sites arqueológicos de Fuerte San José e Puesto de la Fuente (Península Valdés, Chubut). A cultura material recuperada e documentos históricos analisados até agora, nos permitem discutir e refletir sobre as explicações tradicionais historiográficas e gerar novas perguntas e olhares, destinados a analisar a cotidiano dessos povoados e do processo colonial na Patagônia nos séculos XVIII e XIX.
En el año 2009 iniciamos el Proyecto Primeros abordajes arqueológicos al Fuerte San José y Manantiales Villarino, Península de Valdés, Chubut (17791810), con el fin de estudiar desde la perspectiva de la Arqueología Histórica los asentamientos coloniales españoles del área, establecidos a fines del siglo XVIII. El Fuerte San José se encuentra situado a unos 200 m de la costa del Golfo homónimo (Península Valdés, Chubut), mientras que el Puesto de la Fuente o Los Manantiales se ubica sobre la margen sudoeste de la Salina Grande (Ea. Los Manantiales, Península Valdés, Chubut) a unos 30 km del primero (Figura 1).
Este trabajo tiene por objeto dar a conocer las investigaciones realizadas en el transcurso de los últimos dos años, presentando principalmente los resultados generales de los estudios históricos y arqueológicos producidos hasta al momento en el marco del proyecto.

El objetivo general del Proyecto de Investigación es indagar en la conformación del paisaje colonial en Península Valdés a partir de la puesta en práctica de los establecimientos españoles. Nuestra perspectiva está centrada en la intersección de estrategias coloniales e indígenas, resultantes de la articulación histórica de relaciones sociales, económicas y políticas específicas, originadas por la expansión europea sobre la región y sobre sus poblaciones indígenas. Esto implica discutir la posición marginal de la región patagónica en el contexto colonial como natural, para comprenderla como resultado de los discursos, las prácticas, la administración de territorios y la re-localización de poblaciones en el contexto de la sociedad moderna colonial.
Los objetivos específicos del proyecto son: 1) evaluar la organización económica de los asentamientos y la implementación de nuevas estrategias productivas y comerciales, más allá del discurso del paisaje defensivo (Bianchi Villelli 2009, 2010) y 2) discutir la estructuración de las relaciones interétnicas en función de una perspectiva que destaca el rol activo de los indígenas para introducir variaciones en las sociedades coloniales (Buscaglia 2009, 2010, 2011).
Nuestra perspectiva es transdisciplinaria en tanto se propone abordar la complejidad de los procesos coloniales desde una simultaneidad de disciplinas -en este caso, principalmente, la arqueología y la historia- comprendiendo las sociedades pasadas como una totalidad. Es importante aclarar por un lado, que el concepto de totalidad aquí no implica coherencia y consistencia interna, pero si conlleva una trama unificada de relaciones con sus jerarquías internas y arreglos específicos (Bianchi y Senatore 2012).
Por otro lado, al no pretender trasponer las divisiones disciplinarias a las esferas de funcionamiento social del pasado, los registros materiales y escritos son entendidos como resultado del mismo proceso histórico (Johnson 1996). Ambos tipos de evidencia –trabajadas desde su especificidad metodológica- se integran en una interpretación contextual, contemplando que la información que brindan y su rol en el seno de las prácticas de los actores sociales difieren por las condiciones mismas de su producción y utilización.
La ocupación española de la Península Valdés a fines del siglo XVIII se enmarca dentro de un plan que la corona puso en práctica a los efectos de defender y poblar sus posesiones en la costa atlántica patagónica. Así, en el marco de dicho plan se fundaron en 1779 el Fuerte San José y más tarde el asentamiento subsidiario denominado el Puesto de la Fuente (Península Valdés, Pcia. de Chubut), el Fuerte Nuestra Señora del Carmen (Carmen de Patagones, Pcia. de Buenos Aires), en 1780 un asentamiento subsidiario en Puerto Deseado (Pcia. de Santa Cruz) y la Nueva Colonia y Fuerte de Floridablanca (Pto. San Julián, Pcia. de Santa Cruz). Cabe destacar que los tres asentamientos principales tuvieron una duración desigual en el tiempo -los dos primeros se extendieron a lo largo del siglo XIX, mientras que Floridablanca sólo de 1780 a 1784.
Según la información historiográfica, el Fuerte San José contaba con una plaza cerrada, con habitaciones para el Superintendente, cuadras, almacenes, caballeriza y capilla. Por fuera de la Plaza se ubicaban dependencias precarias, un hospital, el camposanto y una batería emplazada sobre un cerro. Posteriormente se habría establecido en el paraje conocido como Los Manantiales de Villarino (ver Figura 1), un asentamiento productivo denominado el Puesto de la Fuente, creado para la extracción de agua dulce, la explotación de sal, la cría de ganado junto con el abastecimiento de carne al grupo poblador del fuerte y el cultivo. Según la información bibliográfica allí se construyeron un hospital, un fortín y una huerta (Entraigas 1960, 1968; Lenzi 1968; Lanöel et al. 1974; De Paula 1984; Destéfani 1984; Dumrauf 1992; Barba Ruiz 2000, 2009).
La autoridad en Puerto San José fue ejercida inicialmente por Juan de la Piedra entre enero y marzo de 1779, sucediéndole Francisco Viedma, quien permaneció temporariamente hasta abril de ese año, en que parte hacia Río Negro, quedando a cargo del establecimiento su hermano Antonio -quien poco tiempo después será el Superintendente de Floridablanca. A raíz de una epidemia de escorbuto que diezmó la población y provocó un enfrentamiento con la gente de armas, Antonio Viedma se retira del fuerte en septiembre de 1779, quedando al frente del mismo el Teniente del Regimiento de Infantería Pedro García hasta 1782, sucediéndose en el mando distintos oficiales hasta 1810 (De Paula 1984; Destéfani 1984; Barba Ruiz 2000, 2009; Buscaglia 2009).
A lo largo de los 31 años de ocupación, la población de la Península fue variando en número, desde unos pocos hasta un centenar de individuos. A diferencia de los otros poblados, el personal fue predominantemente militar y masculino. También lo integraron funcionarios, cirujanos, capellanes, peones y presidiaros. Desde su creación, el fuerte dependió administrativa y económicamente del Fuerte Nuestra Señora del Carmen. A pesar de que el Fuerte San José logró sobrevivir a la Real Orden del 1 de agosto de 1783, en la que se exigía el abandono de los poblados patagónicos; en 1810 la Primera Junta de Gobierno dispuso el traslado de la guarnición a Carmen de Patagones. Sin embargo, entre el 7 y 8 de agosto de ese año, tanto la fortificación sobre la costa como el asentamiento de la salina, fueron atacados e incendiados por indígenas, ocasionando la muerte de la mayor parte de sus ocupantes.
Unos pocos años después de producirse el trágico episodio, entre 1812 y 1823, el galés Henry Libanus Jones realiza cinco incursiones al Golfo buscando proveerse de lobos y ganado. Jones describe en su diario lo observado durante los sucesivos desembarcos en el Golfo San José (Dumrauf 1991). Entre otras cosas, menciona la presencia de centenares cabezas de ganado cimarrón, diversas estructuras que formaron parte del fuerte en la costa como por ejemplo un rancho o cuartel con techo de paja sobre el cerrito, por debajo una capilla construida en adobe y techada también con paja, y muy cerca de la playa una edificación de adobe, techo de tejas y horno que Jones asigna a la panadería. Describe además la presencia de restos humanos diseminados por la playa, los cuales fueron reunidos y enterrados y dos edificaciones de piedra sin cal situadas al borde de la Salina Grande (Dumrauf 1991: 72).1
Posteriormente, como parte del poblamiento de la Península a principios de siglo XX, se instaló el Puerto San José, un establecimiento creado para la recepción y traslado de recursos –principalmente sal– y mercaderías en la península. El mismo habría sido abandonado alrededor de 1916 cuando Puerto Pirámides comienza a cobrar importancia como salida de la producción salinera; mientras tanto, desde 1882 se fueron ocupando progresivamente las áreas restantes de Península Valdés (Barba Ruiz 2000; Fernández et al. 2008).
La historia de la ocupación hispánica a fines del siglo XVIII en la Península Valdés fue largamente estudiada desde el punto de vista historiográfico como bien lo ejemplifican los trabajos publicados por Entraigas (1960 y 1968), Lanöel et al. (1974), De Paula (1984), Destéfani (1984), Gorla (1984), Dumrauf (1992) y Barba Ruiz (2000 y 2009), entre los más destacados. Todos ellos realizaron exhaustivas investigaciones tanto en archivos nacionales como extranjeros a los fines de reconstruir la historia del Fuerte San José. A pesar de este minucioso trabajo, la información publicada presenta algunas falencias y contradicciones, las cuales serán desarrolladas a continuación.
En primer lugar, el interés sobre el desarrollo del asentamiento se reduce a sus primeros momentos fundacionales y al trágico final con el malón indígena, los treinta y un años de duración del Fuerte San José prácticamente no tienen relevancia alguna en el relato historiográfico (Bianchi Villelli 2010).
En segundo lugar, a pesar de reiterarse una misma descripción arquitectónica del asentamiento, el único informe disponible registrado hasta el momento sobre el mismo corresponde a los momentos iniciales. Asimismo, el énfasis puesto en la caracterización costera y defensiva del asentamiento, ha dejado en segundo plano a los procesos de producción e intercambio coloniales y sus estrategias de apropiación de poblaciones, espacios y recursos (Bianchi Villelli 2010).
En tercer lugar, las relaciones con los indígenas son reducidas al relato trágico del malón, en el que se naturaliza también el carácter salvaje de los nativos (Entraigas 1960 y 1968; De Paula 1984; Destéfani 1984; Dumrauf 1992). Pudimos hallar al menos tres versiones acerca de las causas del malón: 1) aquella plasmada en la historiografía tradicional (Entraigas 1960 y 1968; De Paula 1984; Destéfani 1984; Dumrauf 1992), 2) la versión de William Phillips de 1881 (1962 en Gómez Otero 2007) y 3) la de Alcide d’Orbigny ([ca. 1835-1847] 1999), quien recopiló en forma directa el testimonio de uno de los sobrevivientes del malón durante su estadía en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen en 1829.2 Cabe destacar que en las fuentes históricas analizadas hasta el momento, se registró un documento donde los sobrevivientes dan cuenta del malón pero sin entrar en detalles sobre cuáles fueron sus causas (Archivo General de la Nación [AGN], Sala X, Legajo 2-3-5, Carta de Antonio Aragón al Comandante del Fuerte del Carmen, 5 de septiembre de 1810). En este cuadro de múltiples versiones y de reduccionismo de las relaciones interétnicas al conflictivo episodio final, observamos una invisibilización de estas relaciones a lo largo de los 31 años de existencia del Fuerte y una simplificación de una realidad por demás compleja.
En lo que respecta a las investigaciones arqueológicas, la ocupación española de la Península Valdés a fines del siglo XVIII, aún no ha sido objeto de un estudio sistemático desde el ámbito académico, aunque la importancia de su emplazamiento ha sido destacada en los primeros estudios arqueológicos del área centrados en el uso humano del espacio de la costa patagónica central (Gómez Otero 1996, 2003, 2007; Gómez Otero et al. 1999). En el marco de estos estudios, el Fuerte San José y el sitio ubicado en la Ea. Los Manantiales fueron reconocidos y caracterizados en términos generales, identificándose estructuras, concentraciones de materiales y hallazgos aislados, tanto de origen europeo como indígena (Gómez Otero 2007).
Sobre la base de estos antecedentes y con el objeto de generar nueva información sobre los asentamientos de Península Valdés, el Proyecto y los resultados que aquí volcamos representan el primer abordaje sistemático realizado desde la perspectiva de la Arqueología Histórica, integrando información documental y arqueológica inéditas tal como desarrollamos a continuación.
Con respecto a las fuentes documentales consideramos necesario un acercamiento que contemple dos dimensiones analíticas: las respectivas escalas y metodologías de análisis así como sus condiciones de producción y archivo, (Beaudry 1988; Lorandi y del Río 1992; Funari et al. 1999; Nacuzzi 2005; Luiz 2006; Wilkie 2006; Senatore 2007, entre otros), buscando de este modo superar el estado de desagregación que presenta la documentación histórica sobre Patagonia, como veremos a continuación (Buscaglia y Bianchi Villelli 2009).
Uno de los primeros objetivos a la hora de iniciar el análisis histórico sobre el Fuerte San José fue la identificación de los archivos y la localización de documentos relativos a Patagonia en general y al Fuerte San José (Península Valdés), en particular. La existencia de fuentes documentales para Patagonia no puede ser disociada de la expansión colonial y de la conformación del estadonación argentino. De esta manera, el acopio de información sobre los nuevos territorios y en particular sobre sus habitantes, fue un aspecto fundamental de las políticas de dominación y administración, produciendo un corpus documental altamente diverso y variable a lo largo del tiempo (Buscaglia y Bianchi Villelli 2009).
No obstante, las políticas coloniales y posteriormente las del estado-nación, hicieron a su vez que la documentación relativa al Río de la Plata y Patagonia en el siglo XVIII no sólo no esté disponible en Argentina, sino que esté dispersa en diversos archivos españoles y latinoamericanos, dificultando de esta manera su unificación y el acceso a la misma.
Sobre la base de estas condiciones y limitaciones, el relevamiento documental está centrado en el trabajo con fuentes históricas primarias inéditas -escritas y gráficas- y éditas. Esto implica por un lado, la investigación documental en el Archivo General de la Nación (en adelante AGN), donde se ubica una parte importante de las fuentes primarias sobre los establecimientos patagónicos. Esta búsqueda se complementa con la recopilación de documentación édita e inédita en otros archivos locales como Museo Mitre (en adelante MM) y extranjeros, tanto en Latinoamérica como en España3. Por otro lado, las fuentes primarias éditas forman parte, en su mayoría, de los diversos tomos que integran la Colección de Pedro de Ángelis (en sus ediciones de 1969 o 1972), y en cuanto a cartografía española se encuentran las publicaciones tradicionales de Torre Revello (1941); Furlong (1963) y del Servicio Histórico Militar y Servicio Geográfico del Ejército del Ministerio de Defensa de España (1992).
En esta instancia inicial, los objetivos particulares de las investigaciones históricas estuvieron dirigidos a la búsqueda, evaluación y discusión de la información relativa a la representación cartográfica del asentamiento, su organización arquitectónica, su historia constructiva y los materiales empleados. Como parte de esta búsqueda, en el AGN ya se han relevado –clasificado y fotografiado digitalmente–, 91 legajos y más de 5433 folios con información directa o indirecta sobre San José. Asimismo, se han obtenido copias tanto impresas como digitales de documentos escritos y planos relativos a la exploración y colonización española de la costa patagónica y de Península Valdés a fines del siglo XVIII en el AGI, FBN, AGMM, ACEG-CGE, BE y BVPB. Estamos trabajando sobre el Diario de Juan de la Piedra (AHN, legajo 2316), dos diarios de Villarino (en De Angelis 1972a, 1972b) y un informe de Villarino (en De Angelis 1969), con sus mapas asociados, el Informe del Teniente Manuel Soler (AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 326), los informes de José Custodio Sá y Farías correspondientes a los años 1779, 1783 y 1786 (en De Angelis 1969a, 1969c y 1969b, respectivamente).
Con respecto a los mapas y planos históricos que se están analizando, fueron elaborados en su mayoría en la segunda mitad del siglo XVIII, concentrados en las últimas dos décadas, período durante el cual se desarrolló el plan de poblamiento de la costa patagónica. Como consecuencia, consisten en relevamientos de la totalidad así como de distintos parajes de la costa patagónica -incluido el Golfo San José-, presentando variaciones en la escala y el grado de detalle. Los principales autores son Basilio Villarino (1780-1781, 1781 y 17821783), Pedro García (1779-1780), José Custodio Sá y Farías (1779, 1783, 1786) y Antonio de Viedma (1780-1783). En ninguno de los siete casos analizados se halló un plano del asentamiento; se trata en gran parte de mapas con relevamientos de la geoforma costera, donde se indica la topografía, la profundidad del mar y la ubicación de las desembocaduras de los ríos y puertos naturales viables.
En todos los mapas revisados posteriores a 1779, aparecen señalados tanto el Fuerte San José como el Puesto de la Fuente o Los Manantiales. Si bien su ubicación es precisa, los asentamientos aparecen representados esquemáticamente como un conjunto de puntos, discretos y aislados entre sí, sin ningún tipo de detalle ni caracterización relativa a sus dimensiones y morfología.
Entre las fuenes escritas sólo se hallaron testimonios de funcionarios enviados por el virreinato con el fin de evaluar el estado del asentamiento en sus momentos iniciales –nos referimos a Manuel Soler y Custodio Sá y Farías–, pero ningún informe interno periódico –a diferencia del caso de Floridablanca, por ejemplo. El primer Informe de 1779, del Teniente Manuel Soler, consigna lo siguiente:
“…me enseñaron desde luego el primer almacén de víveres y otros varios efectos que se hallan en la Playa (…), habiéndome recibido con el mayor gozo e inexplicable alegría, concluida esta diligencia nos encaminamos hacia el campamento e habitaciones situadas a corto trecho entre dos pequeños cerros, como se ve en el plano, y consiste en una plazuela cerrada con cuatro frentes de los que uno es un almacén grande de víveres, y repuestos, otro cuarteles; y los otros dos cuartos, y Capilla. A la parte exterior hay dos Hospitales, cocinas y en uno de los cerritos se ven principios de un fuerte cuadrado por la figura de una mala zanja construida para este fin, pero de ninguna defensa, y a parte hay un Almacén de Pólvora”.4
Cabe destacar que en esta descripción no se especifican ni los materiales de construcción utilizados ni los períodos en los que se llevó a cabo la edificación. El informe se adjunta a un relevamiento de la costa patagónica realizado por Pedro García en el cual sólo figura esquemáticamente la ubicación del asentamiento. Con respecto a los Informes de Custodio Sá y Farías (1779 y 1786, en De Angelis 1969a; y 1783, en De Angelis1969b), no aportan información específica ya que el Brigadier no estuvo en San José, sino que opinó en función de los diarios e informes de relevamiento previos.
Es importante mencionar que en el intercambio de pedidos y cartas con el Río del Plata y el Fuerte del Carmen desde San José entre 1782 y 1798, se hallaron varias solicitudes de materiales de construcción debido a las condiciones precarias de las instalaciones en el fuerte -se encontraron reiteradas menciones específicas sobre tiendas de cuero, uso de paja y adobe así como la insistencia para el envío de albañiles y ladrillos para superar las condiciones de precariedad5. Con respecto al Puesto de la Fuente, las referencias históricas encontradas hasta el momento que dan cuenta de su organización y características arquitectónicas, son aún más escasas que el caso del Fuerte San José.
Un último punto que merece consideración se refiere a una serie de planos tradicionalmente publicados como correspondientes al Fuerte San José (Lanöel et al. 1974; Destéfani 1984; Barba Ruiz 2000, 2009). Se trata de dos planos de 1797 que forman parte de una serie mayor donde se representa un conjunto arquitectónico de importantes dimensiones y magnitud constructiva, siendo la imagen más difundida del Fuerte San José.
Los resultados de las investigaciones arqueológicas así como el análisis de la evidencia histórica disponible nos llevó a cuestionar el origen de los planos así como su pertinencia para Patagonia (para más detalles, ver Bianchi Villelli et al. 2012 y Buscaglia y Bianchi Villelli 2012). Por un lado, en toda la documentación histórica revisada no se encontraron referencias sobre la solicitud de un plano, la elaboración o el envío del mismo para el Fuerte San José de Península Valdés. Por otro lado, tanto la superficie construida –1747,2 m2– como la complejidad constructiva –un edificio de dos plantas con techo abovedado y balcón con rejas coloniales–, se alejan de las descripciones históricas ya mencionadas como de las características del sitio arqueológico como se verá más adelante (Figura 2).

A raíz de estos interrogantes, rastreamos el origen de dichos planos de 1797 y, como resultado, descubrimos que los mismos correspondían al Fuerte San José de Montevideo (Uruguay) y no a Península Valdés, donde fueron erróneamente asignados. Se trata de un error arrastrado y reproducido acríticamente por más de 35 años, que se materializó en diversas publicaciones (Lanöel et al. 1974; Destéfani 1984, Barba Ruiz 2000, 2009) y hasta en una réplica parcial de una capilla, que nunca fue parte de la del fuerte, sino de la Ciudadela de Montevideo (Bianchi Villelli et al. 2012; Buscaglia y Bianchi Villelli 2012).
Los trabajos de investigación arqueológica en ambos sitios se iniciaron en febrero de 2010, continuándose en noviembre de ese mismo año. El objetivo general fue realizar un primer diagnóstico del potencial arqueológico del Fuerte San José y un reconocimiento del sitio Los Manantiales7. Los trabajos de campo estuvieron dirigidos a: 1) corroborar los lugares de emplazamiento de los sitios y 2) evaluar preliminarmente las características y estructuración del registro arqueológico, tanto arquitectónico como artefactual. Teniendo en cuenta la información presentada anteriormente, la evidencia histórica no era lo suficientemente clara para derivar expectativas empíricas específicas. Por esto, el diseño metodológico consistió en cruzar relevamientos topográficos y planimétricos, patrones de cobertura vegetal y excavaciones dirigidas.
Sobre la base de la resencia de restos de adobe, rasgos y materiales arqueológicos, se diferenciaron tres sectores en el sitio San José (Bianchi Villelli y Buscaglia 2010a y 2010b; Buscaglia y Bianchi Villelli 2012). Los mismos se denominaron: San José 1 –SJ1–, San José 2 –SJ2– y San José 3 –SJ3 (Figura 3).

El sector SJ1 se encuentra emplazado al pie de dos cerros, al borde del cañadón y consiste en un denso parche de vegetación –Jarilla crespa (larrea nitida)–, de forma cuadrangular, levemente sobreelevado y con una superficie de 256 m2, que contrasta con la baja cobertura vegetal circundante (Figura 4). En este sector observamos una importante presencia de materiales arqueológicos en superficie, muchos de ellos asignables a fines del siglo XVIII. Nuestra actual hipótesis es que corresponde al lugar donde estuvo emplazado el patio de armas descripto en el documento de Manuel Soler y donde se habría albergado al grueso del núcleo poblacional. Las evidencias que sustentan esta hipótesis se relacionan con un patrón de cobertura vegetal diferencial, la localización del mismo entre los cerros y presencia de materiales arqueológicos en superficie correspondientes con la ocupación española de fines del siglo XVIII.

Tanto el sector SJ2 como SJ3 se encuentran situados sobre un cerrito, y podrían corresponder al pequeño fuerte señalado en las fuentes históricas. En SJ2 se identificó una estructura de forma cuadrangular de aproximadamente 443,76 m2. La misma presenta una depresión perimetral, restos de paredes de adobes erosionadas, materiales históricos en superficie –tales como mayólica española, un jetón del siglo XVIII, fragmentos de botellas de vidrio, de pipas de caolín y clavos de hierro forjado– y dos pozos que serían producto del huaqueo. El sector SJ3 se sitúa sobre el extremo Este del cerrito y corresponde a un pozo rectangular excavado sobre la roca madre de 4,5 m2, con presencia de manchones de adobe erosionado sobre sus bordes y perfiles.
En la ladera Norte del cerro, se identificó una acumulación de orientación longitudinal, compuesta de materiales arqueológicos vinculados a la ocupación española –cerámicas–, así como restos faunísticos y malacológicos. Sin embargo, aún resta evaluar si se trata de un basural o es resultado de huaqueo.
Por último, en proximidades a SJ1, a unos 200 m se identificaron restos de estructuras de principios del siglo XX –un pozo de balde y cimientos de una estructura de ladrillos modernos y concreto, que corresponderían al denominado Puerto San José, ya mencionado en la reseña histórica.
Los trabajos se excavación se centraron en el sector SJ1, donde la cobertura vegetal diferencial podría estar funcionando como un indicador de estructuras sub-superficiales con mayores expectativas de preservación que aquellas que se encuentran emplazadas sobre el cerrito. Se realizaron sondeos y excavaciones en el área con el fin de conocer la estratigrafía del sitio, evaluar el comportamiento del registro arqueológico y localizar estructuras en sub-superficie. Hasta el momento se excavó una superficie total de 7,25 m2 (Figura 5) y fue posible establecer un área con modificaciones antrópicas en contraste con otra sin evidencias de las mismas.

En el área con modificaciones antrópicas se distinguió una secuencia estratigráfica conformada por cuatro depósitos con matriz predominantemente arenosa (Tabla 1 y Figura 6). La potencia aproximada hasta llegar al nivel estéril fue de 0,2 m y los niveles se caracterizaron por presentar distinta sedimentología, representación y distribución de materiales y rasgos arqueológicos.


Cabe destacar que por el momento no se han registrado en el sector excavado restos de estructuras en pie, aunque consideramos que el nivel Gris Compacto es un depósito originado a partir de la erosión de estructuras de adobe. Esta interpretación se fundamenta en la composición limo-arenosa del mismo, su característica coloración grisácea, su compactación, la presencia de valvas trituradas como posible antiplástico y su ausencia en la estratigrafía natural en el área donde se encuentra emplazado el sitio (Bianchi Villelli y Buscaglia 2010a, 2010b). Como resultado del proceso erosivo, este nivel incorporó los materiales asociados asignados al siglo XVIII.
Por su parte, si bien el nivel de Arena Consolidada -de origen natural- se caracterizó por la ausencia de materiales arqueológicos, se registraron trece rasgos negativos o agujeros –en algunos casos alineados y con orientación– de contorno circular y regular, con un diámetro similar de entre 7 y 10 cm, una profundidad de 10 a 15 cm, atravesando algunos de ellos el nivel Gris Compacto (ver Figuras 5 y 6). Descartamos la posibilidad de que sean madrigueras de roedores, ya que no evidenciaron continuidad lateral, conexión entre sí, ni acondicionamiento interno. Trabajamos actualmente en la hipótesis de un origen cultural.
En el área con ausencia de modificaciones antrópicas –por fuera del parche de vegetación de SJ1, pero cercana al mismo–, las excavaciones realizadas evidenciaron la secuencia estratigráfica natural constituida a partir de un nivel Arenoso seguido de la Arena Consolidada, con ausencia completa del nivel Gris Compacto y de materiales arqueológicos.
En esta primera etapa, el análisis se centró en la determinación macroscópica de los materiales así como en su cuantificación. Consideramos una serie de variables específicas para cada categoría artefactual que permitieran su clasificación a nivel tecno-tipológico, morfológico y funcional. En el caso del registro arqueofaunístico trabajamos a nivel de la determinación taxonómica, anatómica e indicadores de procesamiento antrópico. Asimismo, registramos para todos los materiales información correspondiente al estado de preservación, agentes y procesos post-depositacionales. Estas variables fueron volcadas en una base de datos de Microsoft Access a fin de inventariar la totalidad de la muestra recuperada.
En términos generales la muestra arqueológica se compone en orden de importancia en función de su frecuencia cuantitativa de: restos faunísticos, cerámicos, vítreos, metálicos y en mucha menor proporción líticos (Tabla 2).

A nivel estratigráfico, el comportamiento del registro arqueológico es diferente, lo cual podría estar indicando historias de formación diferenciales de cada uno de los depósitos. En este sentido, observamos una representación general en orden decreciente hacia el nivel Gris Compacto, el que se caracteriza por la menor frecuencia de materiales. Dentro de este comportamiento, cabe destacar la diferenciación del nivel Arenoso, con respecto al Superior y al Gris Compacto. En el nivel Arenoso predomina el registro arqueofaunístico en contraste al resto de las categorías de materiales identificados; como veremos más adelante, esto sería resultado de la historia de formación particular de dicho depósito. Un aspecto a destacar, es que los materiales arqueológicos registrados en el nivel Gris Compacto, prácticamente en su totalidad han sido asignados cronológicamente a fines del siglo XVIII – principios del siglo XIX, de origen predominantemente europeo (Figura 7).

En cuanto al registro arqueofaunístico, en su mayor parte –83,8%– corresponde a mamíferos (Figura 8), más específicamente oveja (Ovis sp.) y, en menor proporción, guanaco (Lama guanicoe) y piche (Zaedyus pichyi), por sobre el resto de los taxones. La mayor abundancia de restos se concentran en el nivel Superior, mientras que el nivel Arenoso presenta el mayor porcentaje de especímenes identificados a nivel de especie, siendo Ovis sp. el taxón más representado.

En el nivel Superior y sobre todo en el Arenoso, se observa un claro predominio de elementos completos y articulados, específicamente aquellos pertenecientes a la tercera articulación de Ovis sp. La selectividad en el registro hacia elementos de bajo rinde económico sugiere la hipótesis de que estos materiales son resultado de actividades culturales relacionadas con el trozamiento primario, posteriores a la ocupación hispánica (Marschoff et al. 2010, 2011). En estos dos niveles observamos un predominio de los primeros estadios de meteorización, particularmente en el Arenoso, sugiriendo un rápido enterramiento y estabilidad del depósito.
Por su parte, el nivel Gris Compacto presenta la menor proporción de restos arqueofaunísticos así como el menor nivel de identificabilidad tanto de taxones como de elementos. Sin embargo, a pesar de estos limitantes, reconocimos un predominio de fragmentos de huesos largos, en contraste a los otros dos niveles, con estadios de meteorización un poco más avanzados, por lo que se está evaluando la historia de formación tafonómica y cultural de este depósito.
En términos generales, observamos que la incidencia de agentes tales como raíces, roedores y carnívoros es baja dado que el 73,8% de la muestra no presenta ningún tipo de marca. Por otra parte, la acción de agentes culturales sólo pudo establecerse en el 2,7% del total de los registros, con una concentración de los especímenes del nivel Superior, seguido por el Arenoso y el Gris Compacto.
La cerámica es asignable mayormente a tipos españoles de los siglos XVIII y XIX de uso doméstico vinculado principalmente a la cocción, consumo, y almacenamiento. Dentro de estos tipos, recuperamos por ejemplo fragmentos correspondientes tanto a mayólica azul sobre blanco como polícroma, creamware, cerámica roja y botijas. Asimismo, se registraron algunos fragmentos de pipas de caolín características del período cronológico mencionado. Los restos se concentran en los niveles Superior y Gris Compacto. Los fragmentos son pequeños, redondeados y descascarados. La representación de materiales de construcción –tales como ladrillos y tejas– y cerámica moderna fue muy baja (Figura 9).

Los artefactos de metal están regularmente representados en todos los niveles, aunque en su mayor parte resultaron indeterminados debido al alto nivel de fragmentación y deterioro por el elevado nivel de humedad y salitre de los depósitos (Figura 10). Las materias primas predominantes fueron el hierro y el latón. Sin embargo, en el nivel Gris Compacto fue posible identificar materiales significativos como una munición de plomo –calibre 9 mm– de una pistola de avancarga, con señales de haber sido disparada (com. pers. Isidoro Vides, armero del Museo de las Armas de la Nación) y un botón de la Armada española del siglo XVIII (Nuviala 2009) confeccionado en una aleación de cobre, siendo el único indicio sobre vestimenta registrado hasta el momento.

Los artefactos de vidrio se caracterizaron por un predominio de restos modernos en el nivel Superior –i.e. envases de bebidas alcohólicas– de tamaños mayores y con escasa deshidratación. Mientras que en el nivel Gris Compacto, sólo registramos restos de botellas verdes cuadradas –ginebra– y redondas negras –vino– correspondientes al siglo XVIII, evidenciando un alto nivel de fragmentación y deshidratación. Cabe destacar que en el nivel Gris Compacto hallamos una cuenta cilíndrica azul pero con mucha pátina, siendo por el momento el único artefacto asociado al adorno personal y al posible intercambio con indígenas (Figura 11).

Finalmente, los artefactos e instrumentos líticos constituyen la categoría menos representada, con un total de 6 artefactos. El análisis de la muestra, compuesta por dos instrumentos enteros y cuatro desechos de talla, se llevó a cabo siguiendo los criterios establecidos en Aschero (1975, rev. 1983). Entre los instrumentos se encuentran un raspador de filo corto fronto-lateral, activo, y un posible chispero, artefacto usualmente empleado para la activación de armas de fuego8. Ambos instrumentos fueron confeccionados sobre calcedonia de color blanco translúcido, roca de excelente calidad para la talla (según Aragón y Franco 1997). El resto de los artefactos comprenden dos lascas angulares fragmentadas de calcedonia blanco translúcida, similar a la utilizada para la manufactura de los instrumentos, un desecho no diferenciado fragmentado y un chunk, éstos dos últimos confeccionados sobre una roca silícea de color rojizo y de calidad excelente para la talla (Aragón y Franco 1997). En el nivel Superior se registró el raspador y una lasca, en el Arenoso, una lasca y en el Gris Compacto el posible chispero, el desecho y el chunk.
Con respecto al registro arquitectónico, la evidencia disponible hasta el momento indica la ausencia o al menos la precariedad constructiva en el sector investigado. En este sentido, si bien no hallamos restos de edificaciones en pie, observamos la presencia de un nivel –Gris Compacto– conformado a partir de adobes erosionados y una serie de agujeros de probable origen antrópico, resta establecer si podrían relacionarse con la utilización de postes como sostén de tiendas o cueros, un recurso documentado en las fuentes históricas para San José. Asimismo, tampoco registramos una presencia significativa de materiales arqueológicos asociados a la construcción como ser clavos, herrajes, tejas, ladrillos, etc.
En cuanto al comportamiento de la cultura material, hemos observado que en toda el área excavada existe una clara diferenciación entre el comportamiento del registro arqueológico del Nivel Arenoso y el Gris Compacto, mientras que el nivel Superior estaría conformado como un palimpsesto. En el primer caso, observamos un predominio del registro arqueofaunístico por sobre el resto de los materiales, que dadas las características del conjunto –posiblemente resultado del descarte antrópico a posteriori de la ocupación española–, podría tratarse de un episodio de rápido enterramiento por acción eólica y alta estabilidad.
Asimismo, este depósito se caracterizó por una baja incorporación de materiales de origen reciente como históricos, por lo que estaría funcionando como hiato. Por su parte, el nivel Gris Compacto presentó una menor frecuencia de materiales en función de todas las categorías representadas y un bajo estado 31 de conservación, no obstante casi todas ellas pueden asignarse cronológicamente al período estudiado, en tanto que el registro arqueofaunístico presentó un comportamiento distinto en relación a los otros dos niveles, lo cual da cuenta de las historias de formación diferenciales de los depósitos, tanto en términos antrópicos como naturales.
En términos generales, en lo que respecta a la cultura material asignable a la ocupación española (Figura 12), se observó un predominio de restos de uso doméstico y cotidiano, principalmente asociados a la alimentación. Los artefactos e instrumentos líticos, a pesar de ser escasos, dan cuenta de la presencia directa o indirecta de indígenas. Observamos un alto deterioro y nivel de fragmentación en todas las categorías de materiales –a excepción de los especímenes y elementos óseos procedentes del nivel Arenoso–, aunque con una baja incidencia de agentes naturales, lo cual da cuenta de cierto nivel de integridad para estos depósitos. Aunque la naturaleza friable de los mismos, la erosión y la bioturbación por acción de raíces, nos alerta ante problemas de migración, re-exposición y re-depositación. Por último, un factor a tener siempre presente es la acción antrópica producto de la reutilización a lo largo del tiempo de la localidad y el huaqueo de la misma9.

Durante el transcurso de la primera campaña efectuamos un reconocimiento del sitio denominado El Puesto de la Fuente, situado en la estancia Los Manantiales. Dicho sitio correspondería al asentamiento subsidiario al Fuerte San José establecido para la obtención de agua dulce, la explotación de las salinas y la cría de ganado, por lo que habría tenido un carácter predominantemente productivo.
El abordaje arqueológico preliminar permitió identificar una estructura de 9 x 3 m sobre una barda que da a la salina, construida con piedra local –similar a lo descripto por Libanus Jones en el siglo XIX (Dumrauf 1991) (Figura 13). Sobre la ladera de la barda se detectó una acumulación de materiales arqueológicos extendida en superficie, caracterizada por una alta densidad de materiales tanto de origen hispano-criollo como indígena. En lo que respecta a los materiales del primer tipo al menos, su cronología de extendería desde el siglo XVIII al XX y de acuerdo con las características tecno-tipológicas y morfológicas, sobre todo de los artefactos de cerámica y vidrio, podrían vincularse a la ocupación española bajo estudio. En este primer reconocimiento no se recolectaron materiales arqueológicos.

En esta primera etapa de la investigación consideramos que tanto la discusión de los antecedentes, el abordaje de las fuentes históricas como las excavaciones arqueológicas realizadas nos permitieron generar cuestionamientos, reflexiones y nuevas preguntas que guiarán nuestros futuros análisis.
Desde el punto de vista de la información histórica disponible sobre el Fuerte, se ha presentado la complejidad que implica el abordaje de la misma. Con ello hacemos referencia a la dispersión de los documentos históricos en archivos nacionales e internacionales, a los vacíos y errores observados en el discurso historiográfico, asumiendo que la contextualización de las fuentes históricas es un paso fundamental para su posterior interpretación.
Por el momento, el análisis inicial de la evidencia histórica estaría apuntando hacia la precariedad del asentamiento, tanto desde el punto de vista arquitectónico como de su funcionamiento, imagen que contrasta con la que ha sido tradicionalmente difundida. La escasez de registros oficiales para San José individualizados hasta el momento, en contraste con Fuerte del Nuestra Señora del Carmen y Floridablanca, nos alerta sobre la necesidad de su problematización en lo que respecta a su producción y ubicación actual en los archivos. A su vez, desde la evidencia arqueológica fue posible corroborar su localización, dilucidar la secuencia estratigráfica en uno de los sectores excavados y determinar en el mismo la precariedad de las edificaciones o la ausencia directamente de aquellas que podrían ser de carácter macizo y permanente. La cultura material recuperada es coherente con la ocupación española de fines del siglo XVIII, siendo de carácter predominantemente doméstico.
La integración y el análisis crítico de ambas líneas de evidencia, ha posibilitado por un lado, generar no sólo nueva información sobre la colonización española de Península Valdés a fines del siglo XVIII, sino también discutir la ya existente, y sobre todo la imagen del Fuerte que ha perdurado hasta nuestros días, caracterizado como un asentamiento de cierta magnitud y con una organización del espacio altamente estructurada, a partir fundamentalmente de la asignación errónea de los planos mencionados en este trabajo. Esa imagen fue a su vez plasmada en las muestras del centro de visitantes del Istmo Ameghino y en la réplica de la supuesta capilla de Fuerte San José frente a la Isla de los Pájaros, ambos situados en la Península.
Por último, esta nueva etapa de las investigaciones intenta profundizar en la historia este singular asentamiento patagónico, buscando indagar en los procesos intermedios y cotidianos, ausentes hasta ahora en la historia oficial centrada en los episodios de fundación y abandono de este singular asentamiento patagónico.
1. El Coronel D. Ambrosio Cramer también pasó por el Fuerte en 1822 a los efectos de realizar un reconocimiento, señalando únicamente la presencia de un horno medio caído (De Angelis 1972:1159).
2. De acuerdo a la versión plasmada en la historiografía el malón fue provocado por desinteligencias entre el comandante del fuerte y un grupo de tehuelches por la compra de una mujer indígena cautiva (Entraigas 1960 y 1968; De Paula 1984; Destéfani 1984; Dumrauf 1992). Por su parte William Phillips en 1881 relató que el malón se originó en el mal trato que los ocupantes del fuerte daban a los indígenas y por salir a cazar fuera de la península, lo que determinó que en 1810, los tehuelches en alianza con los pampas emboscaran a un grupo de cazadores españoles y atacaran los dos asentamientos (1962, en Gómez Otero 2007). Finalmente, D’Orbigny ([ca. 1835-1847] 1999) es quien nos brinda la tercera versión sobre la base de la recopilación de primera mano del testimonio de uno de los sobrevivientes del malón durante su estadía en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen en 1829, unos 20 años después de producirse el enfrentamiento. De acuerdo al relato reproducido por el naturalista francés, el malón tendría su origen en el incumplimiento de una promesa del comandante del Fuerte Nuestra Señora del Carmen a caciques patagones, a quienes se les prometió recompensar por la búsqueda de unos desertores españoles que se habían unido a los indígenas. Sin embargo, cuando los caciques volvieron con dos de los desertores capturados, el comandante del Carmen, incumpliendo su palabra, los derivó al Fuerte San José, donde no sabían del pacto pautado ni tenían nada para obsequiar a los caciques. Ante la ofensa, y por encontrase más desprotegido, los indígenas canalizaron su cólera sobre este último fuerte, produciéndose los hechos ya señalados (D’Orbigny [ca. 1835-1847] 1999).
3. En Latinoamérica hemos identificados documentación histórica relativa al Fuerte San José en la Fundación Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (en adelante FBN), Brasil. En cuanto a los archivos españoles se están investigando los acervos documentales del: Archivo General de Indias (en adelante AGI), Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Archivo del Museo Naval de Madrid (en adelante AMN), Archivo General Militar de Madrid (en adelante AGMM), Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército (en adelante ACEG-CGE), Biblioteca de España (en adelante BE) y la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico (en adelante BVPB).
4. AGI. Audiencia de Buenos Aires, 326. Noticias relativas a la Instrucción, que el excelentísimo Señor Virrey y Capitán General de estas Provincias con fecha de 22 de Agosto de este presente año, se sirvió fiar a mi cuidado para la inspección y reconocimientos de la Costa patagónica y los nuevos establecimientos en ella. Informe de Manuel Soler y Pedro García. Fuerte San José, Octubre 1779. Folios 1039-1050.
5. Esta información ha sido registrada en diversos documentos correspondientes a los siguientes legajos de la Sala IX, del AGN: 16-3-9, 16-3-10, 16-3-12, 16-4-1; 16-4-2; 164-3; 16-4-5; 16-4-6, 16-4-11, 16-5-1, entre otros.
6. Archivo Militar de Madrid. SH. ARG-4/7. Si bien no hay copias disponibles en los archivos nacionales, pudimos localizar el plano referido en el Archivo General Militar de Madrid [AGMM]- Ejército de Tierra, Ministerio de Defensa, España- gracias a la colaboración del Lic. Bruno Sancci, quien nos facilitó las copias digitales del mismo.
7. Consideramos los antecedentes de las investigaciones realizadas en el área por la Dra. Julieta Gómez Otero, Juan Bautista Belardi, el historiador aficionado Lucio Barba Ruiz, así como la información suministrada por Cristian Murray y la Dra. Dolores Elkin.
8. El posible chispero está siendo analizado por la Dra. Myriam Álvarez en busca de rastros de uso que pudiesen hallarse en los bordes de los filos.
9. Se identificaron varios pozos de pala realizados en distintos puntos del sitio, afectando de manera significativa la preservación del mismo. El estado en que se encontraban los pozos permitió determinar que fueron realizados recientemente. Los mismos fueron debidamente localizados y registrados y están siendo controlados, a los efectos de que en las sucesivas campañas arqueológicas pueda monitorearse la actividad de huaqueo y denunciarla ante las autoridades de aplicación pertinentes (Secretaría de Cultura de la Provincia de Chubut, Dirección General de Gestión Técnica y Operativa, Secretaría de Turismo y Áreas Protegidas y Administración Área Natural). En este sentido el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente constituyen recursos culturales de alto valor histórico y arqueológico, en lo que respecta a la historia de la colonización de la costa patagónica y han sido declarados respectivamente Monumento y Lugar Histórico Nacional (Decreto 911/1977), localizándose dentro de un área natural protegida declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1977.
A los propietarios de los campos de donde se ubican los sitios: Marisol Fracasso, Arturo Garrido y a Lorenzo Fernández. Agradecemos la colaboración y el apoyo de la Dra. Julieta Gómez Otero, del Dr. Eduardo Moreno, del Dr. Juan Bautista Belardi y de Boby Taylor. Al Lic. Bruno Sancci, por su valiosa colaboración y el apoyo brindado. A Demian Laborde, Pablo Paniagua, Francisco Oses y Sergio Montes por el entusiasmo y la participación en las tareas de campo. A Cristian Favier Dubois, Dolores Elkin, Christian Murray, María Marschoff, Cecilia Pallo, Mikel Zubimendi, Juan Bautista Belardi, Daniel Sauthier, Nilda Weiler y Nora Calgaro, por haber atendido gentilmente nuestras consultas.
Agradecemos al Sr. Gianpiero Donato, Director de Cultura de la Municipalidad de Puerto Pirámides, y a Ramón Rosales. Al Municipio de Puerto Pirámides por el apoyo brindado, a la Secretaría de Cultura de Chubut, a la Dirección General de Conservación de Áreas Protegidas, Subsecretaría de Turismo y Áreas Protegidas y a la Administración Península Valdés.
Este proyecto está financiado por el Proyecto Relaciones Interétnicas en Península Valdés (Chubut, siglos XVIII-XIX). Una perspectiva Histórica y Arqueológica (PIP 0183, CONICET, 2011-2013) bajo la dirección de la Dra. S. Buscaglia y el Proyecto Paisajes Coloniales en Patagonia. Los Asentamientos de Península Valdés (1779-1810) (PICT 2010-050, FONCYT, 2011-1012) bajo la dirección de la Dra. M. Bianchi Villelli.
Archivo General de Indias Buenos Aires, Legajo 326, Folios 1039-1050, Sevilla, España.
Archivo General de la Nación Sala IX, legajos 16-3-9, 16-3-10, 16-3-12, 16-4-1; 16-4-2; 16-4-3; 16-4-5; 16-4-6, 16-4-11, 16-5-1. Buenos Aires.
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