Se presentan los primeros resultados de investigación de un inmueble de la ciudad de Buenos Aires, ubicado en la calle Defensa 1344, excavado arqueológicamente entre 2013 y 2014. En este caso, la muestra estudiada corresponde a la cuadrícula VIII (C8), específicamente al contenido de una de las tres estructuras arquitectónicas subterráneas detectadas en el sitio. Se pone énfasis en los materiales óseos hallados, que constituyen la materialidad más analizada hasta el momento. Los resultados aportan información relevante para el conocimiento de las conductas de consumo en una casa que mantuvo estándares de una familia acaudalada.
The first research results of a Buenos Aires city building located in 1344 Defensa street, where archaeological excavation were conducted between 2013 and 2014, are presented. In this work, the sample studied belongs to the grid VIII, specially to one of the three subterranean architectural structures found in the site. We focus on the bone finds, that constitute the materials most studied at present time. The results provide relevant information to the consumption behavior in a house that kept wealthy family standards.
São apresentados os primeiros resultados da investigação de um edifício da cidade de Buenos Aires, localizado na Calle Defensa 1344, arqueologicamente escavado entre 2013 e 2014. Neste caso, a amostra corresponde à grade VIII, especificamente o conteúdo de um dos as três estruturas arquitectónicas subterrâneas identificadas no site. A ênfase é colocada sobre o material de osso encontrado, que constituem o material ainda analisados até agora. Os resultados fornecem relevantes para a compreensão do comportamento do consumidor em uma casa que padrões permaneceu uma informação de família rica.
Las investigaciones arqueológicas en la ciudad de Buenos Aires se han multiplicado en los últimos años a raíz de la proliferación de grupos de investigación que abordan el registro arqueológico porteño desde diversas perspectivas teórico-metodológicas (Schávelzon 1991, 2002; Weissel 2003, 2008; Zorzi 2012; Guillermo 2013; Hernández de Lara et al. 2013; Padula y Orsini 2013; Rodríguez Basulto y Hernández de Lara 2013; Camino 2014). En ese marco, y considerando las características de la ciudad de Buenos Aires en cuanto a su dinámica inmobiliaria (Schávelzon 2009, 2012), se han desarrollado disímiles intervenciones arqueológicas dirigidas a determinar el impacto arqueológico de algunas de las nuevas obras constructivas que se llevan a cabo en la urbe. Muchos de estos trabajos se limitan a emitir el dictamen de los resultados de las excavaciones o prospecciones realizadas, pero otros han ido más allá del simple rescate, ya sea proponiendo la musealización de los espacios intervenidos, implicando a la comunidad en las labores y toma de decisiones o desarrollando la investigación a partir del puntapié del rescate arqueológico.
En este caso, se presentan los primeros resultados de investigación de una excavación arqueológica en la ciudad de Buenos Aires (Figura 1), en un inmueble de propiedad privada. En sus inicios la tarea se limitó a un rescate, pero el propio desarrollo de los trabajos, los intereses de los propietarios, de la comunidad y de los investigadores, conllevó a una nueva dinámica que sobrepasó con creces los objetivos iniciales. En este trabajo se analiza el contexto arqueológico excavado en la casa de Defensa 1344, con especial referencia a la cuadrícula VIII, por constituir un posible pozo de basura que representa una de las etapas más tardías de ocupación del inmueble y, al mismo tiempo ser el contexto mejor analizado hasta el momento. Se hace énfasis en la estructura subterránea hallada, pero sobre todo en los restos faunísticos y otros materiales con el propósito de contribuir al conocimiento de las prácticas sociales en el inmueble trabajado, con implicancias para el barrio de San Telmo y la ciudad de Buenos Aires para finales del siglo XIX y principios del XX.

En la calle Defensa 1344 se encuentra un inmueble con fachada que imita la arquitectura colonial del siglo XVIII porteño (Figura 2) que, para el visitante, e incluso para algunos vecinos, es sin lugar a dudas una de las pocas casas históricas que aún se conservan en la ciudad de Buenos Aires. Pero la realidad de la primera impresión no es lo que parece; a veces detrás de las fachadas hay más de lo que se ve desde la vereda.

Este inmueble, que parece haber sido construido en la primera mitad del siglo XIX (Hernández de Lara 2013; Hernández de Lara et al. 2013), constituye en la actualidad la materialización de un proyecto históricoecológico que ha convertido la antigua casa en una propuesta moderna que rescata los valores históricos de la tradicional pulpería argentina1. Precisamente la gestación de este proyecto y el interés de los dueños en la historia del lugar, conllevó a que se iniciaran los trabajos arqueológicos con el objetivo de contribuir al conocimiento histórico-arqueológico del edificio.
Las primeras acciones fueron orientadas a la investigación histórica del lugar mediante a la búsqueda de planos y documentos que pudieran aportar algunos datos para la contextualización del inmueble. En ese sentido, en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se consultó el catastro realizado por el ingeniero Pedro Beare (2006 [1860-1870]), donde se localizó la primera referencia de la casa, que para entonces (1861) formaba parte de una propiedad mayor que abarcaba las dos casas contiguas hacia el Norte, un gran terreno con una pequeña construcción hacia el Sur y otro terreno baldío hacia el Este (Figura 3). La propiedad aparece a nombre de doña Manuela Bavio, con 33 habitaciones construidas en planta baja, todas de material, que no era poca cosa para la época. Además, poseía siete ventanas de piedra con rejas y alumbrado a gas. La comparación de la estructuración actual con el plano consultado, permitió observar la correspondencia de los espacios construidos, con algunas modificaciones en el fondo de la vivienda (Hernández de Lara 2013; Hernández de Lara et al. 2013). Aunque una de las modificaciones más significativas corresponde a la fachada, reconstruida en su totalidad en el siglo XX, imitando el estilo colonial del siglo XVIII.

En el Archivo de Aguas Argentinas (AySA) fue encontrado otro registro cartográfico, con fecha del 5 de marzo de 1890, referido a la instalación del servicio de aguas corrientes (Figura 4). En este plano se reconocieron diferencias respecto a los anteriores, como la presencia de dos patios, en vez de tres como aparecía en 1861, y la existencia de diversos detalles arquitectónicos que fueron fundamentales para orientar las excavaciones arqueológicas, como por ejemplo la referencia a un antiguo aljibe en el primer patio.

La consulta del registro catastral no aportó información de los propietarios del inmueble antes de 1950. Para el 13 de mayo de ese año figura como primer dueño Remigio Consiglieri, quien lo vende seis años después a la familia Tchintchinian, que aparecen en el siguiente registro cartográfico con el que contamos. Está fechado para el 2 de noviembre de 1961, correspondiente a la mensura particular y división por el régimen de propiedad horizontal. Ya para esta fecha se observan algunas modificaciones, sobre todo en la mitad trasera de la casa, donde hay referencias orales de personas que habitaron el inmueble de que existió un hospedaje de familias que compartían el patio y algunas dependencias.
En la década de 1980 se instala allí la Fundación San Telmo, momento en el que se hicieron las modificaciones más importantes al edificio, con la construcción de un anfiteatro en el fondo y habitaciones en la planta alta (Hernández de Lara 2013; Hernández de Lara et al. 2013).
Esta breve historia constructiva del inmueble fue fundamental para entender el registro arqueológico. Pero, como es habitual, el subsuelo muestra mucho más de lo que se plasma en los planos y los documentos. En este caso, la investigación se constituyó, desde el principio, en un diálogo plural entre investigadores, obreros e inquilinos, con la participación de la comunidad al momento de las excavaciones, intercaladas con exposiciones transitorias, charlas y visitas participativas.
La intervención arqueológica realizada se llevó a cabo a partir de los criterios de Harris (1991) respecto al registro del contexto arqueológico, distinguiendo cada estrato como una unidad estratigráfica. Esta metodología de trabajo permite un acercamiento a la cronología relativa de los espacios excavados, siguiendo los principios establecidos por el autor. Ello implica que cada estrato, estructura o interfaz sea registrado como unidad estratigráfica, a la que se le asigna un número de registro. En este caso, la numeración se realizó independientemente en cada una de las áreas excavadas. El registro se anotó en planillas donde se establecieron las relaciones estratigráficas y la información contextual, para finalmente construir los diagramas correspondientes a la Matriz de Harris, utilizando el programa Harris Matrix Composer v.1.6b (Harris 1991; Hernández de Lara 2013).
Si bien esta metodología presenta mejor desarrollo en excavaciones en áreas abiertas, en este caso específico se adaptó a las condiciones concretas del sitio. Solo uno de los espacios excavados fue por área abierta; el resto se limitó a responder incógnitas precisas, debido a los escasos tiempos de trabajo y al extenso espacio del predio.
Se establecieron cuatro áreas de interés, teniendo en cuenta por una parte la documentación histórica y, por otra, la variabilidad de los espacios: patios e interior de las habitaciones. Se excavó un total de ocho cuadrículas de dimensiones variables (Figura 5), con un promedio de 2 m por 2 m.

La metodología de trabajo aplicada en gabinete para el material óseo fue la misma que ha sido puesta en práctica en trabajos anteriores (Silveira y Lanza 1998; Silveira 1999; 2002). Se trata de llegar al reconocimiento taxonómico de los fragmentos analizados, ya que la mayor parte de la muestra son fragmentos. Los huesos enteros son raros y, cuando aparecen, se limitan a huesos pequeños, como es el caso de los mamíferos grandes y medianos (falanges y autopodios) y los mamíferos chicos (Ratus sp.) y aves.
En cuanto a huellas y marcas se siguieron los criterios expuestos en trabajos propios como de otros colegas (Silveira y Fernández 1988; Landon 1996). Dado el grado de fragmentación de los restos óseos, buena parte de los restos de mamíferos figuran como Mammalia indeterminado. No obstante, se los dividió en cuatro categorías de tamaño: mamífero grande (M1), mediano (M2) o chico (M3) y (M?). Mammalia grande (M1) corresponde a un porte tal como vacuno o equino; M2, a oveja o perro y M3 a roedores pequeños (ratas, ratones, etc.). La cuarta categoría, la M?, se aplica cuando no podemos discernir si es M1 o M2. Para las aves se siguió un criterio similar, correspondiendo a A1, las de tamaño que van del pavo a las gallinas, y A2 para tamaño de perdiz a paloma.
Para el análisis de los restos hallados se debe considerar tanto procesos postdeposicionales como tafonómicos, teniendo en cuenta que los huesos recuperados en el sitio es el producto final de actividades de preparación y consumo cotidiano de comidas, haciendo posible determinar “conductas de consumo”. Dicha acción es considerada como la conducta que los consumidores hacen visible en un examen cuidadoso de obtención, uso, precios, disponibilidad de productos, servicios y todo lo referente que pueda satisfacer sus necesidades (Schiffman y Kanuk 1987:6).
Las excavaciones arqueológicas en las áreas abiertas (patios) permitieron detectar la presencia de tres estructuras subterráneas. La primera está ubicada en el primer patio (Cuadrícula I) y corresponde a un aljibe de forma circular abovedada, construido de ladrillos con un revoque interno para lograr su impermeabilización, cuya tipología constructiva parece corresponder a mediados del siglo XIX, o posterior. Las dos estructuras restantes se localizan en el último patio (Cuadrículas VII y VIII) y su tipología es menos precisa que la anterior, aunque parecen corresponder ambas al siglo XIX, probablemente una (CVII) construida a principios del siglo y la otra (CVIII) a finales, teniendo en cuenta los materiales constructivos.
Las obras de remodelación en el inmueble para el nuevo proyecto de pulpería conllevaron a la demolición del anfiteatro que se había construido en la década de 1980 al fondo de la casa. Ello implicó que se levantara el piso de cemento y se retirara el relleno que lo sostenía. Bajo este relleno, se detectaron las estructuras subterráneas número 2 y 3 que, al menos en el primer caso, estaba conectada a lo que pudo haber sido una cocina o un baño, definido a partir de la presencia de un canal de desagüe que conecta la estructura con el área de la vivienda.
La cuadrícula VIII (C8) incluyó la segunda estructura, que se diferenció tipológicamente de las dos anteriores (<em>Ratus</em>). En este caso, se trata de un cono abovedado interrumpido en la superficie, probablemente por los trabajos constructivos del anfiteatro. Está construido de ladrillos de 16cm de ancho, sin revoque interno o externo, con un diámetro en la boca de 1,12m. La estructura posee un diámetro interno de 1,66m y una profundidad total de 1,30m, donde se observa la continuación del pozo excavado en la tosca. Casi en la unión de los ladrillos con la tosca se encontraron dos agujeros rectangulares enfrentados (uno de 18,5x20cm en el lado Oeste y el otro de 13x20cm en el lado Este), similares a otros encontrados en la segunda estructura (CVII).

Como se mencionó antes, en este trabajo presentaremos algunos resultados de los materiales analizados de la cuadrícula VIII por constituir el contexto analizado hasta el momento. Si bien se analizan varias categorías de materiales, el énfasis está puesto en el material óseo, que es el más trabajado. La muestra (Figura 7) está compuesta por un N=3332, del cual el 76% (N=2522) corresponde a óseos, con menor representación del vidrio (N=492, 15%) y la cerámica (N=277, 9%).

Es importante mencionar que del total de los óseos, el 29% (N=721) corresponden a astillas no asignables a nivel de reconocimiento. Y en cuanto a los vidrios, el 63% (N=299) pertenecen a vidrios planos (probablemente de ventanas) con un alto nivel de fragmentación, lo que puede indicar un bajo NMI.
En cuanto a los materiales óseos, a continuación se presentan los resultados de la muestra excavada en C8 (Tablas 1 y 2).


Se observa un consumo tanto de cuartos delanteros como traseros, que son los que más altos rindes de carne tienen. Incluso los huesos de esas partes son los que presentan el MNI más alto. También se usó el costillar y mandíbula (lengua), determinado por hallazgo de hioides.
En cuanto a huellas de cortes hay un 70,1% con huellas de corte de serrucho eléctrico, lo que muestra un trozamiento alto por ese medio, en particular en las costillas.
Los huesos de este taxón presentan un trozamiento muy bajo.
Hay ocho (8) fragmentos: pelvis, dos metapodios, tres vértebras, una falange y un canino. Todos en buen estado y no tienen huellas de corte. Es la primera vez que identificamos este taxón en más de 50 sitios examinados en el centro histórico de Buenos Aires, con la excepción del trabajo realizado en el sitio Banco Central, donde se habla someramente del hallazgo de mamíferos domésticos como cánidos y félidos sin especificar (Weissel et al. 2000).
Estos restos de M1 lo más probable es que se puedan asimilar a Bos taurus. Hay menos cortes de serrucho eléctrico que en ese taxón.
Se hallaron 649 fragmentos de cáscaras de huevos, con un peso de 75 g, equivalente a 15 huevos (experimentación personal Mario Silveira). NISP: 77. MNI: 4 adultos, 1 juvenil. Todos los huesos de Gallus gallus se encuentran en buen estado. Peso 206 g y 8 huesos enteros.
Un radio entero y epífisis distal del mismo hueso, una epífisis distal de coracoides y una epífisis proximal de tibia tarso. Todos en buen estado de conservación y sin marcas.
Una diáfisis de fémur, un radio y una epífisis proximal de ulna. Todos en buen estado de conservación y sin marcas.
Un radio. En buen estado de conservación y sin marcas.
Una epífisis proximal de carpo metacarpo. Buen estado y sin marcas.
Una epífisis proximal de fémur y una epífisis proximal de ulna. Buen estado y sin marcas.
Como se observa en la tabla 1, se halló una llamativa cantidad de restos, siendo sin duda los de Micropogonias furnieri (corvina rubia) los de mayor interés, aspecto que ampliaremos en las conclusiones. NISP: 68. MNI: 13 ejemplares adultos (aspecto que surge del tamaño de los otolitos) (Figura 8).

El resto de los peces identificados corresponden a especies de las cuales se cuenta con uno o dos fragmentos. Por otra parte, muchos de los especímenes no pudieron ser identificados (209). La mayoría corresponden a espinas (166), el resto a fragmentos pequeños que no permiten identificación precisa (43). Además debemos mencionar la presencia de 353 escamas.
En cuanto a los moluscos hallados en este sector de la excavación (C VIII), se han rescatado 19 restos muy fragmentados de valvas de Venus antiqua (correspondientes a no más de 3 ejemplares), 5 valvas de Erodona mactroides, 1 fragmento de valva de Amiantis purpurata, 1 fragmento de valva de Mactra isabelleana, 2 restos de Ostrea sp. y 3 fragmentos de valvas (Bivalvia indet.).
Si bien Venus antiqua y Amiantis purpurata son taxa marinos y comestibles, descartamos la posibilidad de su consumo por ser escasa la muestra y a la vez tratarse de taxa provenientes de ingresiones marinas porteñas; concluimos que deben haber sido incorporadas con el material de construcción, debido a la extracción de moluscos de mantos naturales para uso industrial (fabricación de cal o ladrillos) (Padula y Silveira 2014).
La muestra cerámica de C8 está compuesta por un N=277, con una variabilidad material y morfológica importante, en la que están representados diferentes tipos de lozas, porcelana, gres, mayólica, etc. y de formas: platos, tazas, bowls, materiales constructivos, etc. (Figura 9).

Dentro de los objetos de uso personal, aparecen tres fragmentos de caña de pipa para fumar tabaco, así como una canica, lo que se vincularía con la presencia de niños. Este hallazgo refuerza la materialidad asociada a la infancia ya evidenciada en este contexto, donde se detectaron varias evidencias de pizarras (escolares), grafitos y hasta el primer soldadito de plomo hallado en excavaciones arqueológicas en Buenos Aires (Hernández de Lara 2014).
La mayor parte de los artefactos cerámicos corresponden a la vajilla de mesa, con lozas de bordes decorados que corresponden a finales del siglo XIX y al siglo XX. La presencia de algunos fragmentos de mayólicas en los primeros estratos es característico de los rellenos secundarios que fueron comunes en este tipo de estructuras subterráneas.
En segundo grado de representación se encuentran los materiales constructivos, categoría en la cual se han ubicado azulejos, baldosas, caños y tejas. Entre estos se hallan algunos fragmentos de azulejos Pas-de-Calais.
En cuanto al gres, están presentes diferentes partes del cuerpo, pico y base de botellas, especialmente de las destinadas al consumo de cerveza, aunque en algunos casos también se identificaron contenedores de ginebra o agua mineral. En una de las bases se puede observar la marca de fabricante H. Kennedy, de la ciudad de Glasgow, que funcionó entre 1866 y 1929 (Schávelzon 2001).
La investigación arqueológica en el inmueble de la calle Defensa 1344 está aún en sus inicios. Los resultados presentados aquí, como se mencionó antes, corresponden a una cuadrícula de las ocho excavadas, tres de las cuales tuvieron una potencia de entre tres y cuatro metros de profundidad, en los casos de las estructuras subterráneas excavadas. Ello aportó una muestra significativa de materiales arqueológicos que todavía se encuentran en estudio (Figura 10). En general, el contexto arqueológico del sitio se ha establecido desde principios del siglo XIX hasta entrado el siglo XX, aunque durante el proceso de restauración de la casa y al quitar los revoques de las paredes de una habitación contigua al primer patio, pudimos identificar una interfaz constructiva en la pared perimetral Sur, donde se determinó la presencia de un inmueble anterior, con techo a dos aguas, que podría corresponder a la segunda mitad del siglo XVIII, o quizás anterior de acuerdo a la tipología que establecimos a partir de los ladrillos.

No obstante, en el caso de la cuadrícula analizada, las evidencias estudiadas indican una cronología que abarca desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, con evidencias que hacen hincapié en las primeras décadas del XX.
Un aspecto de interés es la propia estructura subterránea y su tipología constructiva, con la combinación del brocal de ladrillos adosados a la tosca, donde se continuó la excavación del pozo. Los agujeros encontrados en la interfaz entre los ladrillos y la tosca permiten acercarnos al modo de construcción de estos pozos. Algo similar encontramos en la otra estructura hallada en el segundo patio. Una serie de agujeros enfrentados a una profundidad regular que indica su uso como forma de acceso y, sobre todo, salida del pozo a modo de escalera. Este tipo de estructuras fueron usualmente utilizados como pozos de basura, aunque en este caso no podemos asegurar que su función original haya sido la misma. La forma abovedada de los ladrillos y la ausencia de revoque parece indicar que así fuera, pero esta es la única evidencia con la que contamos hasta el momento.
En cuanto al material óseo, la cantidad de huesos reconocidos a niveles taxonómicos nos permite efectuar apreciaciones bien justificadas. Asimismo, los procesos tafonómicos son escasos y por lo tanto irrelevantes en cuanto a su efecto en el conjunto óseo.
Gran parte del material óseo analizado en la cuadrícula VIII presenta rastros de utilización de serrucho eléctrico en sus cortes. Este dato sugiere una cronología de comienzos de siglo XX, teniendo en cuenta que la instalación de las grandes usinas eléctricas en Buenos Aires no se registran hasta 1907-1912, aunque tiene sus inicios en 1887 y ya para 1895 la ciudad contaba con siete establecimientos (Ghía 2012). Ello permitió el uso de la sierra eléctrica para el corte en media res en los lugares de matanza para los animales que se faenaban, así como en las carnicerías para parte de los cortes. El corte de media res, de finales del siglo XIX y principios del XX, comienza a utilizarse con la introducción de los frigoríficos (Giberti 1961, en Lanza 2011). Por lo tanto, podemos establecer que el material óseo pudo ser trozado de esa manera desde el fin del siglo XIX hasta comienzos del XX. A partir de ello se plantea el lapso de tiempo al que podemos asociar los hallazgos de la cuadrícula.
Pero el foco principal de nuestro interés está puesto en la basura, la que se generaba en la ciudad de Buenos Aires y fue un problema que se hizo presente desde su fundación. Recién a mediados del siglo XIX se comienza a considerar seriamente establecer un sistema de recolección de basura. Incluso una ordenanza de 1857 prohibía el depósito de basuras en las casas (Prignano 1998:101). Para 1879 había carros que recolectaban basura en varios barrios, que incluían a San Telmo (Prignano 1998:199) y en el año 1900 se había ampliado la recolección a barrios más apartados (Prignano 1998:178). Hay que destacar que al principio “los vecinos se mantenían indiferentes y proclives a no sacar sus basuras con la debida antelación” (Prignano 1998:99). La respuesta que nos brinda la arqueología es que los habitantes de Defensa 1344 aún depositaban basura en su casa y este no es un dato menor. Pero no pudo durar mucho la situación y para 1920, o antes, la basura toma la ruta que preveían las autoridades de la ciudad. Por lo tanto, se puede conjeturar que lo hallado en la cuadrícula VIII corresponde a descartes de las primeras décadas del siglo XX. El resto del material de vidrio, loza y gres indicaría también una cronología de inicio del siglo XX (Figura 9).
Por otra parte, en lo referido a los restos óseos se observa una preeminencia de Bos taurus, Ovis aries, M 1 y M 2, lo que suman el 68% de la muestra, que indican un privilegio de estos taxones como ingredientes en las comidas, primando el vacuno, con el 43,7%. Además, se utilizaron todas las partes en cuartos traseros y delanteros como en el costillar.
Los cortes de serrucho eléctrico, significativos en vacunos y M 1, menos en Ovis aries y M 2, sugieren una actividad importante en el circuito que implica la matanza, el procesado en la carnicería y el tratamiento en la cocina. El segundo de los factores ha adquirido una importancia que no se observa en los conjuntos examinados durante casi todo el siglo XVIII y XIX. No sólo es el corte del serrucho eléctrico, sino la ausencia de corte de hachuela. Se ha trasladado el corte de preparación de la cocina al carnicero.
Los cortes de serrucho eléctrico en las costillas de Bos taurus, en particular los dobles, se observan tanto en la parte proximal como en la final (falda). Se preparaban cortes tanto para asado como para puchero. Esto muestra un cambio respecto al pasado siglo XIX.
Con respecto a Felis catus, se planteó si los gatos constituían un animal doméstico para los habitantes del Buenos Aires colonial y post colonial de las primeras décadas del siglo XIX. La información que surge de escritos y la iconografía es más que escasa; encontrándose sólo en dos ocasiones. Una es la mención de Vicente López hacia 1860: “...Las tiendas europeas de hoy, híbridas y raquíticas, sin carácter local, han desterrado la tienda porteña de aquella época, de mostrador corrido y gato blanco formal sentado sobre él a guisa de esfinge...” (López 1994:40). La otra, la de Mariquita Sánchez (fin de siglo XVIII inicio del XIX) que dice: “la gente pobre padece mucho, se comen caballos, perros y gatos” (Sánchez de Thompson 1953).
Se plantea la posibilidad de su consumo a partir de los datos históricos mencionados. No obstante, como mencionamos, no hallamos restos de este taxón en las excavaciones de Buenos Aires, tanto en el siglo XVIII como el XIX. Los restos hallados en el sitio no tienen huellas de corte. Por otra parte, los ocupantes de Defensa 1344 de principios del siglo XX no parecen haber sido gente pobre, más bien corresponden a familias de buena posición económica, aunque este aspecto podrá profundizarse con el desarrollo de la investigación teniendo en cuenta el total del contexto arqueológico rescatado en el sitio que se ha comentado someramente.
El consumo de Gallus gallus puede asimilarse a la probable existencia de un gallinero, aspecto reforzado por la cantidad de cáscaras de huevo de este ave.
Ya hemos comentado lo particular que resultan los peces consumidos por los ocupantes de Defensa 1344. Lisa, corvina rubia y anguila son una sorpresa, ya que nunca se habían detectado en otros sitios de Buenos Aires. El consumo de corvina rubia llama la atención pues se sabe que si bien pueden hallarse en la costa, los especímenes analizados pertenecen a peces adultos -reconocibles por el tamaño de los otolitos-, los cuales se asocian con las aguas profundas del estuario del Río de la Plata (Acha y Mianzan 2003). Por lo tanto, no se habrían extraído de la costa de Buenos Aires, donde solía pescarse prácticamente frente a la casa de gobierno con caballos y red. No tenemos una fecha precisa de cuándo se abandona la actividad en ese lugar, pero hacia 1900 ya no se practicaba. Se recuerda al respecto que en dicha área se encontraba la estación del ferrocarril sur (con destino a Ensenada), lugar ocupado actualmente por el Museo del Bicentenario. Esa zona era también frecuentada por las lavanderas y por los aguateros con sus carros, donde se proveían de agua para el reparto domiciliario. La presencia de corvina rubia parece proceder de la pesca organizada en otras áreas y con sistemas distintos, como la pesca con redes de arrastre con la posibilidad de internarse en aguas profundas, pero de la cual no tenemos evidencias.
Los otolitos de la corvina rubia, además de la importancia para definir taxón y edad de las presas, tienen un valor agregado importante. En España, en particular en el Golfo de Cádiz, los otolitos tienen una carga simbólica muy difundida como amuleto, aún en la actualidad, ya sea engarzados en forma de colgantes, anillos o pendientes, aunque se tiene constancia que antiguamente se llevaban en los bolsillos o en pequeñas bolsas de tela (López Amador 2008). Más aún, en sitios arqueológicos en España, tan antiguos como de 2500 años AP, estos huesos se hallan en ajuares funerarios (López Amador 2008). No sabemos si en Buenos Aires tuvo esa importancia. La bibliografía consultada no dice nada al respecto, pero es seguro que sus habitantes portaban amuletos, con lo cual su hallazgo en el sitio deja abierta la posibilidad a que no solo de haya sido producto de descarte alimenticio si no que pudo haber tenido también esa utilidad. La arqueología porteña brinda información al respecto: en la casa de Virrey Liniers (Venezuela 469, C.A.B.A.) se halló una higa (manito) que correspondía a un uso de amuleto medicinal (Hernández de Lara y Schávelzon 2014), que para la Fenomenología se denomina “el poder en la cosa”.
Los trabajos realizados en el sitio permitieron establecer que la casa poseía tres estructuras subterráneas, incluyendo un aljibe, lo que parece reforzar la idea de que la familia perteneciera a una clase mediaalta, con recursos económicos suficientes que se manifiestan en las dimensiones y características del inmueble en el siglo XIX (ver supra). Sin embargo, en la muestra cerámica analizada hasta el momento no tenemos indicadores que permitan distinguir al consumo medio de la ciudad de Buenos Aires para la época, cuando la loza e incluso la porcelana eran de uso casi masivo entre la población citadina. Las excavaciones en la ciudad muestran la complejidad entre status, capacidad de consumo y productos, pues “…incluso familias de altos recursos usaban juegos de platos que mezclaban marcas o coloración de vidriado, en tanto y en cuanto mantuvieran el mismo tema decorativo…” (Schávelzon 2000: 160).
Hacia finales del siglo XIX gran parte de las familias porteñas acaudaladas trasladaron su residencia hacia la zona norte de Buenos Aires, entre otras causas, por la epidemia de fiebre amarilla y los cambios de gusto en cuanto a la preferencia edilicia, pasando de la casa tradicional de tres patios a la residencia de tipo mansión (Scobie 1986). Sin embargo, algunas evidencias de Defensa 1344 indican que esta familia permanecía en San Telmo hasta inicios del siglo XX.
Finalmente definimos la conducta de consumo de los habitantes de Defensa 1344 en los primeros años del siglo XX, como de consumo importante de carne vacuna seguida por la de ovino y en menor escala la de peces y aves variadas. La presencia de aves de caza, perdices en particular, y de aves domésticas como patos y palomas, también son indicadores de consumo de élite (Silveira 2014). Además hay indicadores como para suponer que la carne se comía tanto asada como hervida, lo que supone cambios en la forma de cocinar la carne, aunque los ingredientes del siglo XIX aún persisten.
El presente constituye un resultado parcial de la investigación que deberá ser evaluado teniendo en cuenta el resto de la información proveniente de los materiales que aún se encuentran en proceso de clasificación. El análisis de las evidencias provenientes de las otras dos estructuras subterráneas existentes en el sitio comentadas previamente, permitirá un abordaje más acabado de las prácticas sociales en la casa de Defensa 1344.
1. Para más información sobre la Pulpería Quilapán, visitar: www.pulperiaquilapan.com
Agradecemos sobremanera todo el esfuerzo realizado por Gregoire Fabre y Tatiana Michalski para facilitar las excavaciones arqueológicas en la casa. Sin su voluntad y ayuda, habría sido imposible materializar este proyecto. También tenemos que agradecer la asesoría de Daniel Schávelzon, así como el apoyo de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. A Sergio Bogan por su ayuda inestimable para el reconocimiento de peces. La colaboración de la arquitecta Florencia Casanova fue fundamental para la realización de toda la planimetría. También tenemos que agradecer a los colegas que colaboraron ya fuera en la excavación o con la limpieza, conservación y catalogación de las evidencias: Ricardo Orsini, Patricia Frazzi y todo su equipo de conservación, Flavia Zorzi, Mariana Bóveda, Paola Cornejo, Sonia Quenardelle, Horacio de Rosa y su equipo. También a los alumnos de la Universidad de Buenos Aires que participaron en las excavaciones: Cristian Cabelli, David Ibarola, Julieta Frere, Luciana García, Lucía Rucci, Mailín Campos, Martín Casanova, Matías Cisneros, Juan Golpe, Ariel López, Mariana Stefanolo.
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