En proyectos de intervención arquitectónica, ya sea rehabilitación o restauración, no cabe duda que buena parte de la información necesaria para plantear y sustentar un diseño arquitectónico, proviene de la información recabada a través de las exploraciones arqueológicas. Las excavaciones en la Capilla de Siecha, promovidas por la Asociación para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Siecha (ASOSIECHA) no sólo ofrecieron información en este sentido, sino que permitieron precisar los usos del conjunto, de precaria información documental, acercándose a una ajustada interpretación del templo y las ruinas, y su articulación con las estructuras circundantes a nivel regional. En este caso los resultados arqueológicos ampliaron las posibilidades de análisis, aportando al delicado proceso de construcción de patrimonio en las comunidades circundantes a este Monumento Nacional.
In architectural projects, either rehabilitation or restoration, there is no doubt that much of the information needed to propose and support an architectural design comes from information collected through archaeological explorations. The excavations at the Siecha’s Chapel, founded by the Association for the Protection of Cultural and Natural Heritage of Siecha, ASOSIECHA, not only offered information in this sense, besides it was an opportunity to clarify the uses of the architectural complex, with few documentary information, nearing an adjusted interpretation of the ruins and temple, and its relationship with the surrounding structures at the regional level. In this case the archaeological results expanded the possibilities for analysis, providing to the delicate process of building heritage in the surrounding communities of this Colombian National Monument.
Em projetos de intervenção arquitetônica, seja de reabilitação ou de restauração, não cabe dúvida que boa parte da informação necessária para propor e sustentar um desenho arquitetônico, é originada da informação coletada a través das explorações arqueológicas. As escavações na Capela de Siecha, promovidas pela Associação para a Defesa do Patrimônio Natural e Cultural de Siecha -ASOSIECHA-, não só ofereceram informação neste sentido, como também permitiram melhorar os usos do conjunto de precária informação documental, aproximando-se a uma a interpretação mais ajustada do templo e das ruínas, bem como de sua articulação com as estruturas circundantes no nível regional. Neste caso os resultados arqueológicos ampliaram as possibilidades da análise, contribuindo para o delicado processo de construção de patrimônio nas comunidades ao redor deste Monumento Nacional em Colômbia.
La Asociación para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Siecha (ASOSIECHA) ha sido creada con el propósito de trabajar en la protección y conservación de los recursos, renovables y no renovables, de la vereda de San Isidro de Siecha en el municipio de Guasca, departamento de Cundinamarca, Colombia. Es una organización civil que surgió con el objetivo principal de detener la explotación de gravilla en la región, actividad que degradaba el paisaje, contaminaba las fuentes de agua potable y, en ese momento, no poseía planes de manejo ambiental acordes con el impacto que se estaba generando. Este problema motivó a la comunidad a organizarse y a buscar soluciones al respecto. Fue así como se constituyeron en una asociación y adquirieron la Capilla de Siecha, un elemento de identidad para la región, y buscaron su declaratoria como Monumento Nacional (Figura 1). El Consejo de Monumentos Nacionales no sólo declaró al inmueble como Patrimonio Cultural de la Nación, sino que estableció un área de influencia que no podía ser afectada por la explotación gravillera. Este acto obligó al Ministerio de Minas y Energía a revocar las licencias de explotación, lo que detuvo en gran parte, el daño irreversible en las áreas afectadas.

Después de alcanzar esta meta, la Asociación desea convertir a la Capilla de Siecha en un centro cultural para la región, por lo que requiere intervenir arquitectónicamente el inmueble. El proceso de restauración incluye una serie de pasos previos, entre ellos las exploraciones arqueológicas objeto de este artículo, las cuales se llevaron a cabo durante el año 1999.
Este documento ofrece los resultados de dicha intervención, la metodología utilizada durante el proceso investigativo y las hipótesis que surgen a partir de las exploraciones, las cuales serán de utilidad al proyecto de restauración futura del inmueble.
Una parte clave dentro de la arqueología histórica es el acceso que se tiene a la documentación escrita, que a pesar de aportar datos que permiten la correlación y la analogía, se prestan a su vez para que éstas se formulen de una manera simple y que los resultados obtenidos sólo sirvan para refutar o verificar los datos históricos. Por ello es fundamental que se contraste el conocimiento que sobre antecedentes históricos se logra, con una perspectiva antropológica acerca de la dinámica cultural (Rovira 1991).
Aunque esta fase arqueológica se centró en objetivos muy precisos, se hizo necesaria la revisión del informe sobre las exploraciones de pintura mural que se llevaron a cabo en 1995, así como la información histórica disponible que viene investigando la arquitecta y antropóloga Patricia Hernández. Así mismo, se revisó la bibliografía sobre Templos y Conjuntos Doctrineros, información básica sobre arquitectura colonial (características generales, definición de espacios y elementos constructivos) e información secundaria acerca de la Capilla de Siecha y las supuestas ruinas del Convento de San Jacinto.
Teniendo en cuenta el análisis de la información bibliográfica revisada, un reconocimiento preliminar del inmueble, y el análisis del levantamiento arquitectónico disponible1 se tuvieron en cuenta al momento de explorar tres volúmenes básicos: la Casa Cural, la Capilla y las Ruinas de una construcción localizadas al oriente de la Capilla y tradicionalmente identificadas como las ruinas del viejo Convento de San Jacinto. Tales espacios fueron analizados independientemente para luego correlacionar la información que de cada uno de ellos se obtuvo.
Con el objeto de recuperar los datos para cumplir con los objetivos propuestos, se llevaron a cabo una serie de sondeos y trincheras en los espacios anteriormente definidos2 (Figura 2). Los sondeos, o unidades de excavación, se iniciaron hacia el norte y el oeste del predio (Sondeos 1 y 2), con el fin de establecer una estratigrafía de control que permitiera tener un punto de referencia al momento de excavar al interior de los inmuebles, ya que la estratigrafía de ellos es producto humano y, por lo tanto, no está sujeta a las leyes de la estratigrafía geológica.

Según Edward Harris (1991) la excavación estratigráfica se entiende como el proceso mediante el cual el depósito arqueológico es separado siguiendo su contorno, relieve y configuración individual. Por eso el análisis estratigráfico, entendiendo estratigrafía como el resultado de hechos sucesivos en un lugar, se hace mediante el desglose de los elementos que los constituyen en cada unidad estratigráfica y ésta, a su vez, entendida como cada segmento reconocible sobre el terreno, fruto de la acción del hombre o la naturaleza.
Como parte del resultado de excavación, se recolectaron diversos fragmentos de material cultural (cerámica, vidrio, metal, plástico) los cuales fueron analizados y utilizados como referentes cronológicos ya que los fragmentos de carbón recolectados, estaban incluidos en depósitos removidos, lo que los hace poco confiables al momento de llevar a cabo análisis específicos de Carbono 14.
Con base en la información disponible, el registro arqueológico recolectado y las interpretaciones arquitectónicas, se obtuvieron datos que podrán responder a los objetivos propuestos y que generaron nuevos interrogantes de carácter antropológico que serán la base para investigaciones futuras.
En resumen, la estrategia metodológica propuesta contiene los siguientes aspectos:
El desarrollo de las excavaciones arqueológicas en el predio en donde se encuentra actualmente la Capilla de Siecha, se llevó a cabo siguiendo una secuencia lógica: exploración por fuera de las áreas construidas y después la casa cural, la capilla y las ruinas anexas (Figuras 2 y 3). De tal manera se podía tener un control estratigráfico de las unidades de excavación, se podían comparar los resultados en campo y de acuerdo con los resultados obtenidos, se podían tomar decisiones alternas a las predeterminadas de antemano (ampliación de sondeos3, exploración con trincheras4, profundización, sondeos adicionales, entre otros).

En el sector norte del lote y sobre el costado oeste de la capilla, se realizaron un par de sondeos con el fin de obtener información básica de la estratigrafía natural de la colina y establecer un referente al momento de explorar al interior de las construcciones (estrato culturalmente estéril). En los perfiles estratigráficos de los sondeos 1 y 2 se pueden observar un primer estrato con algunos fragmentos culturales y posteriormente dos estratos, los cuales tienen relación tan sólo en la configuración del material pétreo y la textura. Cabe notar que el estrato con material cultural del sondeo 1 es más profundo dada su ubicación (parte baja de la colina) ya que ha recibido aportes de la cima. Para el sondeo 2 las actividades agrícolas y ganaderas han sido intensas y han generado procesos erosivos diferentes.
Luego se llevaron a cabo las exploraciones de la Casa Cural (Figura 2) y el corredor que configura este espacio sobre su costado sur (Sondeos 6 y 7)5. Primero se realizaron sondeos en el cruce de los cimientos con el fin de determinar su configuración, así como su profundidad (Sondeos 3, 4 y 5). Más tarde se exploró hacia el centro del espacio con el propósito de identificar rasgos culturales que pudieran complementar la información recolectada (Sondeo 33).
En la Casa Cural se pudo identificar una homogénea composición de la cimentación, conformada por piedras bolas de río pegadas con argamasa. Asimismo se pudo identificar un nivel de fragmentos de tableta de barro cocido utilizados para nivelar el cimiento al momento de sentar la tapia pisada de los muros. Es de notar que el cimiento se hace visible sobre la fachada y por tal motivo las rocas fueron talladas (careadas). El cimiento se profundiza unos 40 a 45 cm, teniendo en cuenta que esta profundidad oscila de acuerdo con la topografía del terreno. Al interior de la casa cural se presentan los cimientos con piedras talladas bajo el nivel del piso actual (45 a 50 cm de profundidad). El sondeo 33 no mostró información estratigráfica distinta a la encontrada en los sondeos anteriores, salvo un estrato de arena atípico a 60 cm de profundidad y de unos 2 cm de ancho. La humedad de este espacio es alta y se ve reflejada en el nivel de agua que apareció durante el proceso de excavación (sondeos 3, 4 y 5).
El sondeo 6 (Figura 4) ubicado en el cruce del muro sur de la Casa Cural con el muro oeste de la Capilla, mostró dos tipos de cimientos: el del perfil norte caracterizado por piedra bola sin tallar a unos 20 cm de profundidad y el del perfil este mucho más profundo (60 cm) conformado por un primer nivel de piedras talladas y, más abajo, piedra bola de río.

El sondeo 7 está ubicado sobre el pie de la columna del corredor. Durante el descapote se identificaron unas piedras que conforman un corredor paralelo y otro perpendicular. Después de levantarlas se identificó el cimiento de la columna que se profundiza alrededor de 40 cm.
La intervención en la Capilla se inició afuera (ver Figura 2). El sondeo 12 (Figura 5) sobre el costado NO, mostró la cimentación del muro de adobe y del muro reciente de ladrillo que conforma la sacristía de la capilla. El gráfico muestra las diferencias en conformación y profundidad de cada uno de ellos.

Sobre el atrio de la Capilla, y con el fin de examinar la configuración de la portada de piedra, se llevó a cabo el sondeo 9 que mostró 15 cm de piedra tallada de la portada y el relleno sobre el que se sentó la piedra que actualmente conforma el enlozado del atrio. Asimismo se exploró sobre la pared con el fin de identificar la manera como se empotraron las columnas de piedra sobre el muro.
En el interior de la Capilla se iniciaron las exploraciones de norte a sur, tratando de cubrir la mayor área posible para que no se pasara por alto ningún rasgo arqueológico. En la sacristía el sondeo 10, sobre la nave oeste el sondeo 11, en el presbiterio el sondeo 12, en la nave central los sondeos 13, 13a, 14, 16 y 17, y finalmente en la nave este los sondeos 15, 18 y 29. La información suministrada por estas unidades de excavación se puede resumir de la siguiente manera: en el sondeo 10 se identificó un relleno suelto con tierra oscura y húmeda que se extiende sobre la sacristía hacia el norte y que fue identificado en la trinchera 7 al costado NE de la Capilla. La cimentación de ésta presenta una configuración regular constituida por una primera hilada de piedras talladas interior y exteriormente con una argamasa homogénea. Bajo este nivel se encuentran piedras bolas sin tallar. La profundidad de los cimientos varía entre el sector norte y el sur; mientras en el norte es de 80 cm al sur la profundidad es de 45 cm. Asimismo el nivel de la piedra tallada que hace parte de los cimientos se encuentra prácticamente al mismo nivel, oscilando entre 3 y 10 cm de diferencia.
Los cimientos de la columna que conforma el arco toral y las columnas que configuran la nave central, se diferencian de los anteriores cimientos descritos ya que no se observan piedras talladas bajo éstas y su profundidad es menor (de 50 a 60 cm aproximadamente). Las columnas fueron construidas con otros materiales como ladrillo, mientras que los muros de la capilla son de tapia pisada y adobe (Figura 6). En la nave central se pudieron identificar dos estratos diferentes a los encontrados antes: un apisonado de tierra (sondeos 14 al sur, 16 y 17) sobre el mismo nivel, así como un estrato de cal 10 cm más profundo. En el sondeo 13 se puede observar el nivel de tableta de barro cocido bajo la piedra tallada que conforma el primer escalón del presbiterio y cuyo seguimiento se hizo con una pequeña cala.

En los rellenos encontrados al interior de la capilla, se pudieron recolectar algunos fragmentos de cerámica, vidrio y restos óseos de animales.
Las exploraciones en la cubierta de la Capilla (al sur del faldón occidental de la nave central) mostraron una reciente estructura de madera construida a la manera de “par y nudillo”, a la que se le agregó un pequeño “faldón” constituido por delgadas rollizas que se desprenden de los pares y se apoyan en diminutos canecillos o ménsulas ancladas a los muros de la nave central por debajo de los tirantes, generándose así una superficie de cinco planos frente a los tres de las estructuras de par y nudillo tradicionales.
En las ruinas ubicadas al oriente de la Capilla, se llevaron a cabo una serie de sondeos que permitieran identificar la configuración de los cimientos, la presencia de pisos enterrados y estructuras arquitectónicas que brindarán datos para tener una idea general acerca de la posible construcción original (Figura 2).
Los cimientos de las ruinas están conformados por piedras bolas, algunas de ellas talladas por la cara interna y mezcladas con argamasa. Existe un desnivel obvio entre la profundidad de los cimientos al norte y los del sur, dadas las características topográficas del terreno. De igual manera se hizo el seguimiento de los cimientos de los muros hacia el sur mediante los sondeos 23, 24 y 25, para el muro este, y con el sondeo 21, que se convirtió más tarde en la trinchera 1, para el muro oeste (Figura 6). Tales exploraciones permitieron tener una visión general de las dimensiones de esta crujía y la regularidad en la piedra tallada que hace parte de la cimentación del espacio. Como parte de la exploración de esta trinchera, se encontró un piso compuesto por fragmentos de ladrillo, tabletas de barro cocido y piedras talladas conservando un nivel de piso (sector sur trinchera 1). Tal piso tuvo un seguimiento en la trinchera 2 y sondeo 26 ubicados sobre las laderas de un montículo al frente de la Capilla. En estas unidades de excavación se encontró un piso de cantos rodados, de 10 a 20 cm de diámetro, que presenta un desnivel en dirección NO.
El piso de ladrillo anteriormente descrito fue identificado parcialmente, en el sondeo 19 y en las trincheras 3, 4 y 6. Para la realización de estas trincheras se tuvo como puntos de referencia un par de pies derechos que están ubicados a 2,50 m de los muros en dirección oeste y a una distancia entre ellos de 2,25 m. En estas trincheras aparece un piso de características similares al hallado al sur de la trinchera 1, así como un piso en cantos rodados hacia el costado oeste de las trincheras 3 y 4 (Figura 7). Con el fin de establecer la continuidad de este piso se realizó el sondeo 32, ubicado en el cruce de las proyecciones de la trinchera 3 con el sondeo 26, pero desafortunadamente este piso había sido removido recientemente. También se realizaron los sondeos 34 y 35 hacia el costado oeste del montículo en donde se pudo encontrar la continuidad del piso de piedra (sondeo 34) y su desaparición (sondeo 35).

Teniendo en cuenta el interés por conocer la configuración espacial de los volúmenes que conforman las ruinas, se hicieron necesarios los sondeos 30 y 31 que permitieran observar los cruces de los cimientos de los muros que, por procesos erosivos del agua y el viento, ya no existen. El sondeo 30 presenta el piso de piedra también, y el sondeo 31 muestra claramente el cruce de cimientos y permite reconstruir los espacios de las ruinas en el sector norte.
De forma adicional, los muros que aún están en pie, conservan los restos de maderos que conformaron los entrepisos del segundo piso en las crujías norte y este. De las exploraciones llevadas a cabo en esta zona, se pudieron recolectar el mayor número de artefactos que serán presentados en el siguiente numeral.
El material cultural que se encuentra en las excavaciones arqueológicas permite reconstruir actividades y establecer referentes cronológicos de sucesos del pasado. El análisis de estos elementos, ya sean fragmentos cerámicos, vidrio, plástico o restos óseos, puede informarnos acerca de la cadena operatoria, fuentes de materia prima, explotación y manejo de recursos, estilos, redes de intercambio, capacidad adquisitiva, entre muchos otros datos, de acuerdo con los objetivos de la investigación.
La identificación y clasificación de cerámica histórica para el “Nuevo Mundo” se hace compleja, dada la variedad de atributos que pueden ser observados en los materiales. Aún no existen criterios básicos generales para tener en cuenta al momento de trabajar este tipo de artefactos. A pesar de esto, la información que obtenemos nos permite ubicar la cerámica dentro de una tradición cultural, un tiempo y un espacio determinados. Es obvio que éste es un primer paso y no un objetivo en sí mismo, es el preámbulo para responder a interrogantes de carácter antropológico; ¿qué significado social tienen las categorías identificadas?, o ¿cómo se refleja en los artefactos el cambio cultural a través del tiempo? (superficies, diseños decorativos, colores, formas, entre otras).
Las categorías de agrupación para cerámica colonial que se han establecido, y que generalmente son aceptadas, son las siguientes:
De acuerdo con lo anterior, la agrupación de la cerámica hallada6 en la capilla de Siecha, municipio de Guasca, se llevó a cabo teniendo en cuenta dos atributos básicos:
Según lo anteriormente expuesto se llevó a cabo una agrupación preliminar del material cultural, exclusivamente cerámico, ya que del resto de materiales, como el vidrio, aún no se cuenta con información bibliográfica suficiente.
Infortunadamente los datos que podemos extraer de los fragmentos de partes específicas de las piezas del grupo terracota (asas, bordes, bases), son escasos, puntuales y no permiten hacer inferencias acerca de formas posibles utilizadas, estilos, y decoraciones, ya que su representatividad es muy baja (8.3% del total de la muestra).
El gráfico 1 sintetiza, de manera general, la información referente a la agrupación cerámica. En este gráfico se pueden observar las densidades de los cinco grandes grupos identificados, sin tener en cuenta detalles precisos de decoración, acabado de superficie y posible procedencia.

En este gráfico podemos observar la prelación que existe del grupo terracota sobre el resto de los grupos. Este resultado nos podría indicar que fue muy utilizada en el lugar ya que cuanto más se usa la loza, más probabilidad tiene de fracturarse. Asimismo podríamos tener en cuenta que el 38% del grupo presenta huellas de exposición al fuego, lo que supondría actividades domésticas de cocción.
El grupo terracota (Figura 7), en cuanto a composición de la pasta, acabado de superficie, decoración y formas, presenta una fuerte relación con lo que se ha denominado como cerámica Muisca: Guatavita desgrasante tiestos (Broadbent 1970), Guatavita desgrasante gris (Broadbent 1970; Langeabek y Zea 1983), Sopó desgrasante calcita (Langeabek y Zea 1983), Funza laminar duro (Broadbent 1970), y Ráquira desgrasante arrastrado (Ardila 1984). Cerámica proveniente de yacimientos prehispánicos que, muy probablemente, se mantuvo como tradición durante las épocas colonial y republicana (Siglos XVI y XVII), ya que los indígenas del altiplano sobrevivieron a la conquista, y existe suficiente bibliografía al respecto que así lo confirma (Falchetti y Plazas 1973; Falchetti 1975; Villamarín 1979, 1981; Tovar 1980; Cardale 1981; Londoño 1984; Langeabek 1987; Lleras y Langeabek 1987; Villate 1987; Wiesner 1987). El inconveniente que presenta la tipología establecida para esta cerámica es que carece de criterios homogéneos para su clasificación; por ejemplo, Funza laminar duro tiene en cuenta la estructura de la pasta, mientras que Guatavita desgrasante tiestos tiene en cuenta la composición del desgrasante. Por tal motivo se menciona tan sólo la relación de la cerámica encontrada en la Capilla con la denominada muisca, sin intentar renombrar o crear nuevos tipos que dispersen aún más las inconsistencias tipológicas que se presentan para la cerámica del altiplano.
En cuanto al grupo de semi-porcelana (Figura 8), que representa el segundo en importancia, se observa una muestra de materiales que, muy posiblemente, son de fabricación local (Lozería Colombiana, Fábrica Bogotana de Loza) dadas sus características en el acabado de superficie, decoración, colores y diseños. La fabricación de esta loza se remonta hacia finales del siglo XIX y se mantiene hasta nuestros días.

Existen otros fragmentos de loza que parecerían ingleses, ya que presentan características particulares que así lo indican (Figura 9). La loza en Inglaterra fue desarrollada desde 1740; pretendía asemejar las características de la porcelana china y satisfacer las necesidades de las clases acomodadas de la época, en especial vajillas y recipientes para servir alimentos. Las características de la pasta eran la utilización de arcilla Cornualles, combinada con pedernal molido y carbonizado, feldespato y arcilla grasa o de bola, que le introducía a la pieza ligereza y firmeza (Fournier 1994). La decoración de esta loza varió según la época, pero las técnicas de manufactura siempre fueron mediante torneado o moldeado. De esta clase de cerámica, se pudo identificar en la Capilla, loza crema fabricada entre 1782 y 1820; loza perla, caracterizada por un acabado blanco azulado en superficie, fabricada a partir de 1779 hasta 1830. Esta loza tuvo también diversas decoraciones: impresión por transferencia (1795-1840), borde de concha (1780-1830), pintada a mano (1780-1820), y Gaudy Dutch (18201840). Finalmente la loza blanca elaborada a partir de 1820 y que actualmente se fabrica con diversas decoraciones (Deagan y Cruxent 1997).

Dentro de este grupo de semi-porcelana se encuentra el vidriado en diversos colores, el cual se ha venido manejando con el nombre de Chocontá vidriado dada su procedencia (Broadbent 1986)(Figura 8). En este trabajo tan sólo se hace refSWrencia a su acabado de superficie ya que fue fabricado en diversos lugares del país: está más relacionado con una tradición que con un lugar determinado.
En el gráfico 2 se pueden observar los colores identificados y el amplio empleo del vidriado verde, tal vez por la facilidad en la consecución del cobre, su preferencia por el consumidor o quizás, la facilidad en su manufactura9.

Los fragmentos pertenecientes al grupo de cerámica de barro podrían tener dos procedencias: española (verde oliva) y posiblemente mexicana (puebla a/b). En lo que se refiere al verde oliva su producción abarca un amplio periodo entre los años 1560 a 1800, y para el puebla a/b las fechas estimadas de fabricación son 1700 a 1850 (Deagan y Cruxent 1997). Aunque las fechas conservan el rango que se ha venido estableciendo para los otros elementos, aún es difícil atribuir la procedencia exacta de estos fragmentos ya que la investigación sobre fabricación de mayólicas en la Nueva Granada apenas comienza.
La presencia de porcelana en sitios históricos de América ha sido escasa y su importación se remonta hacia principios del siglo XVI (Deagan 1987). Dadas las características del material excavado en Siecha (ausencia de decoración) no es posible identificar la dinastía a la que pertenece, si es que así lo es, o que muy probablemente pertenecen a la porcelana reciente fabricada en China.
En términos generales el material cultural encontrado en la Capilla de Siecha abarca un periodo reciente de nuestra historia, mediados del siglo XVII hasta nuestros días (fragmentos de plástico, bolsas), encontrándose una especial cantidad de elementos culturales de los siglos XVIII y XIX, caracterizados por el grupo de semi-porcelana. Asimismo, estos fragmentos estarían indicando ciertas relaciones de intercambio (elementos importados) y capacidad adquisitiva de sus usuarios. El grupo terracota, cuya densidad es la mayor, indicaría que, muy probablemente, fue de fácil acceso, su costo pudo ser bajo y es muy posible que hubiese sido elaborado localmente (Guasca, Guatavita), continuando con la tradición alfarera de la zona, documentada en los archivos coloniales (Duque Gómez, comunicación personal 1999).
Los artefactos ubicados cronológicamente en el siglo XX, estarían representados por recipientes plásticos, bolsas del mismo material, pilas, y canicas que indican actividades recientes llevadas a cabo en el inmueble. Dentro del grupo de semi-porcelana, existen algunos fragmentos de fabricación local en donde se pudo identificar su marca (Corona) o elementos decorativos estrechamente relacionados con la loza fabricada por Lozería Colombiana y la Fábrica Bogotana de Loza10.
Finalmente, los restos óseos encontrados durante las excavaciones, pertenecen a ganado vacuno y es poca la información que podemos obtener de ellos por su escasa densidad y mal estado de conservación. Cabe notar que dentro de la muestra de material óseo se recolectó un fragmento de maxilar humano que carece de asociación dentro del conjunto.
Teniendo en cuenta el análisis de la información recolectada durante el trabajo de campo y de los elementos culturales encontrados en la Capilla de Siecha, se pueden establecer una serie de hipótesis a desarrollar en el futuro que permitan generar un proyecto de restauración acorde con los procesos históricos que envuelven al inmueble.
El espacio que se denomina Casa Cural presenta una cimentación homogénea compuesta por una piedra tallada, en el interior del espacio, que tan sólo tendría sentido si la piedra hubiese estado expuesta o por lo menos estucada, lo que supondría que el nivel original del piso estaría 49 cm por debajo del piso actual (N249 cm)11. Sus sucesivos usos y transformaciones habrían generado el sobrenivel actual.
El estrato de arena encontrado en el sondeo 33 (N270 cm) podría indicar la presencia de una lente de material de construcción sobrante utilizado para nivelar parte del piso en el templo. Este tipo de rasgos en inmuebles es común y ha sido documentado en otros casos.
Las diferencias en configuración y profundidad de los cimientos de la capilla y el espacio adosado sobre la cabecera de éste (sacristía), indicarían su posterior adición, teniendo en cuenta, además, que los materiales de sus muros son distintos (ladrillo y bloque). Adicionalmente se pudo identificar un relleno antrópico sobre el sector norte de la colina que muy probablemente está ligado a esta intervención (Trinchera 7, Sondeo 10).
La Capilla presenta un nivel de piedras talladas que hacen parte del cimiento, conservando un nivel promedio que oscila entre N226 y N239 cm. Es posible que, como en el caso de la Casa Cural, la piedra estuviera a la vista o estucada y que, por lo tanto, el nivel de la zarpa coincidiera con el piso original de la Capilla, que para el caso sería el apisonado encontrado en los sondeos 14, 16 y 17 (N232,5 cm).
El estrato de cal subyacente al apisonado podría ser, como en el caso de la arena del sondeo 33, el rastro del material utilizado durante la fase constructiva del inmueble.
Si se dan por ciertos los dos numerales anteriores, los dos escalones que actualmente hacen parte del presbiterio serían recientes, así como el nivel de la piedra que conforma el atrio (N200 cm). Si no tuviéramos en cuenta lo anterior, de todas maneras es claro que el atrio fue una intervención reciente, dadas las características de su relleno de nivelación, arena, canto y cemento.
Las piedras talladas que constituyen la portada son posteriores a la construcción de la Capilla, y fueron incrustadas a los muros y acuñadas con fragmentos de piedra y cemento. Del mismo modo tales columnas son, por lo menos, previas a la disposición del piso del atrio, ya que este piso ocultó 14 cm de la base de piedra tallada.
Las columnas que constituyen la nave central de la Capilla presentan una conformación distinta, en cuanto a materiales se refiere. Están elaboradas en ladrillo y los cimientos difieren de los de los muros de tapia y adobe (no se observa piedra tallada). Esto permitiría suponer que la Capilla, en principio, incluía una sola nave y posteriormente fue adaptada para las tres que hoy posee. Esta intervención habría generado algunas inconsistencias estructurales en la cubierta que deben ser tenidas en cuenta en trabajos de restauración.
Los sondeos y trincheras llevados a cabo en las ruinas descubrieron la cimentación y los cruces que permiten hacernos una idea de la disposición espacial de la primera planta. Así mismo, se pudo observar el piso del corredor (N191.5 – N196 cm) que se localiza en el costado oeste de las ruinas. Hacia el interior de la plazoleta que se forma por los volúmenes descritos, se encontró un piso en cantos rodados (N192.5 – N195.5 cm) el cual fue removido hace unos 30 años y acumulado formando un montículo paralelo a la fachada principal de la Capilla, sobre el sector sur del predio.
La crujía norte de las ruinas y parte de la crujía oriental presentan rasgos de haber poseído un segundo piso. Las bases en piedra de los pies derechos que aún se conservan en el corredor y que hicieron parte de un balcón corrido, coinciden con los restos de maderos que soportaron el segundo nivel, cuyas cabezas aún pueden verse incrustadas en los muros que se encuentran en pie.
El piso interno de las ruinas pudo haber sido en tierra pisada, a un nivel de N180,5 cm, concordando con el nivel de la zarpa identificada en el sondeo 28. Habría un desnivel de tan sólo 10 cm entre el piso del corredor y el piso interior. Este nivel de pisos lo ratificaría la piedra tallada del cimiento en el interior de los espacios de las ruinas, analizado en numerales anteriores para la Capilla y la Casa Cural.
La configuración de los cimientos de los tres volúmenes (Casa Cural, Capilla y Ruinas) es distinta, lo que podría indicar una diferencia temporal en su construcción (ver Figura 10). Es claro que la Casa Cural debe ser posterior a la Capilla ya que no existe ninguna relación en los cimientos (traba) que los articule. Además, es claro que la Casa Cural fue adaptada a la Capilla y no al contrario, lo que reforzaría esta hipótesis.

Es posible que haya una concordancia o cercanía temporal entre las ruinas y la Capilla, ya que el piso de cantos rodados de la plazoleta abarca los dos volúmenes. En el sondeo 34 se encuentra el piso justo a la altura de la proyección hacia el sur de la fachada del templo, lo que no sucede con la Casa Cural (sondeo 35).
Dadas las características espaciales de la Capilla, que difieren en gran medida de los templos doctrineros, y la disposición espacial de todo el conjunto, que no concuerda con la tipología general de un convento (v.g. Arbeláez C. 1964; Corradine 1969, 1978 y 1989; Salcedo 1983; Arango 1989), es posible que lo que estudiamos forme parte de una antigua hacienda, de acuerdo con su solución arquitectónica: un volumen amplio, como el de las ruinas, con un primer piso destinado al almacenamiento de herramientas, cocina, áreas sociales, y un segundo piso, privado, exclusivo para el descanso y recogimiento familiar, así como una capilla y espacios anexos, sujetos a las necesidades de la hacienda12 (ver Figura 2). Esta hipótesis estaría sustentada también con la información del mapa de Guasca elaborado por Fray Manuel Félix en 1758, que aunque no posee escala, permite extrapolar la información a la actualidad. Allí se encuentra, muy cerca del molino, sobre su costado oeste, la hacienda Siecha.
De acuerdo con el conjunto artefactual y el análisis de los rasgos arquitectónicos, es posible ubicar temporalmente la construcción del inmueble hacia finales del siglo XVIII, con modificaciones que se extendieron hasta inicios del siglo XX (ver Figura 10). Es precisamente en el siglo XVIII cuando los “aposentos” de los encomenderos se convierten en haciendas, se intensifica la explotación agrícola y se generan nuevas construcciones, como los molinos, ubicados en lugares estratégicos (corrientes de agua, terreno firme) y que no incluían los espacios de vivienda (Corradine 1989).
Finalmente, aunque no se encontraron inclusiones de material cultural en la configuración de los cimientos de los tres volúmenes, sería apresurado descartar, con las exploraciones llevadas a cabo hasta ahora, una ocupación prehispánica en los alrededores el predio.
1. Se manejó el conjunto de planos realizados por el arquitecto Reynaldo Díaz, en enero de 1990, para el Instituto Colombiano de Cultura, Subdirección de Patrimonio Cultural, División de Inventario.
2. Todos los sondeos, a excepción del 1 del 2, fueron nivelados con el fin de que los rasgos arqueológicos encontrados pudieran ser correlacionados. El nivel 0 está ubicado en la fachada de la Capilla, dos metros arriba del actual piso de piedra que conforma el atrio.
3. Los sondeos fueron realizados tratando de mantener una medida única (1 m X 1 m), aunque al interior de la capilla las unidades de excavación tuvieron medidas distintas a las preestablecidas con el arquitecto Franco, ya que el piso posee tabletas de barro cocido lo que dificulta el trazado uniforme de los sondeos.
4. Las trincheras son unidades de excavación que poseen un ancho de un metro y un largo que oscila entre dos y diez metros aproximadamente. Tales unidades se realizaron con el fin de obtener una visión más amplia del registro arqueológico recolectado.
5. Todos los sondeos, a excepción del 1 y 2, fueron nivelados con el fin de correlacionar horizontalmente la información excavada. Cuando se menciona una medida de profundidad antecedida de una N, significa que esta se refiere a la medida con respecto al nivel 0.
6. El material cultural recolectado en campo fue almacenado separadamente según su procedencia, unidad de excavación, profundidad, y fecha. Más tarde, en el laboratorio fue lavado y marcado con el número de la bolsa y el número del fragmento.
7. Los rasgos que caracterizan la cerámica vidriada se producen aplicando una mezcla de plomo, arena, sal y agua a la pieza oreada, con o sin decoración antes de la cocción. Al vidriarse produce brillo y gran transparencia y si se le incorpora un óxido metálico que genera colorido: Amarillo (antimonio), blanco (estaño), azul (cobalto), marrón (hierro), negruzco (manganeso) y verde (cobre). (Llubiá 1967:18).
8. Para producir cerámica esmaltada, se debe aplicar una cubierta compuesta de estaño, plomo, arena, sal y agua, sobre la pieza de barro cocida. Sobre esta cubierta cruda, se decora con óxidos metálicos con fundente, que después de la segunda cocida se destacan sobre el fondo que generalmente es blanco. (Llubiá 1967).
9. A manera de aclaración, se debe tener en cuenta que al grupo que denomino chorreado, pueden pertenecer fragmentos de otros grupos, los cuales fueron fragmentados justo en la zona que presenta el vidriado.
10. Aunque no existen colecciones de referencia de las cerámicas producidas por éstas fábricas, hay atributos que pueden tenerse en cuenta al momento de establecer correlaciones.
11. N hace referencia al datum utilizado en el conjunto, con el fin de correlacionar los rasgos arqueológicos encontrados. Este nivel cero se ubicó sobre la fachada de la capilla, dos metros arriba del piso actual que conforma el atrio.
12. Las haciendas del siglo XVIII parecían seguir un patrón en su disposición espacial, una construcción longitudinal con corredor cubierto, capilla, viviendas para los esclavos, cementerio y otras construcciones para servicios varios (Arango 1989). Sin embargo, Corradine (1989) afirma que las haciendas no presentan una tipología que las agrupe pero que, en general, la solución se concreta con ciertos principios de diseño: especialización de recintos (habitaciones, comedor, entre otros), capilla, tambos para trabajadores o esclavos, hornos, trapiches, molinos, etc.
Quiero agradecer al arquitecto Germán Franco Salamanca quien acompañó permanentemente el trabajo de campo, confrontó los datos arqueológicos con sus conocimientos acerca de la arquitectura colonial y revisó pacientemente los informes. Así mismo por el apoyo incondicional del presidente de ASOSIECHA, arquitecto Roberto Santos y de la antropóloga Ana María Groot, quienes estuvieron al tanto del proceso de excavación e hicieron sugerencias al trabajo. Las labores de campo se las debemos a los señores Carlos Peñuela, Libardo Sarmiento y Alejandro Tobar, miembros de ASOSIECHA, quienes extrajeron decenas de metros cúbicos de tierra y animaron el trabajo con sus preguntas y comentarios. A todos ellos muchas gracias.
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