Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 12, Núm. 3, Dossier: Arqueología Histórica Argentina: situaciones y perspectivas (Editores invitados: H. Chiavazza y V. Zorrilla) 2018. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículos

FUEGO Y HUESOS EN LA FRONTERA SUR DE MEDIADOS Y FINALES DEL SIGLO XIX

FIRE AND BONES IN THE SOUTHERN BORDER MID-AND LATE NINETEENTH CENTURY

FOGO E OSSOS NA FRONTEIRA SUL DE MEADOS E FINAL DO SÉCULO XIX

María del Carmen Langiano
INCUAPA CONICET. Departamento de Arqueología. Facultad de Ciencias Sociales Olavarría. (UNICEN)
Cómo citar este artículo:
Langiano, M. del C. . (2018). Fuego y huesos en la frontera sur de mediados y finales del siglo XIX. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 12(3), 671–700. Buenos Aires
RESUMEN:

El objetivo del presente trabajo es realizar un aporte que articule información procedente de diversas disciplinas como la arqueología, la etnohistoria y los estudios actualísticos. Nuestro propósito es reconstruir el comportamiento tecnológico que se llevó a cabo en el contexto del sur del Río Salado (Provincia de Buenos Aires), durante los siglos XVIII y XIX. Este informe detalla los resultados de cinco experimentos con el objeto de producir una serie de controles. Dos experiencias sobre huesos que han sido quemados bajo condiciones naturales y aquellos que han sido quemados intencionalmente. Las otras tres experiencias se concretaron quemando huesos, vinculando información arqueológica, etnohistórica e histórica aportada por los documentos escritos, los experimentos y la tecnología cerámica. Estos estudios fueron llevados a cabo con el objetivo de testear si había o no diferencias en los efectos sobre los huesos y la cerámica después de simular incendios naturales e intencionales y en diferentes tipos de fogones. Asimismo se realizó el análisis de los materiales arqueofaunísticos recuperados en el basural del Fortín La Parva (FLP) en el distrito de General Alvear, con el objeto de entender los diferentes procesos tafonómicos que afectaron al conjunto óseo, tales como pisoteo y alteración térmica, entre otros. A pesar considerar a estas conclusiones como preliminares, pensamos que son los primeros pasos en futuros estudios de evidencia experimental, porque “...aún hay una gran necesidad de mucha experimentación bajo variadas condiciones de quema...” (David 1990:66) para poder aproximarnos a la interpretación del registro de la cultura material producida en asentamientos de frontera en la segunda mitad del Siglo XIX.

Palabras clave:
estudios actualísticos, registro arqueofaunístico, Fortín La Parva, procesos tafonómicos, alteración térmica
ABSTRACT:

The aim of this work is to make a contribution to articulate information from various disciplines such as archaeology, ethnohistory and actualistic studies- Our purpose is to reconstruct the technological behavior that took place in the context of South Salt River (Buenos Aires Province), during the eighteenth and nineteenth centuries. This report details the results of five experiments in order to produce a control series. Two experiences on bones that have been burned under natural conditions and those who have been burned intentionally. The other three experiences were implemented by burning bones, linking archaeological, ethnohistory and historical information provided by written documents, experiments and pottery technology. These studies were conducted in order to test whether or not there were differences in the effects on bones and pottery after simulating natural, intentional and different types of stove fires. Analysis of archaeofaunal materials recovered in the garbage dump of Fortin La Parva (FLP) in the district of General Alvear, in order to understand the different taphonomic processes affecting the bone, such as trampling and thermal alteration assembly is also made between others. Despite that these findings are preliminary, these are the first steps for future studies of experimental and archaeological evidence, because “... there is still a great need for much experimentation under various conditions of burning ...” (David 1990: 66) to approach the interpretation of the record of the material culture produced in frontier settlements in the second half of the nineteenth century.

Keywords:
actualistic studies, registration arqueofaunístic process, Fortín La Parva, taphonomicthermal alteration
RESUMO:

O objetivo deste trabalho é fazer uma contribuição que articule informações de várias disciplinas como arqueologia, etno-história e estudos atualísticos. Nosso objetivo é reconstruir o comportamento tecnológico que teve lugar no contexto no sul do rio Salado (Província de Buenos Aires), durante os séculos XVIII e XIX. Este artigo detalha os resultados de cinco experiências, a fim de produzir uma série de controles. Duas experiências com ossos que foram queimados em condições naturais e aqueles que foram queimados intencionalmente. As outras três experiências foram implementadas pela queima de ossos, vinculando informação arqueológica, etno-história e histórica fornecida por documentos escritos, experiências e tecnologia cerâmica. Estes estudos foram realizados para testar se houve ou não diferenças nos efeitos sobre os ossos e a cerâmica após simular incêndios naturais e intencionais e em diferentes tipos de fogueiras. Da mesma forma foi realizada a análise de materiais arqueofaunísticos recuperados no depósito de rejeitos do Fortin La Parva (FLP), no distrito de General Alvear, a fim de compreender os diferentes processos tafonômicos que afetaram os conjuntos ósseos, como o pisoteio e alteração térmica, entre outros. A pesar de considerar essas conclusões como preliminares, pensamos quesão os primeiros passos para estudos futuros de evidência experimental, porque “... ainda há uma grande necessidade de muita experimentação sob várias condições de queima...” (David 1990: 66) para abordar a interpretação do registro da cultura material produzido em assentamentos de fronteira na segunda metade do século XIX.

Palavras-chave:
estudos actualistas, inscrição proceso arqueofaunístico, Fortin La Parva, alteração tafonômica, alteração térmica
Recibido:
11 de mayo de 2016
Aceptado:
6 de junio de 2016

INTRODUCCIÓN

Dado que la Nueva Arqueología ha reconocido la importancia de llevar a cabo estudios de materiales contemporáneos para generar ideas e interpretar el pasado (Bellomo 1993; Nami y Borella 1999; Adeias et al.2016), nuestro propósito es reconstruir los modos de vida tratar de reconstruir modos de vida y el comportamiento tecnológico en un contexto de frontera en el sur del río Salado (provincia de Buenos Aires), durante los siglos XVIII y XIX.

En consecuencia se detallan los resultados de varios experimentos concretados en trabajos de campocon el objeto de producir una serie de controles sobre materiales óseos que han sido quemados bajo condiciones naturales, como consecuencias de fuegos de pastizales o de incendios naturales y aquellos intencionales, producto de fuegos de arbustivas y leñosas en los incendios de campamentos, o en situaciones alternativas que pudieron estar relacionadas a diversos significados simbólicos.

Otras tres experiencias se concretaron quemando huesos secos y/o frescos y vinculando información arqueológica, etnohistórica e histórica, correspondientes al siglo XIX. Los estudios actualísticos concretados tenían como objetivo testear las similitudes y/o diferencias presentes en el material óseo y en los tiestos cerámicos luego de ser sometidos a alteración térmica como consecuencia de la simulación de incendios naturales e intencionales y de la naturaleza de distintos fogones. Se planteó como segundo objetivo la realización de un análisis comparativo de los materiales arqueofaunísticos obtenidos en la experiencias con los recuperados en el Fortín La Parva (FLP, situado en el distrito de General Alvear (Figura 1)- De este modo tratamos de interpretar diferentes procesos tafonómicos que afectaron a las muestras tales como pisoteo, alteración térmica, fragmentación, alteración del color, entre otros.

Figura 1 Localización del FLP.
Figura 1 Localización del FLP

El FLP está ubicado a 10km del arroyo de Las Flores, en el Cuartel IV del partido de General Alvear, a 35º 53’ 96” de Latitud Sur y 60º 05’ 24” de Longitud Oeste (Langiano et al.2007). Se encuentra enmarcado en una inmensa llanura con escasas ondulaciones y con presencia de médanos estabilizados clase VI, según la Carta de Suelos del INTA (2006). Sus tierras por lo general no son aptas para los cultivos y precisan cuidados progresivamente más intensos, aún cuando se destinen para pasturas o forestación. El suelo se corresponde con el Complejo de suelos salinos-alcalinos del arroyo Las Flores (100%), con un horizonte E de un color más claro, con partículas de arena y limo y textura más gruesa. El horizonte E está cerca de la superficie abajo de un horizonte A y encima de un horizonte B. Los horizontes eluviales que están dentro o entre partes del horizonte B, o los que se extienden a profundidades mayores son pedogenéticos. Existe presencia de arcilla silicatada que pudo haberse formado y subsecuentemente transportado en el horizonte o haber sido movida por iluviación dentro de él. Estas evidencias aparecen como recubrimientos sobre la superficie de los agregados o en los poros, como lamelas, o como puentes entre los granos minerales. Según la Clasificación Taxonómica de los Suelos de la hoja 3760-3 de General Alvear, son molisoles, suborden udoles que se forman en áreas semiáridas a semihúmedas, típicamente bajo una cobertura de pasturas. Sumaterial parentales generalmente calcita, loess o areniscas, fundamentalmente movidos por el viento. Los procesos principales que coadyuvan a su formación han sido melanización, descomposición, humificación y pedoperturbación (Langiano et al. 2009; Langiano 2015).

En sus inicios, el FLP estaba a 15 km del Fuerte Esperanza, que ocupaba la manzana frente a la plaza donde está actualmente el Palacio Municipal de General Alvear. El Teniente Coronel Don Juan Agustín Noguera se desempeñaba como jefe militar de la zona con una línea de fortines que entonces iba desde Mulitas (25 de Mayo) hasta el nombrado Fuerte Esperanza. El 6 de junio de 1858 el Coronel Ignacio Rivas daba cuenta de la presencia de un oficial y 25 soldados en el FLP y el 7 de septiembre de 1858 nombró comandante del nuevo fortín al capitán de guardias nacionales Dionisio Pereyra, quien el 26 de octubre del mismo año informaba a sus superiores que los fosos para la seguridad de la fuerza y la caballada y también los sembrados de alfalfas previstos iban a estar finalizados para noviembre. Los documentos de esa época comentan que las raciones otorgadas a los trabajadores que se hallaban construyendo el fortín Arévalo o Arebalo en el médano La Parva consistían solamente de yerba, azúcar y tabaco. Si bien en un primer momento el fortín fue denominado La Parva por estar situado en el paraje conocido Médano La Parva, su nombre oficial fue cuestionado por varios vecinos, quienes habían propuesto los nombres Medina y Coronel Rauch. Esta discusión concluyó cuando las autoridades se decidieron por Arévalo, en honor a un coronel que sirvió a las órdenes de Belgrano en el Alto Perú, luchó contra el caudillo Francisco Ramírez y contra los indígenas en la provincia de Buenos Aires.

Los documentos consultados en el Archivo del Juzgado de Paz de Saladillo provincia de Buenos Aires [AJPS] han permitido detectar el origen del Fortín Arévalo, y descubrir ciertas situaciones de conflicto que antecedieron a su fundación; sirva como ejemplo esta petición a las autoridades de los vecinos de Saladillo y las Flores:

“… pedimos a U.D. si es que lo hallace á bien nombrar un Comandante militar que pueda depender de Cualquiera de sus comandas, y que también servirá para comunicarse entre si con las fuerzas fronterizas, que con un pequeño plantel de cincuenta hombre por ha ora, para que pueda enrolar y comandar la guardia nacional de estos dos partidos de donde pueda pedir los ausilios que lleguen a nececitar, á si como cerbirá de garantia y ausilio. De estos juzgados tan intensamente aislados situando un fortiná si a la frontera para lo que ofrecemos al Superior Gobierno costear a cuenta de este vecindario, aciendo construir el foso y potrero necesario para la tropa y caballadas, á sí como las habitaciones necesarias.

Esa medida Emo. Sor. es tan urgente y necesaria que caci se atreven a asegurar á Ud. Que depende de ella el sosiego de la campaña… también para los linderos de tapalque y mulitas…Individuos que han firmado de partido de Saladillo Dn Carlos Camylon; Diosi Roque Casaza, Dr Dn Andres Dique, Dña Ana Berney, Dña Dolores Balbalastro de Millio, Dn Antonio Codias y Dn Franco Cabral. Las Flores Dn José Chacarry, Dn Roque Ricabara, Dn Luis Goya, Dn Jose Enrique Lezama, Dn José Manuel Cabral y Dn Víctor Miranda, entre otros.” ([AJPS], Buenos Ayres. Diciembre de 1853, folios 2-4).

Esta petición tuvo pronta respuesta por parte de Franco E. Portela quien les informó el 29 de diciembre de 1853, que en la fecha “… a aprobado la propuesta de los referidos vecinos. En su consecuencia el infrascripto se dirige á Ud. a fin de que se digne disponer lo conveniente para que los Jueces de Pas de los referidos Partidos, no pongan ninguna clase de embaraso aquellos trabajos, antes bien, cooperen en lo posible á su realisacion. Dios Gue á Ustedes” ([AJPS], Ministerio de Gobierno, Buenos Ayres, Diciembre 29/853 folio 2).

De acuerdo con los documentos escritos consultados ([AJPS] Carta de vecinos al Juez de Paz de Saladillo, S/N, de septiembre de 1858), los habitantes de la zona, interesados en su propia protección y seguridad, donaron los ladrillos para la construcción del fortín, dada la falta de ciertos recursos naturales. El jefe de la Frontera Sur, coronel Ignacio Rivas, informaba al entonces ministro de Guerra y Marina del Estado de Buenos Aires, general José Matías Zapiola, sobre la necesidad de establecer un fuerte en el “Médano de la Parva”, dado que los dos últimos malones hacia el Saladillo habían entrado por dicho lugar. El gobierno autorizó su construcción y el 7 de octubre de 1858, el capitán Dionisio Pereyra expresaba“… que el fortín tenía un foso de 200 varas de circunferencia, con una pared de cerca de 3/4 de vara de altura por 4 varas de boca, y un contrafoso de 190 varas de circunferencia, 1 1/2 varas de boca por 9/4 de fondo, donde podían resguardarse 300 caballos. También contaba con un potrero de 200 varas de circunferencia con una zanja...” (Thill y Puigdomenech 2003: I: 235-2). Con referencia a la confección y uso de ladrillos en ese puesto fortificado, un documento enviado desde Saladillo al Ministro de Guerra y Marina Pastor Obligado indicaba que “No estaba demás hacer presente a Ud. que las cantidades donadas por este vecindario a la construcción del dicho fortin se han imbertido en cien mil ladrillos que se hisieron cortar, contando todo esto es la información tomada por el señor fiscal….” ([AJPS], Carta al Ministro de Guerra y Marina Pastor Obligado. 16 de junio de 1859, folio 1.).

Del mismo modo, el abasto de la carne y de caballos para las guarniciones del Fortín La Parva y del Fuerte Esperanza en lo que es actualmente el partido de General Alvear lo realizaban en gran parte los estancieros, pues ello redundaba en seguridad para el resto de sus haciendas. Sirva como ejemplo la carta del comandante Buteler dirigida al Gobernador donde comenta que desea informar “… también hacer á el auzilio dado de caballos con que ha contribuido este vesindario á lo que el Sr Galindes á expuesto á ver sobre la fundación de un fortín en la Parva, debo decir a Ud. que efectivamente se trató con este Juzgado antes de la invasión del 2 sobre la formación de un fortín en la Parva…” ([AJPS] Carta de Buteler al Gobernador Ag/14 de 1858. Folios 1y 2).

Aún después de formado el nuevo pueblo, la seguridad de los habitantes fue relativa, ya que las correrías indígenas, aunque no tan frecuentes, se sucedían en forma peligrosa. Habitualmente salían del fortín las descubiertas, formadas por partidas de milicianos o soldados al mando de un oficial, las que transitaban el área de mañana y regresaban una vez realizada la recorrida hasta el punto señalado. Diariamente se encontraban con la descubierta que partía del Fuerte Esperanza comunicándose las novedades de la zona que comprendía el arroyo Tapalquen y hasta el Médano El Cencerro.

En la actualidad, la visibilidad arqueológica permite observar un foso perimetral cuadrangular, de 50m de lado, con un contrafoso completo en el lado Sur y Oeste de 80m cada uno. El ancho de los fosos es de 6m y su profundidad en algunos puntos supera los 1,20m con relación al montículo central. Cabe aclarar que los documentos escritos consulados utilizan el término circunferencia para referirse al perímetro del fortín, que podría atribuirse a una confusión del término geométrico del escribiente al describir las dimensiones de las estructuras (Langiano 2015).

El uso de material óseo como combustible y sus consecuencias para interpretar los restos faunísticos, su presencia y conservación en el registro arqueológico ha sido poco estudiado en nuestro país. Sin embargo, trabajos realizados por Shipman et al. (1984); David (1990); Buikstra y Swegle (1989); Costamagno et al. (2002); Théry-Parisot et al. (2002) y las experiencias llevadas a cabo por Merlo (2006); Ormazabal (2006); Langiano (2006) y Merlo et al. (2007) han contribuido con sus estudios experimentales, al conocimiento de los procesos tafonómicos involucrados. Su experimentación, generalmente llevada a cabo en laboratorios y en campos naturales involucra tanto a incendios naturales, como los intencionales y al mismo tiempo hacen referencia a los fuegos utilitarios y rituales. Por lo expuesto, en el presente trabajo, adherimos a la postura de los investigadores mencionados ut supra, que en la actualidad, han recalcado la importancia de las propiedades de combustión de los huesos y los estados de deshidratación, oxidación, reducción, inversión, descomposición y fusión que sufren por alteración térmica. Uno de los aspectos a destacar es que ante un análisis del color para juzgar la temperatura, consideran necesario contrastar esta variable con estudios de morfología ósea en microscopio y difracción de rayos X. También remarcan la importancia de analizar la tafonomía de los sitios, considerando otras variables que pueden estar afectando a los huesos en el registro arqueológico (e.g. reúso de los fogones, grado de fragmentación inicial de los huesos, impacto de la acidez del suelo, etc.). No obstante lo expuesto, en esta etapa inicial del trabajo concretaremos un análisis macro y microscópico.

En el proceso de manufactura cerámica en la región pampeana la obtención de materiales de combustión es crucial, complementada con los sistemas de producción del fuego por rotación o frotación, percusión o compresión. Se consideran materiales de combustión a aquellas sustancias que arden con el aire, con rapidez suficiente para producir calor o energía, capaz de ser utilizada económicamente. Estos permiten, entonces, mantener hogueras con elementos combustibles orgánicos, como leña, ramas, pastos secos, huesos, cáscaras, estiércol seco de animales, etc.

Con el objeto de comprobar el tipo de alteración térmica que sufren los huesos en diferentes fogones, la temperatura alcanzada y la posibilidad de cocinar cerámica con elementos locales decidimos llevar a cabo una experiencia de modelado y cocción de tiestos alfareros, teniendo en cuenta la diferencia existente entre experiencias y experimentos (Borrero 1989; Nami 1991). En estos experimentos establecieron las condiciones relevantes (variables) para ser controladas por los experimentadores, donde replicamos y/o alteramos los fenómenos a través de sucesivos eventos, considerando la incidencia del factor tiempo. En esta primera etapa, analizaremos los resultados de la experimentación llevada a cabo en tres fogones, con distintos tipos de huesos como combustible, donde se cocinará cerámica (Merlo 2006; Langiano 2006) y con fuegos naturales e intencionales en pastizales y arbustivos (Ormazabal 2006).

METODOLOGÍA

Trabajos arqueológicos

Entre los trabajos arqeológicos desarrollados mencionaremos la concreción de un estudio planialtimétrico que dio cuenta de la existencia de un montículo y se relevaron, en la superficie del terreno, rastros de cuevas y paleocuevas originadas por animales de conductas fosoriales para llevar a cabo futuros trabajos sobre bioperturbación (Mello Araujo y Marcelino 2003).

En el FLP excavamos una superficie total aproximada de 18m2, a partir de diez sondeos estratigráficos de 0,25 x 0,25m, ubicados cada 20m, tanto en el montículo como en todo el entorno de la estructura del fortín.(Figura 2). Realizamos una recolección superficial través de ocho transectas paralelas a los fosos en campo arado hacia el Norte, 11 en el área Oeste, 16 en el sector Este y 14 hacia el Sur del fortín. Planteamos diez cuadrículas en el montículo central, dos en el lado interno de la fosa Noreste del fortín y realizamos cuatro sondeos de 0,50 x 0,50 m, sobre la barranca interna de la fosa del montículo secundario en el sector Noreste, donde se habían registrado hallazgos superficiales Dada la densidad de elementos recuperados, denominamos a esa área sector de descarte y procedimos a excavar seis cuadrículas en dirección OesteEste recuperándose una alta concentración de restos arqueológicos (n= 94781; Merlo 2014; Langiano 2015).

Figura 2. Croquis del FLP, con detalle de transectas y excavaciones.
Figura 2. Croquis del FLP, con detalle de transectas y excavaciones

La zona periférica que rodea a la estructura arquitectónica del Fortín La Parva está formada por concentraciones de materiales que fueron depositados y dispersados, principalmente por las diferentes actividades agrícolas. Un conjunto artefactual (n=264) está compuesto por 97% restos procedentes de la Transecta Norte y un porcentaje muy bajo (1%) en las transectas Sur, Oeste y Este (Merlo 2014). La concentración de los artefactos recuperados muestra signos de localizaciones bien definidos sobre la zona norte (TN). En las transectas recuperamos elementos óseos, restos de vidrios, fragmentos de gres cerámico, lozas y de metal. Focalizamos nuestro estudio en los restos de fauna (n= 111.417), que representan el 96% del material total recuperado en el basural. En total recuperamos 109.051 artefactos.

En la Tabla 1 se observa la composición del total de restos faunísticos, distribuidos según su procedencia y grado de identificación alcanzado. Asimismo, se presenta la cuantificación de los elementos óseos determinados a partir del cálculo del NISP y el MNI.

En la actualidad la visibilidad arqueológica permite observar un foso perimetral cuadrangular, de 50m de lado, con un contrafoso completo en el lado Sur y Oeste de 80m cada uno. El ancho de los fosos es de 6m y su profundidad en algunos puntos supera los 1,20m con relación al montículo central. Si bien en el documento se utiliza el término circunferencia para referirse al perímetro del fortín, esto podría atribuirse a una confusión del término geométrico del escribiente al describir las dimensiones de las estructuras.

Tabla 1. Restos arqueofaunísticos recuperados en el sitio arqueológico FLP.
Tabla 1. Restos arqueofaunísticos recuperados en el sitio arqueológico FLP

Experiencias

Este informe detalla los resultados de cinco experimentos con el objeto de producir una serie de controles sobre dos experiencias con huesos que han sido quemados bajo condiciones naturales (fuegos de pastizales o de incendios naturales) e intencionalmente (fuegos de arbustivas y leñosas en los incendios de campamentos, o en situaciones relacionadas a diversos significados simbólicos). Las otras tres experiencias las concretamos quemando huesos, vinculando información arqueológica, etnohistórica e histórica aportada por los documentos escritos, el trabajo de campo y la tecnología cerámica. Estos estudios fueron llevados a cabo con el objetivo de testear si había o no diferencias en los efectos sobre los huesos y la cerámica después de simular incendios naturales e intencionales y en diferentes tipos de fogones e identificar grados de quema y fractura de los huesos y los resultados de la cocción de tiestos cerámicos.

Con respecto a la cerámica

El primer paso de la experiencia fue recolectar arcilla en las inmediaciones del Cañadón El Perdido, cercano al FEP, en el partido de Olavarría. Afinamos la arcilla recogida, procesándola con un molino y una mano de moler; luego de realizado este procedimiento colocamos la arcilla en agua para proceder al cribado y su posterior escurrido. La arcilla obtenida fue muy plástica y no necesitamos agregar inclusiones. Iniciamos la etapa del modelado utilizando la técnica de chorizo para levantar las piezas Alisamos la superficie con manos húmedas y con piedras. Hicimos círculos con incisiones e impresiones en pasta húmeda utilizados palillos, caracoles y rocas. Luego de modelados y oreados los tiestos alfareros, tomamos las medidas de las seis piezas manufacturadas y de los tres círculos a los efectos de comprobar posteriores variaciones, producto de la cocción.

Con respecto al material óseo

El material óseo fresco de individuos juveniles y adultos de Bos p. taurus (vaca) fue donado por el Matadero Municipal y una carnicería de Loma Negra, partido de Olavarría. Algunos de estos huesos se encontraban articulados, con sebo, con partes cárnicas, envueltos en su piel y procedían de faenas llevadas a cabo siete días antes de la experiencia. Los huesos secos de la misma especie fueron recogidos en un área de descarte del establecimiento de la localidad de Hinojo, donde se llevaría a cabo la experiencia, desconociéndose el día de la muerte del animal. Cabe aclarar que el conjunto óseo en su totalidad no recibió agua de lluvia durante dos meses anteriores a la experiencia y no tenían un estado avanzado de meteorización (estadio 2 y 3). Separamos los huesos en diferentes bolsas y los pesamos en una balanza comercial hasta alcanzar los 10 kg, (43 % del total), para que cada fogón tuviera la misma cantidad de este elemento combustible.

Otros elementos de combustión

Con respecto al material herbáceo, recogimos ejemplares de Erygium (carda) en la zona cercana al Puente Querandíes y de Cynaracardunculus (cardo castilla) en la localidad de Hinojo. En campos cercanos al lugar de la experiencia, obtuvimos estiércol seco de Bos p. taurus y en cuanto a Cestrum parquii (duraznillo) y Prunus pérsica (durazno) los recogimos durante el período de poda, en el mes de julio.

Armado de los fogones

Ubicamos tres lugares para construir los tres fogones a cielo abierto. Ahuecamos la zona unos dos centímetros, formando en cada uno de los casos una plataforma baja, con ramas de Erygium y Cynara cardunculus, sobre la misma se dispusieron las piezas cerámicas que fueron nuevamente cubiertas por el siguiente material de combustión: huesos de Bos p. taurus, estiércol de Bos p. taurus, Cestrum parquii y Prunus pérsica, conformando una pirámide.

Por lo expuesto, los fogones quedaron constituidos de la siguiente manera (Tabla 2).

Variables a controlar durante la experiencia

Para este experimento y a los efectos de controlar el proceso de alteración térmica, tuvimos en cuenta solamente las siguientes variables: temperatura alcanzada durante la cocción, tiempo de duración de cada fogón, de acuerdo con los materiales óseos utilizados; factibilidad de cocción de la cerámica: elementos que facilitan o dificultan el proceso; color y granulometría del sedimento en donde se produjo el fogón comparada con el sedimento sin alterar térmicamente; tonalidad de colores de los elementos óseos utilizados en los fogones (grado de alteración); presencia de rastros de sebo en sedimento (Merlo 2006; Langiano 2006; Ormazabal 2006); presencia de micro fragmentos óseos en el sedimento (tamaño, color, etc.); ausencia /presencia de fracturas (fracturas curvas y aserradas, fracturas longitudinales y transversales, astillamientos, etc. (Binford 1963) y grado de alteración térmica de los huesos: sin quemar, parcialmente quemado, totalmente quemado y calcinado (Merlo 1997).

Tabla 2. Constitución de los fogones.
Tabla 2. Constitución de los fogones

Registro de la experiencia

La experienciase llevó a cabo en un campo de la localidad de Hinojo, en el partido de Olavarría.La temperatura ambiente en el área era de 26º C., con una humedad de 26%y un viento de 20 km/h. Cada uno de los pasos de los trabajos realizados fue registrado en la libreta de campo y fotografiado. En principio se procedió a colocar los diferentes elementos de combustión en bolsas o lienzos para ser pesados antes de su ubicación en el fogón, alternado los materiales de acuerdo a lo indicado ut supra. Tomamos la temperatura ambiente y de cada fogón a una distancia de un metro, con el sensor térmico: SKF CMSS 2000 Temperature Probe, San Diego. Ca. USA. Model CMSS 2000 Serial # 2810760101, cuyas características permiten obtener la temperatura ambiente, temperatura de conjunto y la puntual, a través de un láser. Registramos la siguiente temperatura ambiente: 38º C. para el Fogón 1; 25º C para el Fogón 2 y 26º C. para el Fogón 3 (Langiano 2006).

Identificado y armado cada fogón, colocamos las escalas correspondientes y se encendió el fuego comenzando por la parte correspondiente a la plataforma baja, donde estaban las herbáceas secas. El proceso de encendido fue rápido, al minuto, los tres fogones alcanzaron una temperatura promedio de 80 C. y el máximo alcanzado fue de 1000 º C. a un tiempo promedio de 28 minutos de encendido el fuego. Cada cinco minutos medimos tanto en el tiempo de residencia como el de rescoldo (ver definición en David 1990), en el centro del fogón y en los laterales. Trazamos las curvas de temperatura pertinentes a cada fogón. Cabe aclarar que no agregamos material combustible adicional a los fogones durante la experiencia (Figura 3).

Fuegos no intencionales

Siguiendo la misma metodología empleada con los fogones concretamos dos experiencias en un área actual sobre un pastizal natural. Asimismo controlamos las variables propuestas y consideramos de manera relevante el registro de las alteraciones térmicas ocurridas con el material óseo fresco, seco, juvenil y adulto de Ovis o. aries y Bos p.taurus, en zonas de alta o baja disponibilidad de arbustos, ramas leñosas y recursos herbáceos.

Figura 3. Registro fotográfico de las experiencias con fogones y con incendios en pastizales y arbustivos.
Figura 3. Registro fotográfico de las experiencias con fogones y con incendios en pastizales y arbustivos

Con respecto a la cerámica

El enfriamiento de los fogones duró varias horas y los tiestos tuvieron la protección de las cenizas y brasas. Retiradas las piezas cerámicas se observaron diferencias de color, producto de cada uno de los fogones. Con el objeto de comprobar los efectos del calor sobre la pasta, en especial su deshidratación, se tomaron las dimensiones de las piezas, comprobándose un encogimiento de nueve milímetros. No se produjeron grietas ni rajaduras por lo que se puede deducir que las variables cantidad de calor, temperatura máxima y atmósfera que rodeaba a las piezas aseguraron la destrucción completa de los cristales de mineral arcilloso empleado. Al mismo tiempo los materiales de combustión y la arcilla disponible en la zona pueden considerarse aptos para la manufactura alfarera (Langiano 2006).

Con respecto al conjunto óseo

El conjunto óseo de cada fogón estuvo sujeto a la duración total del tiempo de residencia y del tiempo de rescoldo, retirándoselos al final del proceso (Figura 3). Los huesos fueron embolsados y rotulados para su posterior trabajo en laboratorio. Los residuos fueron tamizados con una malla de 5 mm y se tomó una muestra de los fragmentos y del sedimento, que fueron recogidos, embolsados y rotulados para el posterior trabajo en laboratorio (Merlo 2006).

Es importante mencionar que las llamas del Fogón 1, con huesos secos, alcanzaron una altura de 1,20 m. Cuando el centro del fogón tenía una temperatura de 880 º C., los laterales registraban 180º C. En cuanto al Fogón 2 constituido con huesos frescos y secos fue el que mejor ardió y mantuvo llamas de 1,80 m de altura. Cuando el centro del fogón tenía una temperatura de880º C, los extremos registraban 220º C. En tanto, el Fogón 3 estuvo alrededor de veinte minutos ahumando hasta que surgieron las llamas, con una altura de 0,80 m. En este último caso, cuando el centro registraba 880º C., el lateral derecho tenía 254º C. y el izquierdo 120º C.

RESULTADOS

El material recuperado fue llevado al laboratorio, allí se procedió a pesar los huesos, registrándose una merma promedio de 1,7 kg. Se decide trabajar con una muestra de un kilo de huesos mayores a dos centímetros correspondientes a cada fogón, elegido al azar simple. Cabe aclarar que el resto del material está aún en proceso de análisis y será objeto de un informe posterior. Se observa y registra macroscópicamente en material óseo. Los huesos recuperados fueron analizados utilizando el Code des Couleurs des Sols (Callieux 1990) y el Munsell Color Soil Chart (1994), registrándose el porcentaje de los colores predominantes en los ejemplares determinados. Con estos datos se obtiene el índice de combustión (ver Costagmano et al. 2002: 53) que permite tener una idea de la fragmentación producida por la alteración térmica. El porcentaje de los fragmentos mayores de dos cm puede también medir la intensidad de la fragmentación (Lyman 1994).

Con todos los datos obtenidos se completan las siguientes tablas, registrándose tiempos de residencia y rescoldo (Tabla 3), fragmentación de los huesos por alteración térmica (Tabla 4); pérdida de peso sufrido luego de la alteración térmica (Tabla 5); porcentaje de huesos determinados e indeterminados, por fogón (Tabla 6); porcentaje de superficie de los huesos que muestran signos de carbonización e incineración (Tabla 7); cambios observados en huesos secos, frescos y con carne (Tabla 8); porcentaje de huesos coloreados según Tablas Munsell, después de la cocción (Tablas 9, 10 y 11).

Tabla 3.Tiempo de residencia y rescoldo en cada uno de los fogones.
Tabla 3.Tiempo de residencia y rescoldo en cada uno de los fogones
Tabla 4. Cuadro comparativo de fragmentación de los huesos por alteración térmica.
Tabla 4. Cuadro comparativo de fragmentación de los huesos por alteración térmica
Tabla 5. Cuadro comparativo de pérdida de peso de hueso por alteración térmica.
Tabla 5. Cuadro comparativo de pérdida de peso de hueso por alteración térmica.
Tabla 6. Porcentaje de huesos determinados e indeterminados, por fogón.
Tabla 6. Porcentaje de huesos determinados e indeterminados, por fogón
Tabla 7. Porcentaje de superficie de huesos quemados que muestran signos de carbonización y/o calcinación.
Tabla 7. Porcentaje de superficie de huesos quemados que muestran signos de

En el FLP los restos arqueofaunísticos recuperados en las transectas son escasos (n=48), tratándose en su mayoría de pequeños fragmentos óseos que no fue posible identificar a nivel especie ni por unidad anatómica.

Tabla 8. Presencia/ ausencia de cambios observados por alteración térmica en los tres fogones (huesos secos; frescos y secos y huesos frescos).
Tabla 8. Presencia/ ausencia de cambios observados por alteración térmica en los tres fogones (huesos secos; frescos y secos y huesos frescos)

En dichos huesos se observaron diferentes grados de alteración térmica: quemados, parcialmente quemados y sin quemar, mientras que no se registraron huellas antrópicas. En el sector de descarte o basurero se excavaron seis cuadriculas de 1 x 1m “La densa concentración de materiales en ese sector, la presencia de unidades anatómicas articuladas, la distribución azarosa de los diferentes materiales, la compactación que presenta el depósito, respetando la pendiente de la fosa y la falta de evidencia en el registro de cuevas actuales o paleocuevas sugieren la formación del depósito como un único evento, ya que en un estrato de 20 cm de profundidad (4 niveles artificiales) se recuperó un total de 109.546 restos arqueológicos” (Merlo 2015: 174). Los elementos arqueofaunísticos representan el 97% del total (n= 106.937). En las excavaciones realizadas en el montículo central se recuperaron 689 fragmentos óseos, de los cuales solamente 20 pudieron ser identificados a nivel anatómico y taxonómico. Del denominado sector de descarte se extrajo una densa concentración de materiales, compactados en un estrato de 20 cm de profundidad (cuatro niveles artificiales), donde se recuperó un total de 532 restos óseos que pertenecen a Bos p. taurus y ocho a Ovis o. aries, en tanto que la fauna autóctona está representada por numerosos fragmentos óseos de Dasypushybridus y de Chaetophactusvillosus.

Es de importancia resaltar que en el montículo central se registraron una serie de paleo cuevas, de animales con conductas fosoriales. Los armadillos buscan zonas altas para realizar sus madrigueras (Mello Araujo y Marcelino 2003) y que estas especies no solo producen la perturbación del registro arqueológico, sino que también incrementan la presencia de unidades anatómicas no contemporáneas a la ocupación del sitio (Merlo 2014).

Tabla 9. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) del Fogón 1.
Tabla 9. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) del Fogón 1
Tabla 10. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) del Fogón 2.
Tabla 10. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) del Fogón 2

En las Figuras 4 y 5 se pueden observar la diversidad y frecuencia de artefactos recuperados en el sector central y en el sector de descarte o basurero. También detectamos la presencia de elementos de uso doméstico como loza, vidrio, asa de metal enlozada, clavos y botones; elementos bélicos, fragmentos de armas, etc. por lo que podemos inferir que los ocupantes del lugar establecieron diversos usos del espacio en la zona de la Transecta Norte, la del montículo del fortín y el área de descarte. La concentración de artefactos coincide con estos usos espaciales, destacándose la presencia de material europeo y de material óseo muy fragmentado y alterado térmicamente.

Tabla 11. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) en Fogón 3.
Tabla 11. Porcentaje de huesos determinados coloreados (Escala Munsell) después de la cocción, correspondiente a un kilogramo (muestra al azar) en Fogón 3
Figura 4. Frecuencia y tipo de artefactos recuperados en el montículo central del FLP.
Figura 4. Frecuencia y tipo de artefactos recuperados en el montículo central del FLP
Figura 5. Materiales arqueológicos recuperados en el basurero del FLP.
Figura 5. Materiales arqueológicos recuperados en el basurero del FLP

En cuanto al estudio de huellas sobre la superficie de los huesos procedentes del FLP observamos huellas de desposte y de descarte en Bos p. taurus (n=3). En el caso de Ovis o. aries (NISP=8) detectamos modificaciones culturales en las epífisis proximales (n=2). En tanto que en la fauna autóctona (Dasypus hybridus y Chaetophactus villosus) registramos modificaciones antrópicas referidas a alteración térmica.

Los documentos escritos consultados en el Juzgado de Paz de Saladillo, dan cuenta de prácticas comerciales en el lugar y aportan evidencia sobre los elementos que se utilizaron para confeccionar el área construida. (e.g. “A estas fecha 22 del corriente quedo impuesto de haber terminado la quema de 52000 ladrillos para el lleno de los 100 mil necesarios para las secenta varas del edificio de este fortín y haberlos hecho con el abono de los diez mil pesos al maestro…”([AJPS] Carta de Juan A. Noguera al Capitán Dionisio Pereyra, 2 de febrero de 1862. folio 1).

Los trabajos de experimentación y el análisis del registro arqueológico ofrecieron valiosos parámetros comparativos donde pudimos comprobar la utilización del material óseo como elemento de combustión y observar distintos grados de alteración térmica presentes en el FLP sumadas a la presencia de modificaciones óseas causadas por acción de fuegos intencionales. En cuanto al estudio de huellas sobre la superficie de los huesos procedentes del FLP, observamos huellas de desposte y de descarte en Bos p. taurus (n=3). En el caso de Ovis o. aries (NISP=8) detectamos modificaciones culturales en las epífisis proximales (n=2). En tanto que en la fauna autóctona (Dasypus hybridus y Chaetophactus villosus) registramos modificaciones antrópicas referidas a alteración térmica. El material óseo presenta un alto grado de fragmentación un 90% no supera los 10 mm lo que limitó su identificación. Sólo pudimos determinar un 1% de unidades anatómicas y especies (n=1605). El resto sin determinar correspondió a un 1% de mamíferos grandes (n=23), otro 1% a mamíferos medianos (n= 23) y un 1% de mamíferos pequeños (n= 47).

Con respecto a la incidencia de la alteración térmica existen cantidades similares de restos totalmente quemados (n=43815- 41%), calcinados (n=44356 -41%) parcialmente quemados (n=4056 -4%) y sin quemar (n=15404 -14%). La alta presencia de huesos alterados térmicamente en el área de descarte, daría cuenta de prácticas de combustión con dichos elementos, pertenecientes a fragmentos óseos de Bos p. taurus, Equus f.caballus, Ovis o. aries, placas de armadillos y aves silvestres (Figura 6).

En el registro arqueológico predomina la presencia de huesos largos, costillas, autopodios, hemimandíbulas, extremidades, falanges articuladas y parcialmente quemadas de Bos p. taurus. Lo mismo puede afirmarse con respecto a Ovis o. aries y Equus. f. caballus. En cuanto al análisis taxonómico observamos “presencia de meteorización, marcas atribuidas a raíces, carnívoros y roedores y písoteo y modificaciones culturales como huellas y fracturas…” (Merlo 2014: 177).

Figura 6. Porcentaje de material óseo alterado térmicamente recuperado en el sector basurero del FLP.
Figura 6. Porcentaje de material óseo alterado térmicamente recuperado en el sector basurero del FLP

CONCLUSIONES

Con respecto a las experiencias

En cuanto al registro arqueofaunístico

La presencia de material arqueofaunístico especialmente en el área denominada basural evidencia un alto grado de concentración y fragilidad. En su mayoría aparece calcinado; los huesos largos y aquellos comprendidos en el rango de 5 a 15 cm presentan evidencias de exfoliación cortical, astillamientos y fracturas transversales y/o curvas profundas, exfoliación cortical y un deterioro de la vaina externa del hueso, tal como observamos en los episodios experimentales, por lo que podemos asumir que fueron expuestos a altas temperaturas El área de descarte del FLP puede considerarse como un posible desecho intencional de aquellos fogones empleados originalmente para la cocción de ladrillos destinados a la construcción del fortín.

Los resultados obtenidos en esta primera etapa podrían considerarse relevantes para comprender e interpretar procesos tafonómicos relacionados con la combustión y analizar cómo influyen en la preservación diferencial de los huesos en el registro arqueológico. A pesar de considerar a estas conclusiones como preliminares, pensamos que son los primeros pasos en futuros estudios de evidencia experimental, porque coincidimos en que “...aún hay una gran necesidad de mucha experimentación bajo variadas condiciones de quema...” (David 1990: 66) para poder aproximarnos a la interpretación del registro de la cultura material producida en asentamientos de frontera en la segunda mitad del Siglo XIX.

AGRADECIMIENTOS

Al INSTITUTO INCUAPA CONICET dirigido por el Dr. Gustavo Politis y el Lic. José L. Prado. Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría UNICEN.

Al Dr. Julio F. Merlo por su colaboración con los gráficos e imágenes.

A la Municipalidad de General Alvear y de Olavarría y al Sr Héctor Attadío por colaborar con el material óseo fresco para poder llevar a cabo las experiencias.

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