Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 12, Núm. 3, Dossier: Arqueología Histórica Argentina: situaciones y perspectivas (Editores invitados: H. Chiavazza y V. Zorrilla) 2018. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículos

LA BATALLA DE SUIPACHA (1810, BOLIVIA). UN ABORDAJE DESDE NUEVAS NARRATIVAS

THE BATTLE OF SUIPACHA (1810, BOLIVIA). AN APPROACH FROM NEW NARRATIVES

A BATALHA DE SUIPACHA (1810, BOLÍVIA). UMA ABORDAGEM A PARTIR DE NOVAS NARRATIVAS

Florencia Ávila
Universidad Nacional de Lanús (UNLa). CONICET
Carlos Landa
Instituto de Arqueología - Facultad de Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires. CONICET
Cómo citar este artículo:
Ávila, F. ., & Landa, C. . (2018). La batalla de Suipacha (1810, Bolivia). Un abordaje desde nuevas narrativas. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 12(3), 213–234. Buenos Aires
RESUMEN:

Los campos de batalla constituyen un tipo particular de sitio arqueológico, no sólo por su tipo de abordaje teórico-metodológico, sino también por el lugar significante que ocupan para las comunidades involucradas en dichos paisajes de conflicto. Por su rol en la historia de diversos colectivos, su incidencia en el devenir político de los pueblos o en la constitución de diversas entidades geopolíticas; estos sitios poseen un poder de evocación que atraviesa diversas escalas (locales, regionales y nacionales). Son a la vez espacios de olvidos y memoria, evidencian cicatrices, movilizan y conmocionan, constituyen estigmas o son celebrados. En numerosas ocasiones son claros referentes identitarios. La batalla de Suipacha fue un episodio bélico ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército Expedicionario al Alto Perú (Ejército del Norte) enviadas por la Primera Junta de Buenos Aires y las fuerzas realistas. Fue el primer triunfo de los ejércitos rebeldes en las guerras de independencia. El enfrentamiento acaeció aproximadamente a 25 km de Tupiza, en el poblado de Suipacha, a orillas del San Juan del Oro, actual territorio de la Nación Chichas (provincia de Sud Chichas, Departamento de Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia). En esta contienda aunaron fuerzas jujeños, salteños, tarijeños, cinteños y chicheños. Entonces bien, ¿quiénes fueron los que combatieron? ¿Qué estrategias y tácticas de lucha se llevaron a cabo? ¿Qué saberes se pusieron en marcha? ¿Qué rol jugó y juega en el imaginario colectivo? En este trabajo se presentará una primera aproximación a estas preguntas pensándolas desde un enfoque pluridisciplinar (arqueológico, histórico, antropológico) que incorpora nuevas narrativas que permitan echar luz sobre los modos de construcción de colectivos identitarios históricos.

Palabras clave:
Campos de batalla, Guerras de la independencia, Suipacha, Nuevas narrativas
ABSTRACT:

Battlefields are a particular type of archaeological sites; they are significant places for the communities involved in these landscapes of conflict. For his role in the history of various groups, their impact on the political future of the people; these sites have a power of evocation through various scales (local, regional and national). They are both forgetfulness and memory spaces, show scars; they are stigmas or are celebrated. On numerous occasions are clear identity references. The Battle of Suipacha was a war episode occurred on November 7, 1810 between the forces of the High Peru Expeditionary Army, sent by the First Meeting of Buenos Aires and the royalist forces Army. It was the first victory of the rebel armies in the wars of independence. The confrontation happened about 25 km from Tupiza, in the town of Suipacha, along the San Juan del Oro river, current territory of the Nation Chichas (province of Sud Chichas, Potosí Department, Plurinational State of Bolivia).In this contest they joined forces Jujuños, Salteños , tarijeños , cinteños and chicheños. Well then, who were those who fought? What strategies and tactics of struggle were carried out? What knowledge were launched? What role did and play in the collective imagination? In this work we present a first approach to these questions from thinking them (archaeological, historical, anthropological ) multidisciplinary approach that incorporates new narratives that allow shed light on ways of building collective historical identity .

Keywords:
Battlefields, Independence wars, Suipacha, New narratives
RESUMO:

Os campos de batalha são um tipo específico de sítio arqueológico, não só para o seu tipo de abordagem teórica e metodológica, mas também pelo lugar significativo das comunidades envolvidas nestas paisagens de conflito. Por seu papel na história de vários grupos, o seu impacto sobre o futuro político do povo ou o estabelecimento de diversas entidades geopolíticas; esses sites têm um poder de evocação através de várias escalas (local, regional e nacional). Ambos são esquecimento e memória espaços, mostrar cicatrizes, mobilizar e conmocionan, eles são estigmas ou são comemorados. Em numerosas ocasiões claras referências de identidade. A batalha de Suipacha foi um episódio de guerra ocorreu no dia 07 de novembro de 1810 entre as forças do Peru Exército Expedicionário alta (Norte) enviado pela Primeira Reunião de Buenos Aires e as forças monarquistas do Exército. Foi a primeira vitória dos exércitos rebeldes nas guerras de independência. O confronto aconteceu cerca de 25 km de Tupiza, na cidade de Suipacha, ao longo do San Juan del Oro, atual território dos Chichas Nation (província de Sud Chichas, departamento de Potosí, Estado Plurinacional da Bolívia). Neste concurso eles se uniram jujeños, salteños, tarijeños ,cinteños e chicheños. Bem, então, quem eram aqueles que lutaram? Quais as estratégias e táticas de luta foram realizados? Que conhecimento foram lançados? Que papel e jogar no imaginário coletivo? Neste trabalho apresentamos uma primeira abordagem a estas questões de pensar deles (antropológica arqueológico, histórico) abordagem multidisciplinar que incorpora novas narrativas que permitem lançar luz sobre as formas de construção de identidade histórica coletiva.

Palavras-chave:
Campo de batalha , Guerras de independência, Suipacha, Novas narrativas
Recibido:
10 de mayo de 2016
Aceptado:
14 de septiembre de 2016

INTRODUCCIÓN

Los campos de batalla constituyen un tipo particular de sitio arqueológico, no sólo por su forma de abordaje teórico-metodológico, sino también por el lugar significante que ocupan para las comunidades involucradas dentro de paisajes de conflicto. Por su rol en la historia de diversos colectivos, su incidencia en el devenir político de los pueblos o en la constitución de diferentes entidades geopolíticas; estos sitios poseen un poder de evocación que atraviesa múltiples escalas (locales, regionales y nacionales). Son a la vez espacios de olvidos y memoria, evidencian cicatrices, movilizan y conmocionan, constituyen estigmas o son celebrados; y, en numerosas ocasiones, son claros referentes identitarios.

La batalla de Suipacha fue un episodio bélico ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército Expedicionario al Alto Perú (Ejército del Norte) enviadas por la Primera Junta de Buenos Aires y las fuerzas realistas. Fue el primer triunfo de los ejércitos rebeldes en las guerras de independencia. El enfrentamiento acaeció aproximadamente a 25 km de Tupiza, en el poblado de Suipacha, a orillas del San Juan del Oro, actual territorio de la Nación Chichas (provincia de Sud Chichas, Departamento de Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia). En el nuevo escenario político que constituye la conformación de un estado plurinacional, dicha batalla comienza a ser vista por la Nación Chichas (Nación reconocida por el gobierno boliviano como originaria, indígena, campesina, autónoma, preexistente a la llegada de los europeos al continente) como símbolo de entrega heroica a la patria naciente y de unión de los pueblos originarios del sur. Una contienda en donde aunaron fuerzas jujeños, salteños, tarijeños, cinteños y chicheños.

Consideramos que se debe comprender Suipacha como un hito identitario que entrelaza miradas argentinas y bolivianas, trascendiendo a los estados naciones tales como se piensan desde la centuria decimonónica. A partir de un enfoque pluridisciplinar (arqueológico, histórico, antropológico) que integre nuevas narrativas a las ya tradicionales, buscamos conocer diversos aspectos que arrojen luz sobre los tiempos iniciales de la revolución en este sector del continente. Para ello presentaremos un proyecto en donde explicitaremos un plan de investigación que contemple: la búsqueda exhaustiva en múltiples archivos, repositorios y bibliotecas (ubicados tanto en la República Argentina como en el Estado Plurinacional de Bolivia) con el objetivo de recabar y organizar información documental de índole primaria y secundaria; el desarrollo de investigaciones arqueológicas de sitios vinculados a las guerras de independencia (1810-1825); y la realización de estudios de memorias orales ancestrales. A estas narrativas tradicionales proponemos integrarles nuevos discursos, sistemas de registros plasmados en otros soportes y bajo otros cánones, como es el caso del arte rupestre, los queros y los khipus. Esta integración nos posibilitará comprender diversos interrogantes tales como: ¿quiénes fueron los que combatieron? ¿Qué estrategias y tácticas de lucha se llevaron a cabo? ¿Qué saberes y prácticas se pusieron en marcha? ¿Qué rol jugó y juega en el imaginario colectivo? ¿Cuál es su relación con la identidad de los distintos actores en pugna a través del tiempo?, entre otros.

Este nuevo enfoque es relevante no sólo para una mayor comprensión del devenir revolucionario americano sino también para poner en el debate el rol jugado por los conflictos regionales como verdaderos laboratorios identitarios. Poder pensar sobre ellos será de utilidad para despojarnos de la visión cifrada en las falsas fronteras estáticas que la constitución de los estado-nación liberales impusieron y centrarnos en el ágil y dinámico mundo intercultural que constituyó y constituye nuestra Patria Grande Latinoamericana, una identidad en continua efervescencia.

ANTECEDENTES. ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA Y DE CAMPOS DE BATALLA

En el marco de la Arqueología histórica el estudio del conflicto y la violencia - entendiéndolas como partes constitutivas de las relaciones forjadas entre las potencias occidentales y aquellas comunidades con las que entran en trato -, los estudios de campos de batalla y sitios relacionados (fortificaciones, bunkers, campos de prisioneros, etc.), pueden retrotraerse a la segunda mitad del siglo XX. Si bien comienzan a emerger dentro del contexto de descolonización, su proliferación se encuentra ligada a la emergencia de múltiples y antiguos conflictos producto de la fragmentación, crisis y emergencias de identidades vinculadas al desarrollo de los procesos globalizadores durante la década del 90 (Landa y Hernández de Lara 2014).

Existen diferencias en el desarrollo de este tipo de estudios en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, tanto en su volumen de producción como en las temáticas abordadas. Las investigaciones arqueológicas en el sitio de la batalla estadounidense de Little Big Horn (1876), llevadas a cabo en la década del ochenta del pasado siglo, se convirtieron en ejemplo paradigmático (Fox 1993). Sin embargo una búsqueda bibliográfica exhaustiva permitió ubicar trabajos anteriores (década 70) en conflictos acaecidos en Cuba (Guarch Delmonte 1972). Por otra parte, en Estados Unidos también abundaron los estudios de los escenarios bélicos de su Guerra Civil (1861-1865) (Geier y Winter 1994).

En Europa, específicamente en los países anglosajones, se han constituido equipos especiales que se dedican a esta temática, estudiando sitios arqueológicos tanto romanos, como medievales y postmedievales (guerras entre Escocia e Inglaterra, guerras civiles inglesas, guerras mundiales, etc.) (Pollard y Banks 2005). Por otro lado, Francia y Bélgica también poseen sus agrupaciones de arqueólogos que se dedican específicamente al estudio de la materialidad de las dos guerras mundiales. Arqueólogos alemanes se han dedicado a abordar la Guerra Fría desde esta óptica (Schofield et al. 2006). En los últimos años España ha incrementado notoriamente su interés por los aspectos materiales y espaciales de las batallas de la antigüedad clásica y de su Guerra Civil (Alonso González 2008; Quesada Sanz 2008; Quintero Maqua y Marín Suárez 2011).

En lo que respecta a Latinoamérica desde fines de la década del 90 aunque, como mencionamos, se cuenta con los antecedentes cubanos - la producción de este tipo de estudio arqueológico-histórico ha ido creciendo al principio tímidamente y aumentando su énfasis a lo largo de la década pasada. En Brasil se estudió el conflicto civil conocido como Guerra de Canudos (1896-1897) (Zanettini y Robrahn- Gonzalez 1999). Por otra parte en México se investigó desde la Arqueología histórica la Guerra del Mixtón (sureste de Zacatecas) acaecida entre caxcanes y españoles en 1541 (Medrano Enríquez 2005). En Colombia destaca el trabajo realizado en la zona de Bocachica (Cartagena de Indias). Allí se llevó a cabo un combate anfibio en 1741 acaecido entre las fuerzas inglesas y la defensa española colonial (del Cairo Hurtado 2011).

Curiosamente dentro de la región latinoamericana, es en Argentina, en donde se da la mayor cantidad de investigaciones arqueológicas en torno a diversas batallas (Landa y Hernández de Lara 2014). Comenzadas hace una década atrás y con auge a hacia finales de la década del 2000, en nuestro país así como también en el resto de Latinoamérica el trabajo del Dr. Mariano Ramos, constituye un aporte pionero fundamental. Este equipo de investigación viene trabajando ininterrumpidamente en el sitio de la batalla de Vuelta de Obligado (1845, Provincia de Buenos Aires) desde el año 2000 (Ramos et al. 2003, 2008, 2011). Por otra parte la extensa labor llevada a cabo en Obligado no solo se limitó a la investigación arqueológica del sitio, sino también a distintos aspectos vinculados con el episodio bélico, tales como el desarrollo de actividades vinculadas con la arqueología pública, el estudio de la memoria oral y la relación de la comunidad del actual pueblo de Vuelta de Obligado con la batalla, la construcción de un museo aledaño al sitio y su puesta en valor (Salerno 2012). Todas estas características tornan al trabajo de Ramos y sus colaboradores en el más completo abordaje de un campo de batalla llevado a cabo en la región latinoamericana (Landa 2013).

El Dr. Juan Leoni y su equipo se encuentran investigando arqueológicamente la batalla de Cepeda (1859). Ocurrida entre las tropas de la Confederación Argentina y las de Buenos Aires, esta lucha civil se enmarca dentro de los conflictos suscitados por las diferentes concepciones político-económicas en torno a la constitución de un estadonación argentino (Leoni y Martínez 2012).

La batalla de La Verde (Provincia de Buenos Aires), fue abordada por el Dr. Carlos Landa, Dr. Facundo Gómez Romero y equipo. El estudio de este conflicto civil se inserta dentro de un plan de investigaciones arqueológicas-históricas de eventos bélicos acaecidos durante las décadas de 1860-1870 en contextos de fronteras aborígenes (Landa et al. 2010, 2011). Cabe destacar que Latinoamérica, como escenario de múltiples conflictos de diversa índole, constituye un área de investigación arqueológica-histórica con un alto potencial. Basta mencionar los vastos campos de batalla de la Guerra de la Triple Alianza, las campañas sanmartinianas o las bolivarianas por todo el frente andino, las invasiones británicas al Plata y al Caribe, la Guerra del Chaco, la Revolución Cubana, la Guerra de Malvinas, entre tantas otras.

En nuestro caso, Bolivia no cuenta con investigaciones de esta índole. El estudio de las diversas expediciones del Ejército del Norte y su relación con la conformación de identidades regionales podría constituirse en el puntapié inicial que genere espacios compartidos que permitan el desarrollo y acceso a múltiples trabajos comprometidos con sus realidades.

LA BATALLA DE SUIPACHA Y SU CONTEXTO HISTÓRICO

La batalla de Suipacha se desarrolló, en la otrora Intendencia del Potosí, a unos 25 km de Tupiza, entre las poblaciones de Suipacha y Nazareno, a orillas del río San Juan del Oro (Provincia Sud Chichas, Departamento de Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia) (Figura 1).

Figura 1. Imagen satelital del paisaje en donde se produjo la batalla de Suipacha Acceso al sitio permiso comunidad Tupiza, Suipacha nazareno
Figura 1. Imagen satelital del paisaje en donde se produjo la batalla de Suipacha Acceso al sitio permiso comunidad Tupiza, Suipacha nazareno

Este episodio bélico debe comprenderse dentro del contexto histórico signado por el emerger del movimiento revolucionario de Mayo y en un contexto de franca militarización del ámbito rioplatense (Halperín Donghi 1994; Rabinovich 2013). Luego de la destitución del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y la constitución de la Primera Junta, este organismo se encargó de poner en armas un ejército con el objetivo de reprimir el movimiento contrarrevolucionario liderado por Santiago de Liniers en Córdoba. En julio de 1810 este ejército, formado por diez compañías, entre ellas Dragones, Húsares y Blandengues, comienza a marchar hacia Córdoba y luego al Alto Perú (Cajal 1969; Comando en Jefe del Ejército 1972). Reprimidos los contrarrevolucionarios y fusilado Liniers (6 de agosto) asume el mando del Ejército Expedicionario al Alto Perú el Mayor General Antonio González Balcarse reemplazando al Coronel Francisco Ortiz de Campos. En su marcha hacia los territorios altoperuanos fueron incorporando diversos contingentes de tropa (v.g. los Patricios de Santiago del Estero al mando de Juan Francisco Borges, aquellas aportadas en Salta por Martin Miguel de Güemes o la caballería chicheña al mando de Pedro Arraya, entre otras).

Ya en el Alto Perú, el denominado Ejército del Norte o Ejército Auxiliar del Perú dejó jalonadas una sucesión de batallas contra las tropas realistas. Este sendero de guerra vincula diversos paisajes, territorios y espacios que escapan a las fronteras y límites políticos generados e impuestos durante los desarrollos de las entidades conocidas actualmente como la República Argentina y el Estado Plurinacional de Bolivia.

Cotagaita constituyó el primer hecho de fuego el 27 de octubre de ese mismo año, se trató de un evento bélico cuya duración fue de cuatro horas. En ella se enfrentaron 800 individuos de la tropa revolucionaria, con 4 piezas de artillería, contra 2000 realistas, con mismo número de bocas de fuego. Los realistas sostenían una posición estratégicamente fuerte, de difícil acceso, por encontrarse flanqueada por cerros y curso de agua (Cajal 1969).

La infantería del ejército expedicionario atacó frontalmente en tres columnas cruzando el río, bajo el fuego de la artillería realista. Al cabo del tiempo mencionado fueron rechazados por los realistas, por lo que emprendieron una retirada estratégica hacia Tupiza. Las bajas fueron escasas en ambos mandos.

Acorde a fuentes documentales y bibliografía consultada (Castelli en parte oficial 1810; Cajal 1969), Balcarce, al llegar al pueblo de Suipacha, cruza el río homónimo hacia el caserío de Nazareno (poblado menor). En dicha locación se incorporan 100 soldados y dos piezas de artillería posicionándose en dicha ribera.

Los realistas con 1000 hombres y 4 piezas de artillería se posicionaron al norte del rio Suipacha (o San Juan del Oro) y tras cuatro horas de estudio del terreno y de desprendimiento de guerrillas al ver a 200 infantes rebeldes deciden cargar sobre ellos. Estos últimos emprenden una rauda maniobra de retirada fingida conduciéndolos hacia la quebrada de Choroya (Castelli [1810] y luego reproducida en múltiples bibliografías históricas) (Figura 2).

Balcarce había ocultado allí estratégicamente al resto de su tropa. Las fuerzas realistas se toparon con el contraataque rebelde y en media hora de combate quedaron desbandados dejando en campo sus pertrechos, que fueron tomados como botín de guerra. El resultado fueron 40 muertos y 150 prisioneros del bando realista y solo 1 muerto y algunos heridos de los 700 infantes, 150 de caballería y 4 piezas de artillería que poseían los rebeldes.

Suipacha fue el primer triunfo de armas de la Revolución de Mayo. Esta victoria generó la euforia de las comunidades circundantes y una mayor adhesión a la causa de Mayo, aumentando el caudal de tropa a las fuerzas revolucionarias. Participaron en ella: salteños, oranenses, tarijeños, cinteños, chicheños, entre otras comunidades.

Figura 2. Vista actual de la Quebrada de Choroya. Foto Florencia Ávila
Figura 2. Vista actual de la Quebrada de Choroya. Foto Florencia Ávila

Pese a haber sido loada inmediatamente (recordemos el reconocimiento de la junta materializado en el escudo “a los vencedores de Tupiza” otorgado el 29 de noviembre de 1810 o el poema publicado en La Gaceta el 27 de diciembre del mismo año cuyo autor fue Vicente López y Planesi); ser un topónimo recurrente para nombrar calles, estaciones de trenes, pueblos, etc. y constituir una efemérides; posee escasa relevancia en la historiografía oficial argentina y boliviana. Se trata de un evento invisibilizado, solo recordado nominalmente y que fue escuetamente abordado por la historiografía nacional (ni siquiera se han desarrollado mapas o croquis de la batalla en la historiografía militar; ver Best 1960).

La historiografía tradicional e incluso la revisionista se centran en la historia de los grandes hombres, miembros de la elite colonial comandantes de tropas. Ambas discuten quién merece los bronces acorde a su posición ideológica y teórica, pero no se centran en los actores sociales mayoritarios de los procesos bélicos: los miembros de la tropa. Esta dista de ser un colectivo homogéneo y se encuentra atravesada por diversas variables tales como la clase, la etnicidad, la edad, entre otras. Fueron ellos los que absorbieron el grueso impacto que la guerra ocasionó en la región. Recién en los últimos tiempos, en las ciencias sociales y más específicamente en el campo de la historiografía, se está enfocando desde la micro historia o historia de la vida cotidiana la situación de los soldados de la independencia (Rabinovich 2013; Lorenz 2015). La antropología desde su constitución como disciplina de lo social ha puesto en su mira la cotidianidad de las comunidades estudiadas, por ende consideramos que un enfoque interdisciplinario que aúne a la historia, la antropología y la arqueología permitirá vislumbrar interrogantes tales como: ¿Quiénes fueron los que combatieron?¿Cómo fue la conformación de la tropa? ¿Qué diversos colectivos sociales contribuyeron a la causa revolucionaria y sus formas de hacerlo?¿Qué estrategias y tácticas de lucha, logística, uso y conocimiento de rasgos espaciales poseían (caminos, cerros, quebradas, asentamientos urbanos)? ¿Qué saberes se pusieron en marcha? ¿Qué rol jugó y juega en el imaginario colectivo el movimiento independentista y su guerra?, entre otros.

SOBRE LOS CAMPOS DE BATALLAS. SUIPACHA

Los conflictos manifiestan oposiciones de intereses que pueden expresarse en una rica gama desde lo sutil a lo violento. En sus múltiples y variadas expresiones materiales son inherentemente humanos. No existió, ni existe humanidad sin conflicto. Pensamos el conflicto porque estamos permanentemente atravesados por ellos, son parte constitutiva de nuestra especie, dejan trazas o marcas que muchas veces, quedan imborrables. De alguna forma todo paisaje, es paisaje de guerra.

Los campos de batalla constituyen una de las formas de conflicto. Allí, los hombres se reúnen para dirimir sus asuntos por medio de la aniquilación total o parcial de algunas de las fuerzas en pugna. Durante horas, días, meses o incluso años, pequeños o inmensos grupos permanecen en esos espacios para luego desbandarse y continuar en otros lugares y tiempos.

Como arqueólogos estamos sobre los campos de batalla. Literalmente caminamos por aquellos espacios en donde otrora los seres humanos decidieron matarse por un territorio, por la nación, por la religión o por diversas otras causas. Pero también estamos sobre sus huellas y para ello consideramos indispensable integrar técnicas de análisis muy diversas. El estudio del conflicto, así como de cualquier problemática de lo social debería ser siempre de índole pluridisciplinar. No debemos limitarnos o restringirnos a una sola especialidad, debemos superar los atrincheramientos disciplinares y salir a los campos de batalla muñidos de múltiples “armas” teórico-metodológicas.

Desde la Arqueología, los espacios en donde se llevaron a cabo enfrentamientos armados son considerados sitios arqueológicos y por ende plausibles de ser estudiados. Su estudio implica una concepción del tiempo y el espacio no usual en la disciplina, suelen ser espacios de amplia escala pero temporalmente acotados. Los estudios de la distribución y características de los hallazgos permiten: determinar límites del sitio y establecer las dimensiones del evento, establecer cronologías relativas, ubicar posiciones e inferir movimientos de los combatientes, conocer la tecnología bélica y vestimentas empleada, comprender las condiciones de vida de los combatientes, entre otras cosas. Esta información puede y debe integrarse a la proporcionada por los diversos tipos de fuentes en las que abreva la disciplina historiográfica. Esto no puede generar sino como resultado una rica visión del pasado.

LA BATALLA MÁS ALLÁ DE LA BATALLA

Así como al maniatarnos disciplinarmente se corre el riesgo de invisibilizar preguntas sociales; tomar como fuente a la historiografía y al “registro” arqueológico, no daría cuenta de que la construcción del pasado es siempre una práctica multi-narrativa.

Nos encontramos buscando a “los otros” en los eventos bélicos. Aquellos que compusieron las tropas, los que vivieron diariamente ante un inminente conflicto, o sus tierras fueron el centro de una batalla. Ante los interrogantes de quiénes fueron, cuáles fueron sus motivaciones, cómo se llevó a cabo “la práctica de la guerra”, sentimos que los documentos escritos nos dejan un relato demasiado simplista.

Las narraciones sobre el pasado de los Andes se conforman, en realidad, por una unificación de discursos dada por un sector de la sociedad, muchas veces ausente de las realidades. De esta forma se construye un relato homogéneo y sometido a un criterio excluyente de ser “verdadero” (Martínez 2005). Es por ello que planteamos una búsqueda que trascienda los partes militares, las fuentes escritas, las interpretaciones historiográficas (o revisionistas) sobre las mismas. Una investigación que desande caminos históricos y recuerde el pasado andino en su totalidad. Desde esta postura nos surge preguntarnos ¿hay en el siglo XIX formas alternativas de “re-presentar” la historia, los momentos, los actores? ¿Es posible que haya otros espacios narrativos que no respondían a la imposición directa de los saberes y epistemes de control?

El objetivo es ampliar el corpus de fuentes hacia otras no “occidentales” o “europeizantes” en las cuales pudieron haber circulado con mayor libertad (o con menor restricción) lo que podríamos llamar las “palabras andinas”, las voces propias de un pueblo en armas. “Se advierten relaciones profundas (…), que podían ser expresados indistintamente por intermedio de diferentes sistemas de soportes y de tipos de lenguajes corporales, táctiles, visuales u orales” (Martinez y Martinez 2013:69). En este sentido, los queros, los textiles, los bailes, cierta geografía, ciertas estructuras (como las chullpas), el arte rupestre, los cantos, las performances y otros conjuntos narrativos; en determinados contextos rituales o evocativos, podrían ser parte de una forma de reactivación de la memoria colectiva (Abercrombie 2006; Cummins 2007; Gisbert 1999; Martinez 2010).

Si bien no directamente relacionados con la batalla en la que nuestra investigación se encuentra inmersa, daremos cuenta de algunos interesantes ejemplos en los que las guerras por la emancipación encuentran nuevas formas de registro. Nos referiremos, puntualmente, a pinturas rupestres, queros y khipus.

Arte Rupestre

El registro rupestre siempre ha sido objeto de estudio para dar cuenta de la dinámica social pre y pos hispánica. Sin embargo, se han hallado corpus de pinturas rupestres de soldados y batallas de la colonia tardía y la república temprana en la región andina del Alto Perú y sur del Virreinato del Perú, que brindan un nuevo panorama a la historia del siglo XIX. Los conjuntos de imágenes se caracterizan por representar escenas completas o pequeñas, o de soldados esquemáticos vistos de perfil portando armas de fuego (muchos de ellos interpretados como fusiles) (Hosting 2004; Medinaceli et al 2003; Ponce Oha 2013; Querejazu 1992; Strecker y Taboada 2004). En la margen oriental del lago Titicaca, entre Carabuco y Escoma, Medinaceli y colaboradores describen los paneles de Waylla Ph’uju (Medinaceli et al. 2003). Entre los mismos se destaca una escena compleja de enfrentamiento armado entre dos fuerzas, cada una compuesta de filas de jinetes armados y soldados a pie (Figura 3).

Si bien los autores lo han interpretado como una representación de las rebeliones entre fuerzas criollas e indígenas de 1781-1782; creemos que valdría la pena revisitarlo, dado que los cuadros de línea hacen recordar a estructuras castrenses de infantería y caballería. Imágenes similares a estas fueron relevadas por Querejazu (1992) en el sitio Tunari, cercano a la ciudad de Cochabamba.

En el Departamento de Puno, Perú, Arkush (2014) ha dado a conocer un interesante sitio con arte ruspestre, las Pinturas de Japuraya, cercano a Tiquipalla. En uno de sus paneles se encuentran representados soldados, músicos y oficiales, portando trajes de la primer mitad del siglo XIX (Figura 4). En particular, pantalones blancos, chaquetas cortas, zapatos y fusiles de chispa o bayoneta.

Una de las interpretaciones que se hace del mismo es que fueron obras producidas por poblaciones indígenas dado que, más allá del soporte en el que se hallan inscriptas, los colores utilizados infringen normas europeas de representación (Strecker y Taboada 2014). Estas formas de registros nos llevan a pensar a qué público estaban destinados y cuál fue el lugar significante que ocuparon en el paisaje (por ejemplo, su cercanía a un contexto bélico).

Figura 3. Panel de Waylla Ph’ju en Medinaceli et al. 2003
Figura 3. Panel de Waylla Ph’ju en Medinaceli <em>et al</em>. 2003
Figura 4. Panel de Jarapuraya en Arkush 2014
Figura 4. Panel de Jarapuraya en Arkush 2014

Queros

A lo largo de la historia andina, los vasos queros participaban de una práctica de negociación reciprocitaria, una práctica de autoridad. Se bebía siempre en par y, al hacerlo, se “cerraba” una relación política, social o simbólica con otra persona o deidad. “De oro, de madera y, al parecer, incluso de piedra, de tamaños variables aunque más bien grandes (…), formaban parte inseparable del conjunto emblemático que rodeaba a todas las autoridades en el Tawantisuyu y –siempre en pareja- eran parte imprescindible de los rituales políticos reciprocitarios” (Martinez 2005:113). En épocas de la colonia, los queros, ya de madera, llenándose de imágenes y figuras, siguieron circulando dando continuidad a un sistema de registro, pero actuando en contextos distintos, bajo prácticas diferentes. Los queros pasaron a configurar emblemas de memoria, textos visuales andinos, con sus propias configuraciones, manteniendo estrechos puentes con los relatos orales (Martinez et al. 2014).

Aquí queremos dar mención a uno de los queros más tardíos registrados, asociado a la época republicana temprana y, en estrecha relación, a la época en el que se centra nuestro estudio (Flores Ochoa et al. 1998) (Figura 5). Se ha planteado que con este quero se “firmó” una alianza entre el cacique Choquehuanca (autoridad del Cuzco) y Simón Bolivar, luego de la batalla de Ayacucho (Flores Ochoa et al. 1997). Si bien aún cae en un marco de suposición; resulta sugerente su configuración escénica, muy distinta a las registradas en la colonia.

Figura 5. Quero republicano en Flores Ochoa et al. 1998
Figura 5. Quero republicano en Flores Ochoa <em>et al</em>. 1998

Khipus

Un último soporte al que haremos referencia es al sistema de registro de cordeles con nudos, denominado khipus. Sumamente conocido en épocas del Tawantinsuyu, los khipus no sólo persistieron en tiempos de la colonia, sino que también se los encuentra actualmente en uso en distintas comunidades de Perú (una de las más estudiadas fue la de Tupicocha en Huarochirí –Salomon 2004-). Pudiéndose pensar así una etnografía del uso y performance del khipu, ya no al servicio de la supervisión del antiguo régimen (sea este incaico, español o eclesiástico), si no como emblema de autoridad intracomunitario. Nos interesa dar cuenta de una comunidad campesina en particular, San Cristóbal de Rapaz (Provincia de Oyón, Perú), trabajada por Frank Salomon en la que, tras la elección de autoridades (o curacas) anuales, los khipus o “quipocamayos” se envuelven alrededor del cuerpo de la nueva autoridad, siendo así investidocon el poder del nuevo cargo (Salomon et al. 2011).

Los khipus históricos que aún se conservan en la Kaha Wayi (casa donde se celebran las asambleas anuales), en los extremos distales de sus cordones, tienen intercalados mechones de lana de distintos colores, cueros, pompones y figurinas (Figura 6). Es en este punto en el que quisiéramos detenernos.

Figura 6. Khipu de la comunidad de San Cristobal de Rapaz en Salomon et al. 2011:358
Figura 6. Khipu de la comunidad de San Cristobal de Rapaz en Salomon <em>et al</em>. 2011:358

Hay dos figurinas (en un cordel fechado entre 1809 y 1834) con uniformes particulares que recuerdan a los bandos patriotas de las guerras independentistas. Por un lado, uno que recuerda a un oficial del Batallón de Infantería de Granaderos (Figura 7, izquierda) y, por otro, a un montonero, miembro del ejército irregular de Simón Bolivar en territorio peruano (Figura 7, derecha). Llamados por los rapaceños “patriano” o “patriarcas” (seguramente en referencia a “patriotas”), éstos seguramente tuvieron algún tipo de interacción con los ayllus andinos, sea para aprovisionarse de alimento, para reclutar fuerzas o recabar información.

Sea como fuere, este tipo de registro nunca fue entendido, ni llegó seguramente a oídos de los patriotas, o de ninguna persona externa a las comunidades. Pero esto no quiere decir que no haya existido una narración sobre eventos históricos, no exista una revitalización de las narraciones y que no se vuelva resignificar cada vez que nuevos pasantes asumen su cargo.

Figura 7. Detalle de figurinas en Salomon et al. 2011:365 - 2011:367
Figura 7. Detalle de figurinas en Salomon <em>et al</em>. 2011:365 - 2011:367

A MODO DE CIERRE

Estas nuevas narrativas, estas “otras” representaciones, nos brindan una nueva imagen. Existe una historia y un modo histórico pre-encarnado en los khipus, los queros y el arte rupestre. Al ampliar el corpus de fuentes históricas, ampliamos nuestro conocimiento sobre las voces andinas. Desde una perspectiva “occidental”, habría una unidad representacional, un universo de soportes y espacialidades por las que podrían haber circulado las imágenes, ser representadas y observadas. Pero como vemos son múltiples y complejas. El arte rupestre, inmóvil en el espacio, lo significa y simboliza, pasando desapercibido por las autoridades hegemónicas. Los queros por el contrario, están al alcance, son visibles y, por ende, sufren permanentes transformaciones en sus cánones. Por último, los khipus, se mantuvieron impenetrables a la vista occidental, revisitando su historia año a año con el cambio de autoridades.

Como vemos las formas de relato son diferentes. La linealidad de la escritura, que metaforiza una determinada concepción epistemológica del tiempo (lineal, continuo, con un antes y un después), entra en superposición con relatos cíclicos, temáticos y multivocales. Creemos que por ello, necesitamos complejizar las voces que narran y recuperar un papel más democrático que el que hasta ahora, ha ejercido la escritura. De esta forma podría apreciarse un panorama identitario de mayor complejidad que el presentado hasta el momento.

Tomando Suipacha como punto de partida, tanto por su importancia histórica como por su relevancia como hito en las diversas identidades regionales, buscaremos abordar desde la integración de múltiples narrativas el complejo proceso socio-histórico conocido como guerras de la independencia. De esta forma intentaremos generar información que pueda dar cuenta de las preguntas esbozadas al inicio de este trabajo.

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