Se apunta dar a conocer aspectos de la vida material en un emplazamiento rural de Mendoza. Este constituye un caso de continuidad de usos pero con cambios en la producción llevada adelante desde el mismo. Se postula que las primeras ocupaciones históricas se vinculan al emplazamiento Jesuita que diera origen al nombre de la localidad San Pablo y del cual se conservan rasgos arqueológicos muy transformados. Estas explotaciones mayormente pecuarias habrían cambiado hacia un perfil más diversificado, de tipo agropecuario, coincidentemente con el mejoramiento de las condiciones materiales de vida de sus habitantes (ya no religiosos) hacia finales del siglo XIX y sobre todo comienzos del siglo XX. Entendemos que el análisis arqueológico permite ampliar la mirada sobre la vida en emplazamientos rurales hasta ahora poco indagados por la historia, que generalmente apuntó al análisis de tópicos más generales.
One scores to present aspects the material life in a rural location of Mendoza. This it ahead constitutes a case of continuity of uses but with changes in the production taken from the same. lt is postulated that the first historical occupations tie to the location Jesuit that gave to origin to the name of the locality San Pablo and which very conserve transformed archaeological characteristics. These mainly cattle operations would have changed towards a diversified profile more, of farming type, coincidently with the improvement of the material conditions of life of their inhabitants (no longer religious) towards end of century XIX and mainly beginnings of century XX. We understand that the archaeological analysis allows to extend the glance on the life in rural locations until now little investigated by the history, that aimed generally at the analysis of more general topics.
Aponta-se dar a conhecer aspectos da vida material numa localizacáo rural de Mendoza. Leste constitui um caso de continuidade de usos mas com mudancas na producáo levada adiante desde o mesmo. Se postula que as primeiras ocupacóes históricas se vinculam a localizacáo Jesuita que desse origem ao nome da localidade San Pablo e e do qual se conservam rasgos arqueológicos muito transformados. Estas exploracóes mayormente pecuarias teriam mudado para um perfil mais diversificado, de tipo agropecuario, coincidentemente com o mejoramiento das condicóes materiais de vida de seus habitantes (já náo religiosos) para finais do século XIX e sobretudo comecos do século XX. Entendemos que a análise arqueológica permite ampliar a mirada sobre a vida em localizacóes rurais até agora pouco indagados pela história, que geralmente apontou á análise de tópicos mais gerais.
El desarrollo económico de Mendoza, desde etapas coloniales, estuvo fuertemente vinculado con un avance colonizador del territorio desde el Norte hacia el Sur y la incorporación productiva del mismo en un proceso que desde la explotación pecuaria se diversificó hacia la agricultura (cerealera y vitivinícola sucesivamente) (Coria 1986, Figueroa 2008). De este modo, el Valle de Uco se transformó en un espacio de producción clave y a la vez frontera entre la sociedad indígena y europea (sobre todo entre los siglos XVI y XVIII). Esa base productiva, superando la autosuficiencia, generó los excedentes necesarios para integrar con creciente identidad la región de Cuyo dentro de una vasta red de intercambios tanto hacia el Río de la Plata como hacia Chile (Prieto 1989; Gago 2004; Prieto et.al 2004). Considerando el rol de lo rural en la configuración de la economía y la consolidación de esquemas sociales y políticos provinciales, si bien existe historiografía sobre tales desarrollos, las investigaciones arqueológicas son claramente deficitarias en contraste alo alcanzado en otros lugares del país (por ej. pampa: Brittez 2004, 2006; Brittez y Wibaux 2007). En Mendoza no existen antecedentes específicos sobre arqueología de emplazamientos rurales que contribuyan a explicar las características de las condiciones materiales de vida en la historia agraria de la provincia y su modalidad de inclusión en las dinámicas de globalización crecientemente impulsadas y definidas por el capitalismo, siendo por otro lado de importancia clave en la comprensión de la historia local y nacional. En ese caso estimamos que es mucho lo que puede aportarse con una mirada desde la materialidad (Orser 1996; Groover 2003).
Por esta razón y con el fin de dar continuidad al análisis del proceso histórico de la economía local y el impacto del capitalismo en la configuración de los consecuentes “modos de vida” (sensu Vargas 1985) en Mendoza durante el siglo XIX (Chiavazza 2009), llevamos a cabo investigaciones arqueológico- históricas y arquitectónicas en el casco abandonado de la Finca San Pablo, localizada en el piedemonte cordillerano del departamento de Tunuyán (Mendoza) (Figura 1). El trabajo consistió en la prospección, excavación arqueológica y relevamiento arquitectónico además de la búsqueda bibliográfica1 y el análisis de materiales, para completar de este modo un marco informativo relacionado con la instalación y desarrollo de un típico emplazamiento rural histórico cuyano.

Se constató que el sitio posee un gran potencial arqueológico para indagar las características y procesos de cambio que experimentaron las explotaciones rurales de Mendoza durante los últimos 200 años aproximadamente extensibles a unos 300 (a lo que se suman evidencias prehispánicas que elevan su antigiiedad a poco más de 400 años atrás).
Desde el punto de vista teórico (con base en las corrientes de la Arqueología Social Latinoamericana — Lorenzo et al 1979; Lumbreras 1981; Bate 1998; Mc Guire 2008; entre muchos otros) observamos que las relaciones de producción y reproducción social pueden analizarse en términos de oposiciones de mayor o menor igualdad-desigualdad socioeconómicas y de mayor o menor diversidad y homogeneidad sociocultural, que emanan y se reformulan en el capitalismo decimonónico según variables de distribución de la riqueza, ejercicio efectivo del poder (político y doméstico), acceso a la educación y la cultura (según edad, género, origen), inclusividad o distanciamiento social y justicia (jurídica). Justamente, detectar estos tópicos en la escala doméstica o del emplazamiento es sumamente difícil por carecer generalmente de documentación que responda preguntas en esta escala. Sin embargo, desde el análisis arqueológico se abren grandes posibilidades de lograrlo por medio de la recuperación de evidencias materiales de prácticas cotidianas, rutinarias y anónimas. Tanto que “(...) la arqueología de unidades domésticas ofrece excelentes posibilidades para analizar e interpretar el ejercicio de poder en las pequeñas acciones de la vida cotidiana” (Andrade Lima 1999:191). La cultura material aquí recuperada será altamente informativa de las actitudes, mentalidades y sensibilidades de sus acumuladores, así como de las divisiones culturales y límites sociales de la sociedad a la cual pertenecían (Andrade Lima 1999:91). Se estima así que las intervenciones arqueológicas sistemáticas en unidades de habitación, producción, reproducción, consumo y socialización, en ese núcleo básico de la sociedad, permite indagar prácticas poco documentadas por la escritura y nos posiciona con datos altamente calificados.
Los relevamientos de campo permitieron proponer las hipótesis que orientaron la última etapa del trabajo, consistente en el análisis particular de cada elemento mueble e inmueble y su articulación interpretativa desde un análisis estratigráfico, artefactual e histórico (Chiavazza y Canepuccia 2007). Los trabajos de prospección, recolección y excavación se realizaron en dos sectores: casas abandonadas del campo San Pablo y el corral de pirca ubicado a 400 m al Oeste de éstas.
Se analizaron dispersiones superficiales de materiales arqueológicos y se estableció su relación con las estructuras arquitectónicas. También se desarrolló un relevamiento arquitectónico, obteniendo el plano de base desde el cual referenciar las recolecciones de superficie y excavaciones. A partir de estas prospecciones se decidió trabajar en diferentes sectores procediendo a realizar recolecciones de superficie en las cuadrículas que luego fueron excavadas. Todo este trabajo se llevó a cabo con un sistema de mapeos tridimensionales realizados con nivel óptico, que en el caso de la casa incluyó tres estaciones y en el del corral dos. Los sectores que decidieron excavarse fueron ocho en el casco de la casa y cuatro en el corral de pirca (en este, luego de realizar un relevamiento topográfico).
Una vez realizadas las prospecciones y trazadas las cuadrículas de recolección se procedió excavar superficies que oscilaron entre los 0,50 m2 y 1 m2. Se realizaron siguiendo niveles de 10 cm. y atendiendo tanto las posiciones tridimensionales de los contextos arqueológicos como su relación con los estratos naturales y/o arqueológicos detectados.
Se llevó adelante el relevamiento de las dimensiones de las estructuras, como así también de sus características constructivas y el estado de conservación. Se apuntó a diferenciar etapas de edificación y correlaciones en el proceso de ampliación de las construcciones. También se realizaron cateos de pintura y relevamientos de estarcidos. El trabajo arquitectónico de estudio consistió en el análisis de los datos recopilados en el campo, su análisis y el desarrollo de planos y cortes de detalle, utilizando para ello programas informáticos tipo autocad. En este caso se obtuvo una planimetría en detalle de la casa y se pudo graficar el hipotético proceso de desarrollo constructivo de la misma, integrando de este modo, datos de excavación y análisis de materiales con el de la estructuras para validar cronologías de edificación. Entendemos entonces que el contexto arqueológico será entendido en sentido amplio, incluyendo datos derivados tanto de los conjuntos materiales y la estratigrafía como de los edificios.
La metodología del trabajo arqueológico apuntó a la conservación y restauración y ala catalogación y análisis de cada elemento. El resultado permitió acondicionar y embalar adecuadamente los artefactos y por otro lado se obtuvo un inventario tipológico cuantificado de los restos archivado en planillas de cálculos en formato digital.
Con el estudio de los materiales cerámicos se indagó acerca de las características en los modos de consumo (formales) y las tendencias a incorporar objetos de diversas procedencias en los usos domésticos. A su vez permitieron elaborar cronologías relativas a partir de las fechas conocidas de inicio de la producción, de ciertos estilos y diseños y su correlación con las dataciones de los contextos donde aparecen descartados (Schávelzon 1992). En este sentido son también básicos los estudios de elementos vítreos y metálicos, ya que en el contexto, permiten ajustar etapas de uso y descarte según las características tecnológicas que posean (soplado o molde en el primer caso y clavos forjados o cortados en el segundo) e indagar tendencias en determinados consumos (medicinas, bebidas alcohólicas, etc), analizando usos, mantenimientos y descartes de acuerdo con etapas de reemplazos de tecnologías y materias primas y la integración de ciertos territorios a la circulación de bienes. Hay que tener en cuenta que un objetivo intrínseco del uso de los metales y vidrios es la durabilidad, puesto que su inserción en la historia de la tecnología es resultado de la búsqueda de materiales que por un lado sean más eficientes, pero que por otro tenga una vida útil extendida y se reduzcan costos de mantenimiento en actividad durante lapsos extensos de tiempo (algo exactamente inverso alo que ocurrirá con el ingreso del plástico, incorporado con el fin de lograr un aumento exponencial en el consumo por medio de su descarte inmediato al uso). Los restos zooarqueológicos se analizaron según definición de taxones, considerando si son de animales silvestres o domésticos, autóctonos o exóticos, y en ese caso que proporciones presentan en los sectores de descarte y si formaron parte de la dieta (se estimó el cálculo de NISP). Esto permitió conocer su incidencia según el desarrollo de determinados sistemas productivos; como así también, observar reemplazos y persistencias en los patrones de consumo, que además de explicar cambios en las economías (Gil et al 2006), permite postular qué valoraciones y significaciones culturales giraron en torno a ciertas actividades (caza y captura) dentro de modos productivos que se definen como ganaderos a sí mismos.
De este modo, la materialidad es un buen piso de sustentación para conocer, explicar e incluso discutir aspectos de la configuración histórica de los sistemas productivos rurales recientes, ampliando, como en este caso, datos referidos a un emprendimiento del siglo XIX.
Se obtuvieron planos y detalles de los edificios que permiten sustentar las hipótesis referidas al proceso de construcción y transformación del terreno donde se fue desarrollando la ampliación del emplazamiento. La complementación de análisis estructurales, materiales y ornamentales en relación a las excavaciones y sus contextos, nos permitieron elaborar la hipotética secuencia de construcción, que incluyó un acondicionamiento y transformación del terreno. El resultado del trabajo fue un conjunto de planos de los cuales exponemos aquí sólo un par (Figuras 2 y 3).


Por medio del cateo de pinturas murarias pudimos descubrir una sucesión de capas encima de estarcidos practicados con diferentes técnicas y motivos en las habitaciones. En ese caso, se observan procesos de cambio técnico en los modos de elaborar estas ornamentaciones (Figura 4A y 4B).

Por medio del estudio arquitectónico se observa que en la secuencia de habitaciones que se materializaron en la casa, se emplearon diferentes materias primas y cómo esto influyó en las formas de adaptación de lo edificado previamente e incluso las características topográficas del terreno donde se asentó la estructura (Figura 3).
Desde el punto de vista estructural, la casa patronal de San Pablo aparece como la cristalización de un proceso que culmina entre 1910 y 1930, pero que se origina, se habita y se transforma desde mediados del siglo XVII hasta mediados del siglo XX. Esto se evidencia en las características arquitectónicas tanto constructivas como de los materiales empleados, el trazado de las ampliaciones, el destino a nuevas funcionalidades (cocina, baño, etc) y sobre todo observable en el análisis de índices de integración, escala y complejidad calculados a partir de la correlación entre nodos, sus conexiones y la accesibilidad (Blanton 1994 en Zarankin 1999: 253). Coincidimos en que estos aspectos contribuyen a entender tópicos de la vida doméstica, tanto por las funciones como por las significaciones que las arquitecturas denotan y connotan (Eco 1968 en Zarankin 1999: 245).
A partir del análisis de elementos constructivos, aplicaciones formas de cierres, materiales recuperados en excavaciones y su asociación a cateos murarios, se interpreta una sucesión de conjuntos en constante crecimiento. Estos se atribuyen a diferentes etapas: Conjunto 1 y 2: siglo XVII de piedra. Conjunto 3, 4, 6 y 7: siglo XIX de adobe. Conjunto 8, 10, 11, 12, 13, 14 y 15: siglo XIX hasta 1920 de adobe. Conjunto 5, 9, 16, 17, 18, 19, 20, 21 y 22 siglo XX (hasta 1930) mixto, adobe y ladrillo (Figuras 2 y 5).
En el análisis arquitectónico se enfoca el edificio como integridad, la suma total del proceso de acrecentamiento de los espacios y refuncionalización de muchos. En esa totalidad el indice de integración arroja un valor asimilable a las casas predominantes en la era del Capitalismo Industrial, dado por un índice de 1,4 (31 conexiones/22 nodos —Figura 5-). De todos modos hemos discriminado dentro del conjunto arquitectónico aquellos nodos que corresponden a diferentes etapas (líneas punteadas en la Figura 5, ver conjunto y cronologías en la Figura 3). Si bien las tendencias generales observadas en los índices de integración y de complejidad (según cantidad de conexiones por un lado y de accesibilidad de cada nodo con el exterior) poseen una caracterización propia de la modernidad (Zarankin 1999), al analizar estas situaciones en las diferentes esferas temporales detectadas se presentan variaciones. Esto es, que los índices del siglo XVIII contrastan con los del siglo XX, aún cuando éste integre las construcciones antiguas. El alto índice de escala y el de integración intermedio (según modelizaciones realizadas por Zarankin 1999) se asimila a las características de las casas urbanas, aunque cabe aclarar que los nodos aumentan pero las segregaciones no. Probablemente esto sea prueba de un aumento de habitantes pero en contextos de mantenimiento de interconexiones altos. Se observan en todo caso dos núcleos de control de circulación, probablemente relacionados con las funciones y las interacciones, en ciertos ámbitos favorables a la homologación (patios de uso común y patios restringidos y controlados desde por ejemplo una galería y sala) y en otros a la diferenciación (habitantes de conjunto y no habitantes del mismo) (Figura 5).

Se realizaron 12 excavaciones de sondeo, de las cuales ocho se ubicaron en el sector de la casa y cuatro en el sector del corral (Tabla 1).

La estratigrafía relevada varió según la posición en el terreno, su relación con la estructura y los procesos de nivelación observados. A su vez, los materiales variaron en cuanto a cantidad y diversidad en cada una de ellas. Realizamos a continuación la presentación de los resultados de acuerdo a las diferentes excavaciones.
En la matriz estratigráfica que se detectó en todo el sitio predominan los sedimentos limo-arenosos semicompactos marrones con pedregullos (en este caso muy húmedos). Se observaron diferencias entre capas según compactación y mayor o menor presencia de pedregullo. El cimiento de la habitación se desarrolla entre los 30 y 55 cm y apoya sobre un limo arenoso marrón oscuro con pedregullo. El muro se desarrolla desde los 20 cm hacia la superficie y se colmató por limos arenosos de grano más fino y otros derivados de la misma degradación de la roca y la argamasa que las une. El tipo de sillería de los muros obedece a la clasificación de opus insertum (la piedra natural canteada someramente en una cara y trabada irregularmente). En el perfil Oeste del pozo excavado, puede seguirse la cimentación de la estructura de cocina. El ligante tendría mayor contenido de cemento y las rocas, ademas de ser de dimensiones menores no presentan un ordenamiento claro. La profundidad de los cimientos llegan hasta los 65 cm aproximadamente.
Posee una composición sedimentaria general, similar a las de otros pozos excavados. Debajo de una delgada capa orgánica predominan los limos arenosos que conforme son más profundos se tornan más arcillosos. Se detectaron algunas lentes de arena que no alcanzaban a cubrir toda la planta.
Predominan los limos arenosos a más arcillosos según la profundidad. Los cimientos detectados se acotaban contra el muro y no se desarrollaban hacia el resto de la planta, llegando a la escasa profundidad de 12 cm. Un dato de interés es que se observó por debajo un sedimento compactado de roca rojiza degradada.
En este caso, si bien la composición sedimentaria es idéntica a la del resto del sitio, la matriz posee un grano más fino, suelto y mayor contenido orgánico. Se excavaron cuatro niveles, es decir hasta los 40 cm de profundidad de los cuales sólo los primeros 30 cm son arqueológicamente fértiles, lo que difiere de las excavaciones practicadas hacia el Sur de ésta.
Se destacan dos aspectos respecto de los niveles de superficie. Por un lado esta habitación es en la única que no se construyó un contrapiso. Por otro lado, la superficie interior se encuentra a unos 10 cm por debajo del nivel del exterior y además se observan abundantes restos del descarte de basuras (sobre todo huesos bastante completos de bovinos y ovinos). En la secuencia pueden observarse las rocas de cimientos, los que alcanzan una potencia de 30 cm y unas tres hiladas de rocas partiendo desde la superficie hasta la base del dintel de entrada. La capa matriz es limo arenosa con escaso pedregullo y notable abundancia de carbón y huesos. La potencia arqueológicamente fértil se da entre la superficie y los primeros 25 cm de profundidad.
La estratigrafía posee una potencia arqueológicamente fértil y continua de 180 cm. En este caso se diferenciaron cuatro capas básicas por encima del profundo nivel de rocas degradadas (a 180 cm). Esta excavación se ubicó en el costado de la galería del patio interno superior de las habitaciones de adobe (sector de la cocina ubicada encima de la habitación de piedra Sur). En general, el desnivel medido entre el patio huerta trasero (Oeste) y las entradas a las habitaciones de piedra (bajas en el Este) registra 258 cm. Si se considera este desnivel y el hecho de que hasta el nivel 18 de la excavación 6 es arqueológicamente fértil, se observa que se depositaron materiales en relación a tan sólo unos 11 cm por encima del nivel actual de entradas de las habitaciones de piedra en el sector posterior a estas. Este dato evidencia los fuertes procesos de alteración (posiblemente antrópicos) registrados en el sitio. Esto tanto por excavación para instalar las habitaciones de piedra, como por relleno, para elevar los niveles del patio interno (Figura 6).

En esta excavación la capa superficial es un limo arenoso fino muy polvoriento, producto del pisoteo actual. Esta delgada capa es sucedida por una de limos arenoso muy seco con pedregullo con poco desarrollo y otra también poco espesa de limo arenoso con roca amarillenta degradada. Estas apoyan sobre una matriz limo arenosa muy húmeda y orgánica, con abundantes raíces y algunos clastos. La potencia arqueológica es de 180 cm, es decir que corresponde a todo el relleno ubicado por encima del nivel de roca.
Las excavaciones se realizaron a partir del nivel de tierra que se encontraba debajo de un piso de baldosas de cerámica cuadrangular de 19 x 19 x 4 cm. Este ha sido prácticamente desmantelado y es evidente que no asentaba en un contrapiso de cemento, sino de tierra. La estratigrafía se caracteriza por un sedimento limoso sumamente fino, polvoriento y muy seco en los primeros niveles (con mucho contenido de cal), seguido de inmediato por uno más húmedo y orgánico. Por debajo se torna más arenoso y en general está también muy seco (éste pudo ser justamente el asiento del piso de baldosas).
Se hallaron rocas alineadas y oblicuas ala línea de la fachada de la galería.
Éstas se desarrollan desde los 30 cm de profundidad en adelante. De acuerdo con la superficie excavada no pudo distinguirse si se trata de una estructura.
Esta excavación se emplazó en una huerta localizada en la parte posterior de la Nave Oeste (moderna) del edificio. Se observó un primer nivel afectado por el uso del sector para cultivos. Se registraron surcos de aproximadamente 20 cm de profundidad. La superficie presentaba materiales modernos mezclados con restos líticos prehispánicos por lo cual se podía observar la perturbación generada en las labores de labranza.
La capa superior presenta un limo marrón orgánico, por debajo de la cual este limo se torna más arenoso y húmedo. En profundidad no se observan diferencias respecto de la matriz salvo por el aumento en cantidad y tamaños del pedregullo.
Hemos definido tendencias temporales a partir de inferencias cronológicas derivadas del análisis de técnicas de elaboración de los materiales. Esto permite proponer la existencia de dos componentes básicos: prehispánico y posthispánico. Se caracterizan por ser bajas las cantidades en el caso de los materiales prehispánicos tardíos (Viluco circa 1450), posthispánicos coloniales (siglo XVIII) y de la primera mitad del siglo XIX, pero son significativamente altas las cantidades del período dado entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX. Estas tendencias son en general consecuentes con los niveles excavados, aunque se observaron algunas distorsiones por efectos post-depositacionales, que atribuimos principalmente a los procesos de edificación. No es objetivo final de la investigación desarrollar tales tipologías y secuenciaciones, pero si resultan el primer paso clave para las posteriores propuestas analíticas que se desarrollen (teniendo en cuenta el desconocimiento absoluto del proceso ocupacional del sitio).
Las excavaciones de la casa se realizaron atendiendo la diferencia de niveles entre un sector de patio interno superior y un sector de fachada exterior en la parte más baja. En el primer caso las excavaciones se asocian a estructuras de adobe y en el segundo a estructuras de piedra, habitaciones estas, que sostienen la parte superior de adobes. La construcción de los corrales correspondería al uso de la técnica de pircados y se analizaron también por separado. Los materiales recuperados en las excavaciones son lítico, cerámica, loza, vidrio, metal, hueso, orgánico y constructivos. Las cantidades por excavación varían notablemente (Tabla 2).

La relación entre cantidades de elementos y diversidad de clases catalogadas varía, lo que sería consistente con los diferentes usos y orígenes de las acumulaciones. Las excavaciones 1 y 3, si bien presentan cantidades claramente distintas (la mayor se registra en la excavación 1 y una de las menores cantidades es de la excavación 3) se observa que presentan las mayores proporciones en cuanto a diversidad de clases (figura 7).

Un dato que es de interés remarcar lo constituye el hecho de que tanto en las excavaciones del sector del casco como de los corrales se recuperaron restos líticos y cerámicos indígenas. Aun considerando que no se definieron contextos clara y excluyentemente prehispánicos (pisos de ocupación), su descubrimiento en gran parte de las excavaciones, permite postular el uso prehispánico de este mismo sector al menos en actividades de talla lítica y descarte cerámico de uso probablemente doméstico, aunque los restos no permiten avanzar más allá de estas interpretaciones.
En cuanto a las cerámicas posthispánicas se presentan con porcentajes variables en las diferentes excavaciones, predominando el material en sectores de descarte (en donde se emplazaron las excavaciones 1 y 2 y asociadas a un sector de basurero en la parte baja de la habitación correspondiente a la cocina) (Figura 8).

Por razones de espacio optamos por presentar los resultados del análisis de las excavaciones 1 y 6. Esta elección se debe a que las mismas presentaron tendencias dentro de las que podrían integrarse cualitativamente las de los otros sectores intervenidos, pero presentan secuencias diferentes, destacándose la potencia de la excavación 6, lo que se asocia al proceso de transformación del espacio (terreno sobreelevado) a lo largo de 200 años aproximadamente.
En la excavación 1 se recuperó el 47% del material lítico obtenido en todas las excavaciones de San Pablo. Estos corresponden a diferentes materias primas y representan distintos estadios en el proceso de reducción (talla de la piedra) ejecutado probablemente por grupos indígenas que habitaron el sector antes de que se concretara el emplazamiento histórico.

El nivel 8 presenta mayor cantidad y diversidad de elementos, con restos derivados de la talla primaria, secundaria, el retoque, la formatización, además de desechos indiferenciados. Esta correspondería a una secuencia tecnológica de reducción extensa. Los niveles 6, 9 y 5 poseen restos derivados de otros estadios de reducción y el descarte, aunque la cantidad de materiales es menor. Los niveles 1, 2 y 4 presentan escasos materiales (Figura 9).
Respecto de la diversidad de materias primas, la excavación 1 presenta restos derivados de un amplio repertorio de rocas explotadas (Figura 9 y 10). De ellas, las obsidianas y silíceas corresponderían a materiales no disponibles en las inmediaciones del sitio; ya que el resto de las materias primas, en una rápida evaluación preliminar, están disponibles en el sitio.


Si bien los materiales líticos no son abundantes, la concordancia entre la aparición de desechos de talla e instrumentos y cerámicas indígenas, sugieren que el sitio fue ocupado por grupos indígenas que, de acuerdo con las tipologías alfareras, corresponderían a etapas prehispánicas tardías y coloniales tempranas (entre los años 1400 y 1600 aproximadamente). Justamente en el nivel 8 fue donde se recuperó el único tiesto indígena de la secuencia estratigráfica.
Sin embargo hay que aclarar que las evidencias no son definitivas con respecto a que las ocupaciones se hayan registrado en este mismo punto, ya que se comprobó que el sitio fue objeto de procesos de alteración de acuerdo con evidencias de remoción de sedimentos (la que estimamos que se produjo fundamentalmente entre fines del siglo XIX e inicios del siglo XX).
Los materiales cerámicos recuperados en la excavación 1 se distribuyen en 12 tipos (entre cerámicas rojas e indígenas, lozas y porcelanas) (Tabla 4).

En general predominan las lozas con un 96% distribuidos en ocho tipos, de los que se destacan: creamware lisa (39,5%), creamware impresa (25%) y Witheware lisa (20,1%). Las porcelanas (blanca y oriental) ascienden al 1,6% y las cerámicas rojas al 2,4% e indígenas al 0,8%. Se observa una mayor concentración y variabilidad de tipos cerámicos en el nivel 1 (N=7). Siguen en cantidad los materiales procedentes de la superficie y el nivel 2, aunque este segundo presenta mayor diversidad (N=5). Los niveles con mayor homogeneidad (es decir con un solo tipo de cerámica) son los niveles 5 (porcelana oriental), 6 (cerámica roja), 7 (whiteware anular). En el nivel 8 se recuperó además, el único fragmento atribuido a tipologías indígenas de esta excavación.
Los materiales vítreos recuperados en la excavación 1 suman 1.030 elementos que corresponden a formas reconocidas y fragmentos. Se observa una notable concentración en el nivel 1 y la ausencia total en los niveles 3 y 6. Entre los materiales reconocibles se observa un predominio de recipientes, sobre todo destinados a contener líquidos. Si bien se destacan los fragmentos de botellas y frascos, son altos los porcentajes correspondientes a fragmentos de vasos y frascos de medicinas. Es llamativa la escasa cantidad de vidrios planos. Los vidrios, como las cerámicas, brindan la posibilidad de realizar inferencias temporales a partir de rasgos tecnológicos, formales, funcionales y de las marcas que poseen (García 2005 para el caso de Mendoza, Schávezlon 1992). En este sentido en la excavación 1 se definieron vidrios correspondientes al siglo XX, los que pueden diferenciarse a su vez entre los correspondientes a principios y a finales del mismo. En la secuencia los vidrios manifiestan una distribución continua y con relativa coherencia, ya que predominan los de la segunda mitad del siglo XX en los niveles superiores (superficial y 1) y los de la primera mitad en los niveles 2 y 4. Aunque resulta significativa la ausencia de cualquier ítem vítreo en el nivel 3.
En esta excavación, se hallaron cuatro fragmentos con retoques y saltaduras que los vincularían con trabajos de raspado (artefactos expeditivos logrados por medio de la preparación del ángulo de los filos). Este tipo de material en contextos de fortines de finales del siglo XIX en la Región Pampeana han sido interpretados como instrumentos que cumplieron las mismas funciones que raspadores líticos (Conte y Gómez Romero 2003). También los hemos hallados en un emplazamiento minero del Noroeste de Mendoza para contextos de fines del siglo XIX e inicios del XX (Chiavazza y Prieto Olavarría 2008; Sironi 2009) aunque no podemos asegurar que este caso sea el mismo.
Los materiales metálicos recuperados en esta excavación corresponden a sobre todo a elementos vinculados con la construcción (por ej. clavazón y chapas) y los procesos productivos (por ej. alambre). Estos a su vez se concentran en los niveles 1 y 6. Gran parte de los materiales son atribuibles a la primera mitad del siglo XX como en el caso de los materiales vítreos y lozas. Por lo tanto, estas tendencias confirman la potente visibilidad arqueológica de tal período, sobre todo en los niveles de excavación superiores y que se asociarían al descarte desde la cocina (de construcción tardía), ubicada justo encima de esta excavación.
En la excavación 1 también se recuperó una muestra abundante y diversa de taxones zooarqueológicos. La representación de fauna introducida (según cálculos de NISP) es mucho más diversa que la autóctona. En esta excavación fue en la única que se hallaron restos de pescado y si bien son predominantemente introducidos, no se descarta la posibilidad de que los restos indiferenciados correspondan a especies autóctonas (Figuras 11 y 12).


En general se observa mayor variabilidad y cantidad de huesos correspondientes a especies introducidas. A su vez en la distribución secuencial se detecta un predominio que desde el nivel 6 es constante en cuanto a las especies introducidas sobre las silvestres. Sin embargo en el nivel más profundo, los huesos de las especies reconocidas como autóctonas van por encima de los de las introducidas (nivel 7). Estos datos indican no sólo que hay mayor representación de huesos de especies introducidas, sino que además, estos corresponden en general a animales de tamaños grandes, medianos y pequeños, en tanto que los autóctonos, salvo por el caso de la presencia de guanaco, se concentran en animales de tamaño más bien pequeño y muy pequeño. Estos datos sumados a la abundancia de restos de talla lítica y la presencia de cerámica indígena hacia los niveles más profundos, la disminución e incluso ausencia de vidrios y metales en los mismos niveles, reafirmarían la idea de un sustrato ocupacional indígena en el sector, pero con persistencias en los consumos de especies autóctonas durante el período posterior. En esta excavación no se recuperaron cáscaras de huevo y las astillas suman los 182 especimenes distribuidos en diferentes longitudes y estados. Las tendencias cuantitativas y cualitativas de las astillas (25 % de termoalterados y longitudes 73% menores a 3 cm y 26 % menores a 5 cm) sugieren que el sector efectivamente correspondió a uno de descarte de actividades domésticas (cocina). El núcleo en cuanto a cantidades se registra entre los niveles 1 y 2.
En total se excavaron nueve niveles. La potencia arqueológica es de 85 cm, debajo de los cuáles el material desaparece, aunque debemos aclarar que ya desde los 60 cm disminuye notablemente.
La definición de argamasa como ligante en los cimientos e hiladas inferiores de los muros de rocas permite postular una construcción antigua, hipotéticamente previa al siglo XIX. Esto sería consistente con el hallazgo de materiales cerámicos como lozas creamware y pearlware en profundidad y a tan sólo 2 m de este pozo (en la excavación 2). Los resultados del análisis de los materiales de esta excavación nos permiten seguir sosteniendo la hipótesis de la cronología de fines del siglo XVIII para dos de las habitaciones de piedra y, en ese caso, el probable origen jesuita de las mismas3. Si bien los materiales arqueofaunísticos, resultan de la explotación y consumo simultáneo durante períodos posthispánicos de especies silvestres (guanaco, armadillo) y domésticas (vacunos, cerdos, aves de corral y ovicápridos), en los niveles más profundos, donde se recuperaron restos cerámicos y líticos de origen prehispánico, se detecta un predominio de las especies autóctonas. Esta es una característica generalizada en los contextos coloniales excavados en Mendoza (Chiavazza y Prieto 2001; Chiavazza 2003, 2006) y por lo tanto, otorga argumentos para sostener la hipótesis de una utilización sucesiva del mismo emplazamiento, aunque con características diferentes, durante etapas prehispánicas y posthispánicas, con particular visibilidad de uso durante finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Si bien los vidrios y los metales hallados corresponden a elementos tipológicamente adscribibles al siglo XX es importante mencionar que se recuperaron en los niveles superiores de la excavación. Por otro lado, si el emplazamiento correspondiera a la Compañía de Jesús, no caben mayores expectativas de hallazgos de estos tipos de materiales correspondientes al siglo XVIII debido a que, como se señala en los inventarios de la expulsión de los Jesuitas, los mismos no habrían sido abandonados en los sitios, sino inventariados y trasladados, cuando no puestos bajo tutela de la Junta de Temporalidades convocada a tal efecto.
Los materiales recuperados manifiestan una importante diversidad y cantidad. Estos son los siguientes (Tabla 5):

Los materiales líticos recuperados en esta secuencia suman los siete elementos. El único instrumento corresponde a un filo pulido y desgastado. Si bien se registran desde el nivel 4, la mayor cantidad se concentra en el 15. Entre las materias primas existe un predominio de las locales sobre las no locales, en este sentido el porcentaje de las silíceas es elevado.
Si bien en relación al volumen excavado el material cerámico es escaso, en esta excavación se registra una importante diversidad tipológica de cerámicas posthispánicas (Figura 13). Es relativamente alta la cantidad de materiales cerámicos atribuidos a manufactura indígena que se recuperaron, sobre todo en los niveles más profundos y asociados en ese caso a los niveles de la superficie de las habitaciones de piedra. Estos resultados son consistentes con las ideas planteadas a partir de los registros analizados en la excavación 1.

Los materiales vítreos en esta secuencia no son abundantes y predominan fragmentos sobre piezas grandes (por ej. se halló una botella de vino del siglo XIX rota sólo en el pico a 120 cm de profundidad). Sin embargo se presentan en la secuencia de modo continuo desde el nivel 1 hasta el 17 (Tabla 6).

Los materiales son predominantemente elementos vinculados con la construcción y específicamente las clavazones. Se hallaron elementos tardíos hasta el nivel 15 (por ej. chapa); lo que demuestra los fuertes niveles de perturbación y sobre todo de agradación, generada en este sector de patio interno (Tabla 7).

Los restos zooarqueológicos recuperados en la excavación 6 son abundantes y representan diversidad de especies, tanto autóctonas como introducidas (Tabla 8).

En esta excavación, aún recuperándose una importante diversidad de especies, la representación de fauna autóctona es escasa y se limita sólo a guanaco y ñandú, animales que de todos modos son de tamaño grande (comparados con los tamaños de animales autóctonos pequeños recuperados en otras excavaciones). El mayor NISP de especies introducidas corresponde a ovicápridos, seguido por el de vacunos, gallina, caballo y cerdo (Figura 14).

También en esta excavación se recuperó una importante cantidad de astillas (Tabla 9), la más alta de todas las excavaciones.

En relación a los materiales indiferenciados, predominan astillas menores a tres centimetros y el porcentaje de termoalteradas es del 3%. Estas cantidades se vinculan con la posición de la excavación, en el patio interno y asociada a la cocina.
Esta excavación permite observar un elemento clave en la configuración del sitio. La evidencia de una posible mezcla (si no inversión) de la estratigrafía, no percibida tanto por la composición sedimentaria como por las inclusiones de artefactos de diversas cronologías en niveles sin coherencia sucesiva. De este modo, por medio del análisis de las tendencias materiales, si bien las cerámicas indígenas y restos de talla lítica se registran en los niveles profundos, es llamativa la existencia de materiales del siglo XIX en niveles profundos.
Esto nos llevó a postular que el sector correspondiente al patio central fue levantado por lo menos por 1,70 m de sedimentos, probablemente aportados de préstamos tomados al sector donde se emplazó la Nave Oeste del conjunto arquitectónico (de principios del siglo XX pero que remontariamos con los análisis realizados a fines del siglo XIX).
Se recuperaron materiales correspondientes al período comprendido entre los siglos XV circa (prehispánica) y siglos XVIII, XIX y XX. Si bien en las impresiones de excavación estos no sugerían una coherencia sucesiva, al realizar los análisis pormenorizados observamos que los materiales indígenas se concentran en niveles inferiores y que en los mismos las inclusiones de lozas y vidrios se limitan a escasos ejemplares. De todos modos, en los niveles superiores también se recuperaron materiales tempranos, lo que permite sostener la idea de un fuerte proceso de remoción y nivelación del terreno en donde se constituyó el patio interno. Esto supuso subir el nivel (seguramente alto) del sector posterior de las habitaciones de piedra.
En datos documentales se menciona que hacia el siglo XVIII los Jesuitas disponían de un campo llamado “Finca San Pablo” en el valle de Uco (Verdaguer 1931). Evidentemente la toponimia no debe descartarse y postulamos que existen evidencias para sostener que el sector, y ciertos elementos constructivos, podrían corresponder a la etapa en cuestión. Si bien esto fue descartado (apresuradamente a nuestro entender -Schávelzon 2007), consideramos que hay elementos que al ser analizados más profunda y detenidamente pueden sostener la hipótesis de ocupaciones durante ese lapso. Las características ocupacionales demuestran corresponder a una secuencia relativamente continua de uso de este mismo lugar por lo menos durante los últimos 400 años circa (es decir, desde etapas prehispánicas). Sin embargo en el proceso, el impacto generado por las orientaciones económicas y las edificaciones consecuentemente implantadas durante la transición entre los siglos XIX y XX, generaron distorsiones muy fuertes sobre evidencias que, conforme más antiguas son, más fácilmente se diluyen por su baja “señal” arqueológica.
No consideramos conclusiones definitivas y preferimos mantenerlas en el campo de las hipótesis, aunque con un grado relativamente alto de corroboración gracias a la evaluación sistemática de los edificios, las excavaciones y los vínculos entre éstas y los artefactos recuperados. Lo que si está claro, es que el sitio comienza su proceso de formación con fuerza durante el siglo XIX, con el creciente advenimiento del capitalismo, y de lo que no existen dudas es que sobre esta base se estructuró el desarrollo posterior tendiente a consolidar el emplazamiento rural planteando un cambio tanto en las tecnologías de edificación, como en las segregaciones y usos de los espacios (dentro de un claro patrón transicional hacia la modernidad). Un hallazgo relevante es el de estarcidos en los muros de diferentes habitaciones, los que además aparentan corresponder a diferentes técnicas, estilos y manejo de colores, usados en diferentes períodos. La localización de tales motivos, en diferentes espacios, ayuda a interpretarlos en relación a usos y usuarios. Es decir, se decoran los espacios de uso limitado y segregados si se consideran los índices de accesibilidad estudiados.
En definitiva gracias al relevamiento arquitectónico, topográfico, arqueológico estratigráfico y de materiales se comprobó la diacronía del proceso constructivo de la casa. El mismo es asimilable al proceso de transformación socioeconómico y cultural, cuando pasará de emplazamiento productivo a ser el lugar de habitación de los propietarios. Pueden observarse concordancias cronológicas entre las ocupaciones de 1860 aproximadamente, en la casa y con los corrales donde pese a que el material recuperado fue muy escaso si fue lo suficientemente diagnóstico a nivel cronológico (hallazgo de botellas cuadradas). Por lo tanto a este período puede postularse la construcción de los corrales y a la ganadería, por lo que se relacionaría con el auge económico que condujo alas ampliaciones y mejoras de fines del siglo XIX en la casa del casco. Por su lado, y en contraste con el aprovisionamiento de animales domésticos (ganadería), la ingesta de proteínas mantiene el consumo de fauna autóctona silvestre, lo que permite postular actividades de caza que van más allá de la subsistencia y se relacionan a prácticas de mayor visibilidad social por parte de los propietarios del campo (caza de guanacos sobre todo).
En este sitio fue clave analizar los materiales y las técnicas utilizadas en las construcciones y cruzar esto con los datos de estratigrafía y contextos arqueológicos hallados, que en términos cuantitativos demuestran una fuerte señal arqueológica para el período de final del siglo XIX e inicios del XX (resultado de la notable expansión en el consumo). A su vez, los relevamientos de muros y capas de pintura permitieron descubrir diferentes motivos y tipos de pintura mural en el edificio correspondiente al sector Norte del complejo. Estos corresponden a un período de auge dado por una gran inversión en obras en el sector de la casa.
De acuerdo con lo analizado de modo preliminar, se corroboró entonces un proceso de edificaciones en cuatro fases: 1. Siglo XVII. Dos habitaciones de piedra de la planta baja. 2. Siglo XIX. Habitaciones de piedra Norte, edificios encima de las de piedra. 3. Siglo XIX. Nave Norte (lapso de auge del emplazamiento posterior a 1850) y 4. Siglo XX. Nave Oeste y cocina (hasta 1920).
A través de las excavaciones arqueológicas realizadas de acuerdo con hipótesis acerca de la historia de la edificación, hemos alcanzado datos calificados para confrontar con aquellos derivados del análisis arquitectónico, logrando comprobar que el sitio donde se levantaron las construcciones estuvo habitado por grupos indígenas previamente (evidenciado en cerámicas de tipología Viluco y productos resultantes de la talla de artefactos líticos).
Las habitaciones de piedra se habrían edificado en el siglo XVIII, esto considerando que fueron rehabilitadas en el contexto de la segunda etapa, que entendemos parte de un proceso constructivo posterior, iniciado en el período comprendido entre 1850 y 1920 en diferentes fases, según el siguiente orden temporal: A. Habitaciones de piedra del Norte y las dos de adobe encima de estas. B. Nave Norte y corrales y C. Nave Oeste y cocina.
Estimamos que el estudio de los elementos arqueológicos recuperados su análisis, acondicionamiento y catalogación permitió certificar gran parte de las hipótesis e ideas con las que emprendimos el proyecto. En definitiva los datos arqueológicos permiten corroborar que el emplazamiento San Pablo se produjo sobre un sustrato de ocupaciones indígenas preexistentes, evidenciadas en la cerámica y restos de talla de instrumentos líticos.
También se sigue sosteniendo que ciertas partes de las edificaciones son coloniales (al menos del siglo XVII en adelante). Esto coincidiría con datos que mencionan la exposición de las estancias a los ataques indígenas. Existen referencias a decretos de seguridad para con los habitantes y las estancias del Valle de Uco y Jaurua contra los asaltos de los indios “pampas” que estaban en las riberas del río San Pablo y Los Sauces con intenciones de “invadir dichas estancias” (Verdaguer 1931: 296-297). Si bien los datos arqueológicos que afirman la idea se refieren sobre todo a restos cerámicos, es verdad también que la diferencia entre ciertos elementos y técnicas de las edificaciones permiten suponer que dos de las habitaciones de piedra son preexistentes y fueron refuncionalizadas a lo largo del siglo XIX y claramente integradas en el proyecto arquitectónico del apogeo del campo, producido entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, que constituyen los períodos con la señal arqueológica más fuerte. De este modo puede comprobarse que existen evidencias para certificar la antigiedad de las ocupaciones humanas en este sector desde etapas indígenas, pasando por las edificaciones del siglo XVIII y XIX hasta las primeras décadas del XX, justamente cuando la economía provincial integrada dentro del marco del capitalismo y la división internacional del trabajo comience su proceso de transformación, posterior a la crisis mundial de 1929.
1. En este caso tomamos conocimiento de un informe elaborado por el arquitecto R. Ponte y otros en 1999, Lamentablemente no pudimos acceder al mismo pero por referencias de D. Schávelzon (2007) y un manuscrito elaborado por él, avanzamos sobre las interpretaciones allí propuestas.
2. Relevamiento desarrollados junto con el arquitecto Pedro Cannepuccia (CIRSF)
3. Un problema de tipo teórico en arqueología es la referencia de contextos materiales a grupos étnicos o sociales. De acuerdo con lo analizado, aún contando con evidencias que “rozan” las cronologías de la etapa jesuita de ocupación en el Valle de Uco (que la documentación señala para el campo San Pablo), es sumamente arriesgado establecer la pertinencia de ciertos objetos a la producción o consumo de una orden religiosa. Sin embargo la cronología de los antecedentes historiográficos postuladas para explotaciones occidentales en etapas coloniales, permiten sostener preliminarmente la hipótesis de la ocupación colonial y en consecuencia, probablemente jesuita, de estas estructuras. La definición de elementos indígenas podría ajustarse al caso de indígenas que habitaron el sector bajo la tutela de la orden aunque esto es ya una especulación que requiere una meditada y detallada investigación de mediano plazo por lo menos.
Al equipo de trabajo de la UNCuyo-CIRSF: C. Prieto Olavarría, P. Canepucia, V. Tobar, K. Castañar, L. Mafferra, L. Castillo; M. Quiroga; M. López, F., Puebla, E. Araujo, C. Frías; J. Anzorena Vanesa García, Valeria Zorrilla y Lorena Puebla. Al ing G. Soto y los Sres Videla, Ángel y Mariño del campo San Pablo. Agradezco especialmente a la arquitecta Eliana Bórmida quien posibilitó la realización del trabajo por su intermediación con la empresa Bodegas Salentein, a la cual agradecemos el apoyo brindado para la realización de esta investigación. Las opiniones aquí expresadas son de mi responsabilidad.
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