En este trabajo se considera la aplicación de métodos geo-estadísticos en el sitio Fortín Otamendi (1858- 1869). Se trata de un asentamiento militar ubicado al Sur de la Provincia de Buenos Aires, perteneciente al período histórico denominado “La conquista del desierto”. El trabajo arqueológico de campo en dicho sitio permitió la recuperación de una materialidad concreta, a la que se le aplica el análisis geo-estadístico. Básicamente para conocer cuál es la estructura espacial de las poblaciones registradas. El resultado del análisis es el contraste de un patrón netamente aleatorio de la distribución de los restos materiales en el área excavada de Fortín Otamendi. Este trabajo explica cual fue el método empleado para arribar a tal conclusión, y su valoración el que, a su vez será aplicado en otros sectores del yacimiento.
This paper considers the application of geo-statistical methods in Fortlet Otamendi (1858- 1869) site. Military settlement localised at the south of Buenos Aires Province, and it belongs to the historical period denominated “The conqueror of the desert”. The archaeological fieldwork in this site allows the recuperation of one specific materiality. This type of materiality receives the application of the geo- statistical method. Basically for know which is the spatial structure of the population statistics presented. The results of this application is the attainment of an absolutely random pattern into the spatial dynamic that characterized the distribution of material debris belong to the Fortlet Otamendi's archaeological dig zone. This article explains which was the methodological step to find that conclusion and considers future applications in others sectors of the same site.
Neste trabalho se considera la aplicacao de metodología geo- estatística nel sitio Fortím Otamendi (1858- 1869). Assentamento militar ubicado ao sul da Província do Buenos Aires, pertenecente ao período histórico nominado “A conquista del deserto”. O trabalho arqueologico do campo neste sitio permiteu a recuperagao de uma materialidade concreta. Materialidade sobre a cual aplicar- se analise geo-estatístico. Básicamente pra conhecer cual e a estrutura espacial da povoacao registrada. Os resultados da aplicacao mostram a obtencao de um padrao netamente aleatório na dinámica espacial que caracteriza a la distribuicgao dos restos materiais nel área escavada de Fortím Otamendi. Este trabalho explica cual foi a metodologia empregada pra aportar a tal conclusao e considera futuras aplicacaos do mesmo método em outros setores do sitio.
En la región pampeana argentina el avance del capitalismo determinó la invasión de terrenos todavía virgenes a la posterior implementación de este modo de producción. Territorios ocupados por diversas parcialidades de grupos indígenas que fueron sojuzgados y conquistados militarmente. La puesta en práctica de este proceso se efectuó ideando líneas de fronteras relativamente móviles, conformadas por estructuras militares construidas con madera, adobe, y a veces, las menos, con ladrillo o bloques de piedra. Estos emplazamientos fueron los fuertes, los cantones, y los fortines.
El objeto de este trabajo se centra en la aplicación de métodos geo- estadísticos a los datos obtenidos mediante excavación arqueológica en una de estas estructuras militares de campaña: el Fortín Otamendi, situado en el partido de Benito Juárez, Provincia de Buenos Aires y ocupado entre 1858 y 1869.
Hacia principios de la década de 1860, la línea de fronteras denominada “del Sud”, estaba constituida por los fortines, Barrancosa -u Otamendi-, el Miñana, el Perdido, el Estomba y el Esperanza, todos dependientes de la “Comandancia de Fronteras” situada en la actual ciudad de Azul.
Thill y Puigdomenech, en su obra reciente (2003) “Guardias, fuertes y fortines de la frontera sur” refieren a que el 13 de septiembre de 1856, el coronel Rivas, por entonces jefe de la frontera Sur, manifiesta, en carta dirigida al Ministerio de Guerra, la necesidad de construir un fortin en la laguna de “La Barrancosa”; además de solicitar autorización para contratar peones vascos que se encargaran del zanjeo. La futura estructura militar de campaña se denominaría “Fortín Barrancosa” a partir de la cercanía a la laguna homónima, espejo de agua de 200 hectáreas de extensión, con una profundidad máxima de cuatro metros.
El 17 de mayo de 1859, el mismo coronel informa que se habían concluido los trabajos de zanjeo y potreros e iniciado la construcción de las cuadras. El señor Cos había facilitado la madera (el mismo señor Cos que aparece mencionado en cuestiones de estructuras líticas de las sierras de Azul, Ramos com- pers). Mientras que el 18 de septiembre del mismo año, Rivas pide al ministro de guerra Zapiola “20 carpas para la tropa y 4 para oficiales, pues el personal dormía a la intemperie hasta que finalizaran los alojamientos” (Thill y Puigdomenech 2003: 101). El 23 de octubre del 18586, el estado de Buenos Aires dicta un decreto para cambiar el nombre de algunos fortines de la línea de fronteras “por tener denominaciones impropias o poco significativas” (Thill y Puigdomenech 2003: 101). El “Fortin Barrancosa” pasó a llamarse “Fortin Otamendi” en honor al Teniente Coronel Nicanor Otamendi, quien murió en combate contra los indios de Yanquetruz en las cercanías de este fortín en la batalla llamada de San Antonio de Iraola, en el año 1855. Una lista de revistas del año 1861, manifestaba que la dotación de este fortin era de 52 soldados (AGN 20-7-2). A su vez, un documento del Servicio Histórico del Ejército del año 1862 (SHE 3- 20115), determina que la guarnición era de 28 y según la Memoria de Guerra y Marina de 1864, la dotación era de 33.
Este yacimiento arqueológico está siendo investigado desde el año 2003, por un equipo interdisciplinario y los resultados de estas intervenciones arqueológicas han sido publicadas en diversos medios (Gómez Romero 2007 a y b; Camarós et. al 2008; Gómez Romero y Oliva Benito 2008; Maximiano 2008; Landa et. al 2009; entre otros).
El concurso de vías analíticas e interpretativas que conecten los restos arqueo-gráficos con información escrita es un proceso complejo en tanto que el investigador no sólo debe partir desde la parcialidad de la fracción material recuperada, sino que se espera que aquella debe guardar algún tipo de conexión con las fuentes escritas que describen una serie de hechos y coyunturas históricas (Maximiano 2005).
El caso del Fortín Otamendi es un buen ejemplo de este enfoque ya que nos encontramos con una serie de evidencias materiales, la falta de otras y además, contamos con un conjunto de documentación perteneciente a los clásicos de la bibliografia de este tema (Walter 1964; Ebelot 1968; Prado 1970; García Enciso 1980; entre muchos otros) mediante la cual se describe qué era un fortín y, al menos sucintamente, cómo se vivía en él. A partir de dicha información documental por ejemplo se conoce que estos asentamientos estaban ocupados por escuadrones de caballería, existiendo por lo tanto una estructura construida ad-hoc para contener a los caballos (corral) y otra, que albergaba a la dotación militar (García Enciso 1980: 37). Las investigaciones arqueológicas se desarrollan por el momento en el segundo tipo de las estructuras mencionadas.
El registro arqueológico, nos ha permitido percibir un conjunto de efectos fruto de una serie extensa de acciones producidas en un conjunto de emplazamientos (el área extensa del espacio de habitación humana) para unos momentos concretos (fundación, uso y abandono, concretamente la coyuntura histórica que estamos excavando es la propia del abandono del emplazamiento) (Barceló et. al 2005). Siendo esa materialidad a la que aplicamos análisis geo- estadístico para intentar alcanzar los siguientes objetivos:
Las respuestas a estas cuestiones nos llevan a un resultado típico en el análisis geo-estadístico, modelización espacial de la variación de una o varias poblaciones. Con ello, establecemos modelos de predicción del comportamiento espacial de la variable y la interpretación probabilística de dichos cambios.
El punto de partida fue la elaboración de un MDE (modelo digital de elevaciones) para el área ocupada por el área de ocupación humana del yacimiento. Con ello compilamos la realidad del área objeto de investigación y además contamos con una sólida base documental y analitica (Figura 1).

Según las particularidades propias del caso en estudio (sociales: eventualidad del sitio, agentes y acciones propias a la coyuntura histórica, ambientales: edafología, tafonómicas) hacía que la percepción de los cambios topográficos se consideran como un indicador acerca de determinadas potencialidades. De este modo, previo a la excavación, se analizó la micro-topografia del conjunto arqueológico para elegir las áreas con mayor interés de intervención.
El área que ocupa el sitio Otamendi es extensa (unos 2860 m2). En la siguiente imagen se ve el trabajo realizado en las dos primeras campañas donde la superficie de excavación total fue de 28 m2, lo que representa un 0.56% del total de área potencialmente excavable (Figura 2). La captura de datos se realizó mediante coordenadas tridimensionales adscritas a una cuadrícula de 2x2 m.

El análisis de la distribución de restos arqueológicos de las dos primeras campañas, mediante el uso de metodología geo-estadística permitió describir la variabilidad espacial (Cressie 1993; Bailey 8: Gattrell, 1995) y con ello acercarnos a las causas probables de la dinámica espacial de los restos documentados (Maximiano 2008).
Sobre la base de lo anteriormente descrito, planteamos una mejora en las técnicas de trabajo de campo que se ajustasen a las necesidades del proyecto. De este modo, conseguiriamos optimizar los recursos permitiendo incrementar la superficie excavada sin disminuir la calidad en los datos obtenidos y avanzando en la resolución de la problemática planteada (Aldenderfer y Craig 2002).
Partiendo del MDE (modelización digital elevaciones) y, reconociendo la realidad topográfica del área investigada, definimos aspectos como:
La zona donde se ubicó la línea de foso, o al menos la zona donde aquel ha quedado más preservado. Las zonas más elevadas, que podrían corresponderse con la acumulación de restos fruto de acciones concretas como la edificación de estructuras o la concentración intencional de determinados restos.
Modelo de tendencia del cambio en la topografía desde el cual se puede percibir, según criterios de vecindad, zonas más estables (continuidad sobre determinados valores) zonas que presentan una mayor tendencia a la inestabilidad (discontinuidad en determinados valores) y zonas de transición.
Los valores de pendiente determinan que la mayor parte del área se encuentra comprendida en el primer intervalo, sin exceder un porcentaje superior al 4.5%, lo que confiere al sitio una tendencia a lo llano, las mayores pendientes se encuentran, como es lógico, en la zona del foso (Figura 3).

De manera global, se entiende que los cambios son progresivos, salvo el caso de la estructura foso en relación con el resto de elementos del yacimiento. Resulta necesario mencionar que el cuadrante Noreste carece de la evidencia estructural asociada a la línea de foso, es decir que el foso como tal desaparece, las causas pueden ser múltiples, aunque apuntamos a un relleno a posteriori de la zona, motivado por la ocupación de esa área por parte de una construcción correspondiente a la primera mitad del siglo XX (Garcés, com. pers 2010).
A continuación se realizó el análisis geo-estadístico del área excavada (Lloyd y Atkinson 2004), el cual arrojó como resultado una dinámica espacial sin autocorrelación espacial; es decir, un patrón netamente aleatorio es la dinámica espacial que caracteriza a la distribución de restos materiales (Maximiano y Barceló 2007 y Maximiano 2008). Con esto, se confirma que tanto la presencia de concentraciones como la de zonas con escasa densidad de restos, no se encuentran espacialmente relacionadas entre sí, pudiendo localizarse aquellas en cualquier lugar del área muestreada.
Parece lógico, que al efectuar el análisis de la variabilidad espacial en base a una categoría tan genérica como palimpsesto, el resultado sea el de un comportamiento espacialmente aleatorio. Esto suele pasar cuando se mezclan distintas variables, ya que al agregar diferentes poblaciones, con sus diferentes comportamientos espaciales, la posibilidad más evidente es la tendencia a la aleatoriedad. (Aldenderfer y Maschner 1996; Conolly y Mark 20006).
Para controlar esta distorsión, se han analizado por separado cada una de las categorías materiales (fauna, loza, vidrio, otros) y en ningún caso, las poblaciones se alejan de la condición aleatoria (más allá de algunas concentraciones puntuales de determinados fragmentos como el caso de restos de loza de la cuadricula BG37, producto del descarte de una gran fuente de este material allí, o la de piedras de chispa en la cuadrícula BH37). De este modo, la aleatoriedad espacial documentada es producto de determinadas acciones y no una medida analítica errónea en base a la confusión que pueda causar la agregación de diferentes tipos de variables con distintos tipos de comportamientos espaciales.
Esta relación espacial negativa entre valor y localización de la variable regional palimpsesto tiene una implicación lógica con relación a la dimensión de la estructura circular excavada: el área analizada es ínfima, no llega ni al 1% del área de actuación arqueológica (no obstante este yacimiento constituye el sitio de su tipo en el que se ha excavado el mayor número de m2 hasta el presente en la Arqueología Histórica Argentina). Esto dificulta la definición y la comprensión de aleatoriedad, ya que el análisis de distribuciones es parcial, pudiendo aquellas pertenecer a procesos espaciales de mayor dimensión no percibidos en función al tamaño de la superficie excavada.
Considerando estos resultados y las condiciones materiales existentes, se diseñó una nueva estrategia en donde se sustituía la toma de datos coordenados por el empleo de frecuencia espacial usando para ello un tamaño de unidad muestral de 0.5x0.5m. Esto permitía:
El resultado de la última campaña fue la intervención sobre un área excavada de 24m2 (casi la misma cantidad que las dos campañas anteriores juntas). Esta experiencia ha permitido visualizar y analizar la variabilidad espacial de los restos de tal modo que se relaciona perfectamente con las campañas anteriores y mejora notablemente la eficacia del trabajo de campo (Figura 4).

A grosso modo, se ha conseguido establecer una metodología más congruente con los recursos disponibles y los planteamientos del proyecto. Gracias a esta implementación pudimos gestionar los datos en tiempo real, lo cual nos permitió orientar la excavación a resolver problemáticas a pie de campo, sin tener que esperar a un post-procesado de datos en el laboratorio (Barceló et. al 2006)
La campaña arqueológica de 2008/2009 permitió recolectar un total de 1808 restos (Figura 5). La distribución de estos restos en los 24 m2 excavados quedó del siguiente modo:

La imagen muestra dos áreas con elevada concentración de restos. Las pruebas geo-estadísticas contrastan la aleatoriedad del comportamiento espacial del conjunto analizado (Figura 06).

Este es un comportamiento similar a los resultados de las otras dos campañas (Maximiano 2008). El modelo predictivo de las distribuciones observadas define el siguiente comportamiento espacial si extendiéramos el área intervenida (Figura 7), sobre la base de los datos existentes, así la modelización resultaría tal que:

De manera global las tres zonas intervenidas muestran una organización espacial de los restos de la siguiente manera (Figura 8):

Estas distribuciones, entendidas como efectos de las acciones de gestión del residuo, definen un comportamiento espacial aleatorio. O lo que es lo mismo, todos los puntos del área muestreada tienen la misma probabilidad de albergar el suceso de las concentraciones o las áreas con baja presencia de restos materiales (Maximiano y Gómez Romero 2010). Nos encontramos ante una superficie equipotencial1, Las implicaciones de este postulado nos conducen a:
Según los resultados, se pueden establecer las siguientes hipótesis de trabajo para las siguientes campañas:
Se plantea concluir la excavación del perímetro existente entre las 3 intervenciones para contrastar la validez en las previsiones del comportamiento espacial de las variables adscritas a dicha área, con ello, estimaremos la eficacia de los modelos predictivos y su validez en tanto a la cantidad de área excavada para obtener una representación significativa de la realidad (Figura 9). De este modo, contaremos con un área excavada de unos 84 m2 así desde dicha superficie se podrán aclarar aspectos relacionados con la dinámica espacial de esta zona y su vinculación con las vecinas.

Por otro lado, se plantea excavar en otras áreas del yacimiento (detectables mediante sondeos exploratorios), ajustándolas a las necesidades del proyecto e implementar el método de recolección de datos en el campo desarrollado de forma innovadora en la campaña de 2008/2009. Con el objetivo de volver aplicar en estas nuevas áreas el análisis geo-estadístico.
1. Nótese que este tipo de superficie es susceptible de confundirse con el caso de una distribución espacialmente uniforme donde la homogeneidad espacial estructura el espacio de tal modo que encontraríamos vacíos o concentraciones de restos en un valor del módulo de la distancia constante.
2. Por ejemplo, técnicas no intrusivas como puede ser la aplicación de georadar, o los métodos de diferencia del potencial de campo eléctrico y magnético.
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