Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 15, Núm. 1, julio - diciembre 2021. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículos

LOS PLATOS “PATRÓN TRIGO” (WHEAT PATTERN) EN ROSARIO 1880-1960 EN LA EVOLUCIÓN SOCIOECONÓMICA DE LA CIUDAD

“WHEAT PATTERN” PLATES AT ROSARIO, ARGENTINA (1880-1960) IN THE SOCIOECONOMIC EVOLUTION OF THE CITY

OS PRATOS “PADRÃO DE TRIGO” EM ROSARIO, ARGENTINA (1880-1960) NA EVOLUÇÃO SÓCIO-ECONÔMICA DA CIDADE

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Gustavo Fernetti
Investigador del Centro de Estudios en Arqueología Histórica - Universidad Nacional de Rosario
Cómo citar este artículo:
Fernetti, G. (2021). Los platos "patrón trigo" (wheat pattern) en Rosario, Argentina (1880-1960) en la evolución socioeconómica de la ciudad. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 15(1), 8-31.
RESUMEN:

La introducción de mercancías importadas desde mediados del siglo XIX en Argentina, y en particular en Rosario, implicó una gran variedad de productos en el mercado local. Para satisfacer las necesidades cotidianas, la vajilla se introdujo en grandes cantidades y en múltiples tipos, estilos y técnicas, a veces solo para tres usos domésticos: servir, comer y beber.

La competitividad entre las fábricas europeas y la evolución social del país se reflejó en platos baratos masivamente disponibles en los bazares y la vajilla de loza con formas moldeadas, con un éxito considerable, en particular la denominada Patrón Trigo.

Mediante el análisis del material arqueológico, la documentación y la memoria social, el objetivo de este trabajo es describir esta vajilla, recuperada de basurales rosarinos e interpretar su importancia socioeconómica, aun sabiendo que los conocimientos sobre estos objetos son todavía oscuros e imprecisos, tal vez por su original “insignificancia” en la vida cotidiana rosarina.

Palabras clave:
Arqueología Urbana; Basurales; Cambios sociales; Consumo; Loza
ABSTRACT:

The introduction of imported merchandise from the mid-nineteenth century in Argentina, and particularly in Rosario, implied a great variety of products in the local market. To meet everyday needs, tableware was introduced in large numbers and in multiple types, styles, and techniques, sometimes for just three household uses: serving, eating, and drinking.

The competitiveness between European factories and the social evolution of the country was reflected in cheap dishes massively available in the bazaars and the earthenware tableware with molded shapes was a considerable success, in particular the so-called Wheat Pattern.

Through the analysis of archaeological material, documentation and social memory, the objective of this work is to describe this tableware, recovered from Rosario garbage dumps and interpret its socioeconomic importance, even knowing that the knowledge about these objects is still obscure and imprecise, perhaps for its original "insignificance" in everyday life in Rosario.

Keywords:
Urban Archeology; Landfills; Social changes; Consumption; Earthenware
RESUMO:

A introdução de mercadorias importadas a partir de meados do século XIX na Argentina, e em Rosário em particular, implicou uma grande variedade de produtos no mercado local. Para atender às necessidades diárias, os utensílios de mesa foram introduzidos em grande número e em vários tipos, estilos e técnicas às vezes param apenas três usos domésticos: servir, comer e beber.

A competitividade entre as fábricas europeias e a evolução social do país refletiu-se nos pratos baratos maciçamente disponíveis nos bazares e nos talheres de faiança com formas moldadas tiveram considerável sucesso, em particular o denominado Trigo Padrão.

Por meio da análise de material arqueológico, documentação e memória social, o objetivo deste trabalho é descrever essa baixela recuperada nos lixões de Rosário e interpretar sua importância socioeconômica, mesmo sabendo que o conhecimento sobre esses objetos ainda é obscuro e impreciso, talvez por sua "insignificância" original na vida cotidiana em Rosário.

Palavras-chave:
Arqueologia Urbana; Aterros sanitários; Mudanças sociais; Consumo; Louça
Recibido: 10 de febrero de 2020
Aceptado: 19 de enero de 2022

INTRODUCCIÓN

La presencia de un nuevo modelo económico de tipo agroexportador (Schvarzer, 1996) a partir de la década de 1870-1880 en Argentina, tuvo como eje el intercambio de bienes agropecuarios por mercancías industriales. Con un Estado cada vez más presente a partir de las leyes nacionales de 1880 y la apertura de los puertos de Buenos Aires y Rosario, el intercambio comercial argentino se incrementó de modo notable.

La falta de una industria nacional (Schvarzer, 1996) y la inmigración masiva del período posterior a la Ley de Inmigración de 1876, dieron por resultado una gran demanda de manufacturas para la nueva población, en particular nuevos objetos domésticos. La introducción de mercancías importadas para satisfacer esos consumos llenó los mercados argentinos y en particular los rosarinos. Ya descartados los fragmentos de esos objetos hogareños, hoy forman parte del registro arqueológico, siendo de interés para el presente trabajo la loza hogareña industrial.

La vida cotidiana necesitaba de enseres cerámicos (platos, tazas, bacinillas, frascos, botellas) y los industriales europeos empezaron a ver en Argentina un mercado para la colocación de bienes industrializados, entre otros, la loza masivamente producida (Schávelzon, 1991a). Se sumaba un cambio en las costumbres, los gustos y la dieta, que articulaban lo local con las costumbres europeas (Colasurdo y Sartori, 2011; Fernetti, 2020).

Caído el mercado norteamericano luego de la Guerra de Secesión (1861-1865) surgió en Estados Unidos una industria cerámica propia con producción en calidad y cantidad, que tendía a reemplazar la fabricación europea y sobre todo la inglesa  (Miller y Earls, 2008). En su lugar, a partir de mediados del siglo XIX el mercado latinoamericano y en particular el argentino fueron promisorios para la introducción de lozas, en particular inglesas, una producción redireccionada hacia Sudamérica (Miller y Earls, 2008) .

De este modo, reemplazando las viejas mayólicas y sustituyendo las primeras lozas baratas inglesas (tipo Mocha, por ejemplo), (Brooks, 2005; Miller, 1980; Wakefield, 1962), la loza industrial de pasta blanca producida masivamente o whiteware apareció en las ciudades y el campo (Landa et al. 2020).

Hoy, los fragmentos de loza descartada abarcan más de un siglo y medio de historia, con mucha frecuencia en el registro arqueológico, lo que indicaría la masividad de su presencia en las viviendas argentinas.

Particularmente en la ciudad portuaria de Rosario (Santa Fe, Argentina), la población se había incrementado de modo sostenido, pasando de unos 3000  habitantes, a mediados del siglo XIX, a 222.592 residentes en 1910 (Roldán, 2013). La ciudad, a partir de un casco céntrico de pocas cuadras, se extendió sobre el territorio formando barrios obreros como Refinería de 1889, Talleres de 1880, Morrison-Batten Cottages de 1889, Sunchales-Pichincha de 1900 y barrios de esparcimiento para las élites como Alberdi de 1876, Fisherton de 1889 y Saladillo de 1890 (De Marco, 2015). También se formaron lugares periféricos al centro de Rosario que devinieron en basurales como el vaciadero municipal La Basurita de 1873 y la Laguna de Mandinga, de c. 1876 (Fernetti, 2020; Volpe y Fernetti, 2019b).

Ello resultó en un alto consumo de loza europea de pasta blanca (Schávelzon, 2018), en diferentes formas, colores, tratamientos superficiales y técnicas de producción y cuyos fragmentos son muy frecuentes en contexto edáfico de la ciudad, al punto que su presencia suele ser un indicador del carácter de un sitio arqueológico urbano del siglo XIX, por su concentración y cantidad de aparición. Desde la arqueología planteada en este trabajo,  Rosario  se comportaría como una ciudad-sitio o site-city (Cressey y Stephens, 1982) con un registro (no sólo edáfico) articulado a su historia y evolución socioeconómica, constituyendo un proceso general que puede ser leído e interpretado en dicho registro material.

Un tipo particular de loza aparece frecuentemente en esa ciudad-sitio: las decoradas con el Patrón Trigo. Este diseño forma un porcentaje característico e importante de todo el material arqueológico recuperado en Rosario y estuvo presente en varios sitios y sub-sitios relevados.

Esta loza con decoración en relieve ha sido abordada en particular por Sussman (1985) pero también por Schávelzon (2018) quien lo catalogó para Argentina. Han aparecido fragmentos en general Lavalle, provincia de Buenos Aires, (Casanueva y Guillermo, 2008), el norte de Santa Fe (Dosztal, 2015) y también en Mendoza (Puebla, 2018). En la provincia de Santa Fe (Argentina) se localizó una pieza entera de la marca comercial Lozadur-Festival en el museo de Peyrano (C. Tellechea Lencina, comunicación personal, 2019) así como algunos fragmentos en Hughes (Germán Giordano, comunicación personal, 11 de mayo de 2021). También ha sido relevado en otros países: en el sur de Chile (Henríquez et al., 2013), Uruguay (Schávelzon, 1991b) y en Brasil donde se ha abordado su significación como simbolismo del trigo por Symanski y de Abreu e Souza (2021).

Exceptuando este último trabajo, no se hallaron investigaciones que aborden su rol en el consumo doméstico, por lo que la hipótesis que se plantea es que el Patrón Trigoen la vajilla doméstica señala un consumo fuertemente barrial y sobre todo del sector obrero entre 1880 y 1940, discontinuándose con la movilidad social de la clase  proletaria hacia  los sectores medios, alentando otro tipo de consumo de loza, a mediados del siglo XX.

Para contrastar la hipótesis se describirán inicialmente los aspectos históricos y morfológicos del diseño trigo. A continuación, se analizarán los aspectos cuantitativos del registro arqueológico y su vinculación socioespacial con el proceso de urbanización, o sea la formación de un vertedero municipal, sitios céntricos y otros de los barrios suburbanos (Figura 1). Finalmente se vincularon los fragmentos y objetos disponibles con los testimonios de vecinos, coleccionistas y anticuarios.

Figura 1.Mapa de Rosario con las áreas y sitios elegidos para este trabajo
Figura 1.Mapa de Rosario con las áreas y sitios elegidos para este trabajo. 1- Centro. 2-Barrios. 3- Periferia. En general se mantuvieron los nombres de los sitios dados por el Museo de la Ciudad de la década de 1990 (Volpe, com. pers. 2020). Elaboración propia en base a Volpe y Fernetti, (2019a)
Figure 1. Map of Rosario with the areas and sites chosen for this study. 1- Downtown. 2-Neighborhoods. 3- Periphery. In general, the site names given by the Museo de la Ciudad of the 1990s were maintained (Volpe, pers. comm. 2020). Own elaboration based on Volpe and Fernetti, (2019a).

ASPECTOS TEÓRICOS

Para orientar este trabajo, se consideraron tres premisas teóricas específicas.

  1. La ciudad tuvo procesos dentro de una condición económica estacionaria: el modo de producción se mantuvo sin cambios esenciales en el período analizado (1880-1960), a pesar de sus diferencias en el país. De un capitalismo europeo expansivo, aplicado inicialmente en Argentina como modelo agroexportador entre 1870 y 1930 se pasó a otro industrialista de importaciones entre 1930 y 1976 (Schvarzer, 1996), pero el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante dependiente del exterior.
    En Rosario (hasta hoy) se observó dentro de ese estado estacionario, una alta variabilidad respecto a la procedencia y los precios de las lozas, ya que existía competencia entre industrias en la  búsqueda de mercados y clientes (Miller, 1980; Miller y Earls, 2008).  Para el de bienes domésticos cerámicos y para cada categoría elegida (decorada, no decorada, lisa) se encuentran numerosas variables que posibilitan elecciones por la estética, calidad o precio (Andrade, 1995; Miller, 1980; Miller y Earls, 2008; Majewski y O’Brien, 1987).
  2. En segundo lugar se consideró la condición de la ciudad como un sitio arqueológico completo o ciudad-sitio (Cressey y Stephens, 1982).  Los sitios se encuentran vinculados históricamente y ello se refleja en los relictos hogareños que dejan los grupos pobladores. Por lo general y aunque existen pozos de basura domésticos, los fragmentos se agruparon en lugares urbanos públicos específicos o bien basurales (Volpe y Fernetti, 2019a y 2019b). Dada una condición de segregación o formación histórica, esos basurales reflejan la condición de cada grupo dentro de un sistema general: la ciudad.
  3. Fue importante abordar el tema de la significación espacial. En ese sentido, lo espacial-urbano es resultado de lo histórico, ya que ello es “producido” por los procesos sociales y forma un “asentamiento” en el sentido de Chang: “Un asentamiento señala una realidad empírica, una unidad física de deposición compuesta de cosas culturales abandonadas con determinadas relaciones espaciales” (Chang, 1976, p.27)

 En ese mismo sentido y considerando las relaciones en la ciudad como “sitio” (o site-city, según Cressey y Stephens (1982) el análisis no es por “sitio-unidad”:

El trabajo arqueológico no se detiene nunca en yacimientos aislados y constantemente se realizan comparaciones, tanto entre conjuntos de diferentes períodos temporales como en los de diversas localizaciones. El arqueólogo elige solamente aquellas unidades que puedan compararse y que proporcionan información histórica. (Chang, 1976, p.28).

De ese modo, se introdujo entonces el concepto de “área arqueológica” (“asentamiento” para Chang, 1976) o conjunto de espacios de deposición de basuras resultado de grupos (obreros, marginados, vecinos de los barrios) en espacios históricamente definidos en el crecimiento urbano.  El área arqueológicaes una unidad empírica en tanto tuvo existencia real, que agrupó varios sitios de la misma conformación sociohistórica y representaría espacialmente el impacto social del modo de producción (Camino, 2009, p.119) susceptible de ser cartografiado.

ASPECTOS METODOLÓGICOS

Se consideró la vajilla de loza en general como un conjunto específico a analizar. Sin embargo, la loza, como material constitutivo de objetos domésticos no es homogénea en su aspecto, ya que se le aplicaron diversos tratamientos superficiales, siendo el material sin decorar sólo una variedad a la que se les sumó la aplicación de color (pintado, esponjeado, con impresión, calcomanía, etcétera) y el relieve por moldeo.

La elección en el bazar entre loza lisa, cerámica decorada y en relieve podría ser estética, funcional, por limpieza o por facilidad de reposición, alternativas del consumo que dificultosamente puede inferirse del registro. Más certera sería establecer la elección por haberse adquirido vajilla con algún tipo de decoración o por haberla comprado completamente lisa, o sea sin decoración alguna.

Considerar la elección de vajillas de loza lisa o de loza decorada, permitió para este trabajo, observar aspectos sociales además de los aspectos funcionales propios de los contenedores. Si bien hay otros tipos de fragmentos cerámicos (frascos medicinales, botellas de cerveza o agua mineral) la elección de éstos sería por contenido (bebida, fármaco) y no por contenedor, por lo que su diseño no sería una variable para el análisis del consumo, lo que sí ocurre con la vajilla, sobre todo las de superficie decorada.

Se añade el hecho de la significación que poseyó la loza industrial decorada. Este factor es importante, ya que la elección de las lozas, siquiera para el acto de comer, pudo suponer para los consumidores divisiones culturales, límites y pertenencias sociales, cuál es la mejor compra posible para los recursos disponibles, gustos propios o impuestos, o bien cuáles objetos pertenecen a la intimidad familiar y cuáles se muestran (Andrade, 1995; Deetz, 1977; Fernetti 2020).

Si los fragmentos recuperados respondían a elecciones del consumidor al momento de la compra, analíticamente se han contemplado cuatro variantes decorativas en tanto supondrían alternativas dentro de un panorama de vajilla (platos, tazas, etcétera) disponible en el bazar:

Por lo tanto, en lo metodológico, la comparación entre fragmentos  recuperados de los distintos sitios considerados (Figura 1) tendría sentido, en este análisis, al observar:

  1. La elección de cada tipo (lisa, decorada, en relieve y Patrón Trigo) traducido en la frecuencia (cantidades)  de cada clase.
  2. La ubicación, en la ciudad, de las lozas elegidas por consumidores en diferentes áreas arqueológicas (Miller, 1980).

La relación entre las frecuencias y su ubicación espacial en áreas de la ciudad donde la loza Trigo fue consumida, permitiría establecer qué vínculos existieron entre este tipo de loza y la condición social de los consumidores.

Para la obtención de un registro arqueológico de lozas, durante los años 2014 a 2019, se prospectaron y relevaron 127 sitios arqueológicos de Rosario, formando un inventario específico de basurales urbanos y concentraciones menores de basura (Volpe y Fernetti, 2019a, p.31). Estos sitios son cuantitativa y cualitativamente muy desiguales entre sí, ya que algunos son resultado de decisiones municipales (licitación de basurales) y otros de concentraciones poblacionales (barrios, viviendas colectivas, conventillos). Se definieron para Rosario un total de 16 áreas (Volpe y Fernetti, 2019a, p.32).

Dada la heterogeneidad, se seleccionaron sitios que hayan aportado una cierta cantidad de fragmentos, a fin de considerar sólo los que representen a los consumidores, sea en barrios, viviendas colectivas o asentamientos y no una sola vivienda unifamiliar aportando a un basural escasos fragmentos.

Por lo tanto, se estableció que sólo los sitios cuantitativamente relevantes serían contemplados, estableciendo un mínimo –arbitrario- de 10 fragmentos de objetos diferentes, considerando que de ese modo, la muestra pertenecería a varias familias aportando descartes de loza.

A partir de estos criterios,  se seleccionaron 15 sitios (Tabla 1 y Figura 1) ordenados en áreas acordes a la evolución sociohistórica de la ciudad (ver, por ejemplo Armus y Hardoy, 1984)

Tabla 1: Sitios contemplados para este trabajo con cronología aproximada
Tabla 1: Sitios contemplados para este trabajo con cronología aproximada. (Fechados en base a Colasurdo y Sartori, 2011; De Marco, 2015; Fernetti, 2020; Roldán, 2013, Volpe y Fernetti, 2019a)
Table 1: Sites contemplated for this work with approximate chronology. (Dates based on Colasurdo and Sartori, 2011; De Marco, 2015; Fernetti, 2020; Roldán, 2013, Volpe and Fernetti, 2019a).

La elección de los sitios y la cuantificación significó necesariamente la simplificación del complejo panorama arqueológico urbano, pero resultó en la construcción de un mapa con la ubicación de puntos específicos con presencia de loza con Patrón Trigo, necesario para observar su distribución y compararlos.

Finalmente, la recopilación de las memorias en el esquema metodológico mediante entrevistas a vecinos y un recorrido por los establecimientos de cinco anticuarios, permitió evaluar la continuidad del diseño Patrón Trigoen el consumo rosarino, así como de otras decoraciones o marcas descartadas.

Todo ello se consideró importante ya que permitiría obtener información sobre el uso de los objetosPatrón Trigo, su importancia en el núcleo familiar o su cronología aproximada y su eventual reemplazo en el hogar.

EL DISEÑO WHEAT PATTERN

Desde fines del siglo XVIII, una de las formas industriales de decoración era por moldeo: se lograba una serie de decoraciones en relieve en tazas y platos (Schávelzon, 2018). Esta técnica, denominada genérica y sin distinción en relieve, en principio dejaba el plato o la taza del color de la pasta esmaltada, o sea “natural”, con un diseño que sobresalía de la superficie mediante moldes en positivo (hump mold)s (Hamer y Hamer, 1986). La loza en relieve monocroma presentó varios motivos, con líneas, esferillas, grecas, filetes, animales, hojas, frutos y flores. A partir de la cuarta década del siglo XIX, comenzaron a diseñarse, para la cerámica doméstica, motivos que incluían vegetales de todo tipo incluyendo cultivables que los diseñadores Samford y Miller denominaron motivos de cosecha o agrícolas  (harvest motifs)  (Sussman, 1985, p.7; Hamer y Hamer, 1986).

Esa cerámica en relieve incluía un tipo de vajilla “inspiradas en cereales” (Sussman, 1985, p.7) que presentaban diferentes combinaciones de mieses y plantas como hojas y trigo, trigo y flores (margaritas, rosas), lúpulo, cebada, racimos de uva, trigo y flores, trigo y amapolas, trigo y tréboles y también -con la misma técnica- mazorcas de maíz con sus hojas. Los diseños eran estilísticamente homogéneos y permitían formar juegos de mesa unidos por el motivo agrícola.

Una de estas variedades fue muy popular en Argentina, denominada “Wheat” “Espigas” o “Trigo”.Entre los diseños de loza decorada con cereales, surge en Inglaterra uno que se impuso:

El más importante de ellos fue el “Ceres”, registrado por Elsmore y Forster en 1859. El diseño se convirtió en la versión estándar del Patrón Trigo, fue fabricado por al menos veintitrés fábricas y ha estado en producción continua desde 1859 hasta la actualidad. (Sussman, 1985, p. 7, trad. del autor).

Los diseñadores ingleses Elsmore y Forster basaron el nombre de su diseño en la agricultura (Ceres era la diosa romana que protegía los cultivos, los “cereales”), el término luego se aplicó casi exclusivamente a la línea cerámica con el Patrón Trigo “clásico” (Sussman, 1985, p. 7) aunque perduró con otras formas diferentes (Hamer y Hamer, 1986).

El Patrón Trigo fue el más frecuente en las lozas con relieve y a la vez el que más perduró en Rosario. La vajilla Trigo/Ceres en Inglaterra abarcaban jarras, jofainas, teteras, fuentes, salseras, lecheras, azucareras, tazas de chocolate, té y café, salvillas, cucharones, platos playos y hondos y hasta receptáculos para cepillos de dientes con su pequeño plato. Para las piezas grandes se añadían asas voluminosas, con motivos de hojas, flores o espigas entrelazadas (WICA, 1995), pero jarras o fuentes nunca fueron halladas en Rosario, aunque Dosztal (2015) sí halló un ejemplar en el norte de Santa Fe.

El diseño de los platos consistía en una guarda o banda de seis espigas de trigo con hojas, como se ilustra en la Figura 2.  Esto daba cierto dinamismo formal a la guarda Patrón Trigo, un “estilo” monocromo diferente a las lozas decoradas por transferencia, a las bandeadas de color o a la loza lisa común.

La “unidad compositiva” de la guarda, con diferencias entre marcas comerciales, consistía en una espiga de trigo con su espiga de 17/21 granos, habitualmente repetida 6 veces con dos hojas, una por delante y otra por detrás de la espiga. Se añade una tercera hoja “oculta” que conecta el patrón de modo que no queden espacios (Figura 2). A veces una de las hojas se ha diseñado como una banda, la otra presenta la punta doblada hacia el cuenco del plato. Tanto en los descriptos por Sussman (1985, p.7) como en los recolectados en Rosario, las hojas suelen poseer dos a cinco estrías, a veces incompletas, borrosas o que directamente no aparecen (WICA, 1995).

Las espigas son de diferente ancho y largo, en casi todos los casos se distribuían apuntando al interior y formando un ángulo de unos 15°/20° respecto a la línea del borde, excepto en los platos Meakin, que eran adosadas al borde  según Sussman (1985, p. 7).

La Figura 2 muestra las características del Patrón Trigo para un plato, cuya depresión para el contenido era de unos 5 a 5,5 cm respecto del fondo hasta el borde externo. Poseía una orla en forma de “cucharas” inclinadas, que se unían al borde del plato mediante una superficie casi horizontal o cenefa, donde se aplicaba la decoración característica de espigas. Del centro de cada “cuchara” o concavidad se trazaba una hendidura radial suavizada que se desvanecía en la guarda de espigas.

Figura 2. Estructura del Patrón Trigo. AB: Patrón que se repite 6 veces
Figura 2. Estructura del Patrón Trigo. AB: Patrón que se repite 6 veces. 1: Cenefa del plato con la espiga de trigo. 2: Hoja delantera. 3: Hoja trasera. 4: Hoja “de empalme”. 5: Filete. 6-“Cucharas”. (Fragmento de plato hallado en Rosario, sub sitio JUN 5. Análisis y nomenclatura del autor)
Figure 2. Wheat Pattern structure. AB: Pattern repeated 6 times. 1: Plate border with the ear of wheat. 2: Front leaf. 3: Rear leaf. 4: "Splice" leaf. 5: Fillet. 6: "Spoons". (Fragment of plate found in Rosario, sub site JUN 5. Analysis and nomenclature of the author).

Estas particularidades del diseño no varían demasiado en la muestra arqueológica y permitieron identificar los fragmentos, con frecuencia de pequeño tamaño, a veces sólo en base a “cucharas” u hojas y lo característico del patrón pudo aplicarse a numerosos restos aunque no formaran un patrón completo.

LA MUESTRA DISPONIBLE

Los trabajos de recolección superficial en los 15 sitios mencionados en la Tabla 1, dieron un total de 1593 fragmentos arqueológicos de loza que se ordenaron por sitio, en función de las tres categorías antes especificadas y comparables: lozas lisas, decoradas, en relieve (no Trigo) y Patrón Trigo.

En ese ordenamiento, la muestra de fragmentos Patrón Trigo representó un 8% del total de fragmentos rosarinos recuperados. Las lozas decoradas formaron un 72%, las de relieve un 3% y las lisas forman un 25% de todo el universo de lozas recolectadas. Esto indicaría la importancia cuantitativa de la vajilla decorada en general y las Patrón Trigo en particular. La tabla 2 resume las cantidades y proporciones de la muestra arqueológica:

Tabla 2: Composición de la vajilla Trigo relevada (arqueológica y de vecinos) para este trabajo
Tabla 2: Composición de la vajilla Trigo relevada (arqueológica y de vecinos) para este trabajo
Table 2: Composition of the Wheat ware collected (archaeological and from neighbors) for this work.

Por lo tanto, al añadir los platos suministrados por vecinos, la muestra disponible se dividió en dos grupos:

  1. Fragmentos arqueológicos reconocibles de vajilla Patrón Trigo obtenidos por recolección superficial. De los sitios arqueológicos, se recolectaron 128 fragmentos con atributos del diseño, en un universo de 1593 fragmentos de loza, obtenidos de los sitios rosarinos analizados en la Figura 1.
  2. Platos enteros de vecinos: Ángela (71 años), Edgardo (70), Gladys (70 y Manuel (81). Se obtuvieron cuatro platos enteros, tres de la misma marca comercial.

1- Fragmentos arqueológicos

Las espigas, hojas y “cucharas” permitieron identificar, con rapidez, fragmentos Patrón Trigo sin haber hallado su borde, ya que no habría platos sin ese detalle según Sussman (1985, p.4).

La decoración Patrón Trigo podría abarcar platos playos u hondos, pero por los fragmentos recuperados, todos pueden ser considerados aptos para contener cierta cantidad de líquidos o sea platos soperos, si se comparan con platos modernos “no-Trigo”.

Sin embargo, la escasez de platos enteros en contexto edáfico y la falta de fragmentos con depresión completa en el registro edáfico rosarino, así como la poca cantidad de piezas completas no permiten aún dilucidar esta incógnita. Sólo se hallaron dos fragmentos de taza de café en MCU1.

A partir de ciertas regularidades morfológicas en los motivos relevados, se pudieron constatar dos grandes grupos:

  1. Un grupo de fragmentos recuperados que presentaron relieves muy sobresalientes en la superficie, con las espigas detalladas y las hojas con estrías marcadas (como en la Figura 2).
  2. Un grupo de fragmentos con el diseño con un relieve muy suavizado y sin estrías en las hojas (Figura 3).

Dada la descripción de Sussman (1985) algunos de los platos arqueológicos rosarinos y con relieves suavizados morfológicamente son muy similares a los de marca Meakin (5 fragmentos), Thomas Furnival & Sons (2 fragmentos) o Cochran (2 fragmentos). Todos son del sitio MCU1 del Área Central y dada la cronología del sitio, entre 1870 y 1920. (Fernetti, 2020) De todos modos no hay certezas en la identificación de la industria que los creó, ni que sean de fabricación inglesa, dado que son sólo fragmentos de espiga u hoja observadas en relación con el borde.

También en su gran mayoría los fragmentos serían de marcas desconocidas con múltiples variaciones menores, ya que un 93% de la muestra Patrón Trigo no corresponde a los patrones clasificados por Sussman (1985). Sólo un plato de la marca Festival de JUN5 pudo ser recuperado con el patrón intacto (Figura 2).

Figura 3. Ejemplos de fragmentos arqueológicos Patrón Trigo. a: Platos probablemente Furnival
Figura 3. Ejemplos de fragmentos arqueológicos Patrón Trigo. a: Platos probablemente Furnival; b: Cochrane; y c: Meakin según Sussman (1985). d, e y f: marcas desconocidas; g: probablemente marca comercial Meakin; h: fragmento de tazas de marcas desconocidas
Figure 3. Examples of Wheat Pattern archaeological fragments. a: Dishes probably Furnival, b: Cochrane and c: Meakin according to Sussman (1985). d, e and f: unknown brand names; g: probably brand name Meakin; h: fragment of cups of unknown brand names.

2- Platos enteros suministrados por dueños

La identificación de platos enteros pertenecientes a actuales habitantes de los barrios fue más sencilla, ya que todos disponían de sellos impresos en la base. Los platos de esos vecinos y sus testimonios permitieron acceder a marcas argentinas: tres platos marca Boulogne-Industria Argentina  y un Festival.

Respecto a platos en anticuarios, se consultó en cinco de estos comercios (Rosario Norte, Fèes Antigüedades, Montecatini, Galli Antigüedades y Ancestros) habiéndose detectado sólo uno ya vendido (Ancestros, de Edgardo P., 70 años, anticuario, ex empleado) sin que se haya relevado platos Patrón Trigo en los demás. 

Respecto a los testimonios, se realizaron entrevistas a 16 vecinos de barrios de Rosario, con edades entre 70 y 80 años. Utilizando los fragmentos y algunas fotos, se les preguntó:

  1. Si reconocían el plato.
  2. Si recordaban haberlo usado y cuáles eran sus características
  3. Si podían establecer aproximadamente la época.

De los entrevistados, 11 reconocieron el Patrón Trigo, aunque no todos pudieron responder las preguntas 2 y 3, resultando su recuerdo muy vago e impreciso. De los 11 vecinos, los 4 vecinos antes mencionados (Ángela, Edgardo el anticuario, Gladys y Manuel) poseían platos enteros e incluso pudieron explayarse en sus características al ser usados.

Según los testimonios de esos poseedores de platos Trigo,  sus edades y el uso personal de esa vajilla, a mediados del siglo XX se fabricaron en Argentina, coincidiendo con Schávelzon (2018) y el Centro de Arqueología Urbana (CAU, 2017). Ninguno recordó tazas o jarras con el patrón, aunque sí de vidrio, vidrio opalino u otras lozas. Recordaron el Patrón Trigo cuando les fue mencionado como “triguitos” (Manuel) o “borde con trigo” (Gladys). Y también, siempre en contraste con las Trigo, recordaron otras lozas como las de transferencia de color azul o verde (“inglesas” y “belgas” según Edgardo P.) y las Decalware-calcomanía (“con florcitas chiquitas” según Gladys P. 70 años, ex comerciante). Sin hacer una interpretación sobre sus apreciaciones, la mención de estas lozas con decoración de color pareció significar, al menos para Ángela y Gladys, una mejoría en la calidad de las piezas hogareñas en uso.

Figura 3. Ejemplos de fragmentos arqueológicos Patrón Trigo. a: Platos probablemente Furnival
Figura 4. Platos hondos con Patrón Trigo completo: a: plato marca Boulogne suministrado por Angela T.; b: plato Lozadur-Festival de Manuel F.; c: plato Boulogne suministrado por Gladys P.; d: plato arqueológico Boulogne casi completo con relieves muy suavizados, recuperado del sitio JUN5.
Figure 4. Deep dishes with full Wheat Pattern: a: Boulogne brand dish supplied by Angela T.; b: Lozadur-Festival dish of Manuel F.; c: Boulogne dish supplied by Gladys P.; d: nearly complete archaeological Boulogne dish with very smoothed reliefs, recovered from site JUN5.

Los 4 platos enteros disponibles presentaron un filete en el borde del plato de 4 mm de espesor. En el caso del plato festival tuvo una “pestaña” de 0,3 cm en el anverso del borde, tal vez para reforzarlo.

Los platos de los vecinos provenían de una zona ceramista que tenía como fábrica principal a Lozadur (Villa Adelina, Buenos Aires) productora de la línea de vajilla Festival hasta 1977, año de cierre. (Bringas et al. 2014; CAU, 2017). La marca Boulogne podría provenir de esa misma Lozadur, inmediatamente cercana a la localidad bonaerense de aquél nombre. También pudo producirla Cattaneo (Bringas et al., 2014).

El diseño argentino fue similar pero no homogéneo, probablemente como resultado de distintas producciones o moldes. En los tres platos recuperados enteros, aparecen diseños muy similares pero sutilmente distintos, al igual que los sellos “Boulogne/Industria Argentina” diferentes y que indicarían partidas o momentos de fabricación. Para el de Festival (arqueológico y suministrado por Manuel) el relieve fue diferente, mucho más suave en uno de los platos.

Los platos suministrados tenían sonido campanil, completos, sin fisuras ni saltaduras y sólo en un caso, con craqueladuras. Medidos los platos de la misma marca comercial Boulogne / Industria Argentina, el diseño difirió levemente en tamaño y decoración, tal vez mediante la compra de moldes europeos, ya descartados o bien varios moldes en relieve nacionales (Hamer y Hamer, 1986) o copiados con mayor o menor fidelidad según los pocos platos enteros existentes. Sólo habría alguna certeza en que existen diversos moldes con diferente grado de detalle y diseños más o menos distintos, sin modificar esencialmente el patrón.

De acuerdo a los testimonios, Ángela T. (71 años, ex empleada de comercio)  relató que el plato hondo marca Boulogne / Industria Argentina suministrado era de su abuela” de la década de 1940-50 y que “quedó guardado”. Gladys P. (70 años, ex comerciante) suministró un plato hondo declarado por ella como de la familia que “se usaba mucho”y“se vendía hasta en las ferreterías”. Ambos platos Boulogne resultaron de distinto color de pasta y diámetro. Uno de ellos de pasta amarillenta, era de 23 cm de diámetro, presenta craqueladuras poco evidentes. El otro  fue de pasta blanca, de 22,6 cm de diámetro, las craqueladuras eran más evidentes y en un sector aparentemente ferruginosas. El anticuario Edgardo P. suministró otro Boulogne/Industria Argentina, de su comercio,  idéntico al de Ángela T., también de pasta amarillenta y de 23 cm de diámetro, al que consideró “raro” como objeto a la venta y recordaba el plato como “muy común”  de su niñez (c. 1950).  Manuel F. (81 años, obrero jubilado) aportó un plato Lozadur-Festival “que quedó guardado de hace mucho”, de pasta blanca y 23 cm de diámetro, con un filete en la cara inferior y totalmente sin rayaduras, aunque recordaba que c. 1940, su madre había usado esos platos “para el puchero” y que “parecían sucios”por las rayaduras hechas al cortar sobre ellos y por el lavado“con virulana”(viruta fina de acero, para el fregado de ollas).

Si bien es un dato que surge aleatoriamente de un grupo de entrevistados más amplio, los 4 que poseían platos Trigo pertenecen a barrios obreros, trabajaron como tales o fueron hijos e hijas de obreros, habiendo construido sus viviendas entre 1960 y 1970. Todos recordaron que obtuvieron sus vajillas por regalo de casamiento o bien por compra una vez establecidos en su casa. Pero esas adquisiciones nunca fueron del tipo Trigo, sino decorados por calcomanía (“florcitas”, Gladys),  rigopal (“celestes”, Manuel) y con “bordes en hoja de oro” (Ángela T.)

LA DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LOS FRAGMENTOS ARQUEOLÓGICOS

Los fragmentos arqueológicos, como se dijo más arriba, se encontraron en casi todos los sitios rosarinos que estuvieron definidos por basurales o microespacios históricos de deposición de basuras (Volpe y Fernetti, 2019a y 2019b).

La recolección fue superficial, dado el carácter del contexto de deposición, que como basurales, tenían estratos indiscernibles y suelos por completo antropizados. Se recuperaron de este modo sólo fragmentos “reconocibles” como las cenefas con los diseños  o las “cucharas”, lo cual dada las características del Patrón Trigo, sólo excluiría los fondos planos, que podrían atribuirse a otras vajillas. De cualquier modo, pudo suponerse que los fragmentos Patrón Trigorecuperados coincidirían en gran medida con los fragmentos disponibles en contexto edáficos.

En ese sentido, la loza Patrón Trigofue concurrente, frecuente y recurrente en 6 sitios prospectados y ausente en 9. De los sitios donde se verificó el Patrón Trigo, sólo uno es céntrico y correspondió al antiguo vertedero municipal La Basurita, depósito de la basura urbana recogida entre 1873 y 1920 (Fernetti, 2019a).

El resto del Patrón Trigose localizó en basurales clandestinos como Junín, Mandinga y Morrison, barrios de residencia obrera. También se hallaron en Fives Lille y Pichincha, estaciones ferroviarias con población obrera (ver Figura 1).  En el resto de los sitios del centro –excepto en MCU1 La Basurita- y la periferia no se hallaron platos Patrón Trigo.

El ordenamiento del material en la trama urbana dio por resultado una clara distribución espacial (Figura 5).

Figura 3. Ejemplos de fragmentos arqueológicos Patrón Trigo. a: Platos probablemente Furnival
Figura 5- Distribución espacial del Patrón Trigo por área arqueológica.
Figure 5- Spatial distribution of the Wheat Pattern per archaeological area.

SÍNTESIS Y REFLEXIÓN FINAL

En síntesis, se pueden establecer algunos resultados del análisis aquí desarrollado.

Existió una marcada dificultad en establecer marcas, fechas e incluso relacionar diseños con fabricantes. Se suma a la dificultad el carácter de los sitios, altamente dinámicos, con capas alteradas en origen (remoción de basuras) o por la dinámica urbana misma (zanjeos, redeposiciones, tránsito). Ello impide una asociación fiable con otros objetos de referencia, incluso con excavaciones sistemáticas.

En lo estrictamente arqueológico no se pudo diferenciar claramente platos importados de los nacionales o tal vez copiados localmente. Tampoco un rango específico y exacto de fabricación y en general no se hallaron marcas. Por lo tanto, metodológicamente, la identificación entre fragmentos y marcas resultó casi estéril y sólo pudo establecerse una división entre producción extranjera y producción argentina, pero considerando platos conservados. A pesar de este inconveniente, hubo un consumo importante del plato Trigo, una vez establecida la industria nacional, ésta continuó la fabricación de un diseño que se consideró previamente exitoso.

Así, podría suponerse que la producción inició entre 1850 y 1880 continuando masivamente entre 1880 y 1940, en Inglaterra (Sussman, 1985, p. 18) y exportándose en ese último período. Para la elaboración nacional de las marcas Boulogney Lozadur-Festival puede considerarse un rango posterior a 1930 por los sellos de industria argentina y c. 1940-50 (Schvarzer, 1996; CAU, 2017; Schávelzon, 2018). Ello resultó consistente con los testimonios vecinales.

El Patrón Trigo apareció mayoritariamente en forma de platos para comida con varios tipos de relieve, siendo mayormente hondos y de diferentes fábricas o moldes.

Cuantitativamente y organizada la muestra por sitio, la presencia de numerosos fragmentos Patrón Trigo en La Basurita del área central se debió probablemente a que es un espacio de deposición generalizado (vaciadero municipal desde 1876, Fernetti 2020). Pero apareció con una proporción mucho mayor en los barrios obreros, pudiendo sostenerse que la vajilla Patrón Trigo fue más utilizada en los barrios obreros que aparecieron entre 1890 y 1900 consolidándose hacia 1930 (De Marco, 2015).

Podría inferirse que en ellos se prefirieron cerámicas con algún tratamiento superficial (transferencia, bandas, relieves) frente a las cerámicas lisas del tipo Loza Piedra, que podrían vincularse a los numerosos bares y restaurantes. Esos fragmentos sin ninguna decoración descienden en cantidad en las periferias habitadas por las élites (Fisherton, Saladillo).

En ese universo electivo de loza decorada, las Patrón Trigotuvieron un rol importante en esa opción por lo decorado, así como su permanencia en el tiempo, entre 1890-1930 hasta el período mencionado en los testimonios, entre 1940 y 1950, cuando el Patrón Trigo todavía estaba en uso. Estos cambios coinciden con una evolución urbano-social, durante la cual se integró la ciudad antes “dispersa”, desaparecieron las antiguas periferias y se formó una clase media de origen proletario (Gutiérrez, 2002; Parussini, 2012).

En lo industrial, entre 1930 y 1950 también se desarrollaron una serie de cambios sociales, económicos y políticos sin cambiar el modo de producción capitalista: primero por sustitución de importaciones, luego mediante créditos industriales y finalizando por un peronismo favorecedor del consumo interno, que se sostuvo hasta entrada la década de 1970 (Schávelzon, 1991a; Schvarzer, 1996).

En ese período se fueron formando gustos muy diferentes que incluyeron producciones cerámicas locales. Desde las más antiguas Tanagra, Mavetro, Vetromile, C.Y.P.A, Forestier, Bikandi y FAMA (Saavedra Méndez, 1948)  fábricas de la década del 50 como Lozadur, Tsuji, Lozalit, San Lorenzo, Verbano S.A. y la firma rosarina Ortolani, introdujeron numerosas líneas estéticas como Kent, Limoges, Imperial, Aly, Donna Vilarejo, Támesis y las lozas en relieve Provenza y Mozart entre muchas otras. Incluyeron pastas blancas comunes y porcelana industrial, según el amplio listado de marcas suministrado por el anticuario Edgardo P.

También aparecieron, en la industria argentina de lozas, otras técnicas masificadas de decoración como la calcomanía o decalware y los filetes dorados en juegos de platos, té o café para visitas (Bringas et al, 2014; Schávelzon 2018). Entre éstas, se identificó con frecuencia la marca francesa Boch-Freres (en su versión “cherry”) de las cuales se recuperaron fragmentos en casi todos los sitios rosarinos.

Entre 1950 a 1970, a las cerámicas nacionales se le sumaron vajillas populares como las de vidrio opalino (“se llamaban Rigopal, eran celestes o a veces blancas”, Manuel F., comunicación personal), la resistente al fuego (Pirex) o a los impactos (Durax), “cosas más modernas, que eran para las amas de casa jóvenes, las recién casadas” (Edgardo P. comunicación personal).

Obtenidas de anticuarios o por herencia familiar, las lozas importadas decoradas en azul, verde o rojo, hoy suelen ser platos decorativos colgados en las paredes como en el caso de las viviendas de las vecinas consultadas, formando verdaderas colecciones hogareñas.

En ese panorama nacional y variado, los platos Patrón Trigo fueron finalmente olvidados, pero aparecieron como descartes, sea en los basurales o arrumbados en las alacenas. Quizás su condición de objeto común (en el sentido de no especial o extraordinario) fue el motivo de su ausencia en anticuarios y museos rosarinos, donde las marcas Boulogne o Festival aparecen pero con decoraciones impresas en color.

Si bien exceden los límites de este trabajo y restan sistematizar otros numerosos sitios rosarinos –todos cuantitativamente menores a los elegidos- lo arriba expuesto lleva a reflexionar sobre ciertos comportamientos, en este caso de la clase obrera o proletaria frente a la producción industrial de objetos domésticos y la causa del abandono final de esos objetos por la movilidad social ascendente.

La investigación comprobó que existen objetos cotidianos y populares que están menos documentados que aquéllos  de las élites, que permanecen visibles en los museos o catálogos (Henríquez et al. 2013). En ese marco, las elecciones de objetos de las clases subalternas podrían ser históricamente recuperadas mediante la arqueología, dado que formaron parte constitutiva de la historia local, inserta en un contexto capitalista mundial.

También el testimonio de vecinos puede ser importante para establecer las condiciones de uso y desuso de ciertos objetos. Si bien la edad de las personas es un límite para este tipo de metodología, la memoria sobre ciertos elementos cotidianos complementa la información arqueológica. Las entrevistas también pueden responder a ciertas problemáticas, sobre todo cuando el análisis formal o cuantitativo resultan insuficientes para los objetivos planteados.

Como reflexión final, la arqueología puede recuperar e interpretar los vestigios materiales elegidos por las clases menos favorecidas en el pasado, a veces escasos. Preferencias que esas mismas clases suelen olvidar frente a nuevos objetos para consumir al cambiar su situación, algo que pudo comprobarse en los testimonios de los entrevistados.

A futuro, otros temas como los gustos específicos, la formación de una estética del hogar, el carácter virtuoso de la limpieza y del trabajo, el ahorro forzado de los recursos o el pragmatismo cotidiano, podrían ser importantes dentro de una historia local: temas sociales del pasado que dentro de la arqueología urbana, pueden problematizarse y resignificarse, como es el caso de los consumos populares.

AGRADECIMIENTOS

In memoriam Manuel F. (1931-2020).

Agradecimientos a Ángela T., Gladys P., Edgardo P. por el material y a Lorena Puebla, Irene Dosztal, Carlos Tellechea Lencina y a Germán Giordano (CEAM) por la valiosa información

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