Desde el final de la Guerra de las Malvinas (1982) hasta la actualidad, distintas interpretaciones sobre el conflicto bélico dan su batalla en cada oración que se escribe sobre el tema. Si en la primera posguerra el armamento principal para la discusión eran los testimonios de los soldados, con la expansión de las redes sociales, pequeños y ocasionales combates se suceden en torno a la cultura material de la guerra. En este artículo nos proponemos analizar la discusión generada en torno a un objeto en particular: las zapatillas Flecha. Restos de este calzado perduran todavía hoy en los cerros que rodean Puerto Argentino. Turistas, curiosos y especialistas suelen tomar fotos y luego compartirlas en las redes sociales. A partir de su exposición pública, la simple base de una zapatilla desata escaramuzas en las que se posicionan -nuevamente- las distintas interpretaciones sobre la guerra. Esta vez entrecruzadas con las fibras de distintas memorias colectivas que parecen latir detrás de este objeto y que abarcan experiencias mucho más extensas que las de la propia guerra. En este trabajo, nos centraremos en analizar por qué este tipo de cultura material sirve de insumo para la discusión histórica y para la batalla entre distintas memorias colectivas. Para ello analizaremos la historia de este objeto, su condición específica como “lugar de memoria” para varias generaciones y la significación y usos dados por los ex combatientes en el contexto de la guerra.
From the end of the Malvinas war (1982) to nowadays, different interpretations on this conflict have given battle in each sentence written on the matter. If in the first post-war period the main weapon for the discussion were the testimonies of the soldiers, with the expansion of social networks, small and occasional combats regarding the war’s materiality take place. In this article we seek to analyze the existing discussion on one particular object: the Flecha sneakers. Remains of this footwear still lie today on the hills surrounding the Argentine Port. Tourists, curious onlookers and specialists tend to take pictures and usually share them on the social media network. Due to their public exhibition, the simple base of a sneaker causes disputes where –yet again– different interpretations of the war take their sides. This time intertwined with the threads of a collective memory that seems to beat behind this object and that comprises experiences so much wider than those of the war itself. In this paper, we shall focus on analyzing why this type of material culture serves as an input for the historical discussion and for the battle among different collective memories. To do so, we shall analyze the history of this object, its specific condition as a “memory place” for several generations and the signification and usage given by the veterans in the context of the war.
Desde o final da guerra das Malvinas (1982) até a atualidade, interpretações contraditórias surgiram sobre este conflito bélico. Se no primeiro pós-guerra o armamento principal para a discussão foram os depoimentos dos soldados, a expansão ulterior das redes sociais incitaram pequenos e ocasionais combates em torno à materialidade da guerra. Neste artigo propõe-se analisar a discussão gerada a respeito de um objeto particular: os chinelos Flecha. Restos desde calçado perduram até hoje nas colinas que cercam o Porto Argentino. Turistas, curiosos e especialistas costumam tirar fotos e partilhá-las nas redes sociais. A partir da sua exposição pública, a simples sola de um chinelo provoca escaramuças sobre as quais se posicionam - novamente - diferentes interpretações da guerra. Desta vez, ligadas com os elos de uma memória coletiva que parece bater por trás deste objeto e que inclui experiências muito maiores do que a própria guerra. Este trabalho centrar-se-á na análise da utilidade deste tipo de materialidade como matéria-prima para, quer a discussão histórica, quer a batalha entre diferentes memórias coletivas. Para isso, discutir-se-á a história deste objeto, a sua condição específica como “lugar de memória” para várias gerações, a sua significação e os usos dados pelos ex-combatentes no contexto da guerra.
Toda contienda bélica deja tras de sí una cultura material muy variada. La Arqueología del Conflicto ha podido hallar y analizar armas y municiones, así como también otros objetos de uso civil para el aseo, la vestimenta o la alimentación (Mujica Sallés y Menezes Ferreira, 2014). Sin embargo, nos preguntamos: ¿Todos estos objetos pueden ser portadores de memorias colectivas? Cuando Pierre Nora dio nacimiento al concepto de “lugar de memoria”, se refirió concretamente a objetos materiales o simbólicos con una característica en común:
Es ese algo el que define la cosa. Es sentido por cualquiera en forma espontánea y más o menos confusa. Le cabe al historiador analizar ese algo, desmontar su mecanismo, establecer sus estratos, distinguir sus sedimentaciones y sus coladas, aislar su núcleo duro, denunciar sus falsos pretextos y sus ilusiones ópticas, sacarlo a la luz, decir lo no dicho (Nora, 1984).
En un primer momento del análisis intentaremos probar la hipótesis de que las zapatillas deportivas Flecha forman parte de aquellos objetos portadores de memorias colectivas en relación a la Guerra de Malvinas. No solo para la generación que transcurrió su juventud durante la última dictadura militar (1976-1983) y los albores de la recuperada democracia, sino más atrás, para quiénes fueron sus usuarios/consumidores en los años 60´s y 70´s1.
Las Flecha fueron lanzadas al mercado en 19622 (ver Figura 1) en una década marcada por el surgimiento de un nuevo actor protagónico a nivel mundial:
Si bien los factores que hicieron posible este fenómeno son múltiples y muy complejos, una gran cantidad de investigadores coincide en vincular la “juvenilización” de la cultura y de la política con el período de expansión económica posterior a la Segunda Guerra Mundial (Delgado, 2019, p.8).
En ese contexto económico, se crea: “Un mercado, un consumo y una industria orientado a los jóvenes” (Chaves, 2006, p. 8). Como así también, una identidad cultural: “Un estilo distintivo para todo el grupo, la ropa y la música-rock unen sin ninguna duda a esta generación más joven” (Chaves, 2006, p. 8).
En Argentina fueron los años de la “democracia tutelada”, del peronismo proscripto y de gobiernos que asumen con poca o nula legitimidad, sea por las urnas o por recurrentes golpes de Estado. Nacen y se multiplican nuevas experiencias sociales en las que predominan las voces de los y las jóvenes3.
Para 1982, y con una juventud perseguida y reprimida por el Terrorismo de Estado, las Flecha se habían convertido en uno de los calzados más utilizados a nivel popular. Tanto en su uso civil como en las prácticas del Servicio Militar Obligatorio (en adelante SMO) donde eran entregadas a cada nuevo recluta junto al resto del equipo4.
El 70% de los soldados argentinos que pelearon en Malvinas eran conscriptos, es decir, tenían entre 18 y 20 años y no habían elegido la carrera militar. El total de esos doce mil efectivos no sabían con exactitud por qué tiempo iban a las Islas Malvinas5. Tampoco tuvieron la temporalidad suficiente ni las condiciones6 para elegir la materialidad que iba a acompañarlos. Los pocos objetos personales que pudieron llevar a las islas coinciden con los que Basso analiza a través de su concepto de “objetos en tránsito” y que se definen por: “…ser transportables y de haber estado en tránsito, acompañando las historias de vida de los exiliados” (Basso, 2013, p. 2).
Difícilmente podríamos caracterizar a los ex combatientes como “exiliados”, aún cuando compartieran con este grupo la misma condición que les impedía volver a su lugar de origen por tiempo indeterminado. Incluso, ejerciendo una dinámica similar con los objetos a la hora de partir al frente de batalla:
Irse con lo puesto -postales, fotos, casetes, cartas, sabores, etcétera- significó para muchos mantener un vínculo con el país de origen mediante uno o varios objetos; un lugar de memoria radicado en una materialidad, una representación y un contacto con los familiares y el imaginario nacional del país de nacimiento. (Basso, 2013)
Las Flecha no formaron parte de estos objetos en tránsito elegidos por los Veteranos de la Guerra de Malvinas (En adelante VGM). Sin embargo, una vez pasada la guerra y por ser elementos reconocibles, de consumo popular y encontrarse actualmente expuestos, se convirtieron en objetos públicos y políticos con capacidad de ser lugares de memoria. Ese fue, sin duda alguna, el punto de partida de este artículo. Desde la reapertura de los viajes a las Islas Malvinas en 1999, turistas, familiares de VGM e investigadores de distintas nacionalidades han viajado y recorrido sus campos de batalla. Todavía hoy, treinta y ocho años después, un sinnúmero de objetos que van desde elementos bélicos-vainas servidas, fustes de ametralladoras- a objetos referidos a la vida cotidiana -cepillos de dientes, latas de alimentos, cubiertos, ponchos, pilas de baterías-, permanecen a la intemperie expuestos al público y a toda lectura política posible. De todos ellos, los que mejor se han conservado del huaqueo, la falta de políticas de conservación básicas y las condiciones climáticas7 son las bases8 de PVC de las zapatillas Flecha.
Gran parte de quiénes recorrieron las Islas han fotografiado a las Flecha descansando sobre la turba, como también lo hizo quién escribe (2020). Cada vez que esa foto es publicada en las redes sociales, la imagen genera una controversia. ¿Pelearon en zapatillas? Esta y otras preguntas se disparan a partir de una misma imagen que evoca distintas memorias en conflicto. La Guerra de Malvinas es una herida abierta en la historia argentina que se ve reflejada en el campo de las interpretaciones y la discusión histórica. Tal como afirma Martin Kohan (2014), los soldados argentinos no volvieron de la guerra “lacónicos y faltos de experiencia” (p. 269), como los combatientes de la Primera Guerra Mundial descritos por Walter Benjamin, sino todo lo contrario. A pocos meses de finalizado el conflicto, en agosto de 1982, se publicaba el primer libro de testimonios (Kon, 1982) que daría inicio al campo de las interpretaciones sobre el conflicto bélico. Ese primer impulso testimonial fue perdiendo fuerza a medida que avanzaban los años de la desmalvinización y la amnesia colectiva que rodearon a los primeros gobiernos de la recuperada democracia9.
Desde entonces, hasta la actualidad, el conflicto bélico se ha convertido en un verdadero campo de batalla para la discusión histórica. Para muchos, la guerra representa una “gesta patriótica”, para tantos otros, el último manotazo de ahogado de la dictadura militar y el preludio a la recuperación democrática. Si en los primeros años de la posguerra la materia prima utilizada en estos combates fueron los testimonios de los soldados, oficiales y suboficiales, en los últimos años, el desarrollo y expansión de las redes sociales ha reavivado el fuego usando como insumo el retrato de la cultura material. Al decir de Nicholas Saunders (2009): “Where speech failed, materiality could intervene” (p. 37).
Nos preguntamos entonces, ¿es posible hacer “hablar” a estos objetos sin reponer su contexto de producción y el valor de uso que le dieron sus usuarios/consumidores? ¿Es posible hacerlo sin tocar las fibras de la memoria colectiva a la que sirven de anclaje, como sugiere González Ruibal (2009)?
Hablamos de un tipo de patrimonio particular que nos presenta el desafío de poder analizarlo con el dolor de una herida todavía abierta: “How do we feel about our troubled pasts, about a ‘heritage that hurts’?” (Schofield, Grey, Beck, 2002, p.22.). Patrimonio que precisa ser abordado desde el trabajo interdisciplinario:
La denominada “Arqueología de campos de batalla” toma de la Arqueología y de la Arqueología histórica, posturas epistemológicas, teóricas y metodológicas. Como éstas, constituye un campo de investigación pluridisciplinario pues en aras de enriquecer su producción puede y debe congregar a especialistas de diversas disciplinas (Landa y Hernández de Lara, 2014).
Como lo anticipamos en la introducción, el concepto de “lugar de memoria” de Pierre Nora nos permite acercarnos al estudio de las zapatillas Flecha y su relación con la memoria colectiva:
Si creí poder cubrir ciertos objetos materiales con una expresión que hacía de ellos lo que propuse llamar «lugar de memoria», es porque era posible un relacionamiento entre la naturaleza de esos memoriales y un tipo de objetos extraordinariamente variados que no tienen en común más que su significado simbólico y su contenido de memoria. (Nora, 1984).
Ese contenido “sentido por cualquiera en forma espontánea y más o menos confusa” (Nora, 1984, p.111) coincide con el concepto de aura introducido por Benjamin (1939) y retomado por el arqueólogo Shanks para pensar la relación entre objetos y memoria: “When we speak of something having sentimental value we are referring to aura; the article means something to us because it evokes memories of a common history; both the article and we have shared a life” (Shanks, 1998, p.8). Esa historia común refiere a un grupo o comunidad, y por ende al concepto de memoria colectiva acuñado por Halbwachs:
Para obtener un recuerdo, no basta con reconstruir pieza a pieza la imagen de un hecho pasado. Esta reconstrucción debe realizarse a partir de datos o nociones comunes que se encuentran en nuestra mente al igual que en la de los demás, porque pasan sin cesar de éstos a aquélla y viceversa, lo cual sólo es posible si han formado parte y siguen formando parte de una misma sociedad (Halbwachs, 1950).
El punto en común entre el objeto y las personas no necesariamente remite a una sola memoria colectiva. Halbwachs habla de una “multiplicidad de memorias colectivas” (Halbwachs, 1950, p.56) sin adentrarse en las posibles disputas que estas pudieran despertar entre sí. En el caso de estudio de este artículo, y tal como lo observa Jelin (2005), hablamos de un período de la historia argentina del que no pueden soslayarse las experiencias traumáticas compartidas como colectivo y las diferentes interpretaciones y lecturas del pasado que despiertan en la actualidad:
En todos los casos, pasado un cierto tiempo que permite establecer un mínimo de distancia entre el pasado y el presente, las interpretaciones alternativas (inclusive rivales) de ese pasado reciente y de su memoria comienzan a ocupar un lugar central en los debates culturales y políticos. Constituyen un tema público ineludible en la difícil tarea de forjar sociedades democráticas. Esas memorias y esas interpretaciones son también elementos clave en los procesos de re-construcción de identidades individuales y colectivas en sociedades que emergen de períodos de violencia y trauma (Jelin, 2005).
A partir de este análisis entendemos a la memoria de la Guerra de Malvinas como un campo de lucha política:
La lucha por el sentido del pasado se da en función de la lucha política presente y los proyectos de futuro. Cuando se plantea de manera colectiva, como memoria histórica o como tradición, como proceso de conformación de la cultura y de búsqueda de las raíces de la identidad, el espacio de la memoria se convierte en un espacio de lucha política (Jelin, 2005).
Las diferentes interpretaciones históricas que despierta este objeto nos sugieren que la cultura material puede convertirse en un insumo más del debate político, histórico y cultural sobre la memoria. ¿Cómo hacer para “desmontar su mecanismo, establecer sus estratos, distinguir sus sedimentaciones y sus coladas, aislar su núcleo duro, denunciar sus falsos pretextos y sus ilusiones ópticas, sacarlo a la luz, decir lo no dicho?” (Nora, 1984).
En el caso de las zapatillas Flecha nos referimos a un tipo de cultura material que puede ser analizada desde la concepción no-clásica que conceptualiza a los objetos como no-neutros: “Cumpliendo un rol activo y pleno en su relación con los sujetos y otros objetos” (Landa y Ciarlo, 2020, p. 202). Concepción que han desarrollado desde la Antropología distintos autores (Appadurai, 1986; Cancino Salas, 1999; García Canclini, 1995; Kopytoff, 1986; McCraken, 1986; Miller, 1987), como así también desde la Arqueología (Hodder, 1982; Shanks y Tilley, 1992).
En primer lugar, este trabajo se centrará sobre las interpretaciones más extendidas sobre la Guerra de Malvinas y sus efectos duraderos sobre la lectura actual del conflicto. Allí analizaremos las diferentes posiciones sobre el accionar de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) argentinas, tanto respecto a la guerra como a la represión ilegal, y su relación con la construcción social de la figura de los VGM en el marco de la democracia recuperada en 1983.
A continuación, y a partir de las herramientas de la Sociología del Diseño (Manzini, 2015), trabajaremos en la relación entre el contexto de producción, las condiciones materiales del objeto, sus guiños de diseño a otros calzados de la época y el marketing con que la empresa construyó su política publicitaria en diferentes momentos de la historia argentina. Al mismo tiempo, realizaremos un análisis desde la Historia Social que nos permita conjugar la identidad construida sobre el calzado y el momento político-cultural de la juventud argentina como actor protagónico. En este análisis utilizaremos el concepto de valor de uso (Marx, 1976) como aquel que tiene un objeto para satisfacer una necesidad. Propiedad que nos permitirá entender la utilización de las zapatillas antes y durante el conflicto bélico.
En la última parte del artículo trabajaremos sobre la memoria oral de los VGM y los debates generados en las redes sociales en torno a la exposición de las zapatillas en la turba malvinense. La selección de testimonios de los VGM abarca distintas fuerzas, regimientos y posiciones con el objetivo de ser una muestra lo más abarcativa posible de la experiencia en la guerra. A este análisis sumaremos la irrupción de las Flecha en el cine argentino, enmarcada en un contexto de revisión del pasado reciente iniciado en Argentina a partir del año 2003.
Para finalizar, nos centraremos en pensar cómo las distintas lecturas sobre el mismo objeto alimentan interpretaciones enfrentadas sobre lo sucedido en el conflicto bélico, es decir, son insumos en el campo de batalla por el pasado reciente en función de las actuales luchas políticas.
Las Islas Malvinas se ubican en el Océano Atlántico Sur (Figura 2) y están compuestas por dos grandes islas (Soledad y Gran Malvina), acompañadas de otros 700 pequeños archipiélagos. Tanto España como Argentina ocuparon efectivamente las Islas desde 1766 en adelante, constituyendo gobernaciones y poblados permanentes. Desde la ocupación británica por la fuerza de 1833, el Estado Argentino reclamó sistemáticamente la restitución de sus territorios usurpados a través de la diplomacia.
Para 1982, el Reino Unido se había negado a aceptar estos reclamos que incluían a las Islas Georgias, Sándwich y Orcadas del Sur. Argentina se encontraba entonces gobernada por una dictadura militar en decadencia mientras que el Reino Unido mantenía como primera ministra a Margaret Thatcher, cuyo gobierno neoliberal había generado una recesión económica inédita (Farfán, 1991). Tras varias semanas de tensiones diplomáticas, el 2 de abril de 1982 la marina argentina desembarcó y recuperó el dominio sobre las Islas con la Operación Rosario. Si bien la estrategia argentina inicial preveía que la acción militar sirviera a los fines de reforzar su posición en la mesa de negociaciones para luego retirar los efectivos de las islas, el apoyo popular que despertó la noticia modificó los cálculos de la dictadura (Lorenz, 2009). Por su parte, el gobierno británico alistó rápidamente a su Fuerza de Tareas para recorrer los más de 11 mil kilómetros que separaban a las Malvinas del Reino Unido. Mientras la flota inglesa se acercaba, las negociaciones diplomáticas continuaron a contrarreloj, hasta que el Reino Unido decidió hundir el ARA General Belgrano, aún cuando éste se encontraba fuera del área de exclusión. Desde ese día, 2 de mayo, hasta el 14 de junio, las Fuerzas Armadas de Argentina -compuestas en su mayoría por conscriptos- se enfrentaron a una fuerza de tareas profesional -con apoyo logístico y tecnológico de la OTAN (Bartolomé, 1997)- por aire, mar y tierra, dejando un total de 258 bajas británicas y 649 bajas argentinas. La victoria militar británica significó la continuidad de Thatcher y sus políticas neoliberales (Bartolomé, 1997) a la vez que el capítulo final de la dictadura militar argentina (Lorenz, 2009). Por su parte, el Estado Argentino no renunció a sus reclamos de soberanía sino que los continuó y profundizó una vez que la democracia fuera recuperada.
Hasta la rendición del 14 de junio de 1982, los informes oficiales de la dictadura y la prensa se encargaron de propagar la idea triunfalista de que, a pesar del avance británico, la guerra se libraba con buenos resultados. Los medios de prensa ―y sobre todo los mismos que habían impulsado el entusiasmo bélico fraguando noticias y comunicados― se dedicaron a canalizar y dar respuesta a ese clima social mediante informes especiales que buscaban ofrecer respuestas a la demanda por encontrar las causas y los responsables de la derrota (Lorenz, 2009). El análisis de la derrota militar y sus culpables se combinaba, en los mismos programas, con la difusión de los testimonios que probaban la existencia del Plan Sistemático de Represión. Terrorismo de Estado con el que la dictadura había desaparecido, torturado y masacrado a miles de jóvenes y obreros para imponer su programa económico neoliberal y disciplinar al pueblo argentino (Basualdo, 2006).
En ese contexto, y a solo dos meses del final de la guerra, se publican cuatro de las obras más importantes que definen las interpretaciones clásicas sobre el conflicto bélico. “Los chicos de la guerra” (Kon, 1982), “Pichiciegos” (Fogwill, 1982), “Juan López y John Ward” (Borges, 1982) y “Así lucharon” (Túrolo, 1982). En el campo de la literatura, la obra de Fogwill iniciará la larga marcha de los contra relatos, mientras que la de Borges retomará las bases del anti belicismo universal. Por la vía de los testimonios, los libros de Kon y Túrolo darán inicio a las dos posturas “clásicas” sobre la guerra. La obra de Kon fundará un canon en el que se reduce a los VGM a la figura de chicos/víctimas. Para ello se apoyará en el testimonio de soldados conscriptos que han regresado de la guerra y que resaltan la experiencia traumática y extrema que han vivido. La construcción de los VGM como chicos/víctimas tiene un profundo eco en una sociedad civil que intenta diluir su apoyo a la guerra, y también al gobierno militar, dejando como únicos responsables a los altos mandos castrenses:
La búsqueda de culpables y sus víctimas constituyó un excelente mecanismo auto exculpatorio que permitió a millares de argentinos acompañar la voluntad refundacional de la transición a la democracia: una sociedad honesta había sido engañada en su buena fe (tanto en Malvinas como con la represión ilegal) (Lorenz, 2009).
Tal es así que el libro agotó varias ediciones en pocos meses10 y es llevado al cine en versión película dramática11, convirtiéndose en la lectura más extendida durante la temprana posguerra. Por su parte, Túrolo también recupera testimonios de ex combatientes, pero más puntualmente de suboficiales u oficiales, es decir, militares de carrera. Su operación es sencilla: combatir tanto las lecturas triunfalistas durante la guerra como las “derrotistas” en la posguerra:
Durante la guerra, nuestros combatientes eran héroes absolutos, casi “superhombres”. Después del 14 de junio, esos mismos personajes pasaron a ser “ineficientes”, “cobardes” e “incapaces” (Turolo, 1983, p.7).
Más allá de su intención declarada de posicionarse en un lugar neutro, el libro trae la voz de oficiales y suboficiales que se centran en acciones militares heroicas. Si bien no tendrá el mismo éxito editorial que Kon, el libro de Túrolo sentará las bases de la posición contraria: la que reivindica las decisiones de la oficialidad y su rol durante el conflicto12. Si el libro de Kon responde a la voluntad de auto exculparse de la sociedad argentina, el de Turolo interviene sobre la grieta generada en el ejército tras el final de la guerra:
La fuerza se dividió entre el Ejército combatiente en Malvinas y el que no. Los oficiales y suboficiales veteranos de guerra recriminaron a sus mandos y compañeros el abandono y la improvisación con la que habían aportado a la guerra desde el Continente, así como la irrealidad de las órdenes impartidas a Menéndez. Pero sus pares "continentales" les reprocharon falta de valor e iniciativa, así como los responsabilizaron de que ahora las condiciones para la no revisión del pasado represivo eran mucho más endebles (Lorenz, 2009).
A su vez, funciona como bunker para aquellos que encontraban en Malvinas un lugar donde guarecerse frente a las acusaciones por delitos de lesa humanidad, como lo demostrarán los casos de Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldin. Ambos oficiales, de reconocida actuación en la guerra, lideraron el movimiento carapintada que se alzó en armas contra el gobierno de Alfonsín para poner un freno a los juicios contra los crímenes de la dictadura (Lorenz, 2009). Si bien podemos decir que en los primeros años del nuevo siglo comienzan a vislumbrarse nuevas lecturas13 que evitan los posicionamientos extremos de las posturas clásicas, estas últimas dejarán marcas visibles en las interpretaciones sobre la guerra. Marcas que pueden verse reflejadas en torno al debate que genera, todavía hoy, la imagen de las zapatillas Flecha en suelo malvinense.
Las primeras zapatillas Flecha fueron fabricadas por la Fábrica Argentina de Alpargatas en 1962. Para entonces, la empresa llevaba tras de sí un largo derrotero que había acompañado, hábilmente, los vaivenes de la economía nacional. En sus inicios, allá por 1885, comenzaría su camino como productora de alpargatas con suela de yute, calzado predominante entre el inmenso caudal de inmigrantes que llegaban desde Europa. Esas primeras alpargatas reemplazarían a las que, hasta entonces, se importaban de Inglaterra (Tapia, 2019). A partir de 1930, la empresa toma el impulso creciente de la primera etapa de la ISI -Industrialización por Sustitución de Importaciones- expandiéndose a distintas provincias y asociándose con capitales británicos para incorporar tecnología de punta. En los sesenta, Alpargatas forma parte de las industrias que, sin abandonar el mercado interno, comienzan a exportar sus productos. La empresa ingresa a los mercados latinoamericanos subida al auge del “marquismo” norteamericano (Tapia, 2019, p.11) como nuevo modelo para comercializar indumentaria. Desde entonces, busca fidelizar y multiplicar clientes habituales o cautivos, usando las marcas como garantía de confianza.
Las Flecha desembarcan en el contexto de un nuevo golpe cívico-militar, que desplaza por la fuerza al presidente constitucional Arturo Frondizi. Son los años de la “democracia tutelada” (Cavarozzi, 2006), en los que las Fuerzas Armadas demuestran su inmenso peso político decidiendo si un gobierno civil puede cumplir o no su mandato constitucional. Es el tiempo del peronismo proscripto y de gobiernos con escasa legitimidad, electos bajo un sistema que excluía a las amplias mayorías. Durante esta década, las Fuerzas Armadas hacen propia la Doctrina de Seguridad Nacional que alientan los Estados Unidos en los llamados “países del Tercer Mundo” (Portantiero, 2016). Con el pretexto de evitar la posible expansión del comunismo, las FF.AA. se dedican a reprimir todo tipo de manifestación política, social y cultural.
Hacia el fin de esta década estallan grandes rebeliones populares contra este sistema opresivo cuyos mayores exponentes serán el Rosariazo y el Cordobazo. El actor protagónico de estos levantamientos será la juventud aliada al movimiento obrero (Gordillo, 2003). Germinan entonces las primeras organizaciones armadas y florecen los sindicatos combativos. Se expanden los movimientos contraculturales y las bandas de rock con un discurso que, aún bajo la censura, se muestra contestatario y rebelde.
Las Flecha hacen su entrada en escena entre las barricadas humeantes de Córdoba y Rosario (Figura 3), pero también bajo los pies de distintos referentes del rock nacional como Charly García y Nito Mestre (Son dos, hacen rock, tienen talento, 1973).
Son el opuesto al zapato de cuero heredado de generaciones anteriores, tanto por su valor de uso -más cómodas y menos rígidas- como por los “guiños” estéticos a las zapatillas identitarias de la contracultura estadounidense: las Converse Chuck. Combinan, entonces, las dos acciones que Manzini (2015) tipifica para el diseño: solucionar problemas en el ámbito físico-biológico y producir sentido en el ámbito social.
Las Flecha usan la misma lona que las Converse y ofrecen, también, dos opciones -básquet o medio básquet- con distinta altura de capellada. A este detalle se suma el de la puntera, similar a la de concha marina utilizada por una zapatilla de referencia internacional para la época: las Adidas Superstar (Tapia, 2019). Estas características y guiños estéticos se combinan con un precio accesible para las clases medias en expansión. Una posible explicación a este menor costo -respecto a otras zapatillas del mercado- era la tecnología de inyección de bases que: “implicaba un proceso más industrializable y con menor uso de mano de obra en comparación con el caucho vulcanizado” (Tapia, 2019, p.11). Si bien en un principio el marketing de la marca no apuntará a un sector en particular (Figura 1) en los inicios de la década de los 70´s dirigirá sus esfuerzos a la juventud de la época representada con rostros desafiantes, ropa informal y en movimiento (Figura 4). Lo que se verá reforzado por el formato elegido para el logo de la marca: “Como metáfora del espíritu de la época, el logotipo de la marca era en sus orígenes una flecha roja con dirección a la izquierda” (Tapia, 2019, p. 11).
Con la irrupción de la dictadura militar, en 1976 la empresa intensificó los vínculos, tanto económicos como políticos, con el Estado nacional. Desde la década del 30, uno de los principales grupos financieros de capitales ingleses, el grupo Roberts, formaba parte del directorio de Alpargatas. Uno de los más famosos ejecutivos y propietarios del grupo fue el primer ministro de economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz. Miembro de una histórica familia terrateniente, Martínez de Hoz era integrante del CEA-Consejo Empresario Argentino. Este agrupamiento empresario fue uno de los principales impulsores del golpe de Estado contra el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón. Como consecuencia, a partir de la instauración de la dictadura distintos miembros del CEA ocuparían cargos políticos de relevancia:
Ejecutivos del Grupo Zorroaquín al mando del Banco Central y del Banco de la Nación; directivos de Astra en la presidencia de Gas del Estado; miembros del Grupo Roberts –Alpargatas, Banco Francés– en la presidencia y vicepresidencia del Banco Nacional de Desarrollo (Baudino, 2013).
Estos “premios” se verán acompañados de distintas dádivas estatales en forma de créditos a tasas blandas, condonación de deudas y la puesta en funcionamiento de la bicicleta financiera que les permitirá fugar cientos de miles de dólares del país (Bona, 2018). Alpargatas acompañará este tránsito de la ISI al sistema de valorización financiera expandiendo sus negocios con la participación en distintos bancos y compañías de seguros.
También se sumará a la ideología neoliberal de la dictadura, girando el sentido de la flecha en las publicidades de la izquierda (Figura 5) hacia la derecha (Figura 6). El cambio se extenderá a la estética publicitaria y al slogan. La juventud “hippie” de pelo largo en escenarios campestres (Figura 5) y los diseños psicodélicos (Figura 4) serán reemplazados por jóvenes de pelo corto rodeados de autos-hasta un jeep militar- y edificios (Figura 6). El slogan, por su parte, pasará de ser “Juventud” (Figura 5) a “Va en tu mismo sentido” (Figura 6).
El uso de calzado civil o deportivo tiene una extensa tradición en las Fuerzas Armadas de todo el mundo (Fernández, 1947). Para traer sólo un ejemplo, que además inspiró a los creadores de las Flecha (Tapia, 2019), las Converse All-Star fueron el calzado oficial de entrenamiento en el ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial (DeMello, 2009). Su valor de uso estaba dado tanto por la mayor elasticidad y menor peso de sus componentes para actividades de entrenamiento, como también por funcionar como calzado alternativo para el tratamiento de distintas afecciones comunes en los campos de batalla (Figura 7), como el pie de trinchera, los esguinces u otras dolencias (Patterson, 1945). Experiencias por las que habían pasado los soldados de la Primera Guerra Mundial y que Estados Unidos decidió prever ante futuros conflictos.
En Argentina, las zapatillas Llavetex y de otras marcas habían precedido a las Flecha en el equipo que se entregaba a cada nuevo conscripto (Amendolara, 2012) por lo cual la tradición de un calzado deportivo como parte del equipamiento no se funda con la Guerra de Malvinas. Por ejemplo, un VGM que ingresó al SMO en marzo de 1981, afirma: “Recibí las zapatillas Flecha con el resto del equipo cuando me incorporé a la colimba en el Regimiento de Patricios” (M. Justo, VGM del RI1 Patricios, comunicación personal, 2020).
A pesar de esta experiencia, que se replica en los testimonios de quienes hicieron el SMO durante los años previos a la guerra, las Flecha toman otro significado cuando se las referencia con la guerra:
Venían en el bolso con todo el equipo, estaban los borceguíes y las Flecha de color blanco que eran la ropa para gimnasia. Pero te imaginas que ¡cuándo íbamos a hacer gimnasia en Malvinas! Además si tenés en cuenta el clima de la zona era bastante ridículo (Tapia, 2019).
Las Flecha pierden el valor de uso que tenían durante la vida civil, en la que podían ser tanto un calzado más cómodo que el zapato tradicional como también el símbolo de pertenencia a una juventud rebelde. En este caso, el testimonio destaca la posible ridiculez de llevar zapatillas para un terreno como el malvinense, aún cuando fueran pensadas para “hacer gimnasia”, es decir, para cumplir la función que tenían durante el SMO. Lectura que se sobreimprime sobre las reconocidas fallas de logística llevadas adelante por las FF. AA., sostenidas en la hipótesis de que el Reino Unido no respondería con un ataque militar, sino que la recuperación serviría para sentar a sus representantes en la mesa de negociación (Lorenz, 2009, p.37).
Veamos entonces, cuál fue la experiencia concreta de los soldados en cuánto al valor de uso de este calzado. Dado que la estrategia argentina precisó de distintos tipos de unidades militares y de su adaptación a diferentes terrenos, seleccionamos testimonios de VGM que participaron en diversas fuerzas y regimientos15. En algunos casos, se destaca el valor de uso:
Les cuento que yo fui a Malvinas en zapatillas. En una foto muy borrosa sacada en Comodoro estoy junto al Subteniente Tamaño y su tripulación esperando para subir al Hércules con las famosas Flecha blancas. El motivo, una infección en el tobillo y para no quedarme no dije nada. En la isla me puse zapatillas varias veces más porque los borcegos me apretaban el tobillo hinchado. La infección se curó sola. Vi a algunos con zapatillas pero no sé los motivos, igualmente no creo que les faltaran borceguíes, aunque pueden haber muchos motivos para esto (Mancisidor, 2008).
Mientras en otros, se remarca la poca instrucción de suboficiales y oficiales para maximizar su uso, como también la escala de necesidades básicas insatisfechas que a veces impedían pensar en el calzado:
Las llevé, no las usé porque todo era lluvia, barro, charcos y nieve y consideré que el borceguí era mejor para eso. Ahora bien, si los oficiales se hubiesen ocupado con conocimiento del "estado físico de la tropa", hubiésemos puesto más cuidado en nuestros pies y alternado, según el día, medias y calzado para evitar el pie de trinchera. Pero el calzado no te preocupa cuando te morís de hambre (H. Francia, VGM del RI7, comunicación personal, 2021).
Aún en el mismo regimiento y en una posición similar, los testimonios no concuerdan:
Yo las use, y la verdad que me vinieron bien porque eran necesarias cuando uno tenía que desprenderse por un rato de los borceguíes cuando estaban húmedos, porque iba a descansar, porque estaba adentro de la carpa a resguardo (T. Reda, VGM del RI7, comunicación personal, 2021).
Aunque puede intuirse que, según el terreno, el valor de uso se modificaba:
No las usé nunca, siempre tuve mis borcegos, no tuve problemas en los pies, ni siquiera tuve ampollas. Los borcegos me quedaban muy bien. No tuve esos problemas porque no estuve en un pozo de zorro, no lo pude hacer nunca por las piedras y dormí los sesenta días en la carpa (J. Soto, VGM del RI7, comunicación personal, 2021).
Como se refleja en otros testimonios de VGM que estuvieron en pozos de zorro al sur de Puerto Argentino:
El problema era que al pisar la turba con agua, la suela quedaba pegada y se salía del pie. Inútil usarla dentro del pozo. Bajo dictadura militar, uno no tenía derecho a pensar o actuar en forma personal. Únicamente había que obedecer (A. Martin, VGM del RI1, comunicación personal, 2021).
Y que en algunos casos tenían problemas con el otro tipo de calzado: “Yo las llevé en el bolso pero con la humedad y la lluvia y esos borcegos viejos que se me encarnaron porque tuve pie de trinchera, jamás me pude sacar los borceguíes para ponerme las zapatillas” (S. Katz, VGM del RI3, comunicación personal, 2021). Por otra parte, surgen diferenciaciones en torno a unidades de la marina con otro tipo de preparación y equipamiento:
No las usé porque el infante de marina era muy precavido con los pies. Teníamos buenas botas así que no había problema, estábamos en Tierra del Fuego antes de la guerra, que es el mismo clima que las islas. Llevábamos talco y varios pares de medias. Éramos infantes y nos rompían la cabeza para que tengamos todos los elementos y nos lavemos los pies (D. Zambrino, VGM del BIM5, comunicación personal, 2021).
Si el impulso testimonial de los primeros años de posguerra fue anestesiado desde finales de los 80´s con políticas de amnesia y un devenir democrático que buscaba despegarse del pasado reciente (Lorenz, 2009), Malvinas vuelve a escena a partir del movimiento contrario iniciado desde el Estado en 2003 con la asunción de Néstor Kirchner (2003): “Venimos desde el sur de la Patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas".
Su gobierno no solo se caracterizó por llevar la Causa Malvinas a todos los foros internacionales sino también por recuperar la historia de las islas a nivel oficial y otorgar beneficios a los VGM (Segade, 2016). Estas reivindicaciones históricas fueron acompañadas por políticas de memoria que, después de dos décadas de amnesia e impunidad, reivindicaron desde el Estado a la memoria como espacio de lucha política (Jelin, 2005).
En ese contexto, obras literarias como Iluminados por el Fuego (Esteban, 1999), escrita por el VGM Edgardo Esteban ycasi ninguneada durante los 90´s, llegan al cine generando un éxito de taquilla. En la película, como en el libro, los soldados son víctimas del maltrato y las torturas de algunos de sus superiores, pero también héroes a la hora de defender a sus compañeros de pozo.
La película revivió el ya antiguo debate interpretativo sobre la guerra generando opiniones contrapuestas. Por una parte aparece la crítica de algunos de los compañeros de Esteban pertenecientes al Grupo de Artillería Aerotransportado 4 (Kasansew, 2020). En la vereda opuesta, se propaga la adhesión de muchos ex combatientes que a partir de ese momento comienzan a denunciar el maltrato y las torturas sufridas de parte de sus superiores. Como resultado, en 2007 -dos años después del estreno de la película- se presenta la primera denuncia por torturas contra 18 militares (Ranaletti, 2017).
Los chicos de la guerra de Kon reaparecen a través del cine. Esta vez con un halo de heroísmo solidario interpares, efectos especiales y una materialidad que busca exaltar la precariedad del equipamiento que los colimbas llevaron a la guerra. En la primera escena en la que se recrea la situación de los soldados en Malvinas, los suboficiales ordenan realizar una formación sobre el terreno fangoso. Los soldados salen de sus pozos de zorro con movimientos lentos, mostrando rostros sucios y cansados. En el siguiente plano, la cámara enfoca un par de zapatillas Flecha que navegan entre el fango y sostienen un cuerpo tembloroso. Si bien durante el resto de la película los soldados calzan borceguíes, la presencia de las Flecha pone en juego una interpretación que se difundirá con mayor fuerza a partir de que el caudal de argentinos que viajan a las islas vaya aumentando (Figuras 8 y 9) y que las redes sociales se convierten en un nuevo espacio público y de acceso popular.
A ver si me despejan una duda, como puede ser
que varios soldados estuvieron calzados con zapatillas? No se me pasa
por la cabeza que un soldado las utilice.
¿Zapatillas Flecha como calzado reglamentario? (Silvio, 1982).
Este tipo de comentarios se replican en foros, redes y otros tipos de páginas web donde se difunden fotos digitalizadas del conflicto como también imágenes de la posguerra donde aparecen las Flecha. Uno de los más conocidos en el ámbito castrense -www.zona-militar.com- refleja la perplejidad con la que los usuarios responden a las fotos:
“En muchas fotos actuales de Malvinas se pueden apreciar parvas de zapatillas tiradas en todos lados (se supone que en lugares en los que hubo tropas durante la guerra). Teniendo en cuenta la naturaleza de las islas y de las operaciones de 1982, no me cierra que sean de efectivos argentinos (mucho menos británicos). ¿Alguien tiene alguna explicación al respecto? Gracias.” (FerTrucco, 2014).
En otro tipo de grupos/páginas más abiertos, como son los de la plataforma Facebook referidos a la guerra de Malvinas16, el aura de las Flecha (Shanks, 1998) evoca una historia común previa a la guerra: “Yo las usé en la escuela primaria, eran un lujo no se rompían mas😅😅mi vieja no me podía comprar y me daban en la escuela” (Malvinas 1982, 2020). “La que me regalaba mí abuela cuando era chico. Que recuerdos !!!” (Operación Malvinas, 2020). También trazando paralelos entre la propia experiencia y lo que pudo ser la guerra: “Esas zapatillas las llegué a usar cuando era pibe. Te re cagabas de frío, imagínate en las Malvinas” (Rojas, 2020).
En algunos comentarios hasta puede observarse el tipo de clase social que representaban las zapatillas: “Soy clase 75 pero las use hasta mis 13 años… llegue a odiarlas, mis amigos con topper, Adidas y yo flecha...jajjaja” (Zatta, 2020).
Por supuesto, la lectura más clásica también aparece: “Para la guerra en pleno frío malvinense le daban zapatillas de lona, que hdp!! es inconcebible” (Franceschini, 2020). Y sus correspondientes respuestas desde el sector que reniega de cualquier crítica al accionar de las Fuerzas Armadas: “¿Quién maneja esta página? ¿Un británico? No hacen más que publicar contenido sacado de contexto que alimenta las falacias sobre Malvinas.” (Agüero, 2020). “Muchachos, dejen de ver fantasmas, en todo ejército del mundo son obligatorias las zapatillas, o con que creen que se hacen ejercicios, con botas de montar?, las zapatillas se llevan a todas partes, son como tu fusil” (Nicanor Chile, 2020).
Tomando en cuenta esta batalla permanente, en algunos casos los administradores se anticipan a los posibles comentarios (Figura 10).
A casi cuarenta años del final de la guerra, las diferentes interpretaciones históricas continúan batallando en torno a la memoria de la Guerra de Malvinas. Si en la primera posguerra el insumo para la argumentación era el testimonio de los VGM, en la actualidad el fuego parece reavivarse en torno a la cultura material que todavía persiste en los campos de batalla malvinenses. Cada lectura posible sobre el conflicto remite y retroalimenta no solo una visión histórica sino una posición política sobre el presente y el futuro (Jelin, 2005). En este caso, sobre las implicancias del accionar de las Fuerzas Armadas durante la guerra y el juzgamiento de posibles delitos de lesa humanidad contra soldados conscriptos y por ende sobre el rol que deben tener en el futuro.
Las zapatillas Flecha son uno de los objetos que en su núcleo duro condensan la experiencia de distintas generaciones y permiten el reconocimiento al que se refiere Pierre Nora: “sentido por cualquiera en forma espontánea y más o menos confusa” (Nora, 1984, p.111) o al que remite Shanks (1998) vía Benjamin (1939): “the sense of associations and evocations that cluster around an object” (Shanks, p.7). Desde foristas expertos en el ámbito militar hasta sencillos cibernautas interesados en la guerra, todos reconocen al objeto. Nadie pregunta: ¿Qué son esas zapatillas? Quizás lo contrario de lo que suele suceder con elementos referidos a lo bélico, que ciñen su reconocimiento a los especialistas17. Por estas condiciones específicas y el debate que generan, podemos afirmar que las Zapatillas Flecha son lugares de memoria.
Si pudiéramos visualizar las sedimentaciones y coladas a las que se refiere Pierre Nora, para “decir lo no dicho” del objeto, podríamos hablar de por lo menos tres niveles que se entrecruzan. Un primero, que refiere al sentido social del objeto/mercancía en su contexto histórico y a su construcción identitaria en la cultura argentina. Un segundo, en el que el objeto pasa a formar parte del equipamiento militar del ciudadano-soldado y por ende pierde su valor de uso como objeto de la vida civil y de la rebeldía juvenil de los 60´s y 70´s. Y por fin un tercero, en el que las primeras dos coladas se entrecruzan pudiendo releer su significación a partir de las interpretaciones en disputa sobre la guerra y siendo utilizable como insumo para el debate histórico-político en el campo de la memoria colectiva.
La interpretación sobre la presencia de este objeto en Malvinas se ve moldeada directamente por las distintas interpretaciones sobre la guerra. En particular, aquella que hace observar la mala preparación de las tropas, la pésima logística y la improvisación con la que la Junta Militar condujo el conflicto. Dicha lectura conduce a pensar que las Flecha fueron utilizadas por los conscriptos en el momento del combate. Es decir, se realimenta con la aparición pública del objeto en los cerros que rodean Puerto Argentino. En cuanto a la utilización de esta lectura como insumo en la batalla interpretativa, debe considerarse que se estructura sobre una herida abierta que por estos tiempos tiene como repercusión judicial el procesamiento de por lo menos cuatro de los noventa y cinco suboficiales y oficiales imputados por torturas y estaqueamientos (Juicio por torturas a conscriptos durante la guerra de Malvinas, 2020). Allí se inscriben las Flecha de Iluminados por el fuego. Convertidas en elementos reconocibles y, por ende, pasibles de ser utilizados para lograr el efecto de empatía del espectador con un soldado de ficción, pero a la vez verosímil. La operación excede a la representación cinematográfica logrando instalar un tipo de interpretación sobre la guerra por fuera del ámbito especializado en el tema, en una coyuntura donde se recuperaba la capacidad de la memoria colectiva para hablar sobre el pasado reciente y reclamar justicia.
Dada la escasez de trabajos referidos a la cultura material de la Guerra de Malvinas y a su relación con la memoria colectiva, consideramos que los resultados parciales de este trabajo y las hipótesis que deja abiertas pueden potenciar nuevas líneas de trabajo con las que balizar una fuente hasta ahora poco explorada.
El 28 de agosto de 2019, mientras transcurría mi investigación, recibí el siguiente mensaje:
“Le escribo en relación a la investigación que usted realiza sobre Malvinas. Yo trabajo con el EAAF en la búsqueda de los restos de desaparecidos de la última dictadura. Tengo un hermano en esas condiciones.” (H. Kofman, comunicación personal, 2019).
Puede decirse que un artículo apenas iniciado y sin publicar difícilmente pueda ser convocante. Sin embargo, las Flecha parecían reflejar señales similares a las del código morse en un espacio desconocido para el investigador:
Lo mío es una consulta sobre lo del sentido de la flecha en la planta de goma de la zapatilla. La que encontramos nosotros la tiene hacia la izquierda. Y quería saber si las de Malvinas la tenían hacia la derecha (H. Kofman, comunicación personal, 2019).
Como se dijo anteriormente, Hugo trabaja junto al EAAF en la búsqueda de los restos de militantes que permanecen desaparecidos. A partir de la denuncia realizada por organismos de derechos humanos de Santa Fe, en junio de 2010, el EAAF halló una fosa clandestina con restos de ocho militantes desaparecidos en el ex centro clandestino Campo Militar San Pedro.
La zapatilla a la que Hugo refiere en su mensaje es una Flecha de Oro, modelo especial que lanzó la empresa Alpargatas a comienzos de los 70´s (Figura 11). La misma fue hallada en una de las tantas caminatas en las que Hugo y el resto del equipo -en conjunto con un peón que había trabajado durante la dictadura en esa zona- buscan evidencias que permitan acercarlos a otra de las fosas comunes.
Comparando las fotos que tomé en Malvinas con las que había tomado Hugo pudimos concluir que si bien el sentido de las flechas había cambiado en las publicidades a partir de 1978, no lo había hecho en la matricería que se utilizaba para las bases de las zapatillas. La inclusión de la leyenda “de oro” no había sido acompañada por este cambio de sentido en la flecha. De esta forma, la zapatilla hallada refería a un modelo previo a la irrupción de la dictadura militar (Figura 12) pero no por ello menos plausible de haber sido utilizado por un detenido-desaparecido: “Por lo que leí, las personas que trabajaban en el campo no usaban la Flecha sino algún modelo de alpargata de yute, si es que se puede chequear con gente de aquella época, como el peón que me decías.” (H. Kofman, comunicación personal, 2019).
Las Flecha tendieron un puente entre nosotros que potenció la investigación mutua y el estímulo de la memoria colectiva. Una de las personas que colaboró en este intercambio fue Clara Tapia, socióloga que realiza su tesis doctoral sobre la historia del calzado argentino.
Hola Sebastián, qué interesante todos los vectores que puede disparar una zapatilla. No puedo evitar ver en la forma del desgaste el caminar del hermano de esta persona. La gran mayoría de trabajadores y trabajadoras con los que tengo contacto ingresaron a partir de 1980 y todos afirmaron que ya no se producía ese modelo (C.Tapia, comunicación personal, 2020).
Desde 2012, y como resultado de la lucha de los organismos de derechos humanos, el Campo San Pedro se encuentra señalizado como sitio de memoria. En el cartel que se levanta a metros de la entrada puede leerse: “Memoria, Verdad y Justicia. Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado”. La lucha actual por el sentido del pasado convierte a la memoria en espacio de disputa política (Jelin, 2005) y reconvierte a los espacios y a la cultura material en lugares de memoria (Nora, 1984). En esas coordenadas se reconstruyen identidades individuales -como la de Hugo y sus compañeros- y colectivas -como la de los VGM- y se proyectan futuros donde la memoria, la verdad y la justicia puedan encontrarse.
1 A esas generaciones debemos agregar la de la juventud que las recuperó en torno a la identidad Rolinga a fines de los 90´s y quienes hoy las consumen como objetos vintage, coleccionables. Para ampliar ver: Tapia (2019).
2 Año en que nacieron gran parte de los soldados conscriptos que participaron de la guerra y que al momento de iniciado el conflicto participaban del Servicio Militar Obligatorio (SMO), instrucción militar obligatoria establecida para todos los varones mayores de 18 años.
3 El amplio abanico de nuevos espacios incluye los núcleos dispersos -FAP, FAR, FAL, Tacuara, EGP, Uturuncos- de lo que luego serán los movimientos guerrilleros más importantes de los 70´ (Montoneros y ERP), como así también experiencias dentro del sindicalismo (CGT de los Argentinos, clasismo en Córdoba), movimientos contraculturales (Tucumán Arde) y espacios religiosos (Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo).
4 Los testimonios de los Veteranos de la Guerra de Malvinas recogidos en este trabajo coinciden en que las Flecha viajaron a Malvinas como un elemento más de la indumentaria que se utilizaba en el ámbito militar previo a la guerra.
5 En una de las entrevistas realizadas durante esta investigación, el VGM David Zambrino perteneciente al Batallón de Infantería de Marina N° 5 (BIM5) afirmó que: “Nos dijeron que íbamos treinta días, venía la ONU, ponía la bandera argentina al lado de la inglesa y nos volvíamos”.
6 La convocatoria a quiénes estaban de baja o en servicio fue con pocos o ningún día de anticipación. En algunos casos, como en el RI7 de La Plata, quiénes estaban en servicio vieron a sus familiares una sola vez antes de viajar hacia las islas. En cuanto al equipamiento, las Fuerzas Armadas contaban con equipos estandarizados que permitían establecer qué elementos se podían llevar cuando una unidad procedía a movilizarse. La indumentaria debía ajustarse estrictamente a ese equipo, siendo parte esencial de la identidad de la unidad y la fuerza a la que pertenecía.
7 Su actual estado de conservación se explica en la dificultad que implica para los actuales pobladores la valoración de un simple resto de plástico, aislado de su comunidad de productores y usuarios, como así también en las características químicas del Policloruro de Vinilo (PVC) que le permiten perdurar entre 100 y 1000 años sin degradarse, con altos efectos contaminantes.
8 El término “suela” se utiliza para referirse a la parte inferior del calzado cuando la misma es de materia prima orgánica, mientras que la palabra “base” se refiere a aquellas formadas por materiales sintéticos como el PVC. Para ampliar ver: Tapia (2019).
9 No deben pormenorizarse las acciones del Estado que propagaron este olvido selectivo como las leyes de Punto Final y Obediencia Debida sancionadas por el gobierno de Alfonsín y los indultos a los militares condenados otorgados por Menem.
10 Siete ediciones y 35.000 ejemplares vendidos entre agosto y diciembre de 1982.
11 Vista por 642.745 espectadores, representó uno de los éxitos del cine nacional durante 1984, superando a la producción española-alemana “Camila” con el triple de espectadores.
12 Postura que continuarán Carballo (1984), Kasansew (1982), Farinella (1985).
13 En esta línea ver: Balza (2003).
14 Según testimonio del propio Volonté: “esa foto es la despedida de un compañero (Ariel Murzi) que volvía al continente con un problema reumatoide muy fuerte, no podía tener los borcegos puestos por eso estaba en zapatillas” (F. Volonté, comunicación personal, 2021).
15 Para el presente trabajo fueron entrevistados y se recopilaron testimonios de VGM´s que fueron conscriptos durante el conflicto, pertenecientes a las siguientes unidades: Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 1 «Coronel Isidoro Suárez», Regimiento de Infantería Mecanizado 7 «Coronel Conde», Regimiento de Infantería 1 «Patricios», Regimiento de Infantería Mecanizado 3 «General Belgrano», Batallón de Infantería de Marina N° 5.
16 Entre ellos, los de mayor cantidad de usuarios/seguidores son “Malvinas 1982”, “Operación Malvinas”, “Malvinas x argentinos”, “Imágenes de la Guerra de Malvinas”, “Sapucay de Malvinas”, “A los bravos de Malvinas”.
17 En esta línea ver: Rosana Guber (2016).
A todos los VGM que brindaron su tiempo y su memoria para reponer la historia de las Flecha. A Carlos Landa y Juan Leoni por la generosidad y los sabios consejos. A Clara Tapia, Gabriel Garaffa, Josefina Romanelli, Alejandro Scomparin y Hugo Kofman por el intercambio y el estímulo. A Vilma Tolaba y Sofia Bazante por las traducciones. A Luis Vicente Javier Coll por la asistencia geográfica y la paciencia. A Graciela Dos Santos por ser puente y escucha. A Mariano Justo por abrir camino con su militancia. A todos los VGM, medios y páginas web que autorizaron la publicación de sus fotos.
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