En esta nota presentamos el hallazgo de un objeto con pocos antecedentes en la arqueología argentina. Se trata de una insignia militar metálica ovalada, que suponemos corresponde a una placa o chapa de shakó1, morrión o gorra de suela, un tipo de sombrero militar empleado en los siglos XVIII y XIX. Habría pertenecido a una unidad militar involucrada en las campañas que se libraron en el noroeste argentino y suroeste boliviano como parte de la Guerra de Independencia (ca. 1810-1824). En efecto, la investigación apunta a un regimiento de caballería creado por Manuel Belgrano en 1813, tras la victoria en la batalla de Salta y en previsión de su posterior avance hacia el Alto Perú. La insignia aquí considerada habría sido acuñada en Potosí, durante el breve lapso en que la ciudad estuvo bajo control del ejército patriota y como una forma de estimular el espíritu de cuerpo de la unidad recientemente formada.
Si bien la pieza fue hallada en el marco de la investigación arqueológica de un sitio prehispánico en la provincia de Jujuy, constituye un hallazgo aislado en términos de materiales contemporáneos y/o contextos de asociación bien definidos. La zona donde se ubica el sitio fue testigo de intenso tránsito de fuerzas militares durante la Guerra de Independencia, por lo que su presencia en el lugar no constituye una anomalía.
Es necesario señalar que el artefacto se encontró en una muy mala condición de preservación. Sin embargo, un cuidadoso proceso de limpieza, estabilización y conservación preventiva realizado por la primera autora de esta nota hizo visibles los motivos e inscripciones que la pieza posee en su anverso, permitiendo su caracterización iconográfica e histórica. Se realizaron también pruebas químicas y físicas para determinar el material del cual está hecha la pieza, con el fin de lograr una caracterización preliminar hasta tanto pueda disponerse de estudios metalográficos más complejos.
La insignia fue hallada en el sitio Casas Grandes (departamento de Humahuaca, provincia de Jujuy) durante la intervención arqueológica realizada en mayo de 2018. El sitio se ubica en las nacientes de la Quebrada de Humahuaca, a 5,7 km al sureste de la localidad de Tres Cruces (Figura 1). Su investigación se enmarca en el proyecto “Arqueología y paisaje humano en Tres Cruces (Jujuy). Investigaciones en la convergencia geo-ambiental entre Puna, Quebrada de Humahuaca y Yungas”, dirigido por la Dra. María Isabel Hernández Llosas, que aborda la ocupación humana de la zona desde el poblamiento temprano (ca. 10.000 años A.P.) hasta la actualidad (Hernández Llosas et al., 2021).

Los vestigios arqueológicos se ubican en la margen izquierda de la quebrada de Ciénaga Grande, diferenciándose tres sectores (Figura 2):

La insignia fue hallada por la Dra. Giorgina Fabron en la superficie del Sector Bajo, junto al curso del arroyo Ciénaga Grande. No se identificaron otros vestigios materiales históricos en el lugar. El estado de conservación del artefacto era muy bajo, dificultando discernir motivos en su superficie excepto por algunas letras en mayúscula imprenta. Su tamaño y forma hicieron presumir al segundo autor de esta nota que podría tratarse de un artefacto de uso militar, tal como una hebilla de placa o una chapa de shakó, bandolera o cartuchera, aunque el estado que presentaba impedía profundizar en su caracterización.
La pieza tiene forma oval, de 87,7 mm de largo y 67,5 mm de ancho, con un espesor que varía entre 1,4 mm y 2,5 mm. Presentaba un alto grado de degradación, con una abundante concreción de óxido y lagunas en el anverso, por lo que sólo podían distinguirse algunas letras mayúsculas de la leyenda perimetral (Figura 3). En el campo sólo se apreciaba un sobre-relieve sin forma discernible. La pieza posee en ambos extremos restos de dos pares de orificios, así como restos de orificios individuales a ambos lados de la misma. El reverso es liso, con una ligera concavidad.

Se registran escasos antecedentes de hallazgos arqueológicos de este tipo de piezas en nuestro país. En efecto, solo se han reportado artefactos similares en las excavaciones realizadas en el Cabildo (Museo Nacional del Cabildo de Buenos Aires [MNCBA], 2018) y en la Manzana de las Luces (Greslebin, 1966-67), en la ciudad de Buenos Aires. En ambos casos se trata de placas de shakó pertenecientes al Regimiento 2° de Infantería, probablemente producidas entre 1810 y 1813, aunque no se han publicado estudios detallados de las mismas. Los demás ejemplares conocidos se encuentran en colecciones privadas, sin información precisa sobre su procedencia y/o condiciones de hallazgo (Chao y Cohen, 2020; Crespo, 2021a; Cunietti-Ferrando, 2020). Por ello, las posibilidades comparativas son escasas, dificultando la caracterización de la pieza.
La propuesta de trabajo para la pieza incluyó: 1) limpieza mecánica; 2) tratamiento tendiente a estabilizar y neutralizar los procesos de degradación; 3) determinación del material empleado en la fabricación de la pieza (Rodgers, 2004).
La limpieza mecánica se realizó con pincel de cerda fina. Luego de seleccionar sustancias a aplicar que fuesen inocuas para la pieza, se procedió a la limpieza química. Primero se envolvió la pieza en un paño embebido en solución de bicarbonato y vinagre durante 20 minutos. Tras ello se enjuagó con agua desmineralizada y se secó con paño y aire templado. Posteriormente se la sumergió en solución de ácido cítrico (C6H8O7), a fin de favorecer el desprendimiento de partículas de óxido, tras lo cual se la lavó y secó de la manera antes indicada. Finalmente, se le realizó un baño con solución de vinagre caliente, secándola de la manera ya indicada. Una vez comprobado el estado del metal y que los procesos a los que fue sometido no produjesen alteraciones, se procedió a su limpieza con solución de amoníaco (NH3) al 30% y agua desmineralizada, aplicada con cepillo de cerda suave. Resultado de ello se produjo una reacción espumosa, tras lo cual la pieza se lavó y secó con el procedimiento antedicho. Finalmente, la pieza se colocó en bandeja de lavado ultrasónico inmersa en solución de NH3, bajo la supervisión del experto platero Francisco Ferriol de Pehuajó (provincia de Buenos Aires).
Para el análisis preliminar del material de que está hecha la pieza, y hasta tanto pueda disponerse de estudios metalográficos específicos, se procedió, con el asesoramiento del mencionado platero, a: 1) Colocar agua de toque en el reverso de la pieza, con el fin de determinar si era de plata, dado su aspecto y lo indicado por fuentes históricas para objetos de este tipo. 2) Colocar agua regia en el reverso de la pieza a fin de determinar si tenía componente de oro. En ambos casos el resultado fue negativo2. Por las características de peso, calidad y maleabilidad del metal que conforma la pieza, descartamos que se trate de hierro o latón y conjeturamos que estaría hecha de una aleación no identificada, aunque esto deberá determinarse mediante futuros estudios.
Los procedimientos indicados permitieron distinguir mejor la leyenda perimetral e identificar varios motivos iconográficos en el anverso de la pieza.
En el sector superior al centro, entre el comienzo y el final de la leyenda perimetral, se encuentra un motivo de gorro frigio. Presenta pliegues y un sector inferior con rayado oblicuo que representa el interior del gorro, así como una borla en su parte superior izquierda (Figura 4).

La leyenda perimetral es en letras mayúsculas con serif, extendiéndose en sentido horario y rezando: “RXTO/DE/…BALLERIA/DE/LINIA/DEL”. La pieza presenta grafila sobre la leyenda, aunque interrumpida por sectores de material faltante (Figura 4).
El campo de la insignia está ocupado por un ángel trompetero (Figura 4). Se trata de una figura infantil o adolescente, con sus brazos doblados sosteniendo lo que parece una trompeta de dos tubos3, en actitud de soplido. De la campana del instrumento se desprende una banderola o pendón con la leyenda “PERU”. La cabeza del ángel se inclina hacia su izquierda, su cabello es corto y enrulado, con una raya bien marcada al centro. Las alas son pequeñas y se extienden hacia la derecha de la figura. Su vestimenta no se distingue claramente pero parece llevar una camisa arremangada a la altura de los codos y una falda que llega a la altura de los muslos. No es claro si porta armadura, aunque la falda, formada por tiras verticales, recuerda a los faldones protectores de armaduras antiguas como la lorica musculata romana. Parece calzar zapatos y medias con moño o atadura debajo de la rodilla, aunque bien podría estar representado el uso de grebas.
Finalmente, en el exergo se identifican un arma blanca, que se asemeja a un alfanje o cimitarra con su punta hacia la izquierda, y una rama de planta, tal vez palma a juzgar por la similitud formal que muestra con motivos que aparecen en insignias y medallas contemporáneas (ver Chao y Cohen, 2020, pp. 13, 16). Ambos elementos aparecen unidos mediante un lazo, a la altura de la empuñadura del arma (Figura 4).
La determinación de la mayor parte de la leyenda perimetral fue decisiva para confirmar la naturaleza militar de la pieza. Dado que “Rxto” o “Rexto” se empleaba como abreviatura de la palabra “Regimiento” (Chao y Cohen, 2020; Cunietti-Ferrando, 2020) y que la inscripción perimetral encuentra su continuación en la banderola que pende del instrumento portado por el ángel, interpretamos que la insignia identificaría a una unidad militar denominada “Regimiento de Caballería de Línea del Perú”. Existió un cuerpo con tal nombre en el ejército patriota, creado por Belgrano en 1813, pero también una unidad de nombre parecido en el ejército realista contemporáneo.
Es aquí que la presencia del gorro frigio se vuelve esencial para lograr la identificación correcta de la pieza. A pesar del deterioro que presenta, es clara su similitud formal y de diseño con representaciones de gorros frigios presentes en medallas y distintivos acuñados por orden de Belgrano en Potosí (e.g. chapa de morrión del Regimiento 8 de Infantería [Chao y Cohen, 2020, p. 21]; medalla a los vencedores en Salta, 1813 [Museo Histórico Nacional, 2023]), así como en charreteras usadas por el propio Belgrano y otros oficiales (Crespo, 2021b, p. 21) (Figura 5a). Estos gorros eran empleados por los patriotas como símbolo de la libertad y por ello su presencia adscribe esta insignia de manera indudable al bando revolucionario, permitiendo descartar su pertenencia a alguna unidad realista. Hay que señalar que el gorro posee la llamada borla incaica (o mascaypacha), variación muy apreciada por Belgrano que remitía a las culturas andinas originarias (Carrillo Bascary, 2020, p. 70).

La presencia del ángel, por otro lado, parecería a primera vista ofrecer un carácter poco marcial como símbolo de identificación para una unidad militar. Sin embargo, las imágenes de ángeles armados se remontan por lo menos a Bizancio, volviéndose comunes en Europa durante la Edad Media, representando a las huestes celestiales en lucha contra el mal. Su vinculación con temáticas militares es también de larga data en la tradición hispana e hispanoamericana, de tal forma que es posible plantear la existencia de una históricamente larga y sólida “…proximidad conceptual entre el estamento militar y el angélico” (González Estévez, 2017, p. 137). Existen en España ejemplos de ángeles en escudos heráldicos de instituciones vinculadas con la caballería militar, como la Real Maestranza de Caballería de Ronda creada por Felipe II en 1573, o en banderas de unidades de caballería como el Regimiento de Caballería Lusitania (Antonio Casal, comunicación personal, 2021). Pero quizás la vinculación más inmediata que se establece, dada la procedencia de la pieza, es con la tradición pictórica de los arcángeles arcabuceros de la escuela cuzqueña, que tuvo una amplia difusión en el Alto Perú y en el noroeste argentino (Gisbert, 1980; Mujica Pinilla, 1992; Schenone, 1989). Si bien se la ha interpretado como una innovación iconográfica local, hay autores que sostienen una raíz española para ella, así como una difusión que excedió al marco geográfico altoperuano y cusqueño (González Estévez, 2017). Asimismo, el que la figura en la insignia no porte armas no impediría su encuadramiento en la tradición cuzqueña dado que
…dentro de las mismas series que incluyen los arcabuceros, no todos los ángeles portan el arcabuz, sino también banderas, instrumentos musicales, u otras armas, como alabardas; por lo que la etiqueta de arcabuceros resulta inexacta, debiendo acudir a otra designación más ajustada, como, por ejemplo, la propuesta por Schenone: ángeles militares, compañías o escuadras (González Estévez, 2017, p. 120).
Por otra parte, la acción de tocar un clarín o trompeta lo acerca también a una categoría más general de ángeles mensajeros y anunciadores. Estos actúan vinculando a la divinidad y los seres humanos, y suelen representarse artísticamente como comunicadores de noticias importantes, incluyendo victorias militares, o bien celebrando las mismas con su instrumento. Tal es el caso de una medalla realista de 1816 que conmemora a los vencedores de Laguna y Villar (Bolivia), en lucha contra guerrilleros independentistas altoperuanos, donde el ángel trompetero aparece en esta guisa (Gomila y Luqui-Lagleyze, 1995, p. 176) (Figura 5b).
En suma, la incorporación del ángel trompetero en una insignia militar de principios del siglo XIX encontraría amplia justificación tanto en la existencia de una larga vinculación conceptual entre ángeles y hechos militares en el mundo cristiano, como en una expresión particular de dicha tradición muy arraigada en la zona del Alto Perú, donde esta unidad militar operó y de donde habrían procedido en buena medida sus integrantes. Si bien la connotación religiosa que se desprende de la figura parecería a primera vista reñida con los ideales iluministas que inspiraban a los revolucionarios y mucho más compatible con el ideario que impulsaba al ejército realista (expresado en el lema “Por el Rey, la Fe y la Patria” [Luqui-Lagleyze, 2006]), la realidad que imponía la existencia de una extendida religiosidad popular combinado con el pragmatismo y las convicciones personales de influyentes líderes patriotas como Belgrano, hizo que la religión pasara a ocupar un lugar central también en el bando revolucionario. Esto se expresa, por ejemplo, en una medalla hecha acuñar por Belgrano en Potosí en conmemoración de la victoria de Tucumán, que portaba el lema “VIVA LA RELIGION, LA PATRIA Y LA UNION” (Chao y Cohen, 2020, p. 5).
Finalmente, el motivo de espada cruzada con una rama podría vincularse con la simbología empleada para identificar al arma de caballería en los ejércitos españoles de los siglos XVIII y XIX. El motivo del sable cruzado con una rama de laurel o de roble identificó a la caballería ligera, siendo común en unidades de dragones, húsares y cazadores (Crespo, 2021a) (Figura 5c). Los ejércitos patriotas continuaron con el uso de estos símbolos y por ello no resultan por sí mismos diagnósticos de la pertenencia a uno u otro bando (ver Crespo, 2021a, láminas 48, 51, 52, 53 y 59) (Figura 5d). En el caso del ejemplar bajo estudio, la particularidad reside en que el arma blanca y la rama están cruzadas por la empuñadura del arma y atadas con un lazo, en tanto en el motivo original el cruce se da a la altura de la hoja del arma, sin ataduras de ningún tipo. Asimismo, la rama se asemeja más a una de palma que a las típicas de roble o laurel empleadas en los emblemas de caballería tradicionales.
Por otra parte, existe cierta similitud formal en relación con la ubicación y organización de los elementos que componen el diseño con aquel presente en una medalla conmemorativa denominada “Premio de reconocimiento a los Naturales Beneméritos Hijos”, en referencia a grupos originarios leales a la revolución (Chao y Cohen, 2020, p. 16). En ella aparecen una lanza y una rama de palma cruzadas y anudadas mediante un moño a la altura de la base o extremo inferior de ambos elementos (Figura 5e). El campo que queda definido entre ambos es ocupado por un sol flamígero. Si bien en este caso el arma es distinta y está a la derecha del diseño, la semejanza formal con la insignia bajo estudio es llamativa. Lo que aumenta la pertinencia de la comparación es que la citada medalla fue mandada a acuñar por Belgrano en Potosí en 1813, “…con la intención de conseguir la total adhesión al accionar de los ejércitos patrios, por parte de los caciques aymarás de la región” (Chao y Cohen, 2020, p. 16). En suma, suponemos que el motivo de espada y rama cruzados de la insignia podría tal vez representar una reelaboración del clásico emblema español de la caballería, de una forma que hallaba expresión comparable en otros motivos que parecen haber sido corrientes en la región durante la década de 1810.
El territorio de las provincias de Salta y Jujuy y del oeste de Bolivia fue escenario de un intenso conflicto bélico entre realistas y revolucionarios en el marco de la Guerra de Independencia. Desde un principio las autoridades revolucionarias rioplatenses intentaron asegurar el triunfo de la causa independentista en las tierras altoperuanas, que administrativamente integraban el territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata, enviando expediciones militares a las mismas. Se buscaba no sólo asegurar el Alto Perú para la revolución, sino también eventualmente invadir el Virreinato del Perú y amenazar a su poderosa capital, Lima, corazón del poder colonial español en América del Sur. Entre 1810 y 1815 tres Expediciones Auxiliadoras al Alto Perú intentaron cumplir este objetivo, encontrando éxito inicial pero terminando en contundentes derrotas. Tras el cambio estratégico promovido por José de San Martín en 1816, la guerra en los territorios altoperuanos continuó, sostenida por el accionar de guerrillas revolucionarias locales, en tanto las milicias de Güemes y el Ejército del Norte rioplatense enfrentaron a las expediciones realistas que invadieron el actual noroeste argentino (Ruiz Moreno, 2005). En este contexto, la Quebrada de Humahuaca jugó un rol estratégico muy importante, al constituir una vía de comunicación obligada entre el Río de la Plata y el Alto Perú. Así, el territorio donde fue hallada la insignia fue transitado en esos años por innumerables fuerzas militares de ambos bandos, en avance o retirada, cambiando de manos en numerosas ocasiones y sirviendo de escenario a múltiples enfrentamientos entre los ejércitos en pugna.
A los fines de este trabajo interesan los hechos relacionados con la Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú, que tuvo como comandante al general Manuel Belgrano. Baste aquí decir que Belgrano se hizo cargo del Ejército Auxiliador del Alto Perú, o Ejército del Norte, en marzo de 1812, reemplazando a Juan Martín de Pueyrredón. El ejército con que se encontró era pequeño, escaso en armas y uniformes, y estaba desmoralizado por las derrotas y retiradas. Belgrano se abocó a reorganizarlo, desobedeciendo las órdenes de las autoridades porteñas de retirarse hacia Córdoba y entregar todo el norte a los realistas. Si bien condujo el famoso éxodo jujeño, detuvo su repliegue en Tucumán, donde decidió enfrentar al ejército realista de Juan Pío Tristán, obteniendo una resonante victoria (24 de septiembre de 1812). Tras ello, volvió a derrotar de manera contundente a las fuerzas realistas en la batalla de Salta (20 de febrero de 1813), lo que abrió la posibilidad de intentar retomar el control del Alto Perú.
Es en este punto que aparece el regimiento al que pertenecería la insignia aquí presentada. En efecto, tras la batalla de Salta, Belgrano se dedicó a reorganizar y reequipar su ejército para acometer el avance hacia el norte. En marzo de 1813 se creó el Regimiento de Caballería de Línea del Perú mediante la fusión de los restos del regimiento de Dragones Ligeros del Perú y parte del de Dragones de la Patria4. El nuevo cuerpo fue puesto al mando del coronel Diego Balcarce5 y mantuvo un uniforme similar al de los Dragones Ligeros, con chaquetas azules con cuellos y puños granas, y gorras de suela o morriones con manga (Argañaraz, 2021, pp. 35, 60; Luqui-Laglylze, 1995, p. 107).
Sin embargo, es necesario señalar que tanto participantes de los hechos, como el luego famoso general José María Paz (por entonces Ayudante Mayor de Dragones) (Paz, 1892, p. 92), así como historiadores militares posteriores, continuarán refiriendo a este cuerpo de caballería genéricamente como Regimiento de Dragones (Bidondo, 1979, p. 64; Mitre, 1887, p. 247; Ruiz Moreno, 2005, p. 161). Esto indicaría que la antigua denominación, y tal vez también la identidad colectiva, de los cuerpos anteriores seguía vigente, a pesar de los cambios formales operados.
El nuevo regimiento integró la vanguardia que, al mando de Eustoquio Díaz Vélez, ocupó Potosí el 7 de mayo de 1813, sin resistencia al haberse retirado los realistas hacia Oruro (Paz, 1892, p. 92; Ruiz Moreno, 2005, p. 161). Desde allí, se adelantó al regimiento hacia el norte (Bidondo, 1979, p. 64). Como describiera Paz:
Habiendo llegado en los primeros días de Junio algún otro cuerpo que hiciera la guarnición, salieron los Dragones á formar la vanguardia que había de observar al enemigo, qué ocupaba siempre las posiciones de Oruro. Mi regimiento llevaría de cuatro cientos á quinientos hombres, armados de tercerolas y pocos sables, cabalgados en las malas mulas que habíamos llevado, y algunas otras chúcaras, que debian amansarse (Paz, 1892, pp. 95-96).
Belgrano recién llegaría a Potosí con el resto del Ejército del Norte el 21 de junio y su actividad durante su permanencia allí fue muy intensa: “Desde que estableció su cuartel General en Potosí, contrájose con afán á la doble tarea de remontar y disciplinar al ejército, y arreglar la administración del Alto Perú, de la que estaba encargado en su calidad de Capitán General” (Mitre, 1887, p. 202). También se esforzó en ganarse el apoyo de la población local, tanto de la élite como de los sectores populares, buscando reparar el daño causado por la acción de Castelli y otros oficiales de la Primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú en 1810-18116.
…como Comandante en Jefe, se encargó de llevar adelante, una clara política de diferenciación con lo ocurrido dos años antes. Primaron en ello, en primer lugar y en lo personal, su fuerte e indudable convicción religiosa y en segundo término, su correcta apreciación del apego a todo lo que fuese creencias y tradiciones en la mayoría de sus habitantes, desde los aristócratas y los encumbrados funcionarios españoles, hasta el pueblo llano que incluía a los aborígenes (Chao y Cohen, 2020, p. 4).
La actividad desarrollada por Belgrano incluyó el uso de la famosa Casa de la Moneda de Potosí para realizar acuñaciones monetarias y no monetarias. Estas últimas son de suma relevancia a los fines de este trabajo, en tanto incluyeron: 1) medallas que tenían por fin emplearse como elementos de propaganda para los pueblos de la región (como las mencionadas en acápites anteriores); 2) condecoraciones por acciones militares de las armas patriotas; y 3) distintivos metálicos para los uniformes de los distintos cuerpos del ejército patriota (Chao y Cohen, 2020; Cunietti-Ferrando, 2020). Según algunos especialistas estos últimos no existían previamente, al no disponerse de una casa de moneda o de balancines para acuñarlos (Chao y Cohen, 2020). La ocupación de Potosí permitió acceder a instalaciones adecuadas y personal capacitado para encarar la producción de insignias para los cuerpos patriotas, y así reemplazar los rudimentarios parches y distintivos de tela empleados previamente (Cunietti-Ferrando, 2020).
Los ejemplares conocidos, todos en colecciones privadas y presumiblemente recuperados de los campos de batalla de Vilcapugio y Ayohuma (Cunietti-Ferrando, 2020, p. 14), corresponden a tres regimientos de infantería (1°, 6° y 8°) y consisten en placas ovales, que en su mayoría miden aproximadamente 62 mm por 72 mm (Cunietti-Ferrando, 2020, p. 7). Estos distintivos metálicos serían para uso de la tropa y
…debían presentar un diseño característico tal, que permitiese, al ser cosidas en las mangas de los uniformes, identificar a los integrantes de cada cuerpo. Teniendo en cuenta el propósito tan específico, no se requerían trabajos de un grabado muy especial ni artístico. Además, iban a ser acuñadas en latón, por su costo y durabilidad, y perforadas en sus extremos para ser cosidas o fijadas con alambres, por lo cual es más que seguro que se recurrió tan solo a aprendices de grabadores en su ejecución (Chao y Cohen, 2020, p.18).
La insignia aquí considerada se aparta de tal apreciación, tanto por su elaborado diseño iconográfico, como por el material del que estaría hecha. Asimismo, tanto Cunietti-Ferrando (2020) como Chao y Cohen (2020) argumentan que estos elementos se cosían en las mangas de los uniformes. Sin embargo, otros autores se inclinan a identificarlos, creemos de manera más correcta, como chapas o placas que se colocaban en los shakós, prenda de cabeza militar que se había vuelto de uso generalizado hacia la década de 1810, reemplazando a otras como bicornios y tricornios (Crespo, 2021a; Greslebin, 1966-67; Luqui-Lageyze, comunicación personal, 2021; MNCBA, 2018).
El shakó, morrión o gorra de suela era un sombrero cilíndrico recto o tronco cónico, con visera, confeccionado en cuero, cartón endurecido y/o fieltro. Llevaba adornos como cordones, penachos, pompones, escarapelas, así como carrilleras metálicas o barbijos de cuero para sostenerlo. En el frente llevaban cosida una chapa metálica (generalmente ovalada, aunque las había también de diseño más complejo), con números, símbolos de armas y/o inscripciones que identificaban al cuerpo al que pertenecían (Crespo, 2021a, láminas 58, 60, 61; Luqui-Lagleyze, 1995). Presumimos que la manufactura de la insignia aquí tratada podría haber ocurrido durante la permanencia de Belgrano en Potosí, en el señalado contexto de acuñación de distintivos militares y como una forma de reforzar el esprit de corps del recientemente creado regimiento de caballería.
Sea como fuere, el Regimiento de Caballería de Línea del Perú vería mucha acción en los meses siguientes, participando activamente en las derrotas de Vilcapugio (1 de octubre de 1813) y Ayohuma (14 de noviembre de 1813). El ejército de Belgrano salió de Potosí hacia el norte a principios de septiembre en busca de las fuerzas realistas, integrado por “…seis batallones de infantería y un regimiento de caballería de 500 plazas” (Mitre, 1887, p. 211). Para la batalla el regimiento se dividió y formó las alas del despliegue, a izquierda y derecha de la línea de infantería y artillería. Si bien los escuadrones del regimiento situados a la derecha derrotaron, junto con la infantería del centro, a las fuerzas realistas que tenían enfrente, los ubicados a la izquierda fueron derrotados junto con la izquierda del ejército patriota, hecho que ocasionó la confusión y el desbande del ejército independentista llevando a su total derrota (Ruiz Moreno, 2005, pp. 163-165). El entonces joven oficial José María Paz, indica que su regimiento poco pudo hacer en la batalla dada
…su clase de muy mala, de una detestable caballería. Además de que ni oficiales ni soldados conocíamos nuestra arma, y que ignorábamos en que consiste su poder, su fuerza y el modo de emplearla, estaba la mayor parte de él montado en malas mulas y los demás en pésimos caballos; apenas la tercera parte tenía unas espadas quitadas en Salta al ejército español (Paz, 1892, p. 123).
Tras este duro contraste, Belgrano se vio obligado a reorganizar sus fuerzas una vez más, incorporando nuevos efectivos para reemplazar las pérdidas sufridas. En particular, el regimiento de caballería que aquí nos interesa recibió 180 caballos nuevos y de buena calidad, así como profundizó su instrucción a instancias de su jefe, el coronel Balcarce (Paz, 1892, p. 140). Dice Paz:
Debo decir en honor de la verdad, que en poco más de un mes, que medió entre las batallas de Vilcapugio y Ayohuma (…), hizo don Diego Balcarce una variación ventajosa en el regimiento de Dragones. Habiendo perdido mucha parte de su fuerza en la primera, y además, por falta de caballos, las doce compañias que lo formaban, se redujeron á tres, y tuve el honor, que de doce capitanes que éramos, siendo yo el penúltimo, fuí elegido para mandar una de las tres. Contraido entonces Balcarce, y provistos de excelentes caballos, que se trajeron de Chuquisaca (en Vilcapugio la tropa cabalgaba en mulas), se dió una instrucción más adecuada y propia del arma, cuanto era posible, en unos pocos dias. Estoy seguro que hubiera prestado este pequeño cuerpo, muy buenos servicios en la batalla, si hubiera podido obrar. Sin embargo, no se crea que el adelanto era mucho, pués ni aún entonces sabíamos maniobrar por cuatro, ni dar medias vueltas (Paz, 1892, p. 56, Nota 1).
Asimismo, la caballería modificó su armamento, “…los hombres que carecían de sable fueron armados con lanzas y pistolas, adornadas aquellas con banderolas de género blanco y celeste” (Ruiz Moreno, 2005, p. 166). Todo lo señalado redundó en una renovada confianza para enfrentar a los realistas en batalla, al punto que Belgrano confiaba en la victoria, en buena medida por “…la superioridad de su bien montada caballería” (Mitre, 1887, p. 244), así como por las ventajas que otorgaba el campo de batalla elegido. Sin embargo, el rol del regimiento en la batalla fue menor, producto de su despliegue en el flanco derecho de la línea, donde por la configuración del terreno se vio impedido de influir en el combate. Su desplazamiento tardío hacia el flanco izquierdo no tuvo efecto, ya que el ejército patriota fue derrotado en toda la línea. Belgrano se retiró con los restos de su fuerza hacia Potosí, donde arribó el 16 de noviembre. Las bajas sufridas y la desorganización de sus fuerzas restantes lo obligaron a replegarse hacia Jujuy, donde llegó atravesando nuevamente la Quebrada de Humahuaca. Es interesante señalar que se planificó la voladura de la Casa de la Moneda de Potosí, aunque el plan fracasó. Por otra parte, el regimiento aquí considerado cubrió la retaguardia del ejército en retirada, quedando en Humahuaca como elemento avanzado (Bidondo, 1979, pp. 72-73; Ruiz Moreno, 2005, p. 170).
Según Mitre (1887, p. 259), a fines de 1813 Belgrano se hallaba ya en Jujuy, y el estado de fuerza de su ejército consignaba que el Regimiento de Caballería de Línea del Perú contaba con apenas 180 efectivos, muy lejos de los 500 que llegó a tener al inicio de la campaña. Ante el hostigamiento realista, Belgrano se vio obligado a replegarse hacia Tucumán, cediendo el mando del Ejército del Norte a José de San Martín el 30 de enero de 1814. En cuanto al Regimiento de Caballería de Línea del Perú, pasaría a llamarse, en abril de 1814, Regimiento de Dragones del Perú, participando en la tercera expedición al Alto Perú y en la derrota de Sipe Sipe o Viluma (29 de noviembre de 1815). En septiembre de 1816, en Salta, este regimiento se fusionaría con los Dragones de la Patria para formar los Dragones de la Nación (Luqui-Lagleyze, 1995, p. 107)7.
No podemos dejar de consignar aquí que existió también un regimiento de caballería de línea en el ejército realista en la misma época y teatro de operaciones, hecho que puede introducir cierta confusión en cuanto a la pertenencia de la insignia aquí presentada. En efecto, Luqui-Lagleyze (2006) indica que en septiembre de 1813 el nuevo comandante en jefe del Ejército del Alto Perú, Joaquín de la Pezuela, decidió reorganizar la caballería, reuniendo en un solo regimiento a los piquetes y compañías de caballería de Tinta y Chumbivilcas (que habían participado en las batallas de Huaqui, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma). Este nuevo cuerpo se denominó Regimiento de Caballería de Línea del Alto Perú y participó de las campañas militares en ese teatro de operaciones desde su fecha de creación hasta 1818, sirviendo luego de base para la creación del Regimiento de Dragones Americanos (Luqui-Lagleyze, 2006, p. 154-155). La presencia del gorro frigio en la insignia aquí tratada, sin embargo, permite descartar completamente su pertenencia a este cuerpo realista u otros similares.
Durante las distintas campañas en el Alto Perú fue una necesidad constante, para ambos bandos, reorganizar periódicamente los distintos cuerpos militares. El gran número de bajas, por acciones de combate pero también por enfermedades y, sobre todo, por deserción, obligaba en ocasiones a desbandar batallones y regimientos que quedaban muy escasos en número y a formar nuevos cuerpos fusionando restos de unidades preexistentes o de nueva formación. En este contexto, fomentar el desarrollo de un sólido espíritu de cuerpo de estas unidades podía convertirse en una tarea dificultosa y el uso de denominaciones, uniformes y símbolos específicos servía para estimular dicho propósito. Como se indicó, esto fue una preocupación para Belgrano en su campaña al Alto Perú, aprovechando las instalaciones y personal de la Casa de la Moneda de Potosí para realizar acuñaciones que tenían como fin reforzar la adhesión al proyecto independentista de la población local y de sus tropas. ¿Pudo haber sido la insignia que aquí presentamos manufacturada en este lapso de permanencia de Belgrano en Potosí, como una forma de reforzar la identidad y esprit de corps del recientemente creado Regimiento de Caballería de Línea del Perú? Como se vio, diversos indicios apuntan a ello, aunque la breve existencia del regimiento y su cambio de nombre para retomar una denominación vinculada con los cuerpos de dragones que le habían servido de base apuntaría a que la iniciativa tuvo poco éxito y que no pudo revertir la vigencia de identidades de cuerpo preexistentes y ya consolidadas. En todo caso, se trata de un hallazgo arqueológico inédito y por demás interesante, que nos remonta a un momento clave de nuestra historia nacional y a uno de sus próceres indiscutidos. Se espera en el futuro profundizar su conocimiento mediante estudios adicionales de diversa naturaleza.
1. También escrito chakó o chacó.
2. El agua regia y el agua de toque constituyen un procedimiento no destructivo destinado a determinar si una pieza posee oro, plata o platino. Ambas son soluciones corrosivas, formadas por la combinación de ácido nítrico y ácido clorhídrico (Francisco Ferriol, comunicación personal, 2022).
3. El instrumento representado no se corresponde con ningún instrumento real y parece combinar de manera errónea atributos de una flauta doble y de un clarín de caballería.
4. “Los soldados dragones, aunque figuraban como tropa montada, también prestaban servicio de infantería, llamábanse ligeros a estos dragones, a diferencia del cuerpo de caballería pesada, que estaba de reserva y formada por soldados y caballos de talla y fornidos; mientras que los dragones ligeros eran soldados y caballos livianos que formaban un cuerpo independiente y dragoneaban entre el cuerpo del ejército y los enemigos” (Udaondo, 1922, lámina V-IX).
5. “El coronel don Diego Balcarce, era un jefe de una probidad perfecta, de buena inteligencia, de mucho honor y de un patriotismo á toda prueba; pero era débil en el consejo, y abusaban fácilmente de su docilidad, los que se le allegaban á virtud de relaciones antiguas y amigables” (Paz, 1892, p. 130).
6. “Forzoso es decir, que la aristocracia del Perú nos era desafecta, desde que Castelli, con poquísimo discernimiento, la ofendió, provocando los furores de la democracia” (Paz, 1892, p. 95).
7. Es interesante que Paz, quien vivió este proceso de fusiones y cambios de nombres de los cuerpos de caballería, señala que existía entre ambos regimientos de Dragones (del Perú y de la Patria) “...una enemistad la más pronunciada, y tan universal, que ni los oficiales ni la tropa se reunian jamás entre sí” (Paz, 1892, p. 300) y que se habían prometido rechazar cualquier intento de absorción de un regimiento por otro. Es por ello que Belgrano, de nuevo al mando del Ejército del Norte, debió recurrir a la formación de un cuerpo enteramente nuevo.
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