Abocarse al estudio arqueológico sobre la materialidad en áreas rurales y marginales del actual territorio argentino durante el Orden Colonial (siglos XVI a XIX) y los inicios de la conformación del Estado Argentino (siglo XIX) es una tarea compleja. Implica, necesariamente, atender contextos en donde confluyeron diversos actores sociales y étnicos, aislamiento comunicacional y relaciones de intercambio. Asimismo, se trata de espacios que estuvieron sujetos a reconfiguraciones producto del establecimiento de unidades productivas agrícolas-ganaderas privadas sobre economías domésticas, comunitarias y resistentes ante diversos procesos políticos (Brittez, 2000; García De Cecco y Ortega Insaurralde, 2022; Pedrotta y Bagaloni, 2021; Rocchietti et al., 2011).
La cerámica es recurrente dentro de la cultura material del periodo mencionado. Para su estudio, deben considerarse factores como la persistencia y/o ruptura en las tradiciones indígenas de fabricación, la hibridación de prácticas de manufacturas a partir de la conquista española (siglo XVI), la movilidad de personas, la incorporación de tecnología europea en la producción, la circulación de bienes elaborados en Europa y en otras regiones americanas, además de los cambios y continuidades en la percepción del consumo, entre otros aspectos (Hernández Sánchez, 2012; Schávelzon, 2018).
En esta oportunidad, se presentan los resultados de los análisis de las alfarerías de baja cocción (sensu González y Pedrotta, 2006) del sitio arqueológico Santa Eugenia, un contexto histórico rural ubicado cerca del actual municipio de Renca (Departamento Chacabuco, Provincia de San Luis). El área forma parte de la depresión del Conlara, cuenta con una extensa historia de ocupación que abarca casi todo el Holoceno (Heider y Curtoni, 2016). Sin embargo, el yacimiento aquí presentado no posee estudios previos que permitan incluirlo en cronologías específicas. Las referencias historiográficas han establecido que, a partir del siglo XVII, la zona constituyó un paisaje relativamente aislado, un lugar de peregrinaje y de circulación de personas y mercaderías; así como también fue la base económica agrícola-ganadera para el sustento de la ciudad de San Luis y distintos poblados menores. Por otra parte, allí se realizó la extracción de mano de obra indígena que sirvió en las estancias y las encomiendas de los primeros asentamientos españoles en la región. A pesar de ser un paraje de tránsito y sufrir procesos de desarticulación social, contó con una población numerosa durante todo el Orden Colonial y cumplió un rol importante en las guerras de independencia y luchas civiles durante el siglo XIX, principalmente con el aporte de individuos para las armas (Canals Frau, 1943; Montes, 1955; Santamaría, 1976; Sirur Flores, 1993; Varela, 1995; entre otros).
El yacimiento se emplaza en las inmediaciones del dique San Felipe (Figura 1), ubicado a unos 844 msnm, y cuya disminución de cota permitió realizar tareas de rescate arqueológico en el año 2020. Estas se realizaron gracias a la colaboración del Municipio de Renca y tienen como objetivo a largo plazo la confección de un Plan de Manejo para la protección, socialización y sensibilización del patrimonio cultural local. Como parte de estas labores se incluyó el estudio de la materialidad presente en el sitio, principalmente la alfarería. A partir de su análisis, se propuso no solo promover la preservación patrimonial como referente simbólico de identidad y memoria de las comunidades que habitaron y habitan el área sino, fundamentalmente, contribuir al conocimiento sobre su devenir histórico a lo largo de los últimos quinientos años.

El registro cerámico no es un componente con alta frecuencia en los sitios arqueológicos de la Provincia de San Luis. Más aún, su estudio sistemático ha sido escasamente abordado y comúnmente limitado a descripciones generales (Gambier, 1988; González, 1960; Ochoa de Masramon, 1968; Vignati, 1943; entre otros). Este trabajo pretende constituir un primer aporte centrado en los modos de elaboración, el consumo de recipientes y las modalidades de interacción social y económica interregional. Ante lo expuesto, se utilizó una metodología integral de alcance macroscópico y submacroscópico acorde a los objetivos: a) indagar en la composición de las materias primas utilizadas en las producciones alfareras; b) reconocer las diversas estrategias de manufactura seguidas por los actores sociales en cada etapa de la cadena operativa (Lemonnier, 1992); c) inferir sobre las capacidades conductuales o “performance” de las vasijas; d) identificar potenciales redes de circulación bienes y personas; y e) evaluar atributos alfareros de cronología relativa que permitan discutir el alcance temporal del sitio, así como los procesos de cambio y continuidad en las tradiciones de fabricación.
Las prospecciones y excavaciones de rescate en Santa Eugenia se llevaron adelante a partir de la solicitud del Municipio de Renca y el Gobierno de la Provincia de San Luis. Los trabajos incluyeron el relevamiento pedestre-aéreo, el geoposicionamiento y planimetría del sitio. El yacimiento tiene trece recintos con bases de piedra, con diferentes formas, tamaño y asociación entre sí. Además, hay cuatro líneas de muro que pudieron formar parte de estructuras desaparecidas. Se trata de construcciones con muros bajos, con diferente grado de integridad y certeza. Las estructuras mayores, de 17 a 20 m de lado, por sus características morfológicas pudieron corresponder a corrales. También hay construcciones rectangulares de alrededor de 6 x 4 m que habrían sido espacios habitacionales, y tres recintos circulares pequeños de entre 1,5 y 2,5 m de diámetro con función indeterminada. Asimismo, se observaron tres acumulaciones de roca en forma más o menos circular, sobre las que no se tiene certeza respecto a su formación antrópica (Figura 2). No es posible, en esta etapa de investigación, realizar una caracterización precisa de la funcionalidad del sitio. Más aún, no es el objetivo de este trabajo. Sin embargo, las estructuras presentes se asemejan a la distribución que tienen actualmente los espacios rurales de ganadería de subsistencia, en la que se incluye un componente agrícola y hortícola pequeño.

Las excavaciones se priorizaron en áreas que se inundan cuando el dique recupera cotas medias. La estratigrafía es simple en todas las unidades de excavación (ocho en total), con un único estrato identificable de sedimento limo-arenoso que llega hasta los 60 cm. Hasta el momento se identificó un solo nivel ocupacional con un registro material uniforme tanto en estratigrafía como en superficie. Si bien no se cuenta con dataciones absolutas, las características arquitectónicas y el registro material, dentro del cual se hallan restos de vidrio con acanaladuras, planos y con retoque1, fragmentos de botellas de vidrio, porcelana, loza blanca y gres cerámico, dan cuenta de una ocupación durante el siglo XIX y principios del siglo XX (Figura 3). Además, se hallan abundantes restos óseos de ganado. Empero, los restos de alfarerías que forman parte de esta investigación sugerirían una mayor extensión temporal en la ocupación del sitio, y representan el nudo de esta contribución.
Casi todos los materiales de superficie y excavación se hallan con algún grado de alteración posdepositacional. En las cerámicas se observan procesos de desintegración, abrasión, agrietamiento, la presencia de concreciones calcáreas, precipitación de sales, agentes de biodeterioro, entre otros (Fantuzzi, 2010; Soto et al., 2017).

Habitualmente los términos alfarería y cerámica son utilizados en sentido amplio para designar indistintamente a los objetos de arcilla que han sido sometidos a un proceso de deshidratación por medio de la cocción. Esto incluye toda cerámica que no ha sido vitrificada o recubierta de una capa vidriada (Balfet et al., 1992). Sin embargo, dentro de los estudios de la arqueología histórica, el término cerámica también se utiliza para denominar diversos materiales en cuya composición las arcillas cocidas son un componente significativo, ya sea vitrificados o no, incluyendo ladrillos, tejas, lozas o gres. Este trabajo se enfoca exclusivamente en las denominadas alfarerías, cerámicas que, salvo excepción, no poseen vidriado, y por lo general presentan pastas porosas que no superaron los 950-1000 °C de cocción (González y Pedrotta, 2006). Estas abarcan un conjunto de piezas con variantes tecnológicas que posiblemente representen tradiciones diversas, desde indígenas hasta mestizas o hispano-indígenas (Schávelzon, 1991). Debido a que los fragmentos de lozas, gres y porcelanas poseen muy baja densidad entre los materiales cerámicos y se exhiben en pequeñas dimensiones, la identificación y la discriminación de los tipos de recipientes y las decoraciones se vieron limitadas y el reconocimiento de marcas de fabricación y sellos fue nulo (ver Deagan, 1987; Lima, 1995; Schávelzon, 2018; entre otros). De esta manera, se decidió arbitrariamente enfocarse en las alfarerías para esta primera contribución. A medida que se avance con los trabajos arqueológicos y se recuperen más muestras se ampliarán los análisis sobre el resto de las cerámicas.
Se propuso una metodología que busque originar e integrar la información composicional, tecnológica y de “performance” de las muestras recuperadas en superficie y excavación. Asimismo, se indagó en la similitud tecno-tipológica de la muestra con otras de la región. El universo cerámico es fragmentario (n= 667 tiestos), con escaso grado de integridad. Por esta razón, se remontaron y/o agruparon fragmentos de acuerdo a sus atributos macroscópicos, permitiendo la conformación de unidades de análisis (UA) o familias cerámicas (Orton el al., 1997), que entendemos que en cada caso corresponde a un recipiente. Cada UA fue clasificada y diferenciada de acuerdo a la tonalidad de superficie, al tipo morfológico y a la presencia o no de decoración. En relación con las formas, se infirió el tipo, y cuando fue posible reconocer la mayor parte de su perfil, se estableció si se trataba de cuencos, vasos y platos, entre las abiertas, y ollas dentro de las cerradas (Balfet et al., 1992). También se utilizó la categoría de tinaja/botija para recipientes de mayor porte, siguiendo parámetros tipológicos regionales sobre alfarería de época colonial/republicana (Rusconi, 1961). Además, se incluyó la caracterización de las distintas partes de los recipientes (Primera Convención Nacional de Antropología, 1966). En el caso de las piezas con decoración se tuvo en cuenta la técnica empleada y la coloración, así como los elementos formales de diseño (Cremonte y Bugliani, 2006-2009).
El análisis de pastas se realizó mediante lupa binocular (OLYMPUS S051) de altos aumentos sobre un fragmento representante de cada UA establecida (n= 57). En UA con fragmentos diagnósticos de las distintas partes que la componen se escogieron más muestras. La observación y estudio se orientó hacia: 1) la descripción de la matriz, su color a ojo desnudo y según cartilla Munsell (1994), así como los cambios de coloración, textura y fractura (Cremonte y Bugliani, 2006-2009); 2) la identificación (en los casos posibles) y caracterización de color, tamaño, distribución, densidad, forma y orientación de las inclusiones no plásticas (Orton et al. 1997); y 3) la forma, conexión, tamaño, distribución y densidad de cavidades (Cremonte y Bugliani, 2006-2009). Luego se reconocieron estándares o patrones tecnológicos de las pastas, los cuales fueron relacionados con las clasificaciones morfológicas y decorativas. También se evaluó el potencial vínculo composicional con la información geológica regional, para indagar (aunque de manera tentativa) en la procedencia de materias primas para la elaboración de las cerámicas halladas en el sitio. Asimismo, este análisis, en combinación con la observación de trazas de cochura (García Rosselló y Calvo Trias, 2006), permitió acercarse a las condiciones de cocción de las vasijas.
Por otro lado, se realizó un reconocimiento preliminar de las técnicas de manufactura, a partir de un examen macroscópico y submacroscópico de trazas o marcas directas e indirectas de fabricación. Esta labor se practicó sobre la totalidad de tiestos de cada UA a partir del protocolo de García Rosselló y Calvo Trias (2013). También tuvo el sustento de diferentes análisis traceológicos vinculados a producciones alfareras enfocadas en el modelado a mano y con energía cinética rotativa (e.g. torneta o torno) (Courty y Roux, 2022; Rückl y Jacobs, 2016; Rye, 1981; entre otros).
El conjunto de datos permitió una discriminación de lo que denominamos arbitrariamente como Grupos Tecnotipológicos Alfareros (en adelante GTA), los cuales fueron relacionados con la tipología cerámica regional. Finalmente, para el análisis de las capacidades, habilidades y propiedades que hacen posible el desempeño de las vasijas en diversas actividades (Skibo y Schiffer, 2008), se tuvo en cuenta el diseño de piezas en sus diversos atributos (forma, tratamientos de superficies, composición y tecnología de pasta). No se adjudicó la vasija a una función específica, sino que se consideró su posible intervención en más de una actividad y la existencia de funciones tentativas (Rice, 1987).
El análisis macroscópico reconoció 667 tiestos, agrupados en 57 UA. La mayoría del registro (n= 49, 86%) no evidencia decoración, mostrando tratamientos alisados y pulidos. Las vasijas decoradas presentan las técnicas del inciso (n= 6), el impreso (n=1) y el vidriado (n=1). Los diseños en inciso son simples y representan líneas rectas y triángulos aplicados sobre la superficie externa, excepto en un recipiente en donde se halla en la superficie interna. En el caso del impreso, se caracteriza por círculos aplicados en el borde superior. En cuanto al vidriado, se observa de tonalidad verde (5Y 4/3), con un grosor de 1 mm, aplicado en ambas superficies.
El análisis morfológico reconoció piezas de perfil cerrado (n=31, 54,38%) y abierto (n=26, 45,62%). Entre las primeras se destacan las ollas (n= 24) y tinajas (n= 7), mientras que entre las segundas se hallan cuencos (n= 22) y platos (n= 4). De acuerdo al largo, ancho y espesor de tiestos, las ollas poseen tamaños aparentemente muy diversos, desde pequeñas hasta grandes, además de formas esféricas, perfiles continuos y sin punto de inflexión, aunque sí punto angular en algunas bases. Presentan bordes evertidos e invertidos, labios convexos, y bases plano-cóncavas. El diámetro de boca se ubica entre 4 y 30 cm, mientras que en las bases entre 4 y 8 cm. El espesor de las paredes varía de acuerdo al sector de la vasija y su tamaño, pero en ningún caso es menor a 0,8 cm, y el promedio es de 1 cm. Solo tres UA advierten decoración. Las tinajas se infieren de tamaño grande, con perfil continuo y forma elipsoide y esférica. Muestran bordes evertidos, labios convexos, y bases plano-cóncavas. El diámetro de boca promedio es de 32 cm. El grosor de las paredes en sus diversas secciones supera los 1,2 cm. Ninguna de las tinajas presenta decoración.
En cuanto a los cuencos, se exhiben con tamaño aparente pequeño, mediano y grande, forma esférica y perfil continuo, sin puntos de inflexión. Muestran bordes levemente invertidos y evertidos, labios convexos y bases menisco-cóncava y plano-cóncava. Las paredes tienen un espesor promedio de 0,8 cm. El diámetro de boca de estos recipientes tiene una media de 15 cm, aunque con un amplio rango entre 6 y 24 cm; mientras que la de las bases no supera los 6 cm. Del total de cuencos, cinco presentan decoración. Los platos tienen forma aparentemente elipsoides, tamaño pequeño y muy pequeño. En un caso se observa el perfil con punto de inflexión (base y cuerpo). Las paredes de estas piezas tienen un promedio de 0,9 cm. Las bases son bicóncava y menisco-cóncava, con un diámetro de 3 cm promedio. Muestran bordes evertidos, labios convexos, y diámetros de boca que no superan los 10 cm.
El análisis permitió el reconocimiento de 10 estándares (Est.) de pastas (Figura 4). Se exhiben de tonalidad marrón, naranja y gris, con distintos gradientes de coloración y no uniformes en la secuencia entre las superficies y el núcleo. De forma común las alfarerías poseen abundantes minerales como cuarzo y feldespatos, biotitas y moscovitas en diversas proporciones (excepto Est. I y J), y litoclastos grises (probablemente rocas ígneas intrusivas y/o metamórficas). Las inclusiones presentan un grado de desgaste principalmente subredondeado.
Algunos Est. presentan inclusiones distintivas que permite su discriminación, por ejemplo partículas naranjas (probables inclusiones arcillosas) en Est. A y B, litoclastos rojos en Est. G y J, partículas negras en Est. B y G, rocas amarillentas y marrones en Est. J, partículas grises en Est. H, y litoclastos azules en Est. D. Sin embargo, la mayor variabilidad entre estándares se da, por un lado, en atributos de pasta como la textura (granulometría y estructura de la matriz) y fractura, y la distribución y densidad de inclusiones. Además, también varían las características de las cavidades (Tabla 1).


El estudio traceológico fue muy dificultoso por el tamaño de fragmentos, aunque se pudieron distinguir diferentes tipos de trazas de formación directa e indirecta que dan cuenta de los diversos procesos de modelado. Se reconocieron al menos 14 técnicas de manufactura o procesos tecnológicos pormenorizados (PTP) dentro de los procesos tecnológicos marco (PTM) o etapas de fabricación (Tabla 2). Si bien las trazas permitieron la individualización de algunas técnicas, es factible que buena parte de ellas hayan sido complementarias.
Dentro del modelado primario se logró distinguir principalmente la técnica del rodeteado, aunque con variables en las operaciones técnicas, probablemente en cabalgadura interna y en externa, aplastados y estirados. También se advirtió el uso de rodetes, dispuestos en forma horizontal u oblicua, en combinación con otro sistema de fabricación que empleó alguna fuerza rotativa cinética, muy probablemente el torno. Dentro del modelado secundario, solo se pudo identificar la adición del rulo o rollo anular para el reforzado de una base. Los tratamientos de superficie primarios y secundarios fueron más sencillos de reconocer, aunque las características del registro muchas veces impidieron una clara apreciación en cuanto a la dirección y extensión en la vasija y las potenciales herramientas utilizadas. Entre los primeros se destaca el alisado, que en los tiestos más grandes se muestran con extensión relativamente uniforme. Algo similar ocurre con algunos tratamientos de superficie secundario como el pulido. El inciso presenta una disposición más heterogénea, y en algunos casos discontinua. Las técnicas como el impreso y el vidriado también se reconocen homogéneas, pero se trata de muy escasas muestras (Figura 5).


La observación submacroscópica de pastas permitió la distinción de cinco Secuencias Cromáticas Transversales (SCT) entre el núcleo y las superficies cerámicas de los tiestos. La SCT1 presenta tonalidades naranja/rojizo, naranja/marrón, marrón, y marrón/rojiza en toda la secuencia, de forma uniforme completa, lo que indicaría atmósferas de cocción oxidantes completas (n=14 UA). La SCT2 exhibe coloración naranja rojiza en toda la secuencia y núcleo gris, sugiriendo cocciones oxidantes incompletas (n=11 UA). La SCT3 muestra una gama naranja rojiza en la mitad de la secuencia, y gris y gris/marrón oscuro en la otra mitad, lo que revelaría cochuras oxidantes incompletas o mixtas (n=11 UA). La SCT4 muestra tonalidad marrón claro en la mitad de la secuencia, y gris en la otra mitad, reflejando atmósferas de cocción oxidantes incompletas o mixtas (n=12 UA). Finalmente, la SCT5 presenta coloración gris y marrón grisáceo oscuro en toda la secuencia, lo que indicaría cocciones en atmósferas principalmente reductoras (n= 9 UA). Más de la mitad del registro de UA (n= 34, 59,64%) posee cambios en la secuencia cromática transversal. Las piezas con mayor uniformidad de secuencias son las tinajas/botijas y platos.
Por otro lado, se pudieron reconocer locaciones cromáticas específicas en el registro global, de formas redondas y alargadas. Sin embargo, predominan las indeterminadas, producto probablemente de exposición de las vasijas a llamas o brasas en forma directa o por contacto entre ellas. Asimismo, se identificaron trazas de origen térmico vinculadas con una alta temperatura o sobrecocción, manifestadas en vacuolas esféricas y redondeadas de diversos tamaños. Finalmente, también se registraron recipientes con grietas en las superficies con forma de estrella, y desconchados originados posiblemente por bruscos cambios de temperatura (Figura 6).

Fue posible el reconocimiento de trece GTA con sus características (Tabla 3 y Figura 7). Los datos permiten inicialmente vincular algunos GTA con tipologías presentes en la región. El Naranja Alisado/Pulido y el Naranja Vidriado exhiben características morfológicas y de técnicas de manufactura que podrían corresponderse con la cerámica del tipo “Carrascal”, producida en Mendoza entre los siglos XVII y XIX (Ots et al., 2017; Puebla et al., 2005; Rusconi, 1961). También podrían relacionarse con producciones elaboradas durante el mismo periodo en el Noroeste argentino, Noreste argentino o Córdoba, denominadas comúnmente cerámicas “criollas” o “mestizas” (Girelli y Bednarz, 2018; Guerriere, 2022; Martínez, 2006; Schávelzon, 1999 y 2018; Scocco, 2012). Sin embargo, en el caso del GTA Naranja Vidriado, no se descarta una similitud con recipientes europeos (Brizuela y Mignino, 2019; Schávelzon, 2018). La dificultad en la identificación de los lugares de orígenes de estas producciones durante tiempos coloniales y republicanos, similares a estos GTA, radica precisamente en la semejanza macroscópica de atributos (Schávelzon, 2018).
El Gris Inciso Grueso, escaso en el registro, se asemeja a cerámicas prehispánicas y de momentos de contacto hispano-indígena en Sierras Centrales (Dantas y Figueroa, 2008; Gambier, 1988; Laguens y Bonnin, 2009; Serrano, 1945; entre otros). Algo similar ocurre con el Gris Inciso Fino, de probable tradición indígena regional (Serrano, 1945), aunque también contextualizada en sitios coloniales (Mendoza, 2022). De hecho, en algunos yacimientos próximos al embalse, como es el sitio con arte rupestre “San Felipe”, se destaca la presencia de cerámica incisa similar a este GTA, en conjunto con artefactos líticos, huesos de fauna y fragmentos de vidrio, con una cronología establecida mediante fechados radiocarbónicos hacia mediados de siglo XVII (Gambier, 1988, pp. 44, 45). Los motivos aparecen aislados en partes externas e internas del cuerpo de recipientes, y sin aparente continuidad en su distribución. Esto difiere de lo que ocurre con las representaciones incisas en la mayoría de esos registros, donde los diseños poseen una distribución continua o discontinua, pero en extensión sobre toda la pared de las superficies de las piezas (principalmente en el borde y cuello).
Por su parte, el Marrón Rojizo Inciso Fino remite a alfarerías incisas y cepilladas halladas en Sierras Centrales de inicios de la época colonial temprana (Bonofiglio, 2014; Mendoza, 2022). Tipos similares en el litoral y el área pampeana (Schávelzon et al., 1987; Schávelzon, 2018) son adjudicados a cronologías de los siglos XVI y XVII. Para el GTA Morrón Rojizo Impreso se han observado semejanzas con otras producciones del área de llanura (Laguna Honda, Yucat, Córdoba) (Nimo, 1946). También se han hallado piezas prehispánicas aisladas con impresiones circulares en sus superficies en diversos sitios de las Sierras de Comechingones (Marcellino et al., 1967; Serrano, 1945). En ese sentido, es posible que se corresponda a momentos prehispánicos y/o coloniales.
El resto de los grupos (Gris Marrón Alisado, Naranja Rojizo Alisado/Pulido y Marrón Alisado/Pulido) representan la mayoría del registro. Si bien desde los atributos decorativos no es posible relacionarlos con GTA mencionados en párrafos previos, poseen estándares de pastas comunes, así como atributos morfológicos, técnicas de manufactura y de cocción (e.g. GTA 1; GTA 6 y GTA 7; GTA 5 y GTA 8). Así, es factible que estas fabricaciones formen parte de una misma tradición alfarera (Lechtman, 1977). Es importante mencionar que algunas investigaciones regionales, focalizadas en contextos coloniales, mencionan la presencia de conjuntos cerámicos similares a los GTA no decorados aquí presentados. En La Carolina (San Luis) Funes (2006) muestra alfarería con cocciones oxidantes incompletas o mixtas, y probable evidencia de termoalteración. Serrano (1945) y Mendoza (2022) vinculan recipientes con superficies pulidas o “lustrosas”, cocidas en atmósferas reductoras o mixtas, con una tradición cerámica “criolla-mestiza” para Córdoba.


La información morfológica permitió reconocer recipientes cerrados con amplia variabilidad en tamaños, diámetros, tipo de perfil y espesores, características que capacitan a las vasijas para ser destinados a distintas prácticas. Aquellas de boca angosta, base plano-cóncava que otorgan estabilidad, y paredes medias a gruesas (mayor a 1 cm) habrían posibilitado el almacenamiento de productos (principalmente las tinajas/botijas) y mantener la humedad dentro y fuera de ellas. Asimismo, algunas de las vasijas pulidas en el exterior (e.g. GTA Marrón Alisado/Pulido) y/o que muestran restos de hollín en sus superficies, posibilitarían la adaptabilidad cerámica a una buena conducción térmica (Rice, 1987).
Salvo excepción (Est. J y C), las piezas cerradas poseen estándares de pastas no exclusivos a este tipo de recipientes (Est. A, B, D, E, F y H). En casi todos los casos se trata de pastas con texturas gruesa/media y porosas, con moderada/alta carga de inclusiones (excepto los estándares D y H). Estos atributos están asociados a la necesidad de conseguir vasijas firmes y resistentes a impactos, y a una adecuada resistencia al choque térmico. Las tinajas/botijas con el Est. J, con inclusiones de tamaño medio y textura compacta, y densidad moderada de cavidades, podrían estar asociadas a aumentar la durabilidad de los recipientes y un uso prolongado para el almacenamiento y el transporte (Vidal, 2007). Cuarzos y feldespatos se hallan abundantes en las pastas, ya sea de manera individual o como parte de litoclastos grises y azules (probablemente granitos). El cuarzo de tamaño grueso contribuye a disminuir la contracción de la pasta cerámica durante el proceso de secado. Asimismo, ambos minerales favorecen una resistencia mecánica adecuada del material arcilloso, además de ser resistente térmicamente, estable en sus propiedades físicas (Linares et al., 1983). Específicamente el feldespato es muy refractario y permite aumentar la temperatura de cocción cerámica (Colomer et al., 1996).
Las vasijas abiertas ofrecen buena accesibilidad física y óptica a los diferentes tipos de sólidos y/o líquidos que puedan haber contenido. Además, la mayor parte de ellas se muestran con tratamiento de superficie alisado, cuya relativa rugosidad posibilitaría una fácil manipulación y traslado (Rice, 1987). En el caso del recipiente vidriado, la aplicación genera una impermeabilización, disminuyendo la impregnación de sólidos y líquidos en sus paredes y facilitando su limpiado. Este tipo de piezas ha sido utilizado en múltiples funciones de tipo domésticas, almacenamiento, servicio, ornamentales, transporte y para reflejar estatus social (Pradell y Molera 2020; Schávelzon, 2018; Senatore, 1995; entre otros). Dado que el vidriado se halla en ambas caras superficiales y no posee manchas de hollín, es poco probable que haya sido una pieza para exponer al fuego, lo que daría lugar a gases tóxicos (Albero Santacreu y Puerta González, 2009). Sin descartar esa posibilidad, entendemos que es más factible que haya sido destinada al servicio o contención de sólidos y/o líquidos (López Cervantes, 1976, p. 27; Ness, 2015; Zorzi y Agnolin, 2013, p. 141).
Como mencionamos, ambos tipos de vasijas poseen mayoritariamente los mismos estándares de pastas, con sus propiedades conductuales. Algunos de ellos (e.g. Est. A, D e I), presentes en algunos cuencos y platos, suelen ser poseer una textura más compacta, con inclusiones mayormente finas, rasgo que podría estar asociado a la búsqueda de recipientes resistentes a impactos y a la abrasión por el uso (Vidal, 2007). En ese sentido, las piezas podrían haber tenido una larga vida útil y una amplia versatilidad, aptas para todo tipo de actividades, aunque probablemente hayan servido más para el servicio de líquidos y semilíquidos (Rice, 1987).
Santa Eugenia es un conjunto de construcciones de piedras de múltiples formas y tamaños distribuidas en un espacio relativamente amplio (véase Figura 2). Hasta el momento no hay certeza sobre su función, aunque es posible asumir la presencia de un conjunto de viviendas con corral debido a las similitudes que presenta con puestos rurales actuales en sectores cercanos. En ese contexto, la cerámica es la materialidad principal identificada en el yacimiento. Los datos presentados constituyen una muestra representativa de la variabilidad del registro alfarero del Dique San Felipe. Sin embargo, debe ampliarse la colección de estudio, desarrollar exámenes arqueométricos, dataciones absolutas, y estudios sobre el resto de las evidencias materiales.
El palimpsesto de los conjuntos cerámicos presentes en el sitio y el tamaño de los tiestos dificultó no solo la caracterización tecnológica, morfológica y decorativa, sino también las interpretaciones respecto a su diacronía y sincronía. De cualquier manera, no impidió un primer acercamiento a las estrategias de manufactura, al consumo de cerámicas, y a potenciales procesos de interconexión regional ligadas al intercambio, el transporte y la movilidad de personas desarrollados en el área durante tiempos históricos, que incluso podrían remontarse a momentos anteriores. Se entiende, además, que los resultados contribuyen al entendimiento de los cambios y continuidades en algunos modos de fabricación cerámica, probablemente a lo largo de los últimos quinientos años de ocupación.
Desde el punto de vista composicional, la evidencia permite suponer preliminarmente que la mayor parte de las alfarerías de Santa Eugenia fueron realizadas con depósitos locales y/o regionales. Esto se sustentaría no solo a partir del criterio de abundancia cerámica (Harbottle, 1982), sino por la relación positiva de las inclusiones presentes en las pastas con el entorno geológico (Candiani et al., 2016). Solo a partir de estudios petrográficos se podrá identificar la naturaleza de las materias primas empleadas. Sin embargo, se observa en la mayor parte de los estándares litoclastos grises y azules compuestos por fenocristales de feldespatos, cuarzos, micas, partículas negras, y otros minerales félsicos que se corresponden muy probablemente con granitos, granitoides y/o metamorfitas. Este tipo de rocas coinciden con el perfil geológico del área. De confirmarse a futuro un origen local de las materias primas, y teniendo en cuenta que algunos GTA podrían corresponderse a momentos de contacto hispano-indígena y coloniales, existiría una importante continuidad en su selección y uso. Sin embargo, no se descarta la similitud petrológica con regiones anexas, particularmente hacia el área serrana del este y noreste, considerando la similitud tipológica de los GTA Gris Inciso Fino, Gris Inciso Grueso, Marrón Rojizo Inciso Fino y Marrón Rojizo Impreso con las producciones de esas áreas.
Por otro lado, los Est. J y I poseen la exclusividad de litoclastos marrones, rojizos y amarillentos, además de rocas grises texturalmente diferentes de los otros estándares. Tampoco se reconocen con inclusiones micáceas. Dado que estas pastas se hallan en GTA escasos en el registro (Naranja Vidriado y Naranja Alisado/Pulido), y cuyas características se asemejan a tipologías ajenas al área, es posible que las materias primas y la elaboración de estas cerámicas no posean un carácter local.
La diversidad en la mayoría de los patrones de pastas es fundamentalmente textural, lo que podría relacionarse con la elección de fuentes de materias primas con sedimentologías diversas. O bien con criterios técnicos, como por ejemplo, la variabilidad en los modos de preparación, la multiplicidad de agentes encargados y aspectos técnicos y/o mecánicos buscados por los/as ceramistas. El tamaño y la densidad, pero principalmente la distribución de las inclusiones, indicarían que la mayor parte de ellas (principalmente los minerales félsicos y los fragmentos de rocas) habrían sido deliberadamente añadidas a las arcillas para elaborar las pastas, probablemente a partir de sedimentos arenosos. El desgaste subredondeado/subanguloso de las inclusiones implicaría algún tratamiento (e.g. machacado), o bien que simplemente posean esas características de forma natural. Por otro lado, en algunos casos como el Est. D se observa una alta homogeneidad en las características texturales de las inclusiones, lo cual sugeriría un mayor esfuerzo en la preparación (posible tamizado y triturado) de sedimentos, o el uso de una arcilla sin antiplástico (Albero Santacreu, 2014).
Desde lo traceológico, la mayor parte de las marcas de fabricación dan cuenta sobre los tratamientos de superficie primario y secundario. Los primeros se reconocen relativamente completos y uniformes en las paredes de la mayor parte de los GTA, lo que muestra una decidida homogeneización final de recipientes. En el caso de los secundarios, principalmente el inciso, su heterogeneidad en la disposición y estructura podrían corresponderse con pautas de imitación distintas por parte de los/as ceramistas locales, o la intrusión de bienes ajenos a la región que circulan en el área. Por otro lado, el vidriado, una técnica asociada a las producciones alfareras desde tiempos coloniales, se observa con alta cohesión y bien homogeneizado en las superficies. Se halla presente en una UA que refleja el uso del torneado, entre los procesos de modelado primario. Sucedería lo mismo con el GTA Naranja Alisado/Pulido, que exhibe la combinación del torneado y el rodeteado, aunque es difícil de determinar cómo se dio tal proceso.
Ahora bien, la mayor parte de las huellas referidas al modelado primario, para casi la totalidad del registro, se vinculan con el rodeteado, aunque muy probablemente con diversidad en su implementación. Esto es significativo dado que, por un lado, sugiere el hallazgo en el sitio de alfarerías de tradición prehispánica, correspondientes a momentos previos al siglo XVII. Pero además, indicaría la presencia de producciones cerámicas “híbridas”, mestizas o criollas, que continúan con el empleo de estas técnicas de manufactura durante tiempos posteriores (Schávelzon, 2018). El modelado primario constituye el eje central y estable de los modos de fabricación, al estar basado en gestos y técnicas muy internalizados por los/as alfareros/as. Su reconocimiento reflejaría no solo la persistencia en los modos de fabricación sino también de la identidad social de los grupos, los cuales habrían desarrollado diversas estrategias de reproducción de sus tradiciones (Gosselain, 2000). Entendemos que esto no excluye que las comunidades hayan sufrido transformaciones en los procesos de producción a lo largo del tiempo, de acuerdo a diferentes vicisitudes económicas y socioculturales, sino que estas no habrían alterado radicalmente los modelos de enseñanza-aprendizaje que se transmiten generacionalmente a partir de las prácticas de manufactura. También podría relacionarse con un relativo aislamiento del área, el cual habría impedido diversas imposiciones e influencias externas, o la incorporación de nuevas tecnologías que repercutieran profundamente en las economías domésticas, los saberes heredados y mantenidos, y las pautas de consumo de los productores/consumidores (García Rosselló y Calvo Trias, 2013; Mannoni, 2007).
Los atributos traceológicos también se corresponden con las características morfológicas y decorativas. El registro denota una diversidad aparente de formas con partes (bases, cuellos y bordes), y representaciones plásticas con motivos similares a alfarerías de contextos prehispánicos y pos-hispánicos cercanos a Santa Eugenia y áreas vecinas (Dantas y Figueroa, 2008; Gambier, 1988; Mendoza, 2022; Serrano, 1945; entre otros), pero también a producciones coloniales (Ots et al., 2017). Considerando la hipótesis sobre una producción local de la mayoría de los conjuntos, se puede asumir que existió una circulación de ideas y prácticas de diseño afines dentro de la región durante momentos prehispánicos. También es factible que algunas de estas vasijas llegaran al área a partir de redes de intercambio y la movilidad de personas en un amplio espacio geográfico que excede a Conlara, y/o por procesos de articulación y desarticulación social anteriores o posteriores al Orden Colonial (Bixio et al., 2010; Laguens y Bonin, 2009).
En el caso de los tratamientos de cocción, la variabilidad en las distintas características observadas indicaría cocciones incompletas, irregulares y con escaso control (García Rosselló y Calvo Trias, 2006). Estas habrían sido realizadas principalmente en atmósferas oxidantes o mixtas, logrando temperaturas diversas en estructuras de combustión múltiples, posiblemente a cielo abierto. En el caso de los GTA Naranja Alisado/Pulido y Naranja Vidriado, las cocciones habrían sido más reguladas y uniformes, en atmósfera oxidante y quizás en hornos de arquitectura permanente para lograr temperaturas por encima de los 900°-950° C (González y Pedrotta, 2006).
En cuanto a las capacidades conductuales de las alfarerías, se sugiere que la mayoría de las piezas tuvieron un rol principal de tipo doméstico, como el servicio, y el procesamiento y cocción de alimentos sólidos y líquidos. El tamaño inferido para las vasijas en general presume su accesible utilización cotidiana y traslado. Es factible que hayan sido empleadas en más de una tarea, entendiendo que los atributos formales de diseño refieren a un campo amplio de posibilidades (Skibo y Schiffer, 2008). Este panorama se correlaciona con el estudio de pastas dado que, salvo excepciones, casi la totalidad de los estándares se representan en distintos tipos de formas.
En algunos casos es posible acceder a una información más específica respecto al origen funcional de los recipientes. Por ejemplo, las tinajas/botijas podrían haber sido utilizadas para el almacenamiento, probablemente de líquidos. Como mencionamos, estas piezas se asemejan a los grandes recipientes de la tipología cerámica “Carrascal”, con amplia distribución regional desde el siglo XVIII, y con una funcionalidad destinada al almacenamiento y transporte de vinos y aguardientes (Ots et al., 2017). Empero, no se descarta que hayan tenido otras funciones, y que sus usos se hayan prolongado en el tiempo, dándoles un máximo de utilización2. Estas conductas de conservación, así como la escasa presencia de gres, porcelanas y lozas con las que se han contextualizado las alfarerías, podrían vincularse además con un acceso y/o circulación limitada a estos bienes, dentro de un contexto rural relativamente apartado de las principales vías de circulación que interconectaban los centros poblados y militares de la región sur de territorio colonial y posteriormente republicano (Mendoza, San Luis, Villa Mercedes, Río Cuarto, etc.) (Ots et al., 2013; Rocchietti et al., 2011; Schávelzon y Frazzi, 1997; entre otros).
En definitiva, el conjunto de información sugiere que la mayor parte de la producción alfarera de Santa Eugenia, principalmente durante el siglo XIX, respondió a una escala pequeña y doméstica, destinada a un consumo local, en el marco de una economía de subsistencia. Asimismo, el registro responde a un espacio de posición marginal, pero no incomunicado, en donde se dieron confluencias demográficas y culturales, y el tráfico de bienes con áreas cercanas y lejanas. Muchas de las características de las alfarerías parecerían corresponderse con momentos previos al señalado, entendiendo este fenómeno como la probable presencia de cerámicas prehispánicas producto de procesos de reocupación del espacio y la persistencia en ciertos modos de fabricación de larga tradición, tal como se ha manifestado en otras investigaciones regionales (Aldazabal, 2002; Pérez Pieroni, 2015; Prieto-Olavarría et al., 2020; Schávelzon et al., 1987; Scocco, 2012; Senatore, 1995; entre otros).
A partir de una perspectiva metodológica integradora se han expuesto y discutido los resultados del análisis de alfarerías del sitio Santa Eugenia, aún ante las limitaciones que impone un contexto de rescate arqueológico alterado por procesos postdepositacionales y una etapa inicial de la investigación en el área. Este acercamiento contribuye a la explicación e interpretación de los procesos de manufactura cerámica y su contexto, así como a la dinámica de cambios y continuidades técnicas en la larga duración. Se reconocieron y describieron aspectos elementales de las secuencias de fabricación, desde la toma de materias primas hasta los tratamientos de cocción, así como también de las capacidades conductuales a las que podrían haber estado destinados los recipientes.
Los resultados permiten establecer, preliminarmente, que las comunidades que se desenvolvieron en el área durante el siglo XIX diseñaron y utilizaron principalmente cerámicas elaboradas con materias primas locales o microrregionales, con pautas de fabricación probablemente heredadas y mantenidas de siglos anteriores. Las mismas estaban destinadas a la subsistencia y la economía doméstica. Asimismo, el registro da cuenta de escasos recipientes posiblemente ajenos al área, llegados a partir de redes de interacción sociocultural, de intercambio y de movilidad, durante un extenso periodo. De esta manera, entendemos que el área de Renca conforma un espacio de desarrollo social con una temporalidad cuyo límite inicial quedaría por definir, incluyendo las ocupaciones prehispánicas.
La identificación de los modos de elaboración alfarera implica adentrarse en su complejidad de acuerdo a condicionantes económicos, culturales y sociales. Ante la escasez de investigaciones, los datos expuestos conforman un primer aporte a esa tarea y constituyen la base para la continuidad en las investigaciones ceramológicas en el área y la región. En ese sentido, se espera a futuro incentivar las labores arqueológicas, la búsqueda de más contextos estratificados, el estudio de las diversas evidencias materiales y la complementación con estudios de fuentes documentales. Esto contribuirá no solo al conocimiento prehistórico e histórico regional, sino también a impulsar medidas tendientes a la protección y puesta en valor su patrimonio cultural.
A la comunidad y autoridades municipales de Renca, quienes hicieron de nuestra estadía un momento inolvidable. Al gobierno de la provincia de San Luis. A nuestros amigos Dr. Gallo, Oscar, Guille, Willy y Yayo que nos visitaron durante el rescate arqueológico. A Matías Medina, Jaume García Rosselló, Cintia Martínez, Lorena Puebla y Cristian Tivani. Finalmente agradecemos a los/as evaluadores/as de este trabajo, que contribuyeron a que mejorara sustancialmente. Lo expuesto es de exclusiva responsabilidad de los autores.
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