Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana

Vol. 18, Núm. 2, julio - diciembre 2024. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículo original

La toma de Torreón en 1914. El Cerro de la Pila desde la perspectiva de la arqueología de campos de batalla

The toma de Torreón in 1914. El Cerro de la Pila from the perspective of archeology of battlefields

A toma de Torreón em 1914. O Cerro de la Pila na perspectiva da arqueologia dos campos de batalha

Francisco Montoya Mar
Unidad Académica de Historia, Universidad Autónoma de Zacatecas
Maby Medrano Enríquez
Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia, Unidad Académica de Agronomía, Universidad Autónoma de Zacatecas
Cómo citar este artículo:
Montoya Mar, Francisco y Medrano Enríquez, Maby (2024). La toma de Torreón en 1914. El Cerro de la Pila desde la perspectiva de la arqueología de campos de batalla. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 18(2), 36-60
RESUMEN:
La arqueología de campos de batalla en América Latina ha tenido un significativo crecimiento y desarrollo en los últimos 25 años. Para el caso particular de México cada vez son más las investigaciones en torno a esta temática. La Revolución Mexicana fue un levantamiento iniciado en 1910 debido a las injusticias, la polarización, la concentración de la riqueza en unos cuantos y la desigualdad social. En este movimiento armado acontecieron una serie de batallas, tomas, incursiones y escaramuzas que configuraron la guerra civil más sangrienta en la historia de este país. En el norte de México, principalmente, la insurgencia revolucionaria conformó la División del Norte encabezada por Francisco Villa quien combatió al ejército federal en distintos eventos bélicos; uno de ellos fue la Toma de Torreón en la Comarca Lagunera en marzo-abril de 1914. En este trabajo se aplicó la teoría y metodología de la arqueología de campos de batalla en el Cerro de La Pila, ubicado en la ciudad de Gómez Palacio, Durango.
Palabras clave:
Revolución Mexicana; División del Norte; armamento; cultura material; Gómez Palacio
ABSTRACT:
Battlefield archeology in Latin America has growth and developed in the last 25 years. In the particular case of Mexico, there is more and more research on this topic. The Mexican Revolution was a movement that began in 1910 caused by the injustices, polarization, concentration of wealth in a few hands, and social inequality. In this armed movement a series of battles, seizures, raids and skirmishes occurred that formed the bloodiest civil war in the history of this country. In the north of México, mainly, the revolutionary insurgency formed the División del Norte headed by Francisco Villa who fought the federal army in different war events, one of them was the Toma de Torreón in the Comarca Lagunera in March-April 1914. In this work we applied the theory and methodology of battlefield archeology on the Cerro La Pila, located in the city of Gómez Palacio, Durango.
Keywords:
Revolución Mexicana; División del Norte; armament; material culture; Gómez Palacio
RESUMO:
A arqueologia do campo de batalha na América Latina teve crescimento e desenvolvimento nos últimos 25 anos. No caso particular do México, há cada vez mais pesquisas sobre este tema. A Revolução Mexicana foi um movimento que começou em 1910 por causa das injustiças, da polarização, da concentração da riqueza em poucos e da desigualdade social. Neste movimento armado ocorreu uma série de batalhas, apreensões, ataques e escaramuças que formaram a guerra civil mais sangrenta da história deste país. Principalmente no norte do México, a insurgência revolucionária formou a División del Norte chefiada por Francisco Villa que lutou contra o exército federal em diversos eventos de guerra, um deles foi a Toma de Torreón na Comarca Lagunera em março-abril de 1914. Neste trabalho aplicou a teoria e metodologia da arqueologia do campo de batalha no morro La Pila, localizado na cidade de Gómez Palacio, Durango.
Palavras-chave:
Revolución Mexicana; División del Norte; armamento; cultura material Gómez Palacio
Recibido:8 de octubre de 2024
Aceptado:13 de junio de 2025

INTRODUCCIÓN

En 2013, Carlos Landa apuntaba que la arqueología de campos de batalla en América Latina estaba emergiendo con la publicación de distintas investigaciones (Del Cairo, 2011; García et al., 2009; Landa et al., 2011a y 2011b; Leoni y Martínez 2012; Medrano, 2005, 2009; Ramos 2000; Ramos et al., 2003, 2011a y 2011b; Zanettini, 2003; Zanettini y Robrahn-González, 1999, 2000), a doce años de tal aseveración podemos decir que cada vez tiene mayor injerencia. Se ha llevado a cabo un trabajo amplio y diverso que cimienta sólidamente las bases de una arqueología de campos de batalla tanto ontológica, epistemológica, teórica y metodológicamente (Álvarez, 2014; Del Cairo et al., 2020; Escarcena et al., 2020; Hernández et al., 2014; Hernández et al., 2020; Herrera et al., 2020; Karlsson, 2020; Landa y Hernández, 2014, 2020a y 2020b; Landa et al., 2014, 2020; Leoni et al., 2014, 2020; Medrano, 2014; Medrano et al., 2020, 2023; Pintos, 2020; Ramos et al., 2014; Scalfaro, 2020). Además, al día de hoy existe una mayor oferta educativa (principalmente en posgrados) y se realizan eventos académicos en torno a este campo de estudio.

De acuerdo con Medrano (2014) se entiende por campo de batalla:

El espacio en el cual se produjeron enfrentamientos bélicos/militares, involucrando diversos elementos de la morfología del terreno conformados por los rasgos naturales, es decir, barrancos, colinas o ríos/arroyos que brindaron protección a los ejércitos, del mismo modo forman parte todas las construcciones edificadas exprofeso para el ataque y/o defensa del lugar, tal es el caso de trincheras, parapetos, muros, entre otros; de igual importancia son los artefactos alojados en él (Medrano, 2014, pp. 51-52).

Además de las edificaciones exprofeso, mencionadas en el párrafo anterior, también se utilizaban construcciones preexistentes empleadas en batallas anteriores. Sin dejar de lado las obras de defensa para el resguardo de las ciudades como fortines, murallas, fosos, baluartes, entre los más destacados.

Metodológicamente, los campos de batalla presentan condiciones específicas como la presencia de cultura material de las edificaciones, vestigios y restos del armamento utilizado -metálicos y no metálicos-, elementos de la vestimenta, monedas y objetos de la vida cotidiana. Estos sitios arqueológicos han sido abordados aplicando diversas técnicas en el análisis integral de los contextos arqueológicos. Podemos mencionar algunas, como el acopio y recolección de fuentes, documentación y cartografía histórica, fotografía aérea, imágenes satelitales y cartas topográficas -que permiten una primera aproximación al sitio-, la prospección visual y geofísica, la recolección superficial (arbitraria o sistemática) y/o empleando detectores de metal y/o electromagnetómetro, el registro arqueológico, la excavación y el mapeo de la distribución espacial de artefactos y elementos (Pintos y Landa, 2022).

Dentro de los enfrentamientos bélicos de mayor magnitud en México se puede señalar la Revolución Mexicana. No obstante que la historiografía sobre este tema es abundante, y probablemente sea uno de los episodios mexicanos más estudiados por su importancia, inmediatez histórica e interés por este conflicto, también es un hecho del que existen pocas investigaciones arqueológicas en torno a este evento (Katz, 2000; Salmerón, 2006). Con excepción de los trabajos de Medrano et al. (2020 y 2023), en los que se tomó como base el análisis del paisaje y la cultura material producto de este conflicto armado en los sitios de Zacatecas y Torreón.

El objetivo de este artículo es presentar los resultados del primer acercamiento y recorrido de prospección arqueológica llevado a cabo en la primavera del año 2023, en un campo de batalla en la región lagunera1 enmarcado en el evento conocido como la Toma de Torreón, descrito en 1914 por González y colaboradores. La cultura material relacionada con los artefactos bélicos localizados corresponden al Cerro de La Pila, ubicados en la ciudad de Gómez Palacio, en el estado de Durango, México, que como se explicará más adelante, fue uno de los primeros espacios donde se llevó a cabo dicho combate. Mismo que a su vez, formó parte de una serie de triunfos de la División del Norte y la antesala para la contienda decisiva que fijó el rumbo de la Revolución Mexicana: la Toma de Zacatecas en junio de 1914 (Figura 1), que consolidó el triunfo de la División del Norte ante el ejército federal. Basados en la metodología de la arqueología de campos de batalla, durante esta campaña se realizaron recorridos de campo y recolección de superficie con auxilio de detectores de metal, el registro espacial de artefactos y elementos y su análisis.

Figura 1. Principales victorias de la División del Norte en la Revolución Mexicana. Elaboración propia con base en Barragán s/f..
Figure 1. Main victories of the División del Norte in the Mexican Revolution. Figure created by the authors with information from Barragán, s/f.
Figura 1. Principales victorias de la División del Norte en la Revolución Mexicana. Elaboración propia con base en Barragán s/f..

REVOLUCIÓN MEXICANA Y LA DIVISIÓN DEL NORTE

El México anterior al movimiento revolucionario de 1910 se distinguía por ser un país diverso, con una sociedad confusa y dividida. Con presencia de amplios sectores de la sociedad en precario e incierto equilibrio por un lado y otros con privilegios, concesiones y estabilidad por el otro, sumado a una frágil y tendenciosa impartición de justicia, y a una repulsa a las reformas liberales modernizadoras de finales del siglo XIX e inicios del XX que no permeaban en toda la sociedad mexicana. Esto y otros factores más, darían como resultado una profunda desigualdad que provocaría la primera revolución social del siglo XX. Este sentimiento revolucionario fue el resultado de una dinámica social dividida en dos capas sociales extremadamente polarizadas las cuales no se integraban y por el contrario se repudiaban recíproca y mutuamente (Medrano et al., 2023).

Como en muchas otras guerras, en la Revolución Mexicana sucedió la génesis de una efímera, compleja y significativa conformación de un ejército integrado y liderado por personajes de una vasta diversidad social, cultural, económica y política (Medrano et al., 2023). Esta alianza dio como resultado la División del Norte2, unión que engendró la hueste popular más destacada en la historia de América Latina y protagonizó el episodio armado más brillante del movimiento revolucionario en México. Sin lugar a duda, el personaje principal de la integración de este ejército fue Francisco Villa, quien representó de mejor manera la rebelión desde la óptica de la violencia y demostró abiertamente una actitud desafiante al poder que oprimió a los pobres, a los marginados, al débil que no pudo defender sus tierras (Medrano et al., 2023).

La División del Norte, bajo el liderazgo de Francisco Villa, libró numerosas batallas e incursiones entre 1913 y 1919, principalmente en el norte y centro de México. La primera acción formalmente dirigida por Villa tuvo lugar en San Andrés, Chihuahua, en agosto de 1913. Posteriormente, encabezó la primera Toma de Torreón entre septiembre y octubre de ese mismo año y estuvo presente en las batallas de Chihuahua, Ciudad Juárez y Tierra Blanca en noviembre. En diciembre, lideró el ataque a Ojinaga, logrando establecer el orden en medio de la acometida y asegurando una victoria en enero de 1914. En abril de 1914, volvió a ocupar Torreón y, poco después, en junio, tomó la ciudad de Zacatecas (Medrano et al., 2020).

Durante 1915, la División del Norte concentró sus esfuerzos en enfrentamientos contra las fuerzas de Venustiano Carranza, destacándose la victoria en Sayula en febrero, que representó el último triunfo significativo del villismo. No obstante, entre abril y julio de ese año, las tropas de Villa sufrieron derrotas consecutivas en el Bajío ante Álvaro Obregón, siendo la última de estas batallas un episodio conocido como "el ocaso del villismo". A pesar del desgaste de su ejército, Villa lanzó una nueva ofensiva en Agua Prieta, Sonora, el 1 de noviembre, donde sufrió otro revés. Posteriormente, el 9 de marzo de 1916, lideró un ataque en Columbus, Nuevo México, como respuesta al reconocimiento del gobierno estadounidense a Carranza (Barragán, s/f ). Finalmente, en un último esfuerzo, intentó recuperar Ciudad Juárez en junio de 1919 (Katz, 2000).

En la Figura 1 se presentan las principales victorias de la División del Norte resaltando la zona de influencia de este ejército, la cual comprendió principalmente los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas. El objeto de estudio de la investigación fue el enfrentamiento de la Toma de Torreón de 1914, aunque el área que abarcó corresponde a la actual zona conurbada de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, los dos primeros pertenecientes al estado de Durango, y el tercero a Coahuila (Figura 2).

Figura 2. Asalto a Gómez Palacio, días 24 y 25 de marzo de 1914. Elaboración propia con base en González et al. (1914).
Figure 2. Assault on Gómez Palacio, March 24 and 25, 1914. Figure created by the authors with information from González et al. (1914).
Figura 2. Asalto a Gómez Palacio, días 24 y 25 de marzo de 1914. Elaboración propia con base en González et al. (1914).

La Revolución Mexicana representó un proceso histórico en un contexto donde la expresión liberadora de las ideas fluyó constante y abundantemente; sin embargo, nunca hubo un liderazgo capaz de sintetizar las diversas posiciones y corrientes que surgieron, dado lo complejo y convulso de este sangriento episodio. Y si bien el objetivo primigenio de este movimiento era sentar las bases de la justicia e igualdad social, el resultado fue la más grande guerra civil en la historia de México (Medrano et al., 2023).

TOMA DE TORREÓN

Durante la Revolución Mexicana, la ciudad de Torreón ya había sufrido el embate de orozquistas y revolucionarios a finales de septiembre y principios de octubre de 1913, estaba a punto de ser asediada nuevamente por un ejército de combatientes feroces y tenaces, engrandecidos por una serie de victorias. Tras el triunfo en Ojinaga el 15 y 16 de marzo de 1914 los villistas partieron de la estación de Chihuahua rumbo a Torreón con el tren del Cuartel General de la División del Norte, carros de armamento y municiones, sección de ametralladoras y automóviles, dos trenes de artillería que conducían 29 cañones de diversos calibres con 1.700 granadas, el tren de la Brigada Sanitaria, así como diversas brigadas de la división (González et al., 1914).

Siguiendo el relato pormenorizado de González y colaboradores (1914), damos cuenta de uno de los enfrentamientos en el avance de la imponente División del Norte hacia el sur, se trató de una batalla encarnizada con una duración de 11 días, en la que para avanzar y tomar la ciudad de Torreón fue muy importante el asedio y toma de Gómez Palacio y Lerdo. En un primer momento, el ejército constitucionalista3 centró su objetivo en Lerdo y el Cerro de La Pila, cuyo asalto les permitió romper el primer cerco formado por los federales (Figura 2), quienes replegados en aquel punto huyeron dejando en manos de la División del Norte la plaza de Torreón, abriendo las puertas para la gran y decisiva batalla de la Revolución Mexicana: la Toma de Zacatecas.

El escenario, los momentos de la batalla. Conformación de las tropas

La estrategia de ataque de los revolucionarios se desplegó desde la estación de tren Yermo, donde se concentraron nueve brigadas totalizando 7.000 hombres listos para la batalla (Tabla 1). Todo este contingente comandado por líderes y estrategas militares dispuestos a no dar tregua (González et al., 1914).

Tabla 1. Brigadas concentradas en Estación Yermo, previo al despliegue de la Toma de Torreón (González, et al., 1914).
Table 1. Brigades concentrated at Yermo Station, prior to the deployment of the Toma de Torreón (González, et al., 1914).
Tabla 1. Brigadas concentradas en Estación Yermo, previo al despliegue de la Toma de Torreón (González, et al., 1914). Table 1. Brigades concentrated at Yermo Station, prior to the deployment of the Toma de Torreón (González, et al., 1914).

La artillería al mando del general Felipe Ángeles y los coroneles Martiniano Servín y Manuel García Santibáñez estuvo organizada por dos regimientos. El primero conformado por una batería Schneider Canet y tres baterías Saint Chamond-Mondragón de 75 mm. El segundo lo integraron tres baterías, dos Saint Chamond-Mondragón de 75 mm y una Saint Chamond de 80 mm; además, una sección de cañones de montaña tipo Mondragón de 70 mm. Finalmente, en los vagones del ferrocarril sobre las plataformas blindadas, los cañones El Niño y El Chavito/El Rorro (González et al., 1914).

Por su parte, el resguardo de la ciudad de Torreón estuvo a cargo del general José Refugio Velasco con la División del Nazas integrada por 7.000 federales con 19 cañones, 11 ametralladoras y 24 fusiles de ametralladora. La gendarmería San Pedro y Matamoros los auxilió con 12.000 a 14.000 hombres (Salmerón, 2006).

Con el objetivo fundamental de reforzar la protección de Torreón y evitar la avanzada constitucionalista, la defensiva iniciaba en los puestos de Bermejillo, Tlahualilo, Mapimí, San Pedro de las Colonias y Sacramento. En las proximidades de la ciudad situaron la primera línea de defensa en Lerdo y Gómez Palacio, la segunda flanqueaba Torreón; en el extremo norte se ubicaron los fortines del barrio de La Fortuna y el de La Polvorera, en el sur en el barrio de San Joaquín y el cañón del Huarache. Con trincheras en Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, aprovecharon las barreras naturales estableciendo fortificaciones en los cerros Santa Rosa, Calabazas, La Cruz y La Pila (González et al., 1914). Este último fue el sitio en el que se vivió una de las escenas más sangrientas durante la Toma de Torreón, y sobre el cual nos centraremos (Figura 2).

Las tropas constitucionalistas se concentraron en la estación Yermo, desde este punto se desplegaron los primeros combates para apoderarse simultáneamente de Tlahualillo, Bermejillo y Mapimí, además de Sacramento.

y segundo asalto a Gómez Palacio. El objetivo: el Cerro de La Pila

El primer asalto a Gómez Palacio comenzó el 22 de marzo, tras dos días de haber establecido el Cuartel General en Bermejillo. Los soldados de los 15 trenes de la División fueron organizados en tres batallones, contando con un total de 1.500 hombres bien armados y abastecidos de municiones. El general Villa, junto a dos de los batallones, abordó el tren del Cuartel General, que avanzó hacia Santa Clara, donde se concentraron todas las fuerzas para iniciar la ofensiva. El espectáculo fue imponente:

El ala derecha formada por las Brigadas “González Ortega” y “Benito Juárez”, se extiende en línea de tiradores en un campo no menor a cinco kilómetros; el ala izquierda ocupando también una extensión como de cinco kilómetros, la forman la Brigada “Villa” y parte de la Brigada “Juárez” de Durango; y la Brigada “Guadalupe Victoria”; el centro es ocupado por los dos Regimientos de Artillería y los dos batallones de infantería… comandados por el Teniente Coronel Santiago Ramírez (González et al., 1914, p.12).

El contingente arribó a las inmediaciones de Gómez Palacio a las seis de la tarde iniciando un vigoroso e ininterrumpido ataque.

Desde muy temprana hora del día siguiente, 23 de marzo, en la falda del Cerro San Ignacio emplazaron la artillería de grueso calibre bajo las órdenes del coronel Servín y una batería Canet al mando del coronel Santibáñez. Una tercera fue colocada al lado izquierdo de la vía Central entre las estaciones Vergel y Gómez Palacio. Los federales estaban atrincherados en el Cerro de La Pila, La Jabonera, La Casa Redonda y las casas al norte de la ciudad. A las ocho de la mañana la artillería al mando del coronel Santibáñez bombardea el Cerro de La Pila, conocido también como Trincheras, y parte de la ciudad de Gómez Palacio (González et al., 1914).

Mientras el general Herrera dirigía el ataque a Lerdo, el general Villa detectó que el enemigo intentaba flanquear a su contingente y artillería. Sin demora, y seguido por su escolta, acudió en su auxilio, lanzándose en una carga de caballería que arrolló al enemigo y lo hizo retroceder en desbandada. El fuego cesó, lo que permitió el avance de las fuerzas del general Herrera. Antes de que finalizara el día, Lerdo había caído (González et al., 1914).

El 24 de marzo transcurrió con relativa calma, se organizaron las estrategias, tácticas, movimientos y preparativos para el ataque del día siguiente. La artillería se reconcentró en el campamento de El Vergel donde arribó el general Benavides con cerca de 4.000 hombres. Una vez apoderados de Lerdo, el Cerro de La Pila se convirtió en el punto estratégico para el avance del ejército constitucionalista (González et al., 1914).

El 25 de marzo la División del Norte llevó a cabo el segundo asalto a Gómez Palacio. Un cañonazo a las cuatro de la tarde marcó el inicio del combate con un duelo de fuego que continuó por tres horas, destacó el movimiento de la artillería entre el intenso bombardeo del coronel Santibáñez, los cañonazos certeros de El Niño y un gran arco frente al Cerro de La Pila. Por su parte, en el ala derecha los generales José Rodríguez, Urbina y Herrera arrebataron a los federales dos de las cinco posiciones de artillería ubicadas en lo alto del cerro, además de la sección comprendida entre Gómez Palacio y Lerdo (González et al., 1914) (Figura 2).

En el centro, las Brigadas González Ortega y Guadalupe Victoria, aunque compuestas por 2.400 hombres, no lograron un avance satisfactorio debido al retraso en la entrada del ala izquierda, formada por los contingentes Hernández y Zaragoza (González et al., 1914). El escenario era aterrador: en tan solo una hora, murieron 200 personas, mientras el estruendo de los cañones y fusilería, seguido por las ráfagas de ametralladoras y explosiones de dinamita, no frenaban a los soldados, como mencionan González et al.

dos mil hombres atacan un cerro no más largo de un kilómetro, con una inclinación de 30 grados, perfectamente afortinado en su cumbre y falda “defendido por más de 500 hombres, 4 cañones, 8 ametralladoras y sostenido por el Fuerte de Santa Rosa y las baterías de Gómez Palacio" (González et al., 1914, p. 20).

Al día siguiente, el 26 de marzo, continuó un encarnizado enfrentamiento. Los soldados federales momentáneamente recuperaron las fortificaciones perdidas la noche anterior; sin embargo, pocas horas después volvieron a abandonarlas. La artillería al mando directo del general Felipe Ángeles (Figura 3) fue posicionada a 1.200m del Cerro La Pila, resistiendo el agudo ataque por parte del enemigo. Los cañones El Niño y El Chavito también abrieron fuego, aunque pronto se vieron obligados a retroceder, ya que fueron blanco de una batería que hasta ese momento había permanecido oculta (González et al., 1914).

Figura 3. Felipe Ángeles y sus tropas esperando órdenes cerca de Torreón. Library of Congress.
Figure 3. Felipe Ángeles and his troops awaiting orders near Torreón. Library of Congress.
Figura 3. Felipe Ángeles y sus tropas esperando órdenes cerca de Torreón. Library of Congress.

Alrededor de las cuatro de la tarde, las fuerzas federales decidieron evacuar y replegarse en Torreón. Preparando su huida, bombardearon el campo constitucionalista además de simular un ataque con la caballería. Fue tan intempestiva su salida que no dieron sepultura a los soldados caídos, dejando a su paso una gran cantidad de cadáveres y animales muertos que provocaron un panorama devastador en el Cerro de La Pila. Al día siguiente por la tarde, los villistas llevaron a cabo labores de saneamiento, encendieron hornos crematorios en el cerro para incinerar los innumerables cuerpos sin vida que ahí yacían (González et al., 1914).

El triunfo permitió al contingente constitucionalista avanzar y establecer su centro de operaciones en la estación de Gómez Palacio, donde les esperaba un sorpresivo “golpe de suerte”. El 27 de marzo durante los recorridos de reconocimiento, un soldado encontró un documento que entregó a su superior, se trataba del plano en el que los oficiales del Estado Mayor del general J. Refugio Velasco plasmaron las posiciones de sus fuerzas armadas para la defensa de la ciudad de Torreón, es decir, los constitucionalistas tenían en sus manos el Proyecto de la Defensa de Torreón. Tras la revisión minuciosa por parte del general Felipe Ángeles, constataron que las referencias marcadas en el documento corresponden con las observadas en el campo de batalla (González et al., 1914).

Con esta valiosa información, el ejército constitucionalista sabía que tenía en sus manos al enemigo, ese mismo día el general Villa exigió la rendición y entrega de la plaza al general Refugio Velasco, sin obtener respuesta. Sin embargo, era solo cuestión de tiempo. Le siguieron tres días de arduos combates. El 1 de abril, llegaron refuerzos revolucionarios desde Chihuahua, logrando aniquilar a los federales que defendían los cerros Calabazas y La Polvorera, el cañón del Huarache y los barrios de La Fortuna. El 2 de abril, la División del Nazas abandonó la plaza de Torreón, marcando la victoria de los revolucionarios. Finalmente, el 3 de abril, el general Villa y las fuerzas de la División del Norte hicieron una entrada triunfal en la ciudad de Torreón (González et al., 1914).

Con el abatimiento de los puestos de Lerdo y Gómez Palacio, un ejército que acrecentaba día a día y sabedor de la valía del documento que poseía para tomar el último bastión federal, el general Villa solicitó al general Ángeles redactar una nueva nota insistiendo al general Velasco la rendición y entrega de la plaza de Torreón, evitando así derramar más sangre en una batalla que a todas luces favorecía a la División del Norte. Sin embargo, la rendición no sucedió, fue solo cuestión de tiempo para que los villistas llegaran a la ciudad (González et al., 1914).

El Estado Mayor de la División del Norte elaboró un plan de ataque al que le siguieron tres días de arduo combate. El 30 de marzo, a través del cónsul inglés, Velasco propuso a Villa pactar “un armisticio de 48 horas, a fin de levantar a los heridos y sepultar a los muertos” (González et al., 1914, p. 36), mismo que fue rechazado enérgicamente por Villa. En su respuesta argumentó que, además de haber sido inaceptable la falta de cortesía al no contestar la solicitud de rendición del ejército dirigido por Velasco, el armisticio solo favorecía a éste, reiteró que el cese al fuego ocurriría solo con la rendición y entrega de Torreón (González et al., 1914).

Los enfrentamientos se agudizaron, y aunque con algunos tropiezos para los revolucionarios, el primero de abril, llegaron refuerzos procedentes de Chihuahua quienes junto a los tenaces combatientes poco a poco fueron sitiando la ciudad, aniquilando a los federales que defendían los cerros Calabazas y La Polvorera, el Cañón del Huarache y los barrios de La Fortuna. Finalmente, el 2 de abril, la División del Nazas abandonó la plaza de Torreón, dando una contundente victoria más a los revolucionarios. El 3 de abril, el general Villa y las fuerzas de la División del Norte hicieron una entrada triunfal a la ciudad de Torreón (González et al., 1914). En la Figura 4 se observa a los soldados del ejército federal, de acuerdo con la fuente emplazados en Torreón, aunque sin detallar el día dan cuenta de su número y su organización.

Figura 4. Federales en Torreón. Fuente Library of Congress.
Figure 4. Federal agents at Torreón. Source: Library of Congress.
Figura 4. Federales en Torreón. Fuente Library of Congress

METODOLOGÍA

Con el apoyo de fuentes históricas y cartográficas, durante la temporada de campo en el Cerro de La Pila, la primera actividad realizada fue el recorrido de superficie con el apoyo de un vehículo para acceder a la parte superior del cerro, las caras norte y oeste que representaban posibles yacimientos arqueológicos fueron prospectados de forma pedestre. Dada la topografía del terreno con una pendiente de hasta 30°, la antropización, sumado a la presencia de matorrales y maleza en amplias zonas del lugar fue imposible realizar un recorrido sistemático en base a transectos o cuadrantes. La superficie prospectada abarcó aproximadamente una extensión de siete hectáreas.

Esta primera exploración permitió observar la presencia y actividad humana en el cerro debido al asentamiento de casas habitación, aunado a una gran cantidad de basura depositada en la parte superior; además que ahí se localizan diversas construcciones entre ellas el pozo 4A que suministra agua potable, el C44 de Gómez Palacio, el monumento ecuestre de Francisco Villa, la estación de Canal Catorce del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, una antena repetidora del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional, entre otros.

Después de ubicar los lugares posibles se realizó una prospección visual y geofísica con detectores de metal y punteros5. Se registraron rigurosamente los elementos y artefactos encontrados, así como su geolocalización (Figura 5). En el recorrido se ubicaron tres puntos de puestos de ametralladora o fortines mencionados en la historiografía por los villistas González, Ramos y Pérez (González et al., 1914), que consisten en una pared rocosa en la parte posterior y por el frente rocas intencionalmente colocadas para formar un elemento defensivo. Estos refugios se encuentran orientados hacia el norte lo que indica la defensa contra el asalto proveniente del Cerro San Ignacio (Figura 2). Vale la pena mencionar que uno de estos presenta visibles huellas de barrenado (Medrano et al., 2023).

Figura 5. Distribución de los artefactos localizados en el cerro de La Pila. Elaboración propia.6
Figure 5. Distribution of artifacts located in the Cerro La Pila . Figure created by the authors.
Figura 5. Distribución de los artefactos localizados en el cerro de La Pila. Elaboración propia

Del conjunto de artefactos localizados en el campo de batalla se recolectaron: 50 ojivas, 42 de fusil y ocho de pistola; dos cartuchos sin percutir, uno Springfield 30- 06 año 1906 de origen estadounidense7 y uno alemán de la Deutsche Waffen Und Munitions Fabriken Co., del año 19108 (Figura 6); seis casquillos o vainas de distinta procedencia: tres de fabricación estadounidense uno Remington Mauser, uno Remington Arms-Union Metallic Cartridge Co9, y uno Wraco 30 Army año 189210; uno alemán de la Deutsche Waffen Und Munitions Fabriken Co. Del año 1912; de manufactura belga uno de la Fabrique Nationale D’armes de Guerre de Herstal11; y finalmente un casquillo de los talleres españoles Artillería Pirotecnia Militar. Por último, fueron localizados tres fragmentos de granada de cañón de 75 mm Saint Chamond (Figura 7) y en las inmediaciones de estos tres fragmentos se encontraron siete esquirlas de este proyectil (Figura 8) (Medrano et al., 2023).

Figura 6. Cartuchos sin percutir. Superior: 7x57mm Deutsche Waffen Und Munitions Fabriken Co. 1912. Inferior: 7,63 mm 30-06 Springfield 1906.
Figure 6. Unhammered cartridges. Top: 7x57mm Deutsche Waffen Und Munitions Fabriken Co. 1912. Bottom: 7.63 mm 30-06 Springfield 1906.
Figura 6. Cartuchos sin percutir. Superior: 7x57mm Deutsche Waffen Und Munitions Fabriken Co. 1912. Inferior: 7,63 mm 30-06 Springfield 1906.
Figura 7. Fragmentos de granada de metralla de 75 mm de los cañones Saint Chamond-Mondragón. A los costados: segmentos del cuerpo del proyectil y al centro: parte de la espoleta.
Figure 7. Fragments of 75 mm shrapnel grenade from the Saint Chamond-Mondragón cannons. On the sides: segments of the projectile body and in the center: part of the fuse.
Figura 7. Fragmentos de granada de metralla de 75 mm de los cañones Saint Chamond-Mondragón. A los costados: segmentos del cuerpo del proyectil y al centro: parte de la espoleta.
Figura 8. Balines de granada de metralla de proyectil de cañón Saint Chamond-Mondragón, encontrados próximos a los tres fragmentos de la Figura 7.
Figure 8. Grenade pellets from shrapnel from Saint Chamond-Mondragón cannon shells, found near the three fragments in Figure 7.
Figura 8. Balines de granada de metralla de proyectil de cañón Saint Chamond-Mondragón, encontrados próximos a los tres fragmentos de la Figura 7.

El cañón de montaña usado por los ejércitos de ambos bandos en la Revolución Mexicana fue el sistema Saint-Chamond Mondragón12. En el libro titulado Estudios sobre bocas de fuego del capitán de artillería Fermín Trujillo y Fernández (1900), hay varias menciones a este cañón, invento del teniente coronel Manuel Mondragón director del Arsenal de México. La construcción de este cañón se confió a la Compañía de Acerías de la Marina de Saint-Chamond, Francia. En el estudio se destaca la artillería del “sistema Mondragón, tanto para las baterías de campaña, como para los cañones y morteros de montaña y de sitio” (Trujillo y Fernández, 1900, p. 191). Él añade que: “El nuevo material se compone de cañones de 70 mm Y (sic) morteros de 80 mm para montaña, de los cuales hay muchas baterías en construcción diremos que las piezas Mondragón, son de acero de Saint-Chamond forjado, templado y recocido […] de 70 mm de calibre y cuyo proyectil de 4.3 kg era lanzado con 280 metros de velocidad inicial” (Trujillo y Fernández, 1900, p. 192).

Trujillo y Fernández destaca las bondades de esta artillería de montaña el cual clasifica dentro de los cañones descomponibles, “La idea de estos cañones es poderlos descomponer en dos ó (sic) más partes que de este modo pueden ser transportadas fácilmente, pudiendo unirse rápidamente en el momento que se trate de hacer uso de ellos” (Trujillo y Fernández, 1900, p. 66). Una característica era su peso, emplazado era de 1,100 kg y solamente el cañón pesaba 340 kg; sin embargo, como señala el autor “esta limitación de peso, trae consigo la reducción de potencia y calibre” (Trujillo y Fernández, 1900, p. 66).

Finalmente, Trujillo y Fernández señala que para contrarrestar la limitación de peso se inició “la construcción de algunos modelos de piezas de esta clase y entre ellas un cañón de 80 mm descomponible, presentado por la fábrica francesa de Saint- Chamond en la Exposición de París de 1889” (Trujillo y Fernández, 1900, p. 67). Para ser transportado se necesitaban solamente tres mulos, se cuidaba, por el peso, la fatiga del ganado y disminuía los frecuentes accidentes durante las marchas; además, al disminuir la fatiga del personal durante el tiro se reducía el retroceso sin comprometer la estabilidad del montaje (Trujillo y Fernández, 1900, p. 66).

Como se señaló anteriormente, este tipo de artillería fue la que usaron tanto las tropas federales posicionadas en el Cerro La Pila, así como la División del Norte (Figura 9). En 1910, durante la presidencia del general Porfirio Díaz, se impulsó el desarrollo del Arma de Artillería enviando a militares a Francia para que estudiaran lo referente a las bocas de cañón. Tal fue el caso del general Felipe Ángeles -quien posteriormente se pasaría al bando de los revolucionarios insurgentes- y se convertiría en figura principal durante las victorias villistas. Además, Díaz crea los Talleres Nacionales de Artillería y adquiere los cañones franceses de 75mm de sistema de retroceso elástico Saint- Chamond y Schneider-Canet13, los cuales fueron tomados como base para la fabricación en México del cañón Saint Chamond-Mondragón, caracterizado por su tiro rasante e intensidad de disparos (SEDENA s/f).

Figura 9. Artillería de la División del Norte cerca de Torreón esperando señal de fuego. Library of Congress.
Figure 9. División del Norte artillery near Torreón awaiting signal of fire. Library of Congress.
Figura 9. Artillería de la División del Norte cerca de Torreón esperando señal de fuego. Library of Congress.

El Ejército Federal contó con materiales de Artillería de excelentes condiciones, organizándose en Regimientos de Artillería Ligera, de Campaña y de Montaña, todas del tipo hipomóvil y dotados de piezas de 70 y 75mm. Estas unidades fueron asignadas a los cuerpos del ejército, pero al suscitarse los combates contra las fuerzas revolucionarias, las mismas se adueñaron parte de este armamento (SEDENA, s/f).

Aunque fueron pocos los fragmentos de las granadas o balas de cañón, son la evidencia material recolectada en el sitio que refiere al equipamiento de ambos ejércitos, cuyas artillerías merecen un análisis por separado del resto del armamento. En el registro fotográfico de esta batalla observamos la importancia de las tácticas de la artillería, que, junto con el relato, dan muestra de la tenacidad y destreza de sus dirigentes. Identificar el emplazamiento de las tropas en las distintas fases de la batalla brinda la posibilidad de interpretar el relato escrito asociándolo con la cultura material. Precisar el tipo de armamento utilizado en los combates, a partir de los materiales arqueológicos recolectados para posteriormente contrastarlo con la información documental es parte fundamental de la finalidad de la arqueología de campos de batalla.

CONCLUSIONES

La arqueología de campos de batalla en México tiene una gran oportunidad ante el potencial de sitios de esta índole de diversas temporalidades y que poco se han explorado. La Revolución Mexicana se desarrolló en amplias zonas del país dejando contextos de paisajes y vestigios materiales para el estudio y análisis desde la arqueología. En lo que respecta al centro norte del país la Toma de Torreón significó un encuentro frontal entre dos ejércitos, en palabras de José Santos Chocano Torreón era la llave que señalaría “en la Historia de la Revolución Mexicana, el principio del fin” (González et al., 1914, p. 4).

Estos contenedores de historias están expuestos a la destrucción, vandalismo y saqueo -solo por mencionar algunos factores- dado el poco interés de las autoridades de los tres niveles (municipal, estatal y federal) por proteger, conservar y preservar estos lugares, abonando al deterioro y pérdida de información de los sitios y de la historia. Lo que genera un aparente desbalance entre la cultura material recuperada y la intensidad de la batalla descrita historiográficamente, lo anterior producto de la continua extracción de evidencia arqueológica de manera clandestina y/o por desconocimiento.

El Cerro de La Pila representa un yacimiento importante para posteriores temporadas de campo que esperamos sean igual que la de la primavera de 2023, o con mejores resultados, en todos los sentidos. La localización de los puestos militares, el hallazgo de los fragmentos de la granada de metralla, la presencia de municiones, aunado al análisis del paisaje, complementan la narrativa historiográfica de la batalla. Además, deberán realizarse recorridos de prospección en los cerros Calabazas, San Ignacio, La Cruz y Santa Rosa para dar continuidad al estudio de los espacios bélicos señalados en las fuentes documentales en torno a la Toma de Torreón.

Los vestigios materiales de la confrontación bélica son testimonio del fragor de la batalla no obstante la enorme pérdida de muchos de estos por las razones ya comentadas. La tradición oral nos proporcionó información de la enorme cantidad de recolección de materiales arqueológicos por parte de generaciones que lo han hecho por muchas razones, entre otras para llevarlos como recuerdo o para venderlos como metal a las empresas recicladoras.

NOTAS

1. La zona metropolitana de La Laguna es el resultado de la fusión de las ciudades de Matamoros, Francisco I. Madero y Torreón en el estado de Coahuila, con las ciudades de Lerdo y Gómez Palacio en el estado de Durango. Es un área de tradición económica dedicada, principalmente, a las actividades agrícolas, mineras y metalúrgicas.

2. A finales del mes de septiembre, concretamente en la madrugada del 29, las condiciones, los antecedentes y las situaciones estaban dadas para formalizar y asentar la unificación de un ejército con la suma de todas las fuerzas rebeldes, del centro y norte del país, involucradas en el movimiento revolucionario, algunos de ellos con tres años de lucha. Convocados y reunidos en la hacienda de La Loma varios jefes revolucionarios, previo al ataque de la ciudad de Torreón, acordaron nombrar un líder que comandara a este ejército recién formado. El nombramiento recaería en la figura de Francisco Villa.

3. El 19 de febrero de 1913 Venustiano Carranza promulgó un decreto para que todos los movimientos de insurrectos se unieran y formaran un solo ejército dando origen al ejército constitucionalista. En marzo 26 del mismo año, el decreto fue respaldado y promulgado en el Plan de Guadalupe (Salmerón, 2006).

4. El C4 de Gómez Palacio, Durango es un edificio que alberga el Centro de Control, Cómputo, Comando y Comunicación, perteneciente a la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Durango. Este centro es una unidad administrativa cuyo objetivo es planear, organizar, programar, dirigir, controlar y evaluar las actividades en materia de seguridad en coordinación con el Sistema Nacional de Seguridad Pública y las distintas instituciones y dependencias de seguridad pública, de emergencias y protección civil. Opera y atiende el servicio de atención de emergencias 911. Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Estado de Durango. (s.f.). Historia. https://seguridad. durango.gob.mx/historia/

5. Los punteros son detectores de metal en forma de bastón cuya longitud no es mayor a los 40 cm, de gran utilidad en ciertas zonas del terreno por la facilidad para alcanzar áreas donde los detectores de metal tradicionales no pueden acceder.

6. Nota aclaratoria: no todos los artefactos mencionados en el inventario (ojivas, cartuchos, casquillos, fragmentos de granada, esquirlas, etc.) aparecen representados en la Figura 5. Se trata de una selección representativa y algunos elementos fueron excluidos por razones de escala, legibilidad y superposición en el mapa.

7. La munición .30-06 surge en 1906 siendo una ligera evolución del .30-01 Springfield y el .30-03 Springfield. Se diseñó para el rifle Springfield 1903. El desarrollo de este cartucho fue creado pensando en el binomio arma-calibre a partir de la experiencia de la guerra contra España, donde los fusiles Mauser usados por los españoles superaron con creces a las armas estadounidenses. Municion.org. (s.f.). .30-06 Spring field US Government M.1906. https://municion.org/producto/30-06-springfield-us-government-m-1906/

8. La Fábrica Alemana de Armas y Municiones Sociedad Anónima -Deutsche Waffen und Munitionsfabriken Aktien-Gesellschaft- mejor conocida como DWM, fue creada en 1896 en el Imperio Alemán; cuando Ludwig Loewe y Compañía fusionó sus plantas de producción de armas y municiones en una sola compañía. En ese año Isidor Loewe fundó, tras la muerte de su hermano Ludwig, la DWM con una planta de municiones en Karlsruhe (Baden). Tuvo acciones en otras compañías armamentistas que incluían la Waffenfabrik Mauser, la Fabrique Nationale d'Armes de Guerre (FN) en Bélgica y la Waffen und Munitionsfabrik A.G. en Budapest. Fandom. (s.f.). DWN. https:// guns.fandom.com/wiki/DWM

9. Una de las empresas pioneras fabricantes de municiones de cartuchos para armas pequeñas fue la Union Metallic Cartridge Company (UMC) fundada en 1867 en Bridgeport, Connecticut, EUA en una época donde se llevó a cabo la evolución más rápida del diseño de cartuchos de la historia. En 1912 se fusiona con Remington Arms, este complejo industrial de fabricación de municiones fue un importante proveedor durante la Primera Guerra Mundial. Munición.org. (s.f.). Rémington Arms - Union Metallic Cartridge Co. https:// municion.org/fabricante/remington-arms-union-metallic-cartridge-co/

10. El cartucho .30-40 Krag -conocido como .30 U.S. o .30 Army- fue desarrollado a inicios de la década de 1890 para suministrar al ejército estadounidenses un novedoso cartucho de pólvora sin humo para uso en los fusiles de repetición de pequeño calibre en 1892 sujetos a prueba. El .30-40 Krag reemplazó el .45-70 Government, el .30-40 Krag de ahí que fuera considerado para un arma ligera "de pequeño calibre". El modelo de fusil elegido tras las pruebas efectuadas fue el Springfield Modelo 1892. Municion.org. (s.f.). .30-40 Krag-Jorgensen US Govt M.1892. https://municion.org/producto/30-40-krag-jorgensen-us-govt-m-1892/

11. La Fábrica Nacional de Armas de Guerra Herstal -denominada FN Herstal, o simplemente FN- es una empresa belga de armas de fuego y municiones localizada en Herstal, Bélgica, fundada en 1889. FN Herstal. (s.f.). Herstal Group: About us. https://fnherstal.com/en/

12. La empresa francesa Saint-Chamond adquirió los derechos de fabricación de un cañón de campaña de diseño de disparo mexicano e intentó comercializarlos entre varios países europeos antes de la Primera Guerra Mundial, pero sin éxito. El general Manuel Mondragón, realizó al cañón francés mejoras en el mecanismo de disparo hasta convertirlo en el mejor cañón de la época. Recibió el nombre de Saint-Chamond/Mondragón de 75 mm se empleó durante la Revolución Mexicana por ambos ejércitos. El Saint Chamond/Mondragón superó a los cañones alemanes, ingleses y franceses, al contar con una cadencia de 21 disparos por minuto, insuperable para su época.

13. Para conocer detalles de esta adquisición hay un informe pormenorizado en la Memoria de la Secretaría de Guerra y Marina de 1903, en el Anexo N° 50. Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra y Marina. 1903.

AGRADECIMIENTOS

Agradecemos al equipo conformado por Miriam Itzel Heredia Llamas, Alonso Pérez Juárez y coordinado por Angélica María Medrano, quienes mostraron siempre su compromiso y no escatimaron esfuerzos ni voluntades, tanto en campo como en gabinete para lograr los resultados preliminares que servirán como base para una investig- ación más amplia en el futuro.

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