En este trabajo se comparan dos contextos de hallazgo disímiles aunque ambos son producto de la disposición final de los residuos domiciliarios de la Ciudad de Buenos Aires. Uno se encuentra en el sitio Zavaleta denominado “La Quema”, porque era el lugar donde se incineraban los residuos domiciliarios de la ciudad desde 1869 hasta 1978. El otro está en el sitio Corralón de Floresta donde se utilizaron los residuos incinerados como relleno para elevar el terreno previo a su inauguración, como corralón de limpieza municipal que funcionó en 1912.
This paper compares two dissimilar contexts of discovery though both are products of the final disposal of domestic waste from Buenos Aires City. One is Zavaleta site called “La Quema” because that was the place where household waste was incinerated the city from 1869 to 1978. The other is Corralon de Floresta site where the incinerated waste was used as fill to raise the ground before its inauguration, as a municipal cleaning yard that operated in 1912.
Neste trabalho, se faz uma comparação entre dois contextos de descobertas arqueológicas diferentes, ainda que ambos sejam produtos da disposição final dos resíduos domésticos da cidade de Buenos Aires. Um está no sítio Zavaleta, chamado de “ La Quema “, porque era o lugar onde se incineravam os resíduos domiciliares da cidade de 1869 até 1978. O outro está no sítio Corralón de Floresta, onde os resíduos incinerados eram usados como preenchimento para elevar o terreno antes de sua inauguração, o depósito municipal de limpeza que funcionou em 1912.
En este trabajo se pretende observar dos formas de disposición final de los residuos producidos por la ciudad de Buenos Aires. El primer sitio analizado tiene un rango temporal grande desde 1869 hasta 1978. En dicho lugar se depositaron residuos generados por los habitantes de la ciudad. El segundo sitio es un relleno realizado en 1912 con los descartes que previamente habían sido incinerados. Este trabajo trata de establecer cuáles son las diferencias que presentan a nivel de registro arqueológico los dos sitios y examinar en qué medida se pueden observar patrones diferenciales de conducta en sitios de descarte masivo de las grandes ciudades. El primer sitio fue relevado mediante un trabajo de rescate post impacto mientras que el segundo fue excavado de forma sistemática. Esto seguramente tenga implicancias en la investigación de ambos sitios.
El sitio arqueológico Zavaleta se encuentra en el barrio porteño de Parque Patricios, en la intersección de las calles Zavaleta e Iriarte. En este lugar el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (GCABA) construyó un complejo habitacional para suplir la falta de vivienda. Cuando las empresas constructoras comenzaron a realizar excavaciones para instalar los caños de cloacas y pluviales fueron hallados numerosos restos de vajilla, botellas y otros artefactos. Dada dicha situación en Octubre de 2006 comenzaron los trabajos de rescate arqueológico.
El terreno donde se ubica el sitio Zavaleta fue usado como vaciadero de la basura de la Ciudad de Buenos Aires desde el año 1869. En él se practicaba la quema de los residuos al aire libre. En 1872 fue inaugurado el tren de la basura (Ferrocarril del Oeste) que se encargaba de transportar los residuos de la ciudad hasta el lugar, que ya en ese entonces se conocía como La Quema (Prignano, 1998).
En los primeros años de habilitación del predio (1872-1899) eran quemadas 150 toneladas diarias de basura. Para 1910, cuando la cantidad de basura superaba las 400 toneladas diarias, se inauguraron los hornos incineradores de basura, que hicieron más eficiente la quema de residuos (Prignano, 1998). Parte de las cenizas, escorias y restos calcinados producidos eran descargados en el predio, los restantes eran transportados a terrenos bajos de la ciudad y a terrenos particulares, donde sus dueños lo solicitaran, a cambio de una paga mínima (Memoria municipal, 1922). Esto último se realizaba con el objetivo de elevar las cotas de los terrenos.
En 1929 se construyó una usina incineradora que tenía una capacidad de destrucción de 450 toneladas de basura diarias. El 30 de Diciembre de 1976 el gobierno militar prohíbe la quema de los residuos en la Ciudad de Buenos Aires, por lo que deja de funcionar la planta incineradora de residuos, al igual que las otras dos que funcionaban en la Ciudad: la de Chacarita y la de Flores. No obstante, el predio de Zavaleta siguió recibiendo residuos urbanos (Prignano, 1998). En Octubre de 1978 se prohíbe arrojar basuras a cielo abierto en todo el ámbito de la Ciudad, momento a partir del cual el predio dejó de recibir desperdicios (Ordenanza Municipal, 1976). A fines del mismo año, se inaugura la Estación de Compactación y Transferencia del CEAMSE (Zavaleta 855). Esta estación sigue funcionando, aunque la parte que linda con la calle Iriarte fue desafectada para la realización del barrio Zavaleta del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) del GCABA en 2005.
Los trabajos de rescate arqueológico se prolongaron por el término de tres meses (Septiembre, Octubre y Noviembre de 2006), en los cuales se concurrió una vez por semana para hacer un seguimiento de las obras. Fueron rescatados numerosos fragmentos de loza, vidrio, madera, metal, cueros, etc. Todos los materiales rescatados fueron lavados y clasificados en el laboratorio.
Al llegar al sitio Zavaleta (predio del IVC), se observaban numerosas zanjas abiertas de una profundidad que variaba entre los 4 y los 4,5 m dependiendo de la pendiente del terreno. Éstas fueron abiertas por máquinas retroexcavadoras, por lo cual eran muy angostas y se hacía imposible el descenso de una persona a las mismas. Por esta razón, nos limitamos a revisar la tierra extraída por las máquinas, tratando de rescatar la mayor cantidad de artefactos. Por lo tanto, la recuperación estuvo sesgada por la visibilidad en relación al tamaño, la forma y el color de los objetos. En una oportunidad pudimos descender a una fosa que en el futuro sería una cámara de registro de cloacas. En ella pudimos observar la estratigrafía (ver Figura 1). Ésta se presenta desde la superficie de la siguiente forma: Una capa de tierra tosca compactada (de origen antrópico) de 1 m de espesor y a continuación estratos de ceniza con restos de basura domiciliaria, que a pesar de presentar diferencias en la composición de la matriz contienen elementos culturales de la misma temporalidad (finales del siglo XIX, principios del XX).

En el sitio Zavaleta el contexto de hallazgo de los materiales nos muestra que los mismos fueron incinerados (el 60% tiene alteración térmica) posteriormente depositados en las cercanías de los hornos incineradores y luego mezclados en distintos movimientos de traslados y remoción de los residuos. Todos los elementos recuperados pertenecen a los descartes de La Quema que funcionó en el lugar desde 1869 hasta 1978.
En cuanto a las características de los materiales, la mayoría de las lozas son del tipo WHITEWARE (93%) lo cual brinda cronología posterior a 1880 (ver Gráfico 1). La gran cantidad de porcelana (N=101), en su mayoría vajilla y algunos elementos industriales (ver Gráfico 2) nos acerca cronológicamente a la primera mitad del siglo XX.


Los vidrios en su mayoría pertenecen a envases medicinales y de artículos de tocador, realizados en moldes, un indicador cronológico del siglo XX. Fueron hallados 17 picos de los cuales el 45% corresponde a picos de molde, el resto se reparte entre gollete al listón y gollete con tijera y pinza (ver Gráfico 3).

Los envases de gres hallados, en su mayoría fueron fabricados en 1850 y 1890, aunque también hay un fragmento de envase de ginebra de la década de 1960. (ver Gráfico 4).

En cuanto a los metales recuperados, se encontraron gran cantidad de cubiertos, bacinillas y otros enceres domésticos (ver Gráfico 5). Todos responden a una cronología de la primera mitad del siglo XX.

También fueron hallados abundantes objetos realizados en madera sobre todo mangos de distintos tamaños, marcos de aberturas y restos de muebles. Casi todos estos objetos se encuentran con signos de haber sido expuestos a las llamas.
Además, pudieron ser rescatados 5 botones confeccionados en distintos materiales. Tres de ellos están confeccionados en metal, uno en pasta de vidrio y el restante en nácar.
Con relación a los hallazgos arqueofaunísticos, se recuperaron un total de 161 elementos (ver Tabla 1). El estado de conservación de los restos es en general muy bueno. No se observan procesos de meteorización, por lo que se infiere que el enterramiento fue rápido. Muchos de los restos presentan señales de exposición al calor (80%) (ver Gráfico 6). Aunque sólo un 13,69 % está totalmente calcinado (según la escala de Merlo, 1999). Con respecto a aquellos fragmentos que se pudieron identificar sólo a nivel de clase, se resolvió, utilizando el criterio de Silveira (1998), clasificar de acuerdo al tamaño de los elementos, asignándoles la pertenencia a: mamífero grande (Bos taurus, Equus caballus, etc. Más de 65 kg.), mediano (Ovis aries, Sus scofra, etc. Entre 65 a 10 kg.) o pequeño (Rattus rattus., menos de 10 kg.). A estas asignaciones se les dio el nombre de MG, MM, MC respectivamente, y para los fragmentos que no pudieron incluirse dentro de este encuadre se utilizó, al igual que Silveira (1998), la categoría M?, la cual hace referencia a una categoría indeterminada entre MM y MG (ver Tabla 2).



Para las aves se adoptó también el criterio de Silveira (1998), haciendo hincapié en el tamaño para su clasificación, conformando tres categorías: aves grandes (más de 4 Kg, como Meleagris gallopavo o Rhea americana), medianas (entre 2 y 4 Kg, como por ejemplo Gallus gallus o Rhynchotus rufescens) o chicas (menos de 2Kg como Zenaida auriculata o Nothura maculosa) (ver Tabla 2).
Se utilizó el material comparativo perteneciente al Centro de Arqueología Urbana (CAU) ubicado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A partir de esto se logró la identificación de algunos elementos a nivel de género y especie, permitiéndonos un análisis más preciso de algunas muestras del material óseo.
El taxón más representado es Bos taurus (vaca común) con el 51% de los elementos (ver Tabla 3). Algunas de las piezas se encuentran manchadas por el contacto con metales en proceso de oxidación.

El 17,8% de los elementos muestran marcas de corte, la mayoría con serrucho eléctrico (86%).
Un hallazgo infrecuente fue el de varios fragmentos de diarios. Uno de ellos nos brindó una fecha absoluta para dicho fragmento, lo que nos indica que en dicha fecha aún se seguían descartando residuos en el lugar. Se trata de una parte de la tapa del diario Crítica del 11 de Septiembre de 1948. Este descubrimiento es infrecuente, porque el papel enterrado en un ambiente húmedo como el de Buenos Aires no suele conservarse por más de un par de años.
Se resumen todos los hallazgos del Sitio Zavaleta en la Tabla 4.

El sitio Corralón de Floresta es un predio municipal en Capital Federal que ocupa la manzana circunscripta por las calles Morón, Sanabria, Gualeguaychú y la avenida Gaona. Los trabajos arqueológicos en el predio comenzaron en el mes de Agosto de 2006 cuando los vecinos convocaron al equipo para rescatar el patrimonio arqueológico que estaba siendo afectado por la construcción de un colegio secundario municipal.
El terreno donde se ubica actualmente el sito Corralón de Floresta a principios del siglo XIX formaba parte de la quinta de Norberto Quirno y Echandía. Ésta tenía 1200 varas de frente al Riachuelo por una legua de fondo. Posteriormente, el 22 de octubre de 1855, Faustino Ximénez y José Bergalo obtienen escritura de dominio de una quinta demarcada por las actuales Av. Rivadavia, Segurola, Av. Gaona y Concordia. Luego en 1886, la porción de tierra pasa a ser parte de la quinta La Primavera propiedad del señor Leopoldo Rígoli, la cual estaba delimitada por las calles Gaona, Segurola, Aranguren y Mercedes (Vattuone, 1991). Los sucesores de Leopoldo Rígoli el 22 de diciembre de 1911 vendieron a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires el terreno que hoy ocupa el Corralón con el objetivo de construir un corralón de limpieza.
Hasta tanto no se comenzaran las obras del futuro corralón, el predio fue convertido en depósito de adoquines y otros materiales de pavimentación. Al año siguiente, el subintendente de Vélez Sarsfield (antigua sección de la Capital Federal a la cual pertenecía el predio) reclamaba su construcción, como así también el personal y equipamiento necesarios para atender su jurisdicción:
“Los corralones antiquísimos de Flores y Belgrano no pueden ya prestar la debida atención a los barrios populosos que se hallan dentro del límite de las calles Boedo, Bulnes, Córdoba, Triunvirato, Darwin, Arroyo Maldonado, el Riachuelo y Avenida de Circunvalación Gral. Paz sin que sufran quebranto los vehículos, como el ganado y hasta el personal mismo, efectuando transporte a través de distancias enormes” (Memoria Municipal, 1912).
Fue así entonces que al poco tiempo se comenzarían a levantar algunas instalaciones, aunque en 1914 aún quedaban pendientes ciertas obras complementarias para su habilitación definitiva. La primera tarea de construcción fue la de elevar la cota del terreno en aproximadamente 0,50m; el relleno utilizado en dicha empresa fue con las cenizas provenientes de la incineración de residuos (Vattuone, 1991).
La función del corralón era la de guardar y reparar los carros recolectores de residuos. Además en el predio se alimentaban y cuidaban los caballos de tiro. Éstos eran una pieza fundamental en el acarreo de residuos ya que eran el medio más fuerte y económico para movilizar a los vehículos. En el mismo corralón funcionaba la herrería encargada del herrado de los caballos y de la reparación de los carros (Vattuone, 1991). Las últimas chatas (carros recolectores de residuos), tiradas por caballos fueron retiradas de servicio en 1968, cuando se prohibió en forma definitiva la tracción a sangre en la Ciudad de Buenos Aires (Prignano, 1998). A partir de ese momento, en el predio se encargaron del mantenimiento de los camiones (Memoria Municipal, 1969).
El lugar siguió funcionando como Corralón Municipal, hasta el 1º de Febrero de 1998 en que fue concesionado por licitación pública a la empresa SOLURBAN S.A., encargada de la limpieza de un segmento de la ciudad. Finalmente, en Febrero de 2005 el predio del Corralón pasa a manos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de realizar una escuela secundaria y una plaza. En el 2007 se inician los trabajos de construcción del colegio secundario.
En el caso del sitio Corralón de Floresta, debimos utilizar dos estrategias de trabajo diferentes: por un lado rescate, y por otro excavación sistemática (sin restricciones de tiempo y espacio). Los primeros, son los que realizamos en la mitad del predio que linda con la calle Gualeguaychú (al oeste del predio), dado que en ese sector se estaba construyendo el colegio secundario. La excavación sin límites de tiempo la realizamos en la mitad del terreno que limita con la calle Sanabria, dado que en este lugar, por el momento no se realizaba ningún tipo de obra. Aquí solo haremos referencia a este último trabajo.
Se plantearon siete cuadrículas de 1m x 1m en el jardín sur de la antigua administración del corralón, el lugar fue seleccionado porque se observaba al ras del suelo lo que parecía ser una antigua estructura enterrada (ver Figura 2). La excavación está ubicada a 5 m de la casona y a 3,5 m del muro perimetral del terreno.

Excavamos por niveles estratigráficos y alcanzamos una profundidad de 1,40 m (ver Figura 3). La estratigrafía del terreno es compleja porque presenta abundantes capas de formación antrópica modificadas por floraturbación (Waters, 1992). Se pueden distinguir 6 capas estratigráficas principales y 4 rasgos interfaciales (Harris, 1991). Las capas principales son:
La capa C1 es un estrato de sedimento húmico que fue agregada para realizar el jardín de la administración del corralón, y que con el correr del tiempo fue incorporando restos materiales descartados en el lugar. C2 es un relleno producto de la incineración de basura domiciliaria que presumiblemente provenía de alguno de los hornos incineradores de la ciudad: Bajo Flores o Pompeya. Este último se encontraba en el que denominamos sitio Zavaleta. En esta capa son abundantes los restos de artefactos y ecofactos (Renfrew y Bahn, 1993) que presentan termoalteraciones (más del 50%), inclusive hay abundante escoria como producto de la fundición total de varios materiales. C3 es una capa de relleno compacta, que tiene algunos restos arqueológicos. Éstos presentan termo alteraciones y parecen haber migrado de la capa C2 como producto de la floraturbación ya que la mayoría de los objetos se encontraban asociados a raíces. La capa C4 es relleno que proviene de una demolición, presumiblemente de una construcción cercana ya que este tipo de relleno no se trasladaba por grandes distancias. El estrato C5 es un paleosuelo de formación holocénica del que seguramente su capa superior era el nivel original del terreno al momento de ser adquirido por la Municipalidad. Tiene una potencia de 40 cm. Los únicos hallazgos son dos fragmentos cerámicos de tipo creamware en la parte superior del estrato, los cuales corresponden cronológicamente a la primera mitad del siglo XIX (Schávelzon, 1999), lo cual es compatible temporalmente con la explotación agrícola del terreno. El C6, es un estrato de origen natural, de formación previa a la ocupación humana del territorio (ver Figura 3).

Lo que en un principio parecía ser una estructura enterrada, no era más que una losa de hormigón pobre que cubría un caño de gas que no figuraba en los planos municipales que pudimos conseguir. Esta construcción no parece ser muy antigua (no más de 30 años), por el tipo de material hallado (fragmentos de cerámicas y plásticos) en el interior de la losa y el tipo de caño utilizado.
En el sitio Corralón de Floresta, el contexto de hallazgo de la capa C2 y C3 nos indicaría que el material proviene de la incineración de residuos domiciliarios que fueron redepositados como relleno para elevar la cota del terreno en 1912.
La mayor parte del conjunto de lozas (99,9%) recuperado pertenece al tipo whiteware. Esto se relaciona con el hecho de que en su producción y uso son las que más se prolongaron en el tiempo desde 1880, y de forma masiva, incluso en la actualidad (Staricco y Vigliocco, 2008).
La mayoría de los fragmentos, son de vajilla, lo que resulta coherente con el hecho de que son enseres de uso cotidiano (por ejemplo platos, tazas, jarras, etc.) (ver Gráfico 7).

El grupo de las porcelanas dentro de la muestra total de las cerámicas tiene un bajo porcentaje 11% (ver Gráfico 8). Su característica principal es que la mayoría pertenecen a la categoría vajilla (el 93% de la muestra).

Se recuperaron 35 fragmentos de macetas. 24 de ellos poseen marcas de torno visibles. 67% presentan termoalteración (Staricco y Vigliocco, 2008).
En la muestra analizada se recuperaron 22 fragmentos de gres. Debido a su alta fragmentación, resulta difícil adscribirlos a una categoría específica, pero la mayoría de los que pudieron identificarse son partes de botellas de cerveza (Staricco y Vigliocco, 2008).
En cuanto al análisis de la arqueofauna del sitio, el 70% de los restos recuperados pudieron ser identificados a nivel clase (Seguí y González, 2008), mientras no ha sido posible la identificación del 30% restante debido al alto grado de fragmentación que presentaron los restos obtenidos del sitio (ver Tabla 5).

Los fragmentos que pudieron ser identificados a nivel especie, representan un 4,76 %. En cuanto a las especies más significativas de la muestra podemos mencionar a Ovis aries, Gallus gallus y Bos taurus. aunque pudieron ser identificadas una gran variedad de especies (ver Tabla 6).

Para el análisis de los restos óseos que no eran posibles de adscribir a una especie se utilizó el mismo criterio que en el sitio Zavaleta: mamífero grande (Bos taurus, Equus caballus, etc. Más de 65 kg.), mediano (Ovis aries, Sus scofra, etc. Entre 65 a 10 kg.) o pequeño (Rattus rattus, menos de 10 kg.). A estas asignaciones se les dio el nombre de MG, MM, MP respectivamente. Aves grandes (más de 4Kg, como Meleagris gallopavo o Rhea americana), medianas (entre 2 y 4 Kg, como por ejemplo Gallus gallus o Rhynchotus rufescens) o chicas (menos de 2Kg como Zenaida auriculata o Nothura maculosa) (Tabla 7).

En esta muestra se pudieron localizar todos los grados de termoalteración establecidos por Merlo (1999). El 80% del total de la muestra está en algún grado termoalterada sensu Seguí y González (2008) (ver Gráfico 9).

Con respecto a los cortes registrados, se observa una gran utilización de serrucho manual (78%) (ver Gráfico 10) en comparación con el bajo porcentaje de uso de serrucho eléctrico (9%) (Seguí y González, 2008). Estos cortes son de fundamental importancia porque nos permiten establecer una cronología estimativa de finales del siglo XIX y principios del XX (Silveira, 1998).

La clasificación general de los materiales vítreos se basó en categorías tipológicas (Schávelzon 1991; Stasky 1984; Moreno 1994). La muestra total de 3.580 fragmentos fue analizada por Aniela Traba (2008), quien identifico que el 30% corresponde a vidrios de botellas, el 8% a frascos, el 17% a vidrios planos y un 4% de elementos decorativos y de vajilla; por último, el grupo de vidrios muy fundidos con un 41%, representan aquellos fragmentos cuya termoalteración es tal que no es determinable el tipo ni porción de la pieza original.
Los fragmentos asignables a botellas corresponden al 30% de la muestra, siendo la clase de artefacto con mayor representación (ver Gráfico 11).

El 99% son botellas cilíndricas, sólo hay un 1% de las botellas rectangulares de ginebra (Traba, 2008). En algunos ejemplares aparecen inscripciones, tanto en el cuerpo de las botellas como en la base, pero en ambos casos no han podido determinarse marcas debido a la gran fragmentación de los mismos.
Otro importante elemento diagnóstico sobre el que se trabajó es el tipo de pico, según las características del gollete. De los 29 ejemplares, que pudieron ser determinados, el 59% corresponden a picos de molde (Traba, 2008), repartiéndose el resto entre golletes al listón y golletes terminados con tijeras y pinzas, y un ejemplar de gollete de listón ancho recto, representantes de procesos de manufactura pre-industrial del siglo XIX (Moreno, 1994).Los frascos representan el 8% de la muestra total, y se reparten entre contenedores de conservas, medicinas y productos de perfumería y cosmética (Traba, 2008).
En cuanto a los materiales metálicos hallados, en su mayoría (el 98% de los artefactos identificados) están vinculados a la construcción (clavos, tornillos, bulones, alambres y otros). El 91,3% de la muestra está conformado por clavos de sección redonda. Además fueron halladas tapas que pertenecen a envases. Otros hallazgos metálicos pero no muy abundantes son monedas y medallas. En cuanto a las monedas fueron rescatadas dos monedas nacionales: una de 1888 y otra de 1909. Sólo se identifico una medalla que conmemoraba una peregrinación a Luján en 1896. La mayoría de los restos metálicos no pudieron ser identificados (57%) dado su alto grado de fragmentación y corrosión (ver Gráfico 12).

Además, fueron hallados 13 botones. Están manufacturados en distintos materiales, 4 están confeccionados en metal, 3 en nácar, 2 en pasta de vidrio, 2 en hueso, 1 en madera y 1 en marfil (Frustaci y Ali, 2008). Se presentan en la Tabla 8 los hallazgos realizados en forma sistemática del sitio Corralón de Floresta.

Es importante la cantidad de escoria rescatada, esto es un subproducto de la incineración de residuos sólidos como los vidrios, cerámicas y metales que no se funden en una masa amorfa. Sin embargo existen diferencias marcadas, la más notoria es la fragmentación de los artefactos y ecofactos rescatados en el sitio Zavaleta. Los mismos se encuentran poco fragmentados mientras que en el Corralón de Floresta la muestra está altamente fragmentada. En el sito Zavaleta, donde se realizó la incineración de residuos, los restos de la combustión eran depositados en las inmediaciones de los hornos hasta que fueran llevados a otros terrenos en el caso de ser necesario. Luego dichos restos eran transportados hacia otros terrenos sufrían todo el proceso de acarreo y además el de compactación que era utilizado para nivelar los terrenos, este es el caso del sitio Corralón de Floresta produciéndose como consecuencia un alto índice de fragmentación.
Esto es muy interesante porque nos muestra el proceso de descarte de residuos domiciliarios en la ciudad de Buenos Aires a finales del siglo XIX y principios del XX. Lo que para el modelo propuesto por Guillermo (2004) sería el cuarto momento temporal en la forma de descarte de los residuos de la ciudad de Buenos Aires. En el sitio Zavaleta nos encontramos frente a un contexto de descarte secundario dado que el descarte primario es el que realizaba la familia al descartar sus residuos en un tacho para que luego fuera retirado por los recolectores. Mientras que el contexto del sitio Corralón de Floresta es un descarte terciario, ya que los residuos domiciliarios eran incinerados en los hornos municipales y el producto de la incineración depositado en las inmediaciones. Luego, parte de estos eran acarreados hasta los terrenos públicos (como el corralón) o privados a los cuales se debía elevar la cota. Allí se producía el apisonamiento y descarte final de los artefactos.
El proceso que sufrían los residuos domiciliarios puede resumirse de la siguiente forma: las familias descartaban sus desperdicios en diversos recipientes (latas, cajas, tachos, etc.) que eran acumulados en los zaguanes de las viviendas (Prignano, 1998). Todas las noches los recolectores de residuos descargaban el contenido de los recipientes en los carros de la basura. Luego de realizar todo el recorrido asignado el carro se dirigía hacia la Quema donde descargaban su contenido en los hornos. Los residuos eran incinerados en los hornos que alcanzaban una temperatura máxima de 1.200 Cº (Prignano, 1998), suficiente como para fusionar metales como el cobre. Los restos de la combustión resultaban en escorias, cenizas y materiales que, al no encontrarse en el centro del horno, no fueron afectados totalmente por la temperatura (Prignano, 1998). Los restos incinerados eran retirados del interior de los hornos y transportados por vagonetas hasta las inmediaciones de los hornos donde esperaban ser transportados a los terrenos bajos de la ciudad. Luego de un tiempo los restos eran cargados en chatas municipales y llevados a los terrenos donde serían utilizados para elevar las cotas. Una vez descargado el contenido sobre los terrenos los restos eran repartidos por los obreros en forma pareja con el objetivo de nivelar el solar, e inmediatamente se procedía a la compactación de los mismos.
El contexto de hallazgo del sitio el Corralón de Floresta es similar a otros dos excavados anteriormente en el oeste de la ciudad de Buenos Aires: uno es el de la plaza Pueyrredón (Mercuri et al, 2004) y otro el del parque Avellaneda (Ramos, 1998). En ambos sitios fueron recuperados abundantes materiales termoalterados con alta fragmentación e importante cantidad de escoria producto de la incineración. Esto nos indica que este tipo de rellenos fueron muy comunes y seguramente lo seguiremos encontrando en los distintos terrenos públicos que fueron nivelados antes de 1945, momento en el cual esta práctica fue abandonada (Prignano, 1998).
Una diferencia importante entre los conjuntos de Zavaleta y el Corralón de Floresta es el temporal. Recordemos que el contexto del Corralón aquí analizado se produjo en 1912, por lo tanto los artefactos allí hallados son anteriores a dicha fecha, mientras que en Zavaleta se siguieron descartando residuos hasta 1978. Esto principalmente se ve reflejado en las marcas de corte del registro arqueofanístico, en Zavaleta el 86% tiene rastros de serrucho eléctrico esto es típico de los conjuntos del siglo XX; en cambio en el Corralón de Floresta el 58% tiene corte de serrucho manual típico de los conjuntos del siglo XIX. Es interesante que se observan diferencias en los patrones de consumo ya que en Zavaleta el 51,2% corresponde a Bos taurus, mientras que en el Corralón de Floresta la especie dominante es Ovis aries (47,31%) seguida de Gallus gallus (18,28%) y recién con sólo el 11,83% Bos taurus. Una diferencia notable es la variedad de especies consumidas. En el Corralón pudieron ser identificadas 15 especies mientras que en Zavaleta 8. Se podría plantear que la dieta porteña fue restringiéndose en variedad durante el siglo XX, aunque para esto es necesario analizar otros conjuntos de la misma temporalidad, teniendo en cuenta el sesgo en la recolección en el sitio Zavaleta. Otra diferencia importante la tenemos en cuanto a la fragmentación de la muestra, el 51,23 % de la muestra de Zavaleta pudo identificarse a nivel especifico mientras que el Corralón de Floresta sólo el 3,41%. Esto seguramente está vinculado con el acarreo y compactación que sufrió la muestra al ser llevada a su destino final. Si bien ambos conjuntos muestran en su mayoría alteración térmica difieren en cuanto al grado. En el Corralón de Floresta el 60% está calcinado mientras que en Zavaleta ese porcentaje cae a 13,69%. Esto debe ser consecuencia de la selección del material a ser transportado a los terrenos a nivelar, seguramente se trataba de llevar el relleno más homogéneo posible. Aunque esto también está influenciado con el sesgo en la recolección del material esto sólo no puede explicar la casi nula existencia de elementos óseos sin termo alteración en el Corralón de Floresta, ni la baja frecuencia de identificación de especie.
Las diferencias en los conjuntos de los vidrios también pueden estar vinculadas a la temporalidad: en Zavaleta el 41% de la muestra son correspondientes a frascos mientras que en el Corralón de Floresta sólo el 8% corresponde a este tipo de artefactos. Otra diferencia es que en el Corralón de Floresta el 30% son fragmentos de botellas y en Zavaleta el 17%. Los frascos de vidrio se hicieron más populares al avanzar el siglo XX, según su costo fue disminuyendo con el desarrollo industrial.
Los elementos metálicos son similares en ambos conjuntos aunque se observa un dominio de clavos en la muestra del Corralón. Esto tiene que ver con que en el conjunto de Zavaleta la muestra está sesgada por el tamaño y el color, esto obviamente influye negativamente en la recuperación de clavos, tornillos, tuercas etc.
Un tema a explorar es la incineración domiciliaria de residuos. Desde el año 1909 fue permitida para las casas de vecindad, hoteles, mercados, casas de huésped y todo establecimiento industrial o comercial que produjera más de 100 kg. diarios de desperdicios (Memoria municipal 1909). Se calcula que para el año 1976 cuando se prohibió su uso en la ciudad existían 16.000 hornos de este tipo los cuales generaban una alta contaminación pero permitían una reducción considerable del volumen de residuos producidos por los vecinos de la ciudad (Coronado y Della Palma, 1975). Seguramente gran parte de los restos rescatados del Sitio Zavaleta provenían de la incineración particular de residuos, mientras que en el Corralón de Floresta por un tema de temporalidad no tendríamos este tipo de descarte.
El tema de la disposición final de los residuos en las grandes ciudades fue y es un gran problema para las autoridades, aquí se intentó explorar este mundo desde el punto de vista arqueológico. Guillermo (2004) distingue cinco momentos en la disposición final de residuos producidos por la ciudad de Buenos Aires. Los contextos aquí analizados ambos pertenecerían al cuarto momento. Uno pertenece al contexto de la quema al sur de la ciudad (sitio Zavaleta) y el otro es un relleno con restos incinerados utilizados para elevar la cota de un terreno anegadizo (sitio Corralón de Floresta). Lo que aquí pudimos observar empíricamente son algunos contextos arqueológicos que el trabajo anteriormente mencionado (Guillermo, 2004) proponía de forma teórica. Es necesario realizar más excavaciones en distintos contextos de descarte final de los distintos momentos del modelo anterior para poder arribar a conclusiones más robustas. Además sería de suma importancia poder realizar comparaciones con otros vertederos arqueológicos de otras megas ciudades de la región y el mundo y tratar de reconocer momentos en los descartes en cada una de estas, para poder observar cómo el desarrollo del sistema capitalista impactó de manera diferencial en cada región. Aquí se pretendió mostrar cómo el cambio tecnológico y el desarrollo de las fuerzas productivas generaron nuevos inconvenientes y nuevas formas de resolución en la disposición final de residuos en una mega ciudad en expansión.
A Daniel Schávelzon por confiar en mí para dirigir los trabajos en Zavaleta. A Marcelo Weissel por orientarme en el aspecto geológico de la cuenca del RiachueloMatanzas. Al Ing. Olego de la ICV por permitirnos trabajar con tranquilidad en el sitio Zavaleta. A Keyte por hacer la traducción del resumen al portugués y por alegrarme el corazón. A la Asamblea de Floresta por convocarme para trabajar el Corralón. A Flavia, Melina, Jesica, Aniela, Eugenia, Silvina, Amelia, Diana, Carolina, Victoria, Silvia, Sheila, Florencia, Jimena, Maru, Valeria, Cati, Roberto, Federico, Carlos, José, Juan Pablo, Oscar, Juan, Ivan y Javier por su trabajo de campo y laboratorio ya que sin ellos hubiera sido imposible este articulo. Al CONICET, por financiar la investigación.
Coronado, E. y J. E. Della Palma 1975. Incineradores domiciliarios en la ciudad de Buenos Aires. En Cuarto Seminario Técnico sobre Contaminación Urbana. Rotaprintor SRL. Buenos Aires.
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