Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 01 2007. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículos

LA PROMESA DE UNA ARQUEOLOGÍA DEL MUNDO MODERNO EN AMÉRICA DEL SUR, CON ESPECIAL REFERENCIA A ARGENTINA

THE PROMISE OF AN ARCHEOLOGY OF THE MODERN WORLD IN SOUTH AMERICA, WITH SPECIAL REFERENCE TO ARGENTINA

A PROMESSA DE UMA ARQUEOLOGIA DO MUNDO MODERNO NA AMÉRICA DO SUL, COM REFERÊNCIA ESPECIAL À ARGENTINA

Charles E. Orser, Jr.
Distinguished Professor of Anthropology, Illinois State University
Cómo citar este artículo:
Orser, Jr., C. E. (2007). La promesa de una arqueología del mundo moderno en América del sur, con especial referencia a Argentina. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 1, 11–28. Buenos Aires

INTRODUCCIÓN

En las últimas tres décadas, el campo de la arqueología histórica se ha expandido dramáticamente. Una mayor cantidad de arqueólogos profesionales están volviendo al campo y cantidades crecientes de estudiantes están adquiriendo experiencia áulica y de campo en arqueología histórica. La arqueología histórica está incluso desarrollándose a lo largo de Europa, llamada «arqueología post-medieval», en naciones que fueron ampliamente resistentes a la realización de arqueología en la historia “moderna”.

En ningún lugar ha sido mayor el crecimiento de la arqueología histórica que en algunas naciones de América del Sur, especialmente en Brasil y en Argentina. Al igual que en otros lugares, el desarrollo inicial de la disciplina ha descansado en las manos de un puñado de dedicados profesionales. Su cantidad puede haber sido escasa al principio pero el trabajo diligente de estos investigadores, llevado a cabo durante largas horas, ha creado una eficaz tradición de arqueología histórica en América del Sur. Los arqueólogos del mundo deben a estos profesionales una profunda gratitud, sin importar su área de experiencia e interés.

Sin lugar a dudas, cualquier entendimiento completo de la experiencia humana en la era post-Colombina debe necesariamente incluir a América del Sur. Eventos únicos y procesos culturales amplios de importancia global ocurrieron en el continente. Actualmente muchos investigadores están empleando los métodos multidisciplinarios de la arqueología histórica tanto para explorar nuevos tópicos en historia post-Colombina como para proveer nuevas aproximaciones en materias históricas que alguna vez se dieron por entendidas.

El propósito de este artículo es presentar unos pocos y breves acercamientos personales acerca de una arqueología del mundo moderno y explorar las razones por las cuales la arqueología histórica de Sudamérica posee el potencial para convertirse en un contribuyente importante para ese tipo de arqueología. Es mi esperanza que, con el tiempo, los arqueólogos históricos sudamericanos sean tan ampliamente consultados como sus colegas anglo-americanos debido a que sus investigaciones, métodos yalcances son igualmente importantes y merecen el reconocimiento global.

UNA BREVE EXPLICACIÓN DE LOS TÉRMINOS

Se requiere una breve explicación para comenzar, debido a la confusión que ha surgido por un término aparentemente tan simple como es la «arqueología histórica». Los arqueólogos de comienzos del siglo XXI, al querer describir a la disciplina de la “arqueología histórica” , pueden usar tres términos distintos: “arqueología histórica”, “arqueología histórica global” y “arqueología del mundo moderno” . A pesar de que estos términos parecen intercambiables, el significado de cada uno de ellos es en realidad bastante distinto.

Hacia el comienzo de 1930 en los Estados Unidos, la arqueología histórica fue mayoritariamente practicada a nivel federal con el expreso objetivo de la reconstrucción arquitectónica de propiedades importantes para la ideología nacional norteamericana. Estas propiedades se convertirían en la obra central del creciente mercado turístico patrimonial que luego se desarrollaría en concordancia con el incremento en la posesión de automóviles y las mejoras en el sistema de autopistas. En 1960 es cuando la arqueología histórica se convierte en un propósito académico legítimo, en gran parte debido a la flexibilidad de la arqueología procesual pero también por el desarrollo dual de la historia social y de la conciencia étnica. A partir de ese momento y aún en la actualidad, los arqueólogos históricos han entendido a la arqueología histórica en dos formasrelacionadas pero en realidad distintivas.

La primera definición es metodológica y se apoya en la idea que los arqueólogos históricos regularmente combinan información recuperada de excavaciones con documentos escritos. Este método de investigación constituye el fundamento de la investigación en arqueología histórica. Por supuesto, “documentos escritos” puede hacer referencia a muchas fuentes, pero como mínimo significan registros escritos tanto primarios como secundarios.

La segunda definición ha sido creada recientemente y se refiere a la arqueología que se concentra exclusivamente en la historia post-Colombina (o post-Medieval en Europa). Obviamente, esta definición es más restrictiva que la primera y se refiere, tal vez indirectamente, a un período temporal distintivo. De cualquier forma, la segunda definición necesariamente abarca a la primera - todos los arqueólogos históricos combinan sus hallazgos arqueológicos con información histórica- pero no necesariamente la incluye. Un arqueólogo puede practicar lo que él considera como arqueología histórica en México central para el período pre-Colombino al combinar materiales de excavación con textos Mayas. Bajo la primera definición, esta metodología puede ser considerada un ejemplo de arqueología histórica, a pesar de que los hallazgos de los sitios Maya del período clásico tengan poca o ninguna relevancia para la arqueología post-Colombina (Orser 2004b). Bajo la segunda definición, sin embargo, un arqueólogo que investiga a los antiguos Mayas no sería considerado un arqueólogo histórico.

El tercer término, “arqueología histórica global” tiene un origen más reciente. Cuando comencé a utilizarlo hacia mediados de 1990 (por ejemplo, en el título de la serie de libros por mí editada Contributions to Global Historical Archaeology, iniciada en 1996) lo imaginé como representando una perspectiva específica para la arqueología histórica. Esta perspectiva tendría una amplia aplicación a lo largo del mundo y ayudaría a unir a los arqueólogos de la era post-Colombina en cualquier lugar en el que sus investigaciones fueran realizadas. Los arqueólogos que adoptaran esta visión estarían particularmente atentos a las muchas conexiones que se han extendido a través del tiempo y a lo largo del espacio después del 1500 aproximadamente. La fecha precisa del comienzo de la arqueología histórica global está abierta a la investigación debido a la posible continuación del proceso pre-Colombino después de 1500. Intenté usar este término de unaforma particular, pero pronto noté que puede ser considerado problemático porque también puede hacer referencia a la arqueología que está globalmente representada.

En otras palabras, la “arqueología global”no necesita ser definida en términos de un objeto de estudio. Más bien, los arqueólogos pueden utilizarlo legítimamente para referirse a una verdadera arqueología histórica inclusiva que abarque todo el globo, no simplemente aquellas partes con conexiones con Europa (Schmidt y Walz 2007).

La inclusión a escala global es central para la maduración de la arqueología histórica como una tarea significativa, debido a que la misma ha sido con demasiada frecuencia asociada solamente con los Estados Unidos y otros países angloparlantes, como Australia y Sudáfrica, que tienen una presencia colonial histórica significativa por miembros del Imperio Británico. Como resultado, la constitución de la Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, se adapta a las necesidades de una arqueología histórica amplia y verdaderamente internacional. Su creación es ciertamente bienvenida.

Una razón para la necesidad de una perspectiva internacionalista es la forma en que la profesión de la arqueología histórica está nacional o continentalmente representada. A pesar de que la membresía profesional está abierta a todos, la Sociedad de Arqueología Histórica mayoritariamente representa a Norteamérica, la Sociedad de Arqueología Post-Medieval cubre las Islas Británicas y la Sociedad Australiana de Arqueología Histórica se concentra en Australia, Nueva Zelanda y el área circundante. Otras sociedades de arqueología profesional tienden a ser nacionales o regionales. Este tipo de exclusión, aunque nunca concientemente intencionada, simplemente se desarrolla porque las sociedades de profesionales tienden a extender su membresía relativamente cerca. La arqueología histórica global, concebida extra-nacionalmente, abarca explícitamente cada lugar en que los arqueólogos investigan los siglos más recientes de la historia humana. Basándonos en el reciente y mundial desarrollo de la arqueología histórica -bajo cualquiera de sus formas- el término “arqueología histórica global” ha venido a representar la inclusividad total de la disciplina más que a un objeto de estudio discreto.

Creo en la sabiduría de una arqueología histórica con inclusividad total y rechazo la idea de que sólo los arqueólogos anglo-americanos tienentodas las respuestas o que sólo los arqueólogos formados en Estados Unidos o Gran Bretaña saben como interpretar el pasado reciente (Orser 1999). Como consecuencia, fundé el International Journal of Historical Archaeology en 1995 para proveer un lugar de reunión para la publicación de investigaciones realizadas a nivel mundial. La revista ha sido exitosamente publicada cuatro veces al año desde 1997. Por lo tanto, después de haber trabajado por más de una década para promover la causa de una arqueología histórica globalmente inclusiva, encuentro imposible estar en desacuerdo con el significado popular de “arqueología histórica global” como una arqueología que verdaderamente representa al mundo entero. La representación global ha sido siempre una meta explicita del International Journal of Historical Archaeology y es definitivamente un desarrollo positivo para la arqueología histórica de cualquier forma que uno la quiera definir.

Sin embargo, debe ser notado que desde un punto de vista meramente teórico, el uso más común de la “arqueología histórica global” no hace manifestación a una arqueología enfocada globalmente. Desde la perspectiva del desarrollo teórico, el término “arqueología histórica global”es meramente descriptivo. Si bien describe el alcance espacial y la amplitud temática de la disciplina, no representa una perspectiva teórica convincente. Por sí mismo, no ofrece una forma en la cual observar cómo el mundo moderno (y subsecuentemente post-moderno) se desarrolló y opera. Por lo tanto, enfrentándome a la poca precisión del término, he comenzado a reemplazarlo por el término “arqueología del mundo moderno”. Este término está diseñado para referirse a una arqueología post-Colombina (y post-Medieval) que abiertamente busca las conexiones globales (Orser 1999, 2004a, 2007). Para mí, el término «arqueología del mundo moderno» representa en forma más acabada lo que considero que es posible para la arqueología histórica comouna arqueología seria e importante.

¿QUÉ ES LA ARQUEOLOGÍA DEL MUNDO MODERNO?

Uno de los principios centrales de la arqueología del mundo moderno es su enfoque global, más que meramente su alcance global. Esta distinción significa que los practicantes de la arqueología del mundo moderno estánconstantemente concientes de las conexiones extra-sitio que los habitantes de un sitio mantuvieron con el “mundo externo”, de cualquier manera que uno quiera definir o contextualizar este “mundo”. Debido a que el “mundo externo”es entendido multidimensionalmente, la arqueología del mundo moderno rechaza la idea que los arqueólogos históricos deban autorestringirse al estudio de sitios únicos como objetivo final de sus investigaciones. El programa de investigación de la arqueología del mundo moderno solamente comienza con el examen de sitios discretos y avanza desde allí.

Este último punto parece contradictorio y no estoy sugiriendo que los arqueólogos no estudien sitios discretos, tal posición sería ridícula. Por supuesto los arqueólogos estudian sitios discretos y lo hacen bastante bien. Muchos de los estudios en sitios discretos que los arqueólogos llevan a cabo proveen nueva e importante información y útiles acercamientos, abren nuevos caminos metodológicos y ofrecen ideas que tal vez no hayan sido expresadas anteriormente. Como investigadores, los arqueólogos deben buscar la erudición para enriquecer el conocimiento de la humanidad en sí misma y su historia. Pero en la arqueología del mundo moderno, el sitio discreto no puede constituir el objetivo final del análisis. La interconectividad del mundo, representada a través de una serie de escalas temporales y espaciales, es un punto importante del continuo proceso de globalización. Ignorar este punto a favor de análisis exclusivos y específicos de sitio ignora la realidad de la historia post-Colombina. Las conexiones transnacionales que están pesando alrededor del mundo de hoy, tienen antecedentes en los primeros días de la expansión global multicultural y, como tal, son válidas para el estudio arqueológico en sí mismas (Frank 1998).

Se han realizado excelentes revisiones acerca de la arqueología histórica en América del Sur (Funari 1996, 1998; Politis 2003; Gómez Romero 2005a; Funari y Brittez 2006) y un tratamiento similar no es necesario. Más bien, mi intención es explorar unos pocos temas de investigación que insertan a la práctica de la arqueología histórica en América del Sur en el marco de la arqueología del mundo moderno. Estos comentarios no deberían interpretarse como un intento de proveer una determinación o análisis completo de la arqueología histórica de Sudamérica, sino solamente como un intento de explorar unos pocos temas que personalmente encuentro importantes para el desarrollo más completode la arqueología del mundo moderno. En miras de la brevedad, restringiré mis ejemplos a los proyectos desarrollados en la Argentina, con la salvedad de que los mismos fueron seleccionados basándome en mi limitado conocimiento personal. Sin lugar a dudas, una gran cantidad de estudios están siendo llevados a cabo en Argentina y en Sudamérica de los cuales no estoy al tanto.

Por supuesto, la arqueología urbana ha sido un campo de interés mayor para los arqueólogos históricos por muchos años y varios arqueólogos han colaborado de forma significativa para nuestra comprensión acerca de la urbanización en América del Sur. Basta nombrar como útiles ejemplos los trabajos realizados en Buenos Aires y en otros lugares (Schávelzon 1991, 2000; Zarankin 1994, 1995, 1996).

El mapa de Buenos Aires de finales del siglo XVIII atribuido a Charlevoix (Schávelzon 2000:22) presenta una imagen del desarrollo urbano que es actualmente familiar. El mapa muestra la fortificación de defensa clásica de la expansión europea rodeada por el prolijo y lineal trazado de las manzanas más densamente pobladas de la ciudad. Este mapa, al yuxtaponerse al mapa de la actual Buenos Aires (Schávelzon 2000:26) demuestra ampliamente el poder del colonialismo, aún en lugares que pueden ser considerados como el “fin del mundo” por su ubicación. Al mismo tiempo, un segundo mapa también realizado a finales del siglo XVIII (en realidad solamente seis años antes que el plano de Charlevoix) demuestra el poder de los planos para transmitir y ocultar (Schávelzon 2000).

No es sorprendente que los habitantes españoles intentaran construir ciudades que imitaran a las que ellos conocían en Europa. Sus construcciones simplemente representaban otro elemento importante del superpoder de la conquista durante la era post-Colombina: la replicación de un paisaje que es reconfortante y familiar. La arqueología de Buenos Aires documenta aspectos únicos de la fundación y desarrollo de su ciudad principal pero, al mismo tiempo, provee información comparativa para todos los centros urbanos mundiales. En consecuencia, cualquier revisión de magnitud acerca de la urbanización post-Colombina sería necesariamente incompleta si no considerara a Buenos Aires.

Es particularmente notable en relación al libro de Schávelzon, al menos en términos de la arqueología del mundo moderno, el uso de la intrigante frase Una ciudad en el fin del mundo. Estas pocas palabras indicanque la arqueología de Buenos Aires, y por extensión la de otros centros urbanos de América del Sur, constituye un fértil campo para la investigación de las interconexiones del mundo moderno. Las finas cerámicas earthenware analizadas por Schávelzon reflejan aquellas halladas en sitios arqueológicos contemporáneos a lo largo del mundo por lo que su presencia no es del todo sorprendente. Es la condición de ser comunes lo que las hace resaltar como significativas para la arqueología del mundo moderno. La presencia de loza inglesa del tipo creamware, de platos azules con borde en forma de valvas (shell-edged plates) de cuencos con grabados (engine-turned bowls) y cántaros con decoración en bandas (banded pitchers) -incluso aislados de su contexto histórico mayor- demuestra tangiblemente que, si bien Buenos Aires puede haber estado en el fin del mundo, era un nodo importante en la red comercial intercontinental y multinacional. Similares artefactos hallados en diversos lugares del mundo proveen testimonio para la creciente interconectividad del mundo moderno y proveen oportunidades maravillosas para las investigaciones consistentes con los objetivos de la arqueología del mundo moderno.

Pero la interconectividad demostrada por la presencia de bienes de consumo producidos en masa y ampliamente mercantilizados solamente marca una tarea inicial en la práctica de la arqueología del mundo moderno. Los muchos significados, encarnados en la conexión entre diversas personas, deben ser explorados con un claro enfoque en los contextos sociohistóricos dentro de los cuales se hallaban insertos los actores. Para los arqueólogos del mundo moderno, un concepto clave es la “glocalización”, que expresa la unión inexorable entre lo local y lo global (Murray 2006:54-55). En el pasado, hube parafraseado una frase muy usada en arqueología “piensa globalmente, excava localmente” (Orser 1996:183). Los arqueólogos del mundo moderno están siempre atentos a las uniones multiescalares que fueron creadas, mantenidas y re-creadas en la era post-Colombina por diversos actores concientes de todo el mundo.

La mención de las uniones multiescalares eleva a primer plano el concepto que considera que la arqueología del mundo moderno procede a través de la comprensión de varias interacciones sociales llevadas a cabo a diferentes escalas. La conceptualización de las diversas escalas de análisis, destinadas a modelar diferentes escalas de interacción social en el pasado,plantea la necesidad de una comprensión conciente de la teoría de redes.

El concepto de red es inherente al análisis realizado por Schávelzon en Buenos Aires, pero el uso conciente de la teoría de redes como una herramienta conceptual requiere de mayor explicación. He explorado la teoría de redes en otro texto por lo que es necesario resaltar sólo sus puntos sobresalientes (Orser 2005).

La teoría de redes constituye un cuerpo de conocimiento que se ha desarrollado a través de la confluencia de muchas disciplinas, incluyendo a las ciencias sociales. Un punto central de la teoría de redes es que la gente y los grupos sociales están conectados de varias formas con otras personas y grupos sociales. Los analistas formales de la teoría de redes que trabajan en sociología, modelan las diferentes conexiones relacionales en forma ascendente de la siguiente forma: actor- díada- triada- subgrupogrupo- red social (Wasserman y Faust 1994). Para propósitos arqueológicos y pensando estrictamente en términos geográficos, podríamos conceptualizar esta secuencia de la siguiente forma: sitio- díada (dos sitios)tríada (tres sitios)- área (vecindario)- región- nación. Los arqueólogos del mundo moderno, tal como ha sido demostrado por la investigación realizada por Schávelzon en Buenos Aires (y aquellas de otros arqueólogos urbanos) también deben agregar una unión a esta cadena conceptual: las conexiones transcontinentales y transoceánicas que constituyen el sistema mundial post-Colombino (Wallerstein 1974, 1979, 1980; Chase-Dunn 1989; ChaseDunn y Anderson 2005).

Los arqueólogos del mundo moderno también deben reconocer que las conexiones sociales se extienden a través del tiempo y a lo largo del espacio. Muchas interacciones sociales tienen significados históricos que continúan de generación en generación. La importancia de las conexiones sociales representadas en varios niveles se expresa bien en estudios arqueológicos de contextos urbanos, pero los ambientes de frontera también son adecuados para los análisis multiescalares. Tales sitios fueron usualmente lugares de contactos interculturales. El fortín ofrece un ambiente cultural excelente para investigar los contactos sociales y las conexiones forjadas y mantenidas en la era moderna.

La arqueología de los fortines de la frontera Sur de Argentina es por lo tanto pertinente para el futuro desarrollo de la arqueología del mundo moderno (Gómez Romero 1996, 1999, 2005b; Gómez Romero y Ramos 1994). Las localizaciones estratégicas y los diseños defensivos de los fortines, entendidos como instalaciones militares, tienen importancia por razones puramente históricas. Su propia presencia provee evidencia palpable para la dispersión del poder del Estado contra la población indígena. Los fortines proveen información de sitio tangible acerca del proceso de colonización tal como éste fue llevado a cabo e impuesto a lo largo del mundo en varios momentos de la historia post-Colombina.

El proceso del colonialismo -tanto en sus elementos históricos como en sus implicancias contemporáneas- es un compañero constante de los arqueólogos del mundo moderno, ya sea que lo reconozcan o no (Orser 1996). La forma en que cada uno de nosotros elija cómo enfrentar al proceso colonial nos ayudará a determinar cómo se percibe a la arqueología histórica fuera de los estrechos confines del mundo académico. El colonialismo no es algo que simplemente “ocurrió”; el colonialismo tiene claras raíces históricas y claros resultados en la actualidad.

El tema de la colonización sugiere que los fortines, como otros asentamientos de frontera, eran lugares en donde interactuaron los miembros de diferentes culturas. Esta conclusión parece de sentido común. Si bien mucha de la interacción estuvo organizada en intercambios comerciales pacíficos, mucha más estuvo dirigida en términos hostiles. Tanto la guerra como la paz representan elementos discretos del desarrollo nacional y cada una pone en primer plano el deseo de los colonizadores de adquirir territorio para asentarse y explotar. Pero esta lectura simple del proceso de colonización es sólo parcial. Como demuestra Gómez Romero (2005b) el poder ejercido en los fortines no estaba dirigido simplemente en contra de las poblaciones indígenas. En cambio, el fortín era también un lugar de castigo interno. Los gauchos soldados que vivían en ellos eran expuestos a una variedad de serios castigos, incluyendo la ejecución, por la infracción de las reglas del lugar. Los castigos infligidos eran frecuentemente arbitrarios. De esta forma, el miedo de los soldados que vivían en los fortines puede haberse igualado con el de las poblaciones indígenas que vivían por fuera de estas pequeñas instalaciones militares del estado-nación.

La arqueología de los fortines tiene también potencial para realizar avances significativos en la arqueología del mundo moderno ya que muchos fueron ocupados por un corto período de tiempo. Por ejemplo, el fortínMiñana estudiado por Gómez Romero y Ramos (1994) fue ocupado por menos de una década. Este corto período de ocupación es especialmente intrigante para la arqueología del mundo moderno debido a que el enfoque multiescalar abarca tanto tiempo como espacio.

Una de las mayores virtudes de la arqueología es su habilidad para examinar largos segmentos temporales. Este entusiasmo por los sitios brevemente habitados parece ir en contra de un principio arqueológico básico. Sin embargo, en la arqueología del mundo moderno, los sitios de breve ocupación pueden incrementar nuestro conocimiento acerca de cuan rápido pueden establecerse las redes sociales y económicas. Recientes investigaciones (Landa et al. 2007) documentan en forma cuidadosa la forma en que se abastecían los puestos de avanzada militares. La presencia de bienes de consumo en asentamientos militares de frontera tales como piezas de la mundialmente omnipresente loza de tipo pearlware, provee un vínculo tangible con la vida urbana. La naturaleza de las conexiones entre lugares a los que podemos referirnos como “urbanos” y “fronterizos”, o también “europeos” y “nativos”, nos proveen de una estupenda oportunidad de investigación para los arqueólogos del mundo moderno.

Otro principio orientador de la arqueología del mundo moderno implica una singular perspectiva acerca del tiempo. Por muchos años, los arqueólogos han buscado demostrar, con variados grados de éxito, las conexiones entre el pasado y el presente. Muchos de ellos han argumentado que la arqueología es una disciplina socialmente relevante porque ofrece la oportunidad de conectar el pasado con el presente. Hoy en día, esta conexión parece descansar totalmente sobre el sentido común, debido a que el presente no siempre aparece claramente; el mundo de hoy es el resultado de siglos de desarrollo. La construcción de fortines a lo largo de la Frontera Sur de Argentina durante el siglo XIX nos ayuda a conceptualizar los elementos de las condiciones históricas del desarrollo del Estado tal como aparece hoy. También pueden ayudarnos a explicar las condiciones actuales afrontadas por las culturas indígenas que han estado sujetas a varias presiones externas.

Los intentos por conectar el pasado con el presente son admirables e importantes, pero los arqueólogos del mundo moderno deben pensar de forma diferente. En lugar de intentar unir el pasado con el presente, los arqueólogos del mundo moderno deben comprometerse abiertamente conun marco temporal bidireccional. Retornando al fortín Miñana como ejemplo, debemos aprender a observar antes de 1861, cuando las poblaciones nativas rodeaban Buenos Aires y controlaban el paisaje a partir de patrones de interacción tradicional y después de 1870 cuando el fuerte fue abandonado. El reconocimiento conciente de la necesidad de mirar hacia adelante y hacia atrás a partir de la fecha inicial y terminal de ocupación de un sitio, más que simplemente desde aquel hasta el presente, le otorga a la arqueología del mundo moderno una perspectiva especial sobre el desarrollo del mundo moderno.

Cuando se observa a la historia en esta forma bidireccional, se clarifica que el propósito de la arqueología del mundo moderno no necesariamente termina en 1492, 1600, o incluso 1950. La historia mundial es demasiado compleja como para permitir una periodización sencilla, aunque tales convenciones poseen importante valor heurístico. Uno de los objetivos de la arqueología del mundo moderno no es tomar un objeto de estudio tal como la urbanización en Buenos Aires y mostrar cómo su desarrollo se liga a la historia (aunque este tema es completamente legítimo y digno de investigación en el marco de la tradicional arqueología histórica) sino argumentar desde la posición estratégica de un sitio arqueológico hasta el presente y hacia el pasado. Los arqueólogos históricos con demasiada frecuencia proveen solamente una breve revisión de la prehistoria del área de un sitio o, si están realizando arqueología urbana, presentan la historia temprana de la ciudad bajo estudio y luego explican los hallazgos arqueológicos tal como si estuvieran separados de la historia. Este enfoque es desagradable para los arqueólogos del mundo moderno debido a que se debe proceder en ambas direcciones temporales desde las fechas de ocupación del sitio o sitios bajo estudio. La extensión en la cual el arqueólogo debe dirigirse en ambas direcciones temporales estará determinada por el objeto de estudio y debería basarse en su relevancia. Por ejemplo, al excavar un sitio en Buenos Aires que abarca desde 1790 hasta 1830, el arqueólogo del mundo moderno buscará en el pasado desde 1790 y hacia el presente desde 1830. Sin embargo, este método analítico no tiene un final abierto ya que el arqueólogo no necesita investigar la historia entera de la urbanización humana.

Anahí Ballent e Irina Podgorny (1994) han provisto un ejemplo de la promesa de esta perspectiva bidireccional. Su examen de la vivienda urbanatal como está representada en los libros escolares argentinos, a pesar de estar enfocada en un período particular de tiempo, podría ser utilizado para unir a la historia en ambas direcciones. Su estudio no es un ejemplo de arqueología del mundo moderno ya que no construyen las uniones en ambas direcciones -además no utilizan información arqueológica- pero su investigación es completamente consistente con el concepto de bidireccionalidad temporal.

A diferencia de muchas definiciones de arqueología histórica, la arqueología del mundo moderno no establece una fecha terminal de interés. En un sentido teórico, el propósito de la arqueología del mundo moderno no termina en el año 1750 o 1850. De hecho, el interés temporal de la arqueología del mundo moderno finaliza en el presente, en el sentido literal del término, es decir “el día de hoy” (la palabra “hoy” no es aplicable porque los arqueólogos frecuentemente la utilizan para indicar “el presente”). Como resultado, los arqueólogos del mundo moderno pueden examinar temas que tienen profunda importancia para nuestra vida contemporánea. Sin embargo, este elemento de la arqueología del mundo moderno no implica que este tipo de arqueología sea sinónimo de estudios con “cultura material moderna”. Con toda certeza, el estudio de la cultura material moderna puede, pero no necesita, ser conducido en el marco de la arqueología del mundo moderno.

Muchos estudios arqueológicos de eventos y procesos aproximadamente contemporáneos son controvertidos simplemente porque son demasiado cercanos temporalmente a la actualidad. Como resultado, la investigación arqueológica elaborada en relación a los temas y lugares que son contemporáneos a nosotros es un intento valeroso. Un ejemplo extremo de este tipo de esfuerzo es la investigación realizada por Zarankin y Niro (2006) acerca de la arqueología de la detención durante la Dictadura Militar en Argentina. Este estudio, a pesar de centrarse en un tema que es profundamente doloroso para las victimas pero también horroroso para todos los individuos a los que les importa el tema, indica un uso práctico e importante de la arqueología histórica e ilustra por qué la disciplina tiene una importancia que excede a la arqueología en sí misma. Los arqueólogos tienen la capacidad de investigar temas (literalmente “descubrir la verdad”) que algunas personan preferirían no fueran examinados.

El estudio de Zarankin y Niro no es un ejemplo de arqueología del mundo moderno, a pesar de que representa lo mejor de la arqueologíahistórica. Para transformar este estudio hacia una arqueología del mundo moderno, ellos deberían comenzar con “El Club Atlético” y a partir de allí explorar la naturaleza de la tortura tanto antes de 1976 como después de 1983. Específicamente en Argentina, esta investigación sería una forma interesante de ligar la tortura durante la última dictadura militar con el abuso físico llevado a cabo contra los gauchos soldados en la frontera de la nación del siglo XIX. Para movilizarse desde 1983 hacia adelante, ellos podrían considerar los enlaces con las atrocidades cometidas en otros lugares de Latinoamérica y tal vez más recientemente, aquellosperpetrados en Abu Ghraib.

CONCLUSIÓN

La arqueología del mundo moderno tiene un potencial tremendo en América del Sur para iluminar y educar. Numerosos arqueólogos históricos calificados y entendidos están trabajando en muchos sitios a lo largo del continente y sus investigaciones están incrementando en forma dramática nuestro entendimiento acerca del pasado. Los arqueólogos históricos de América del Sur están explorando temas como la colonización, el asentamiento, la interacción, el desarrollo, el consumo y otros tópicos de importancia. La arqueología del mundo moderno requiere una perspectiva diferente a la arqueología histórica tradicional, a pesar de serle fiel a muchas de sus virtudes. El futuro de la arqueología histórica en Sudamérica, de cualquier forma que sea practicada, ofrece un tremendo potencial y promesapara una verdadera arqueología histórica global.

AGRADECIMIENTOS

Deseo expresar mi gratitud a los editores que me solicitaron ofrecer mis breves ideas acerca de la arqueología histórica en Sudamérica. Ha sido un honor contribuir. También quiero agradecer las múltiples discusiones con Pedro Paulo Funari y Facundo Gómez Romero, quienes me han ayudado a comprender la naturaleza y el futuro de la arqueología histórica en Sudamérica. A pesar de que he aprendido mucho de ellos, loscomentarios aquí expresados son de mi entera responsabilidad.

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